Esta historia fue escrita por la Sala de Noticias de la OIT. Para ver las declaraciones y discursos oficiales de la OIT, por favor visite nuestra sección "Declaraciones y Discursos".

Premio a la Empresa Social 2009

Una cena que cambió miles de vida

El mes pasado, la ONG Agape de El Salvador recibió el Premio a la Empresa Social 2009 para América Central, Panamá, y República Dominicana. El premio, presentado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social, reconoce la contribución de Agape en mejorar la vida de miles de pobres salvadoreños, así como su liderazgo e innovación en aplicar un modelo de negocios exitoso.

Artículo | 27 de octubre de 2009

SAN SALVADOR (OIT EnLínea) – Faltaban pocos días para la Navidad de 2007 y en la Parroquia de la Santísima Trinidad, ubicada en la ciudad occidental de Sonsonete, había mucho que hacer. Los únicos dos sacerdotes debían encargarse del número siempre mayor de confesiones y bautismos típicos del período de Navidad y no tenían un momento libre para descansar. El Padre Flavian Mucci –uno de los dos sacerdotes– sabía que la Navidad es un período solitario para un sacerdote y, en particular, para uno que tiene a su familia a miles de kilómetros de distancia.

El Padre Mucci había recibido diversas invitaciones para cenar, pero no quería pasar la noche de Navidad con sólo una familia. Quería algo más grande, con más personas. Entonces tuvo una idea: salió e invitó a todas las personas sin hogar que encontró a compartir una cena de Navidad el próximo día. Invitó a muchas personas, pero nunca se imaginó que casi 300 personas se acercarían a la parroquia.

“Ese día comprendí el verdadero significado de la palabra felicidad”, dice Padre Mucci, un Franciscano de Estados Unidos que llegó por primera vez a El Salvador en 1968. “No es que antes fuese infeliz, pero éste era un tipo diferente de felicidad, más profunda y llena de significado. Era la felicidad que proviene de dar al prójimo.”

Más de treinta años después, lo que comenzó como una simple cena de Navidad se ha convertido en la más destacada y eficiente empresa social de El Salvador. Agape –un vocablo griego que significa amor incondicional– está presente en todo el país con 47 programas sociales, productivos, educacionales y espirituales que benefician a más de 50.000 personas en situaciones vulnerables.

Los programas incluyen, entre otros: un hogar para los más ancianos, una universidad para estudiantes provenientes de familias con bajos ingresos, un comedor comunitario, diversas clínicas, un canal de televisión y una editorial. Una de sus iniciativas más recientes ha sido un centro de formación en la ciudad oriental de Usulután, donde los desempleados pueden seguir una serie de cursos que van desde lecciones de informática hasta de cocina.

Pero quizás lo que distingue Agape de otras empresas sea la combinación de un fuerte compromiso social con prácticas empresariales eficaces. “Si se necesitan mesas para uno de los restaurantes o para la universidad, se fabrican en uno de nuestros talleres de carpintería. Si un anciano se enferma, un doctor de una de nuestras clínicas está allí para ayudar. Todos nuestros proyectos están interrelacionados”, explica el Padre Mucci.

El método de organización de Agape ha sido elogiado tanto dentro como fuera de El Salvador y ha sido emulado por muchas organizaciones que aspiran a alcanzar su nivel de éxito y compromiso. “Cada programa está dirigido por un experto/a en su campo de competencia. Los expertos tienen completa autonomía para tomar las decisiones que consideren convenientes. La decentralización y la confianza son fundamentales para nosotros”, dijo Padre Mucci. Y agregó: “Cada céntimo que entra o se gasta es contabilizado.”

No es una coincidencia que Agape haya recibido diversas certificaciones ISO 9000, incluyendo una por sus métodos de gestión administrativa. El mes pasado, Agape dio otro paso importante en su larga e impresionante historia cuando le fue conferido el Premio al Emprendedor Social 2009 para América Central, Panamá y República Dominicana.

“Al combinar el compromiso social con innovación en los negocios, un emprendedor social desempeña un papel fundamental en la promoción de trabajo decente e inclusión social, dos objetivos clave de la OIT en estos tiempo de crisis que enfrentan el mundo y la región. Este premio reconoce la contribución de Agape en el que nosotros creemos es el camino hacia el progreso”, dijo Virgilio Levaggi, jefe de la oficina de la OIT para América Central, Panamá y República Dominicana.

“Siempre repito lo mismo: Soy un sacerdote, no un emprendedor”, señala el Padre Mucci. “Este premio fue posible gracias al apoyo y al trabajo duro de las personas que constituyen Agape. Su amor y compromiso hacen posible este proyecto, no yo.”

El premio –que recibió más de 300 solicitudes– permitirá al Padre Mucci y a su fundación ponerse en contacto con los más importantes emprendedores sociales del mundo y participar de la reunión regional del Foro Económico Mundial del próximo año, que tendrá lugar en Cartagena.

El Salvador ha recorrido un largo camino desde que finalizó la guerra civil en 1992, la cual dejó un saldo de 75.000 personas muertas o desaparecidas. Las elecciones presidenciales de este año marcaron la primera transición democrática en dos décadas entre partidos que pertenecen a polos opuestos del espectro político. El Salvador también está tomando medidas importantes para la consolidación de los derechos sociales y el diálogo social. Un ejemplo es el lanzamiento del Movimiento de Unidad Sindical y Gremial de El Salvador (MUSYGES), suscrito por los principales grupos sindicales del país bajo la asesoría técnica de la OIT. Además, los sindicatos locales también han aceptado formar parte de Consejo Económico y Social, creado hace poco por el gobierno, que incluye la participación de grupos de empleadores y miembros de la sociedad civil.

Pero el Padre Mucci está en este negocio desde hace demasiado tiempo como para saber que hasta el más hermoso rayo de sol puede ser amenazado por una tormenta. La crisis económica mundial ha afectado mucho a la región y El Salvador –uno de los países más pobres de América Latina– no es una excepción. “Cada día llegan personas a pedir trabajo. Esta mañana vino un abogado con muchos títulos diciendo que estaba dispuesto a realizar cualquier trabajo. Lo único que pedía era recibir el salario mínimo, lo cual corresponde a poco más de 170 dólares al mes”, dice el Padre Mucci.

Para empeorar las cosas, El Salvador tiene una de las tasas de asesinatos más altas de la región, vinculada a la proliferación de bandas delictivas o “maras” que están involucradas con el tráfico de drogas, la extorsión y las armas. Según el Padre Mucci, esto a su vez está relacionado con los altos niveles de pobreza y la falta de trabajo decente para la mayoría de los jóvenes del país.

“Las maras solían concentrarse en los negocios, en particular en las empresas de autobuses. En la actualidad extorsionan a cualquier persona. Para muchos de sus miembros, la mara es la única manera que conocen de ganarse la vida. Es por esto que es muy importante enviar a los niños a la escuela, formarlos y crear los empleos necesarios para ayudarlos a comprender que tienen el derecho y la oportunidad de un futuro mejor”, dice el Padre Mucci.

El Padre Mucci sabe que Agape sola no puede mejorar la situación en El Salvador. En un país con más del cincuenta por ciento de sus siete millones de habitantes viviendo por debajo de la línea de la pobreza, ayudar a 50.000 personas puede parecer poco. Pero el Padre Mucci también sabe que Agape podría hacer mucho más si tuviera más fondos. “Tenemos la voluntad, la disciplina, los conocimientos técnicos y las personas para hacerlo. Sabemos que podemos”, dice. La prueba de que en verdad pueden está en esa noche de Navidad hace más de treinta años, y en todo lo que han logrado desde entonces con esa misma pasión y energía.