Rana Plaza, dos años después

Reconstruir la vida después del Rana Plaza: Historias de sobrevivientes

Dos años después del trágico colapso de las fábricas de la confección del Rana Plaza en Bangladesh, la OIT ha proporcionado apoyo a varios sobrevivientes para que rehagan su vida. Entre ellos están estos dos emprendedores que tienen grandes planes para su futuro.

Artículo | Dhaka, Bangladesh | 20 de abril de 2015

Una pequeña tienda construida sobre grandes sueños

Herido gravemente mientras participaba en el rescate de sus colegas atrapados bajo los escombros del Rana Plaza, Shahjahan Selim quedó discapacitado para siempre. A través de la asistencia médica y de competencias comerciales de la OIT, Selim ha superado la adversidad para abrir una pequeña tienda que, sólo un año después de actividad, duplicó su tamaño. El apoyo de la OIT a Selim fue posible gracias a un programa financiado por Canadá, los Países Bajos y el Reino Unido.


Si los clientes son un símbolo del éxito, entonces hay una pequeña tienda en Savar, Bangladesh, que lo está haciendo muy bien, y abrió hace apenas un año. Funciona con un modelo distinto al de otros almacenes: los clientes escogen los productos que desean, pagan y se dan el vuelto. Selim, el propietario, sólo les tiende una pequeña caja azul que guarda bajo el contador cuando terminan y les ayuda cuando hay mucha gente. Es difícil decir quién dirige en realidad la tienda, Selim o sus clientes.

Selim había comenzado a trabajar en el Rana Plaza sólo seis días antes de que colapsara. No sólo logró sobrevivir, sino que durante dos semanas regresó todos los días para socorrer a otros. Al poner en práctica los conocimientos que había adquirido en el ejército, Selim extrajo 28 cuerpos de los escombros y rescató a 37 personas. Mientras rescataba al último trabajador, Rajib, se resbaló y cayó tres pisos más abajo, lo cual lo dejó discapacitado para siempre. Sin embargo, gracias al asesoramiento y la formación empresarial proporcionados por la OIT, hoy día Selim tiene su propia tienda en Savar.

“Tenía muchas dudas, pero el dinero de la indemnización me dio la idea y la formación me ayudó a recuperar la confianza. La empresa de venta al por mayor también nos ofreció apoyo, aunque mis pedidos fuesen pequeños”, explicó Selim. “Las personas también colaboraron, nos dieron los nombres de los productos que deseaban comprar y dijeron que vendrían si los tendríamos en el almacén. Desde entonces, no han dejado de venir y de traer nuevos clientes. Cuando comencé, tenía un inventario por un valor de 15.000 taka. En la actualidad, es de 90.000 taka.

Selim, debido a su discapacidad, no puede encargase de la tienda él solo, pero nunca le falta ayuda de parte del flujo continúo de personas que entran a la tienda.

“Los clientes me ayudan mucho, entienden que hay cosas que no puedo hacer así que hacen casi todo solos. Nunca nadie me ha dado menos dinero, siempre se comportan correctamente. Las personas que rescaté todavía vienen a visitarme de vez en cuando y me traen comida. Las personas no sólo vienen a comprar, también vienen a conversar. Las ventas son buenas y me siento contento porque les ofrezco un servicio de calidad.”

No obstante, Selim no está satisfecho con la tienda como es; la está ampliando para satisfacer las necesidades estacionales de sus clientes y quiere seguir creciendo.

“Los productos más vendidos son galletas, arroz, harina, legumbres y jabón. Como el verano se acerca, las personas van a pedir refrescos, yogur, leche y otros productos lácteos, así que pronto compraré una nevera. También quiero vender libros, plumas y papelería de manera que las personas no tengan que ir hasta el mercado y los consigan aquí, sobre todo los niños que van a la escuela. Mi proyecto para el futuro es que mi tienda se convierta en una tienda por departamentos.”

Shanta, la esposa de Selim, fue una de las razones por las cuales él regresó a socorrer a las personas. “Después del colapso, aunque sólo quería que él estuviese seguro en casa, insistí para que regresase todos los días. Pensaba: 'si él no va a ayudarlos, quién lo hará?'. Nosotros somos muy pobres, y también lo eran todas las personas que trabajaban en el Rana Plaza. Durante dos semanas, Selim venía a casa sólo a comer. Estoy tan orgullosa de él, seguía salvando personas aún con las manos destrozadas”, contó Shanta.

“Cuando ocurrió el accidente me sentí culpable, pero ahora no tengo ningún remordimiento. Nos hace felices saber que esas personas se salvaron. Además le ha enseñado a nuestro hijo la importancia de prestar servicio a nuestros conciudadanos. Ahora, cuando no puedo regresar a casa del trabajo, él hace las tareas domésticas, le da de comer a mi esposo, lo ayuda a bañarse y lo lleva a la tienda. Él está muy orgulloso de que su padre sea un hombre de negocios.”

De empleado a emprendedor

Aterrorizado por el colapso del Rana Plaza, Naseer Uddin Sohel no podía soportar la idea de regresar a trabajar en una fábrica grande. Después de recibir asesoramiento de la OIT, utilizó el dinero de la indemnización para establecer su propia fábrica de vestidos. Un año después, la empresa ha crecido, pasando de dos máquinas de coser a ocho, y Naseer emplea a otros seis sobrevivientes del Rana Plaza. Naseer recibió el apoyo de la OIT a través de un programa financiado por Canadá, los Países Bajos y el Reino Unido.


En la fábrica New Life se siente la alegría de vivir desde el mismo momento en que se entra. Seis mujeres cosen, conversan y sonríen mientras dos hombres jóvenes ordenan los tejidos sobre una mesa recubierta con un material de colores vivos. El ambiente es agradable y propicia la concentración, el aire caliente del verano sube hasta el techo de bambú.

“Después del colapso del Rana Plaza, decidí abrir mi propia fábrica, un tipo distinto. Una donde todos los trabajadores pudiesen ser propietarios y todas las ganancias compartidas”, explicó Naseer. “Una fábrica que nos empleara, a mí y a otros sobrevivientes, pero también una que pudiese crecer lo suficiente para dar trabajo a todos los sobrevivientes. El edificio debería ser de una sola planta y las metas de producción no tan exigentes. Cuando recibí el dinero de la indemnización, establecí la fábrica, y en tan sólo un año nuestras dos máquinas de coser de segunda mano, han pasado a ser ocho.”

Naseer sólo tiene 27 años y es uno de los dos propietarios de New Life. El otro dueño es su amigo Jahangir. Ambos son sobrevivientes del Rana Plaza, y también lo son las seis mujeres que emplean. Naseer afirma que la comunidad a abrazado lo que ellos intentan hacer.

“Los compradores nos han dado su apoyo. Aceptaron pagarnos por adelantado porque saben que de otra manera no tendríamos los fondos para cubrir los gastos. Por ahora, todos los pedidos provienen del mercado Polybiddud en el Centro de Savar. Los márgenes de ganancia no son malos – obtenernos en promedio 180 taka por cada pieza y en el mercado se venden en alrededor 220 taka.”

Las seis mujeres que trabajan en New Life intentaron regresar a trabajar en las fábricas de la confección convencionales pero no lograron soportar los objetivos de producción.

“Cuando el Rana Plaza colapsó, tenía dos meses de embarazo”, contó Firoza. “Mi hijo ahora tiene casi dos años y viene siempre conmigo a la fábrica. Me gusta trabajar aquí, nadie me regaña, no es estresante y tengo ganas de hacer mi trabajo porque nadie me agobia ni me presiona. Es tranquilo. No necesitamos metas, nosotros llegamos, poco a poco.”

Naseer dirige la fábrica como una cooperativa, todos reciben la misma remuneración, afirma que “esto permite compartir la titularidad entre todos, un factor esencial para el éxito de New Life”.

“En la fábrica, todos somos como hermanos y hermanas. Aún cuando tengamos 100 trabajadores será igual. Todos somos trabajadores, y las ganancias son utilizadas para desarrollar la empresa. Nuestros trabajadores reciben un salario de 7000 taka, la misma cantidad que Jahanghir y yo recibimos. Algunas veces no alcanzamos nuestros objetivos, pero cuando sucede, automáticamente, todos nos esforzamos más para ponernos al día. No necesito presionarlos. Cada quien tiene su responsabilidad y el dominio de lo que hace o no produce. Todos somos pobres. Si no trabajamos, no podemos comer, así que todos deseamos que la fábrica tenga éxito.”

Gracias a la orientación profesional y el apoyo psicológico financiados por la OIT y a los grupos de autoayuda, Naseer tiene grandes ambiciones para New Life y elabora estrategias para alcanzar estos objetivos.

“Dentro de poco comparemos un generador, apenas ahorremos un poco más dinero, ya que pronto llegará el verano y los cortes de electricidad serán más frecuentes”, explicó Naseer. “Además reduciremos el tamaño de la mesa para cortar y hacer patrones a fin de ganar espacio y poner otras máquinas de coser. En cinco años, tendremos dos líneas de producción, lo cual significa 64 máquinas.”