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Educación, empoderamiento, inspiración: Reducción del riesgo de infección por el VIH

En África Meridional, un programa innovador ayudó a mujeres vulnerables al VIH a establecer empresas para mejorar sus vidas y el bienestar de sus familias.

Reportaje | 16 de mayo de 2016
LILONGWE, Malawi (OIT Noticias) – Cuando habla de su vida antes de establecer su empresa, Ivy Njati escoge sus palabras cuidadosamente: “Era difícil ganar dinero, no tenía nada que hacer y, como necesitaba dinero, hacía cualquier tipo de cosas… puede imaginar cuáles.”

En 2012, antes de formar parte de “Tung Arts”, una asociación de jóvenes de Mzuzu, Ivy (24 años) estaba en la misma condición que muchas jóvenes solteras de la tercera ciudad más grande de Malawi: desempleada, con pocas perspectivas de conseguir un empleo interesante y luchando para sobrevivir exponiéndose a un alto riesgo de infección de VIH. Su sueño de abrir una tienda se había esfumado en el trajín cotidiano de la vida urbana.

Su estilo de vida también la hacía ser particularmente vulnerable a la infección del VIH. Con pocas opciones, ella, como muchas decenas de miles de mujeres del África Meridional, tenía que recurrir al trabajo sexual para tener un ingreso adicional, exponiéndose a un elevado riesgo de infección de VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

Un nuevo enfoque

Fue para apoyar a Ivy y a otras personas como ella que en 2011 se instauró una colaboración innovadora entre la Organización Internacional del Trabajo y el Gobierno de Suecia a través del Proyecto de Empoderamiento económico del corredor (CEEP, en inglés).

A diferencia de los programas tradicionales de sensibilización sobre el VIH y el sida, este proyecto se propone utilizar el empoderamiento económico para mejorar la calidad de vida de las personas y, al mismo tiempo, mejorar la capacidad de prevenir la transmisión del VIH, el acceso a servicios de salud o hacer frente a los casos de infección por VIH existentes.

“El enfoque de empoderamiento económico aborda las causas de la vulnerabilidad al VIH y fortalece la resiliencia de las personas para hacer frente al impacto del VIH. El programa de la OIT, al beneficiar a más de 11.000 personas a través de formación dirigida a ayudarlos a administrar sus propias empresas, cambió la vida de más de 88.000 personas en seis países de África entre 2011 y 2015”, declaró Alice Ouedraogo, directora del Servicio de VIH/Sida y el Mundo del Trabajo (ILOAIDS, por sus siglas en inglés), en Ginebra.

Cuando el programa CEEP fue lanzado en Sudáfrica, Zimbabue, Tanzania, Zambia, Mozambique y Malawi, estaba dirigido principalmente a las personas que viven y trabajan en los corredores de transporte. Las estadísticas muestran los desafíos que tienen que superar las poblaciones de esos seis países. Según el Banco Mundial, cerca de 43 por ciento de los habitantes vive en la pobreza extrema (con menos de 1,90 $ al día). Los datos de la OIT muestran que sólo el 13,7 por ciento de la población en edad de trabajar tiene un empleo remunerado y que la tasa de empleo vulnerable para las mujeres es superior a 84 por ciento.

“Gracias al programa, hemos constatado que el progreso económico y social se traduce en cambios positivos en las vida de las personas de diversas maneras: invierten más en salud, en educación para los hijos y en alimentación”, explicó Margherita Licata, Especialista técnica en VIH en OITSIDA.

Alcanzar la comunidad

En 2012, el programa CEEP se extendió a las comunidades vecinas de los corredores de transporte, sobre todo para abarcar a las mujeres y niñas vulnerables.

En el marco de los comités nacionales, constituidos por trabajadores, empleadores y Ministerios de Trabajo, el programa comenzó a seleccionar a grupos de mujeres como un medio para ayudar a las comunidades. Comenzando por la formación y la sensibilización en materia de VIH y utilizando las herramientas de la OIT “Inicie y mejore su negocio” y el módulo de formación más específico “Get Ahead – Impulsar a las mujeres en las empresas”, los individuos y los grupos comenzaron a utilizar esta formación para mejorar su situación económica y su bienestar psíquico.

En Mzuzu, Ivy Njati abrió una pequeña tienda de ropa. Su ambición es ampliarla: “Mis vestidos son para todos… actualmente provienen de Tanzania pero mis planes son buscar proveedores del sur de Malawi, una vez que reciba pedidos más grandes.”

Algunas mujeres, como Maggie Nyama, del distrito de Dowa en el centro de Malawi, mostraron una aptitud especial para los negocios. Madre de cuatro niños, Maggie tenía dificultades cuando su esposo murió y sobrevivía de los pocos ingresos de la venta de arroz y boniatos. A través de un grupo local de mujeres, participó en una actividad de sensibilización sobre el VIH, recibió formación empresarial y se benefició de un préstamo gracias al programa CEEP.

“Gracias al préstamo, amplié mi negocio, y con las ganancias que obtuve logré construir tres casas, abrí dos restaurantes y llevé agua corriente a mis locales. Actualmente, soy una propietaria… mis hijos pueden ir a la escuela, formé a mis hijas para que participaran en mis empresas y ellas dirigen los restaurantes.”

Aunque no todas las mujeres que han participado en el programa han logrado replicar el éxito de Maggie, ella es una muestra de los beneficios esenciales de una estrategia de empoderamiento.

Patrick Makondesa, coordinador nacional del programa, explica: “En Malawi, constatamos que para las mujeres como Maggie e Ivy, cuando sus ingresos aumentan tienen más dinero para pagar el tratamiento del VIH, si lo necesitan, disfrutan de mejor salud y pueden mejorar el futuro de su familia. Este es un modo sostenible de abordar los problemas de salud y de VIH en mi país.”

Asumir la responsabilidad

Uno de los elementos clave del programa es que insiste en que las mujeres que necesitan ayuda financiera para establecer su empresa reciban préstamos, generalmente de alrededor de 8.000 dólares por grupo. Margherita Licata explica las razones de la concesión de préstamos por grupo: “Otorgar préstamos por grupo desarrolla un sentido de responsabilidad compartido. Las personas son conscientes del hecho de que tienen que devolver el préstamo. Estamos felices de constatar que la tasa de devolución de los préstamos es de 75 por ciento.”

De hecho, para Ivy Njati pagar el préstamo fue importante: “… ¡la empresa es 100 por ciento mía!”, dijo. Sin embargo, el programa produce dividendos no sólo económicos. “Aprendí que nada es imposible”, agregó Ivy, “estoy tan feliz y orgullosa.”

Maggie Nyama está consciente de que el impacto va más allá del simple balance de su empresa: “Es posible cambiar nuestra vida a través del trabajo arduo y llegar a ser independientes, este programa cambió mi vida completamente.”


Ivy Njati y Maggie Nyama, de Malawi, compartirán sus experiencias en un evento de la OIT el 17 de mayo durante la Conferencia anual “Las mujeres hablan” que tendrá lugar en Copenhague del 16 al 19 de mayo 2016.

Además, el 19 de mayo y en el marco de la Conferencia, la OIT organiza un
debate titulado “Educación técnica y vocacional: ¿qué es lo que funciona para las mujeres jóvenes?”