Crecimiento sin empleo: La paradoja latinoamericana

El 15 y 16 de abril de 2004, si todo se desarrolla de acuerdo a lo hasta ahora planificado, tendrá lugar en Argentina un evento que no dudamos en calificar como extraordinario: la Conferencia Regional de Empleo del MERCOSUR. Por primera vez en la historia de la región, un grupo de países de América Latina decide concertar al más alto nivel una reunión que examine y adelante propuestas superadoras frente a lo que la OIT ha calificado como uno de los principales desafíos políticos de nuestro tiempo: el problema del desempleo.

Noticia | 9 de abril de 2004

Agustín Muñoz
Director Regional de la OIT para América Latina y el Caribe

El 15 y 16 de abril de 2004, si todo se desarrolla de acuerdo a lo hasta ahora planificado, tendrá lugar en Argentina un evento que no dudamos en calificar como extraordinario: la Conferencia Regional de Empleo del MERCOSUR. Por primera vez en la historia de la región, un grupo de países de América Latina decide concertar al más alto nivel una reunión que examine y adelante propuestas superadoras frente a lo que la OIT ha calificado como uno de los principales desafíos políticos de nuestro tiempo: el problema del desempleo.

Es muy posible -o en todo caso es para la OIT muy deseable- que la Conferencia del Empleo de los países del  MERCOSUR sea precursora de otras iniciativas similares en las diferentes sub-regiones de América latina y el Caribe.

Nuestra Organización ha sido llamada para preparar un documento que aspira ser una contribución al debate de los delegados y que permita arrojar luz sobre temas tan cruciales como la situación del empleo en el mundo, los impactos del comercio internacional en el empleo, las perspectivas de generación de empleo en el marco de los acuerdos comerciales del MERCOSUR y las políticas activas referentes al fomento y la creación de empleos de calidad.

En momentos que escribimos estas líneas, un equipo multidisciplinario de especialistas de la OIT avanza en la preparación final del documento teniendo como marco de referencia no sólo los datos de un panorama regional del empleo altamente preocupante sino también la inquietud de responder a lo que aparece como uno de los interrogantes más sorprendentes de nuestro tiempo: ¿Cómo es posible que - tal como lo constata la última edición del Panorama Laboral 2003 de la OIT- nuestras economías estén creciendo y el empleo disminuya? ¿Como es posible que pese a la mejoría del crecimiento económico, la precarización laboral se extienda, la informalidad aumente, los salarios reales disminuyan y la productividad caiga?

 Esta misma y desconcertante paradoja ya comenzaba a constatarla el Panorama Laboral en 1994 cuando en su primera edición se preguntaba textualmente: ” ¿estamos entrando en una etapa de crecimiento sin empleo?”. Diez años después, cuando la región se encuentra en una coyuntura de recuperación económica hasta cierto punto análoga e igualmente compleja, surgen preguntas similares cuya ausencia de respuestas nos alerta que algo muy profundo, algo situado en la base misma del modelo de desarrollo económico por el que han venido optando los países de la región, alberga carencias estructurales que urge atender a riesgo de que todo el edificio de la cohesión social, la gobernabilidad, y de últimas, de la estabilidad democrática , pueda verse seriamente erosionado.

Veamos sino:

  • Pese a la finalización del ciclo recesivo que afectó en 2002 a varios países de la región, particularmente a Brasil y Argentina, 19 millones de trabajadores urbanos están actualmente desocupados en América Latina y el Caribe.
     
  • Si bien el llamado “riesgo regional”, o lo que es lo mismo el promedio regional de los “riesgos- país” ha disminuido en 2003, el “riesgo laboral”, aquel que surge como consecuencia del déficit de trabajo decente y que se traduce entre otras cosas en alto desempleo y subempleo, bajísimos índices de protección social y niveles inadecuados de diálogo social, continúa siendo inaceptablemente elevado.
     
  • La tasa de desocupación femenina y la tasa de desempleo de los jóvenes tiende a agravarse en la región dibujando un panorama de inequidad social y hasta de discriminación laboral.
     
  • Prosigue la informalización del empleo: de cada 10 nuevos ocupados desde1990, 7 han sido informales.
     
  • Se mantiene la tendencia a la precarización del empleo: 9.4 de cada 10 nuevos ocupados trabajan en el sector servicios.
     
  • Sólo cuatro de cada 10 ocupados tienen acceso a los servicios de la seguridad social y únicamente 2 de cada 10 trabajadores en el sector informal cuentan con protección social entre 1990 y 2002.
 

Frente a tal escenario cabe legítimanente preguntarse: ¿cual es la respuesta ? Más allá de los diagnósticos, ¿qué propuestas constructivas ofrece la OIT para responder a las demandas de los actores sociales y los gobiernos? A la luz de lo observado en la última década, donde los ciclos de crecimiento han sido breves y volátiles y los flujos de capitales por lo menos inciertos o caprichosos, ¿como resolver la asimetría entre la rapidez con que son afectados los grupos más vulnerables durante las contracciones o recesiones y la lentitud con que se recuperan, si acaso logran hacerlo, en los períodos de expansión?

De poco sirve decir , “nosotros lo advertimos”, aunque si se revisan las últimas diez ediciones del Panorama Laboral de la OIT- y aunque sólo sea a título recordatorio-  podemos reafirmar que en efecto, sí, “nosotros lo advertimos”. Advertimos por ejemplo que el crecimiento económico “per se”, en la medida que no se acompañase de políticas activas y sectoriales de generación de empleo, no iba a resolver el problema de la desocupación. Advertimos también que el empleo no podía considerarse como el resultado secuencial y mecánico del crecimiento económico.

Hoy, en momentos que observamos no sin cierta inquietud las últimas cifras de la realidad sociolaboral en América Latina y el Caribe ofrecidas por el Panorama Laboral 2003 , reafirmamos nuestra convicción de que “el desempleo es el principal problema político de nuestro tiempo”. Ninguna estrategia que no se base en la creación de empleos y de más y mejores empresas capaces de generarlos podrá considerarse como exitosa en la lucha contra la pobreza y la exclusión. El actual canciller de Alemania Gerard Schroeder declaró inmediatamente después de ser reelegido: “quisiera que juzguen mi mandato según la cantidad de empleos que se creen durante los años de mi gestión al frente del gobierno”.

Me complace constatar que la dimensión política del empleo comienza a formar parte de las grandes orientaciones estratégicas de las políticas actuales en nuestra región . En diversos pronunciamientos recientes las más altas autoridades políticas de los países latinoamericanos se han comprometido públicamente con los objetivos del trabajo decente en una visión integradora de las políticas económicas y sociales. Así lo acordaron los representantes de los gobiernos, trabajadores y empleadores en la Décimoquinta reunión americana de la OIT en Lima en diciembre de 2002. Lo manifestaron también los Ministros de Trabajo de las Américas en su Declaración de Salvador de Bahía de Setiembre de 2003, declaración que compartieron los ministros de comercio en Miami en noviembre de 2003. Los Presidentes de Argentina y Brasil inscribieron el objetivo del Trabajo Decente como uno de los puntos salientes del Consenso de Buenos Aires de octubre de 2003, así como los jefes de estado y de gobierno asistentes a la Décimo Tercera cumbre iberoamericana , en la declaración de Santa Cruz de la Sierra de noviembre de 2003. Finalmente, este mismo año la Cumbre de Monterrey brindó en su Declaración final de enero de 2004 un sólido espaldarazo político a la agenda de la OIT de Trabajo Decente y para abril de 2004, como lo señalamos más arriba, el MERCOSUR estará convocando una primera Conferencia Regional del Empleo que será sin duda precursora de similares reuniones de alto nivel a lo largo de toda la región latinoamericana.  

La OIT quiere acompañar activamente lo que a nuestro juicio despunta como una genuina voluntad política de los países de la región de convertir la promoción del empleo y las empresas que lo generen en piedra angular de las estrategias de desarrollo. ¿Qué propuestas viables deberían contemplarse para avanzar en el camino de un modelo de desarrollo que contribuya a disminuir la actual situación de inequidad y pobreza? La OIT considera indispensable la aplicación de políticas macroeconómicas que tiendan a atenuar los ciclos económicos y a estabilizar el crecimiento para lograr la mejoría de la situación laboral de los países y la reducción de las desigualdades y la pobreza. Abogamos por una modernización laboral basada en el aumento de la productividad antes que en la reducción de los costos laborales, lo que implica dar énfasis a la inversión en capacitación y a la innovación tecnológica; subrayamos la necesidad de una salida productiva a la crisis en el campo de la microempresa, pequeña empresa y economía informal basada en el desarrollo del mercado interno y recomendamos, entre otras cosas, la puesta en marcha de una estrategia integrada de expansión de las capacidades de empleabilidad y la provisión de condiciones mínimas de protección. Estas representan apenas algunas pistas  que sin duda serán consideradas junto a tantas otras en la próxima Conferencia del Empleo del MERCOSUR. Mientras tanto, sirvan estas reflexiones como reafirmación de nuestra voluntad de contribuir con nuestros recursos, nuestras capacidades y nuestro acervo a la construcción de sociedades más justas, más productivas y más equitativas en los países de América latina.