Nuestro impacto, sus historias

Trabajar juntos en Líbano

Refugiados sirios y miembros de la comunidad de acogida, hombres y mujeres, trabajan codo a codo en la construcción de un canal de irrigación en el marco de un proyecto de la OIT en el valle de la Bekaa en Líbano.

Reportaje | 12 de diciembre de 2018
DEIR EL AHMAR, Líbano (OIT Noticias) – En medio de las colinas de Deir el Ahmar en la valle de Bekaa en Líbano, los trabajadores excavan la tierra fértil para construir un canal de irrigación de 25 km. Lo inusual es que muchos de los trabajadores son mujeres.

El proyecto se ejecuta en el marco de un Programa de inversiones intensivas en empleo (PIIE), que tiene por objetivo crear oportunidades de trabajo para los refugiados sirios y las comunidades de acogida a través de la mejora de las infraestructuras. Puesto en práctica por la OIT – con el financiamiento del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, a través del Banco de Fomento de Alemania – el proyecto hace hincapié en el trabajo decente para las mujeres y los hombres.

“Por ser mujer, nunca antes había trabajado con una pala o un pico”, dijo Ghina Ahmad Mohammed, una joven refugiada de 23 años procedente de Siria. “Adquirí nuevas competencias”. Ella explicó que gana mucho más de lo que ganaba en las plantaciones de tabaco, y que ahora tiene la posibilidad de llevar a sus cuatro hijas a visitar a los abuelos en el norte del Líbano durante de la festividad religiosa de Eid.

Si bien en esta zona, las mujeres están acostumbradas a trabajar fuera del hogar, se han dedicado sobre todo al trabajo agrícola, donde habitualmente se les paga la mitad del salario de los hombres. En un principio, no fue fácil motivar a las mujeres a trabajar en el sector de la construcción, mientras que los hombres expresaban preocupación porque pensaban que las mujeres no estarían a la altura del trabajo.

Se organizó un grupo de reflexión y durante un debate, algunos hombres contratados por el proyecto dijeron que las mujeres no eran tan eficientes como los hombres cuando comenzaron, pero que ahora estaban trabajando tan bien como ellos.

“Aquí no tenemos que enfrentar discriminación,” afirmó Ghina.

Las mujeres y los hombres dicen sentirse cómodos trabajando juntos porque provienen de la misma aldea y, con frecuencia, de la misma familia o tribu. “No nos gustaría trabajar con extraños, y a los hombres miembros de nuestras familias no les gustaría que lo hiciéramos”, declaró una de las mujeres del grupo de reflexión. Algunas mujeres dijeron que preferirían trabajar solo con mujeres.

Tanto las mujeres como los hombres en el grupo de reflexión dijeron que es la primera vez que se sienten como verdaderos trabajadores, con un contrato y horarios de trabajo adecuados, y que sus preocupaciones y expectativas se toman en cuenta.

Los trabajadores confían en que podrán utilizar las competencias y la experiencia que han adquirido para encontrar otro empleo en el futuro. Pero las mujeres del grupo focal dijeron que podrían necesitar ayuda adicional, porque aunque trabajan codo a codo de los hombres y su desempeño es igual al de ellos, ellas son las primeras en ser despedidas cuando la demanda de mano de obra disminuye.

Además, las mujeres consideran que podrían beneficiarse de la formación en otras competencias, a fin de fortalecer la confianza en sí mismas que el PIIE les ha ayudado a construir para poder encontrar otro empleo o incluso establecer su propia pequeña empresa.

Las mujeres y los hombres dijeron que esperaban participar en nuevos proyectos. “¿Por qué no construir una pequeña turbina eólica o un pequeño embalse para un micro proyecto hidroeléctrico? Nosotros podemos ayudar a construir estos proyectos que crearían empleo, satisfarían nuestras necesidades de irrigación y energía y beneficiarían a nuestras familias y comunidades”, propuso un participante, y otros asintieron con la cabeza. “El PIIE ha sido una especie de bendición y nosotros podemos hacer que esta bendición sea aún más fuerte”.