Esta historia fue escrita por la Sala de Noticias de la OIT. Para ver las declaraciones y discursos oficiales de la OIT, por favor visite nuestra sección "Declaraciones y Discursos".

Respuesta a la catástrofe en Filipinas

Reconstruir un futuro mejor después del tifón Bopha

Casi dos meses después que el tifón Bopha azotó Filipinas, los sobrevivientes continúan su lucha para reconstruir sus vidas. La OIT contribuye a ofrecer nuevos medios de subsistencia a las comunidades, pero las recientes inundaciones obstaculizan los esfuerzos de ayuda.

Reportaje | 25 de enero de 2013
BAGANGA (OIT Noticias) – Maritess Diansay, 39 años, perdió casi todo cuando el tifón Bopha arrasó la isla de Mindanao en el sur de Filipinas a finales del año pasado, pero no la esperanza de que sus tres hijos algún día podrán terminar sus estudios y encuentren empleos decentes.

La tormenta, conocida en Filipinas como tifón Pablo, llegó a la provincia de Davao Oriental el 4 de diciembre 2012, sembrando muerte y destrucción.

Diansay vive en Baganga, un municipio del litoral, con cerca de 50.000 habitantes, donde el cultivo de la palma de coco constituye la principal actividad económica. En un primer momento, muchos vecinos buscaron refugio en su casa, pero todos tuvieron que huir cuando el viento arrancó el techo y derribó las paredes.

Nos dimos cuenta que la mayoría de los trabajadores afectados no tenían calificaciones."
L.J. Johnson, Director de la Oficina de la OIT para Filipinas
“Nuestra casa fue destruida. Nuestras fuentes de ingreso, desaparecieron: los cocoteros desarraigados, algunos de nuestro cerdos murieron”, recuerda Diansay embargada por la emoción.

Se estima que los cultivadores de coco perdieron unos 150 millones de dólares estadounidenses, y cerca de 50 millones de cajas de plátanos, de un valor de 4 dólares cada una, se perdieron a causa del ciclón tropical. Para muchos agricultores, esto significó la pérdida de todos sus ingresos.

En total, fueron afectados más de un millón de trabajadores.

“Nos dimos cuenta que la mayoría de los trabajadores afectados no tenían calificaciones. Muchos de ellos son agricultores o trabajadores familiares no remunerados y son vulnerables debido a su nivel de competencias, bajos ingresos y una limitada protección y seguridad”, explicó Lawrence Jeff Johnson, Director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Filipinas.

La OIT movilizó de inmediato sus propios recursos, y recibió ayuda de los socios para poner en práctica programas de emergencia de creación de empleo y desarrollo de modos de vida, incluyendo proyectos de dinero por trabajo y rehabilitación de carreteras, así como de apoyo a las comunidades indígenas.

Es indispensable una acción urgente para reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia."
Guy Ryder, Director General de la OIT
“Es indispensable una acción urgente para reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia. Los trabajadores que tienen formas de empleo vulnerable, los agricultores y los pueblos indígenas están expuestos a riesgos aún mayores como consecuencia de estos desastres y, con frecuencia, se ven obligados a aceptar cualquier tipo de trabajo para poder sobrevivir”, declaró el Director General de la OIT Guy Ryder, durante una visita reciente a Filipinas.

La agencia australiana para el desarrollo internacional, AusAID, y el Fondo Central de Respuesta a las Emergencias de la ONU están financiando los programas implementados por la OIT en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el gobierno.

Pero se necesita más ayuda. Casi dos meses después que Bopha desencadenó su furia en el sur de Filipinas, los esfuerzos de recuperación han sido obstaculizados por las lluvias torrenciales y las inundaciones que siguen afectando la isla de Mindanao.

Nuevas ruinas se suman a las existentes, los capos de arroz se inundaron y los derrumbes han interrumpido algunas carreteras y dañado puentes.

Maritess no pierde la esperanza. En la actualidad, trabaja en uno de los programas de reconstrucción. “Antes esperábamos que nos suministraran bienes de socorro o pedíamos dinero prestado para mantenernos. Ahora la posibilidad de ganar dinero para mi familia me hace feliz”, dijo.

Y sobre la casa que perdió, ella agrega: “Es sólo una casa, como decimos siempre mi esposo y yo. Aún no he renunciado a mis sueños, sobre todo que mis tres hijos puedan finalizar sus estudios y un día encuentren un empleo decente.”