Alocuciónde Guy Ryder, Director General de la OIT con ocasión del Congreso de la Confederación Alemana de Sindicatos

Declaración | 12 de mayo de 2014
Sr. Presidente, estimados delegados,

Les transmito los saludos más cordiales de la Organización Internacional del Trabajo y les deseo éxito en su Congreso.

Es la tercera vez que tengo el honor de dirigirme al Congreso de la DGB, aunque la primera ocasión en que lo hago en calidad de Director General de la OIT. Quisiera darles las gracias por brindarme esta oportunidad.

Estimados delegados,

Alemania es una de las piedras angulares de la formulación de políticas en Europa y en el mundo. Por eso es sumamente importante – y alentador – que la DGB participe tan estrechamente en un proceso de toma de decisiones cuyos efectos se propagan mucho más allá de las fronteras de este país.

La función que ha desempeñado la DGB en el establecimiento de un salario mínimo ha sido acogida con satisfacción en muchos países, dado que su adopción no sólo simboliza la necesidad de asegurar la protección de los actores más débiles de los mercados de trabajo alemanes, sino también la de asegurarse que la competitividad deje de estar subordinada a salarios bajos. Tal como ustedes defienden, para tener éxito, Alemania debe dotarse de una mano de obra de mayor calidad, no más barata. Y esto se aplica también a otros países.

Cuando la DGB defiende con firmeza la negociación colectiva y el derecho de codecisión, está afirmando la importancia de los derechos y la justicia en el trabajo emitiendo una señal inequívoca que marca el camino a seguir. Cuando la DGB insiste en la necesidad de establecer un nuevo orden del trabajo, pone de relieve la obligación de formular políticas económicas y sociales radicalmente distintas, que no se basen exclusivamente en la desregulación y la consolidación fiscal.

Ese giro en la política es imprescindible, porque sólo podremos superar la crisis cuando regresemos una tasa de desempleo que sea por lo menos equivalente a los niveles anteriores a la crisis, y esto significa crear nada más y nada menos que 62 millones de empleos nuevos en el mundo para regresar al punto de partida. No conseguiremos este objetivo si no se produce el cambio fundamental que la DGB exige.

Tienen razón al considerar a la OIT como un asociado en la labor en defensa de los trabajadores. Nuestra estructura tripartita otorga a los sindicatos el lugar que les corresponde en la mesa de negociaciones multilateral internacional. Nuestro mandato – asentar una paz duradera a través de la justicia social – es ahora más actual que nunca y se hace eco de la histórica misión del sindicalismo. La OIT es garante de las normas internacionales del trabajo en las que se definen los derechos en el trabajo, y es responsable de su aplicación. Como probablemente sabrán, la OIT atraviesa actualmente un importante conflicto en relación con el derecho de huelga, de modo que podemos afirmar que esta tarea es sumamente delicada, y en este sentido contamos con el apoyo de la DGB.

Gracias a la presencia de la OIT en el G-20 durante los últimos cinco años, hemos logrado recabar el apoyo de los Jefes de Gobierno para que el empleo – y concretamente el trabajo decente – y el crecimiento regresen al punto de mira de las políticas internacionales y no queden relegados a un papel secundario después de haber satisfecho los intereses financieros.

En mis 18 meses de mandato, he liderado un proceso de cambio y reforma de la Organización que tiene por objeto que la OIT sea más eficaz, pertinente y útil, sea más acorde a las realidades del mundo del trabajo en los Estados Miembros y, por supuesto, resulte más eficiente. Los cambios no siempre se acogen favorablemente, pero a menudo son necesarios. De hecho, la actual DGB es bien diferente de la que conocí antaño. La cuestión es que la adaptación a las nuevas realidades – en ocasiones duras – debe llevarse a cabo sin renunciar a los principios fundamentales que defendemos.

Ahora bien, necesitamos encontrar formas nuevas para materializar esos principios. Por ejemplo, aunque la OIT debe seguir velando por que sus 185 Estados Miembros respeten sus obligaciones internacionales en relación con la aplicación de los convenios que han ratificado, también debe centrar su atención en la gestión de las cadenas de suministro mundiales, cuya estructura es cada vez más compleja. La tragedia del Rana Plaza que tuvo lugar hace un año en Bangladesh es reveladora del funcionamiento de estas cadenas de suministro, que generan beneficios astronómicos en un extremo a costa de condiciones de trabajo dramáticas en el otro extremo. Estas cadenas tienen que convertirse en cadenas de trabajo decente, y para lograrlo la OIT debe trabajar codo con codo con las empresas afectadas y sus trabajadores. El apoyo financiero adicional que recibimos, con su ayuda, de la nueva coalición gubernamental alemana, servirá precisamente para ese fin.

Igualmente, debemos cambiar de óptica en lo relativo a la lucha por la igualdad de género. Después de decenios de una ardua labor en favor de la adopción de leyes antidiscriminatorias en la mayoría de los países, las mujeres siguen siendo víctimas de una importante brecha salarial y de la segregación del mercado de trabajo. Si bien tenemos que partir de la labor ya realizada, seguir trabajando en esa misma línea no será suficiente. Una vez más, nos vemos obligados a innovar, a redefinir la interacción del trabajo con los demás aspectos de nuestras vidas. La OIT está decidida a estar a la altura de este desafío.

Mientras la comunidad internacional sigue luchando para asumir plenamente el desafío del cambio climático, y la propia Alemania toma decisiones valientes acerca de su futuro energético, no podemos eludir ni aplazar la tarea que nos corresponde: llevar a cabo una transformación radical de nuestros sistemas de producción para que sean sostenibles y creen trabajo decente para todos. Soy consciente de que es más fácil decirlo que hacerlo, pero tenemos que ponernos manos a la obra.

A medida que se aproxima a su centenario, que se celebrará dentro de cinco años, la Organización debe prepararse para afrontar estos nuevos desafíos, así como los desafíos pendientes, como son eliminar el trabajo infantil y rescatar a los 168 millones de niños que siguen trabajando, y liberar a las 21 millones de víctimas del trabajo forzoso. Son desafíos que aún debemos superar.

Los cambios rápidos y sin precedentes en el mundo del trabajo, con frecuencia en menoscabo de los intereses de las mujeres y los hombres trabajadores, nos obligan a conocer mejor las fuerzas que siguen transformando el paisaje mundial del trabajo: la demografía, la tecnología, la integración creciente de los sistemas de producción mundiales, y otros fenómenos. La comprensión de estos factores es un requisito previo para ponerlos al servicio de la justicia social.

Por consiguiente, he propuesto la creación de una iniciativa mundial de la OIT para examinar el futuro del trabajo, que será el elemento central de la celebración del centenario de la OIT en 2019. En este sentido, tenemos que ser ambiciosos; no podemos limitarnos a una reflexión filosófica: tiene que ser un ejercicio que equipe a la OIT para desempeñar su labor en este segundo centenario de su existencia.

Presidente, delegados,

Sé que la DGB ha extraído ya una importante conclusión de cara al futuro: para que la globalización sea equitativa, hacen falta sindicatos fuertes.

No creo que ninguna otra central sindical nacional haya hecho más en años recientes por infundir un nuevo ímpetu al internacionalismo sindical como la DGB, a través de sus iniciativas bilaterales, y por supuesto de su labor en el marco de la CSI. Sus proyectos de resolución describen a la CSI como una de las principales potencias democráticas del mundo. Gracias a la DGB, eso es una realidad.

La celebración del 3er Congreso Mundial de la CSI en Berlín la próxima semana es prueba del liderazgo que ejerce la DGB desde la fundación de la CSI en Viena en 2006. Permítanme rendir un homenaje personal a Michael Sommer, por su papel desde la creación de la CSI y en particular por estos últimos cuatro años en calidad de Presidente.

Algunos avances positivos pueden achacarse a una buena planificación, y otros a la buena suerte. La CSI tuvo la fortuna de encontrar en Michael a un líder que entendió que el internacionalismo no sólo era el reflejo natural del sindicalismo y parte de nuestro ADN colectivo, sino también la clave para el éxito en el marco de una globalización cada vez más acelerada. Estuvo dispuesto, en compañía de otros, a asumir las consecuencias de esa constatación y a encauzar la energía y la influencia de la DGB hacia ese objetivo.

En mi época en la OIT y anteriormente en la CSI, fue un privilegio contar con el liderazgo y la amistad de Michael y sus consejos no exentos de crítica, fruto de su honestidad, realismo y compromiso. Confieso que, desde el punto de vista profesional, Michael me asustaba un poco. No estoy seguro de que esa situación fuera del todo saludable, pero sospecho que a Michael no le disgustaba. El caso es que trabajamos muy bien juntos.

De modo que, como internacionalista nato cuyo instinto político dota de contenido la letra del antiguo himno de los trabajadores “esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra”, y en nombre del Consejo de Administración de la OIT al que has prestado un destacado servicio, permíteme agradecerte de todo corazón por tu extraordinario liderazgo y contribución, que estoy convencido de que proseguirán en el futuro.

Quisiera también felicitar a Reiner Hoffmann, nuevo Presidente de la DGB, con quien he tenido el placer de trabajar en el pasado. Sé que reúne todas las cualidades personales que se necesitan para enfrentar los retos que nos esperan. Felicito asimismo a todos los nuevos miembros de la Junta Ejecutiva de la DGB, cuya composición presenta un equilibrio impecable entre mujeres y hombres.

A Michael, le digo gracias y adiós. A Reiner, le deseo la bienvenida y buena suerte, y a todos ustedes, les deseo mucho éxito en sus trabajos.