Lucha contra el trabajo forzoso en América Latina

La OIT estima que en América Latina y el Caribe hay 1,3 millones de personas ( Nota 1) víctimas de trabajo forzoso. Brasil ha reaccionado y enfrenta este problema a través de un Plan Nacional de Acción vigente desde 2003, incluyendo medidas como la liberación de trabajadores o el combate a la impunidad. En 2004, países como Bolivia y Perú han asumido igualmente importantes compromisos contra el trabajo forzoso.

Artículo | 18 de mayo de 2005

BRASILIA - Guilherme Pedro Neto fue un trabajador esclavo que escapó de ese destino y se ha convertido en un dirigente sindical que combate por mejorar las condiciones de vida otras personas obligadas a trabajar en esas condiciones.

Siendo un veinteañero, su familia perdió el terreno que poseía debido a una deuda, y Guilherme tuvo que buscar trabajo en otros estados de Brasil. En tres ocasiones le llevaron a explotaciones agrarias a trabajar, pero al concluir su labor, le dijeron que no recibiría sueldo alguno porque, según el empleador, no se le adeudaba nada debido a los alimentos que había consumido.

"En la época que trabajaba como esclavo, los rescates policiales de trabajadores no se habían establecido aún, ni existían instituciones que ayudaran a los trabajadores esclavizados, por lo que no teníamos esperanzas de que nos rescataran. En la tercera explotación en la que trabajé y en la que se suponía que el tajo duraría cinco meses, las condiciones eran tan insoportables y sufríamos tanto, que 80 de nosotros nos juntamos y tratamos de huir, pero se nos hacía regresar a la fuerza", relató Guilherme.

Una importante fuente de vulnerabilidad de los trabajadores como Gilherme es la falta de documentos de identidad oficiales, lo que les convierte en "invisibles" para las autoridades nacionales, y prácticamente les imposibilita denunciar los casos de trabajo forzoso y procurar medidas correctivas. Con una escasa capacidad para leer y escribir y un conocimiento aritmético limitado, suelen estar mal dotados para tratar con extraños, que pueden engañarles con facilidad para hacerles caer en la servidumbre por deudas.

"El perfil típico de estos trabajadores es el de un hombre joven y fuerte, analfabeto, sin documentación válida, por lo que, a menudo, no existen en los registros de la Administración", explicó Patricia Audi, experta de la OIT en trabajo forzoso en Brasil.

Muchos de estos trabajadores, en su mayoría hombres, son objeto del tráfico de personas realizado por intermediarios a los que se denomina "gatos" y que reclutan a sus víctimas en centro urbanos del noreste de Brasil, donde la pobreza y el desempleo son más graves. Los gatos prometen una buena remuneración a cambio de un trabajo duro. Los trabajadores que suscriben los contratos suelen ser trasladados a cientos de kilómetros de distancia, a lugares remotos donde se espera que trabajen en ranchos o explotaciones forestales.

Al llegar a su destino, los trabajadores se encuentran atrapados en situaciones de servidumbre por deudas. A menudo se les practican retenciones en las pagas para reembolsar costes de transporte de los que no se les había informado previamente. En otros casos, se traslada inicialmente a los trabajadores a los puntos de recogida, donde esperan varios días, e incluso semanas, antes del desplazamiento al lugar de trabajo, y donde acumulan deudas adicionales vinculadas a los costes de alojamiento y manutención, con frecuencia cobrados con enormes sobreprecios.

Los pueblos indígenas de América Latina ubicados en áreas remotas son especialmente susceptibles a los reclutamientos coercitivos y la servidumbre por deudas. Una presencia estatal escasa, junto con una baja inversión en educación y otras prestaciones, la discriminación y la pobreza dan lugar a que estas poblaciones se encuentren a menudo en una situación de debilidad para afrontar el trato con agentes de reclutamiento sin escrúpulos.

Por otra parte, una serie de seminarios de la OIT impartidos en América Latina indican que el trabajo forzoso contemporáneo afecta también a empleados en minas privatizadas, industrias maquiladoras de montaje en zonas francas industriales, y el servicio doméstico e, incluso, se dan casos de abuso durante el servicio militar obligatorio. Las formas más graves de trabajo forzoso se han documentado en la región del Chaco de Bolivia, pero la servidumbre por deudas existe asimismo en otras áreas de ese país.

En Perú, el trabajo forzoso en la cuenca del Amazonas es resultado del sistema ilegal de enganche para la contratación de mano de obra. Los subcontratistas establecen sus campos de trabajo en los bosques y reclutan de diez a cuarenta trabajadores de ciudades remotas, que reciben anticipos salariales cuyo valor oscila entre el 10 y el 20 por ciento de su retribución total. Una vez en el campo, los trabajadores incurren en una serie continua de gastos. Cuando toman conciencia del engaño, los subcontratistas armados recurren a diversos medios para retener a los trabajadores, incluidas las amenazas de muerte.

Acción contra el trabajo forzoso en América Latina

Brasil ha tomado la iniciativa en el tratamiento del problema del trabajo forzoso mediante la adopción en marzo de 2003 de un Plan nacional de acción para la erradicación de la esclavitud. Cuando el trabajo forzoso se encuentra profundamente arraigado en la estructura social, económica y étnica de un continente, es necesario formular múltiples estrategias para erradicar el problema.

La estrategia plural de Brasil para combatir el trabajo forzoso comprende una campaña generalizada de sensibilización respecto al problema, la coordinación de las actividades de la administración, la promoción de una nueva ley con sanciones más rigurosas contra los infractores, incluida la confiscación de sus propiedades, las intervenciones de unidades móviles de la policía y un incremento regular de los procesamientos. Los logros de la campaña contra el trabajo en condiciones de esclavitud en Brasil se reflejan en un notable aumento de los trabajadores liberados de esta forma de abuso en los últimos años.

En noviembre de 2003, una ley federal dio lugar a la creación de 269 nuevos tribunales de trabajo en áreas con una elevada incidencia de trabajo en condiciones de esclavitud. El Gobierno publicó una "lista negra" de 101 empresas asociadas a esta forma de abuso, y a las que, en lo sucesivo, se les negaría el acceso a los fondos públicos. En agosto de 2004, se suscribió un acuerdo entre las grandes compañías siderúrgicas y el sindicato de sus trabajadores, conforme al cuál se comprometen a no adquirir carbón a ninguna entidad que haya sometido a su plantilla a condiciones de trabajo semejantes a las de la esclavitud.

Este mes, justo después de la presentación del informe de la OIT sobre trabajo forzoso, una importante empresa agropecuaria fue multada por más de un millón de dólares (3 millones de reales brasileños) por mantener a 180 personas bajo condiciones de trabajo forzoso. Fue la cantidad más alta decidida por un tribunal brasileño en un caso de este tipo.

"Brasil es un modelo. Algunas personas argumentan que la causa del trabajo forzoso es la pobreza, pero nosotros creemos que el verdadero motivo es la impunidad. Es necesario combatir la impunidad...", comentó Roger Plant, quien dirige el Plan Especial de Acción para Combatir el Trabajo Forzoso de la OIT.

El reto actual en Brasil consiste en complementar los esfuerzos en el campo de la aplicación de la ley con estrategias eficaces de prevención y rehabilitación de los trabajadores forzosos. Se ha dado un primer paso con la legislación que garantiza el pago de la cuota de la Administración de las cotizaciones del seguro de desempleo a los trabajadores rescatados del trabajo en condiciones de esclavitud. Se anima a las organizaciones de empleadores y de trabajadores a colaborar estrechamente con las autoridades locales y los grupos de la sociedad civil en el apoyo a las víctimas y la provisión de medios de vida verdaderamente sostenibles.

Desde su puesta en marcha en abril de 2002, un proyecto de la OIT en Brasil se propone combatir las prácticas de contratación abusivas que conducen al trabajo en condiciones de esclavitud, en particular en explotaciones ganaderas y agrarias, además de coordinar la acción emprendida por miembros de la Comisión Nacional para Erradicar el Trabajo en Condiciones de Esclavitud (CONATRAE), los sindicatos y el sector privado.

Aunque las actuaciones se encuentran menos avanzadas en Bolivia y Perú, los Gobiernos de estos dos países asumieron importantes compromisos en la lucha contra el trabajo forzoso en 2004. En septiembre de dicho año, el Ministro de Trabajo de Bolivia anunció la formulación de una estrategia encaminada a eliminar esta práctica abusiva con la ayuda de la OIT. En Perú, el Gobierno confirmó su disposición a desarrollar una política específica de erradicación del trabajo forzoso. Y recientemente el Gobierno de Paraguay anunció la apertura de una oficina del Ministerio del Trabajo en la región de Chaco para abordar situaciones relacionadas con el trabajo forzoso.


Nota 1 - Una alianza global contra el trabajo forzoso, Informe mundial realizado como parte del seguimiento a la Declaración sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo de la OIT, 2005, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra. ISBN: 92-2-315360-3. Precio: 35 francos suizos.