GINEBRA - "Si ella no ha concluido su cuota de trabajo, tendrá que continuar al día siguiente, y es entonces cuando recibirá su jornal del día, porque se le paga por trabajo realizado. Si todo va bien, ganará el equivalente a 35 dólares de Estados Unidos (32 euros) en un mes. Todos los capataces son hombres y el chantaje salarial forma parte del arsenal utilizado para el acoso sexual. En las plantaciones de té, la mayoría de los niños que viven con sus madres no conocen a sus padres biológicos. Irónicamente, los empleadores se muestran reacios desde un principio a reclutar a mujeres con responsabilidades familiares, y las pruebas de embarazo son práctica habitual antes de la contratación."
Testimonios como éste, ofrecido por un sindicalista de las plantaciones de té de Tanzania, jalonaron los cuatro días de debates del coloquio sobre trabajo decente en la agricultura que llevó a cabo en Ginebra la Oficina de Actividades para los Trabajadores de la OIT el pasado mes de septiembre.
De acuerdo con el informe distribuido en el simposio, la extensión del trabajo infantil y la discriminación contra las mujeres (que constituyen actualmente la mitad de la fuerza de trabajo en este campo de actividad) representan motivos de gran inquietud en el sector agrario de Asia. Resulta significativo que, en todas las regiones, la parte de la renta nacional generada por la agricultura es inferior al porcentaje de población activa ocupada en este sector.
Como señaló Juan Somavia, Director General de la OIT, ante el simposio de trabajadores, "quienes producen los alimentos del mundo a menudo no ganan suficiente para poner comida en la mesa familiar. Además, constituyen la mayoría de los denominados trabajadores pobres".
Si la comunidad internacional se muestra verdaderamente dispuesta a combatir y erradicar la pobreza, o siquiera a reducir sus niveles en un 50% para 2015, el sector rural debe convertirse en prioritario. "Tenemos que luchar para tener empleos e ingresos sostenibles y actividades que produzcan esos ingresos. Es necesario promover oportunidades reales y no caridad", enfatizó el Sr. Somavia.
En cualquier caso, ¿cómo se llegó a esta situación? En opinión de Juan Somavia, "en el actual modelo de globalización se trata al trabajo como una mercancía. Y no lo es. Ese modelo es injusto y no podrá resolver los problemas".
Production monopoly
De acuerdo con el documento de trabajo distribuido en el simposio, las diez mayores empresas de la agricultura controlan en torno al 80% del mercado mundial, valorado en 32.000 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de que las ganancias de las empresas aumentan, los precios abonados a los productores caen constantemente Ann Herbert, especialista de la OIT en agricultura, subraya los contrastes existentes. "En 1970, la venta de un kilo de café de la variedad arábica reportaba a los productores 4 dólares, mientras que, hoy en día, les permite obtener 1,42 dólares. Un campesino recibe 14 céntimos de dólar por kilo de café instantáneo, que se vende a 26 dólares en los supermercados." Obviamente, la caída de los precios de las materias primas ha repercutido de manera aún más acusada en los salarios de los trabajadores agrarios, así como en sus condiciones de vida y de trabajo.
La falta de libertad sindical constituye asimismo la causa de numerosos problemas. Un sondeo que la Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) de la OIT llevó a cabo en vísperas del coloquio resultó elocuente: el 52% de las organizaciones de trabajadores en unos 35 países señala que sus dirigentes o afiliados habían sido objeto de hostigamiento. El chantaje relacionado con el empleo es habitual. Lo mismo ocurre con los despidos y, como pone de manifiesto la situación en Colombia, los asesinatos no son sucesos inhabituales.
El diálogo social - una inversión
"Lo que tanto gobiernos como empresas deben comprender es que, cuando se deniega la libertad sindical, es el país el que se empobrece, ya que desaprovecha los recursos más valiosos de que dispone para su desarrollo". Estas palabras pronunciadas por el Director General de la OIT hicieron blanco en una audiencia compuesta por sindicalistas, pero también por representantes de organizaciones, internacionales, organismos especializados de las Naciones Unidas, instituciones financieras e incluso empleadores.
Si bien estos últimos no eran numerosos en el simposio, dirigido fundamentalmente a sindicalistas, el representante de la multinacional Chiquita durante el debate sobre diálogo social no desmintió la afirmación del Director General. "No podemos contemplar la posibilidad de que un negocio sea rentable sin una buena reputación en materia de derechos humanos", declaró. La multinacional emplea a más de 20.000 personas, fundamentalmente en América Latina. Muchas de ellas están afiliadas a sindicatos. Desde 1998, Chiquita se ha embarcado en un proceso de "responsabilidad social corporativa" Este concepto permitió a la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA) abrir una brecha en el sector bananero, ya que desembocó en la adopción del primer convenio marco mundial relativo a esta actividad. En el acuerdo con la UITA, Chiquita se compromete a respetar los derechos fundamentales en el trabajo. Reconoce asimismo sus responsabilidades en materia de salud y seguridad en el trabajo que constituyen un motivo de preocupación fundamental en la agricultura, sector que ostenta el récord mundial de fallecimientos debidos a accidentes de trabajo: 170.000 al año.
El Convenio internacional sobre salud y seguridad en la agricultura fue adoptado en 2002 y entró en vigor en septiembre del presente año. Hasta la fecha, el Convenio (núm. 184) ha sido ratificado por tres países. Como se subraya en el documento de trabajo, la lucha contra el trabajo infantil en la agricultura debe comprender la promoción del Convenio (núm. 184). Su Artículo 16 establece una edad mínima de 18 años para realizar trabajos que, por su naturaleza y las condiciones en las que se efectúen, constituyan una amenaza para la salud y la seguridad de los adolescentes. Y es que el trabajo infantil, con suma frecuencia, en sus "peores formas", es endémico en la agricultura. De hecho, cada año mueren en los campos 12.000 menores. Lógicamente, la situación de explotación en la que se encuentran cada vez más mujeres no deja de afectar a sus hijos.