Día mundial contra el trabajo infantil 2008 – El camino hacia la escuela, la vía para salir del trabajo infantil

La economía de Asia y el Pacífico tiene una buena reputación, pero es también la región con mayor cantidad de niños trabajadores en el mundo; se calcula que 122 millones de niños entre 5 y 14 años de edad se ven forzados a trabajar para sobrevivir. Algunos intentan mantener un equilibrio entre la escuela y las largas horas de trabajo, pero muchos de estos millones de niños ni siquiera están matriculados en la escuela. Guy Thijs, Director regional adjunto de la Oficina Regional para Asia y el Pacífico de la Organización Internacional del Trabajo y ex Director del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, informa desde Tailandia.

Artículo | 11 de junio de 2008

BANGKOK, Tailandia (OIT EnLínea) – En el vasto sector del procesamiento de alimentos de Tailandia, una pequeña niña pasa 12 horas al día, seis días a la semana, trabajando con su padre. Por su trabajo recibe entre 800 y 900 baht (25-30 dólares) por semana. Es un trabajo duro. “A veces me canso porque estoy todo el día de pie”, dijo.

Para la joven Noy y miles de otros niños migrantes en Tailandia, trabajar muchas horas forma parte de la cotidianidad. Ir a la escuela no, lamentablemente. “Tengo que ayudar a mi familia a ganar un ingreso, de manera que no puedo ir a la escuela como otros niños”, explicó.

El 12 de junio se celebra el “Día mundial contra el trabajo infantil”, que cada año sirve como día de acción internacional para incrementar la concientización sobre este problema. Este año centra su atención en la educación como respuesta contra el trabajo infantil y como herramienta para romper el ciclo de pobreza.

El derecho de una educación libre y universal está consagrado en la ley internacional sobre derechos humanos. A través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, la comunidad internacional estableció el objetivo de lograr la educación primaria para todos y eliminar la desigualdad de género en la educación para 2015. Invertir en educación es una de las decisiones más acertadas que un país puede tomar porque trae como consecuencia beneficios tanto a nivel económico como social.

En los últimos 15 años, Tailandia ha estado a la vanguardia en la región, al reducir con éxito todas las formas de trabajo infantil. Sin embargo, el problema ha adquirido otra forma.

De acuerdo con cifras oficiales, cerca de 300.000 niños entre 15 y 17 años están legalmente empleados, pero estos datos no incluyen los numerosos niños migrantes menores de 15 años que trabajan de manera ilegal. Muchos son pobres, niños que no han sido registrados o que fueron registrados incorrectamente, cuyas familias provienen de tribus indígenas de las montañas, la República Democrática Popular Lao o Myanmar. Estos niños tienen mayores probabilidades de estar expuestos a situaciones peligrosas que los dejan indefensos ante la explotación, como mendigos o en el trabajo doméstico, en fábricas, industria pesquera, agricultura, y locales de entretenimiento.

En toda la región las familias migrantes, y en particular los niños, enfrentan muchas dificultades. Las condiciones de vida de sus comunidades son, con frecuencia, básicas e insalubres, a veces con aguas contaminadas, carencia de baños adecuados y de instalaciones para la recolección de los desechos. Debido a que muchos niños no tienen documentos no pueden acceder a una serie de servicios médicos, incluyendo el cuidado de los recién nacidos, vacunas, y la prevención y cuidado de VIH/SIDA y otras enfermedades.

En Tailandia, la educación básica para todos los niños es un derecho basado en la ley. Sin embargo, en la práctica muchos niños migrantes no pueden asistir a la educación a tiempo completo. Entre los motivos figuran: la falta de estructuras adecuadas y de asignación de presupuesto para escuelas en sus zonas, desconfianza de las autoridades, temor de ser deportados, y actitudes negativas hacia los niños migrantes por parte del público en general.

Noy es más afortunada que otros. Hace poco comenzó a asistir a las clases organizadas por la Red de promoción de los derechos laborales (LPN) los domingos, su único día libre en la semana. No puede sustituir el colegio a tiempo completo, pero Noy está entusiasmada y agradecida por la oportunidad que le ofrece LPN. “Un día mientras estaba en casa, una educadora vino a la aldea para decir a los niños que los domingos había una escuela donde podríamos aprender mon, tailandés e inglés. Le pregunté a mi mamá si podía ir a la escuela visto que no trabajaba los domingos. Ella estuvo de acuerdo porque no interfería con mi trabajo. Un día quiero ser una vendedora de vegetales. Si puedo entender el tailandés y hacer cálculos, podré vender vegetales”.

Sin acceso a una educación básica libre, obligatoria y de buena calidad, los niños trabajadores se convertirán en jóvenes con pobres perspectivas laborales. No pueden sacar a sus familias de la trampa de la pobreza, no pueden convertirse en padres que tienen la posibilidad de ofrecer a sus niños una vida mejor a través de la educación, y no pueden contribuir de manera eficaz al desarrollo de sus países. La aspiración de Noy de utilizar el idioma recién aprendido y los conocimientos de matemáticas para establecer su propia empresa vendiendo vegetales puede parecer un objetivo modesto. Es un ejemplo de cómo la educación puede abrir los ojos de los niños a futuras posibilidades y ayudarlos a escapar de un ciclo de pobreza intergeneracional.