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Microfinanciación en el sudeste de Europa: Cómo las pequeñas empresas ayudan a crear empleo

La experiencia en los países occidentales pone de manifiesto que la microfinanciación puede constituir una útil herramienta en la lucha contra el desempleo al ayudar a las personas a poner en marcha sus propias pequeñas empresas. Un proyecto de la OIT traslada ahora estas experiencias de éxito a tres países del sudeste de Europa, facilitando la introducción de la microfinanciación como instrumento en la política activa de mercado de trabajo. El esfuerzo resulta particularmente oportuno, ya que 2005 ha sido designado como el "Año Internacional del Microcrédito" por las Naciones Unidas.

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Fecha de la publicación 2005
Autores DCOMM
Unidad responsable Comunicación e Información al Público
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BUDAPEST – El desempleo sigue siendo un problema significativo en el sudeste de Europa, donde las dificultades de la transición económica de los sistemas socialistas estatales se han visto agravadas por otros factores como la inestabilidad percibida por los inversores tras los conflictos en la antigua Yugoslavia, así como las mayores distancias y las dificultades de enlaces de transporte con los principales mercados europeos occidentales. Entretanto, estos países carecen, normalmente, de los recursos presupuestarios necesarios para formular y ejecutar una amplia gama de políticas activas de mercado de trabajo.

Un proyecto de la OIT denominado Social Finance for Support to Self-Employment 2004-2005 (Financiación social para el fomento del autoempleo, 2004- 2005), financiado por el Gobierno francés, pretende sentar las bases para la actuación de sistemas nacionales capaces de ofrecer capital inicial a empresarios potenciales que tratan de salir de situaciones de desempleo. El proyecto, que ha dado lugar a la creación de grupos de trabajo en Bulgaria, Rumania y Serbia, se basa en la experiencia de éxito acumulada en Francia, otros países de Europa occidental, Estados Unidos y Canadá, donde la microfinanciación es una más de las diversas herramientas que utilizan los gobiernos para combatir el desempleo.

"La microfinanciación se reconoce cada vez más como herramienta para la atenuación de la pobreza", señala Severine Deboos, experta técnica en financiación social en la Oficina Subregional (OSR) de la OIT para Europa central y oriental en Budapest. "La OIT cuenta con una ventaja comparativa en su capacidad para congregar a distintos agentes (incluidos los gobiernos y los interlocutores sociales) con el fin de vincular los aspectos sociales y económicos de la microfinanciación", añade.

"Si se brinda a los desempleados la oportunidad de crear sus propias empresas, así como ayuda financiera y los servicios de desarrollo empresarial necesarios, los índices de supervivencia de estos negocios son muy similares a los de otras empresas incipientes" señala Deboos. En Francia, por ejemplo, las tasas de supervivencia de las empresas iniciadas por desempleados en tales condiciones alcanzan el 67%, por encima de las que se registran para la mayoría de las nuevas empresas. Posteriormente, en cierta medida estas tasas descienden pero, incluso después de dos o tres años, se mantienen dentro de la media. Los datos de otros países indican igualmente una experiencia positiva con la microfinanciación en la lucha contra el desempleo.

Red de grupos de trabajo

En el marco del proyecto de la OIT, se ha establecido un grupo de trabajo en cada país, con la participación de las autoridades públicas pertinentes, entre las que figuran normalmente representantes de los Ministerios de Trabajo, Economía y Hacienda, los bancos centrales, y otras entidades estatales como las oficinas de empleo y las agencias para el desarrollo de la pequeña y mediana empresa (PYME). Los interlocutores sociales participan, asimismo, en la labor del grupo de trabajo, al igual que las instituciones de microfinanciación (IMF) y el sector bancario, allí donde resulta posible. El objetivo es crear un verdadero sentido de implicación con los planes propuestos, además de facilitar las alianzas entre instituciones que, de otro modo, no colaborarían necesariamente. Estas partes interesadas se reúnen cada tres meses.

El grupo de trabajo ubicado en Serbia está a punto de finalizar su plan de acción sobre microfinanciación para el fomento de nuevas empresas, y en breve se remitirá al Gobierno una propuesta para su aprobación, según indica Radmila Bukurimic- Katic,Viceministra del Ministerio de Trabajo y Empleo. En los planes en Serbia también se insta a la adopción de un programa especial de microfinanciación en la compañía estatal de ferrocarril, donde un plan de reestructuración dará como resultado cantidad de despidos.

"Tenemos un gran problema con el desempleo. Muchas personas han sido despedidas y se han quedado sin trabajo", señala Katic. De hecho, las estadísticas oficiales de Serbia indican que el desempleo alcanzó el 18,4% en 2004. Katic comenta, asimismo, el enrome interés que supuso una reciente licitación conjunta convocada por los Ministerios de Hacienda y de Economía, en la que se ofrecían créditos públicos para facilitar a los desempleados la puesta en marcha de sus propias empresas, y se presentaron 7.000 personas solicitando las ayudas. "Sin embargo, el presupuesto sólo permitió atender 1.500 casos. Confiamos en que el nuevo régimen de microfinanciación alcance a más personas."

Rumania ha registrado importantes experiencias positivas en lo que atañe a la microfinanciación, y una vez iniciado el programa pertinente, las IMF locales estarán preparadas para utilizar sus conocimientos técnicos especializados en el marco de nuevos programas activos de mercado de trabajo patrocinados por el Ministerio de Trabajo, asegura Maria Doiciu, miembro del grupo de trabajo de Rumania cuya empresa, Shorebank Advisory Services, ha prestado una asistencia de gran valor para el desarrollo de las IMF rumanas en el marco de un programa financiado por Estados Unidos.

Aunque en Rumania no es posible disponer fácilmente de las tasas de supervivencia a largo plazo de las empresas que se ponen en marcha en el marco de regímenes de microfinanciación, Doiciu asegura que los datos iniciales son alentadores. En un reciente proyecto llevado a cabo en la ciudad de Brassov, una empresa local despidió a 189 trabajadores, 33 de los cuales iniciaron sus propios negocios con la ayuda de la microfinanciación. Seis meses después, las 33 empresas seguían funcionando. "Éso significa mucho, ya que estas personas siguen todas empleadas", concluye Doiciu.

Creación de partenariados

Como señalaron los participantes en las sesiones del Consejo de Administración de la OIT de marzo de 2005, esta Organización cuenta con ventajas únicas en su intervención en el ámbito de la microfinanciación en todo el mundo, entre las que se cuenta una combinación de objetivos tradicionales en este campo con el Programa de Trabajo Decente, la ejecución de actividades de microfinanciación en un marco basado en el reconocimiento de derechos, la ayuda a los pobres que trabajan y, por supuesto, la consecución de la implicación de los interlocutores sociales en la realización de este tipo de iniciativas. La microfinanciación es percibida cada vez más por los sindicatos como un medio para proteger a los trabajadores ante casos de insolvencia o de reducción de plantilla de las empresas, y los empleadores han acogido favorablemente los esfuerzos dedicados por la OIT a la creación de partenariados en esta área con bancos e instituciones financieras internacionales.

Sindicatos y empleadores participan activamente en la labor de los grupos de trabajo en materia de microfinanciación en la región, lo que exige la adquisición de nuevas destrezas y puntos de vista por todas las partes involucradas. Por ejemplo, los sindicatos serbios representantes de los trabajadores ferroviarios afrontaron inicialmente la inminente reestructuración empresarial desde una perspectiva tradicional, concentrándose sobre todo en la consecución de las máximas indemnizaciones posibles para sus representados. Sin embargo, pronto se interesaron también por las posibilidades de la microfinanciación, a fin de ayudar a sus trabajadores a obtener una renta sostenible en el futuro.

Al principio, algunos países mostraron ciertas reticencias respecto a la idea de proporcionar créditos a los desempleados. "Existieron ciertas reticencias, por ejemplo, de los Ministerios de Hacienda y de los bancos centrales, respecto a las ideas que pudieran dar lugar a un mayor endeudamiento de la población", recuerda Deboos. "Sin embargo, pronto comprendieron que tales inquietudes eran infundadas, ya que los fondos no se destinarían a financiar el consumo, ni a sistemas piramidales, causantes de algunos problemas de la región en el pasado." En realidad, los servicios financieros para la creación de empresas apoyan actividades de generación de renta y, por tanto, constituyen un instrumento significativo para el desarrollo económico.

Las iniciativas de fomento de programas de microfinanciación de la OIT en la región recibieron otro importante impulso en febrero de 2005, cuando la Unión Europea avaló oficialmente la microfinanciación como instrumento para combatir el desempleo. Tal decisión sigue siendo novedosa para numerosos responsables de la formulación de políticas en la región, pero cada vez es más conocida. "Ahora existe un interés cada vez mayor en este tipo de proyectos", señala Deboos.

ASUNTO PRIORITARIO: 2005, EL AÑO DEL MICROCRÉDITO

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó 2005 como el Año Internacional del Microcrédito. En el presente ejercicio se ha asistido a la puesta en marcha de una amplia gama de programas en todo el sistema de las Naciones Unidas, encaminados a potenciar la sensibilización pública respecto al microcrédito y la microfinanciación, así como a promover las asociaciones y la innovación entre gobiernos, donantes, organismos internacionales, ONGs, el sector privado y las instituciones de microfinanciación (IMF). Esta herramienta ha ejercido ya un efecto positivo en la calidad de vida de millones de personas desfavorecidas mediante la provisión de un mayor acceso al crédito, el ahorro, los seguros, el envío de remesas y otros servicios financieros que, de otro modo, habrían resultado inalcanzables.

Con todo, sigue existiendo una enorme brecha en la disponibilidad de servicios. Como señaló Juan Somavia, Director General de la OIT en la presentación del Año del Microcrédito, las IMF alcanzan únicamente al 10% de los pobres del mundo hoy en día.

"El microcrédito tiene que ver con la atenuación de la pobreza. Y la OIT tiene un enorme interés en el microcrédito precisamente porque la lucha contra la pobreza forma parte de la esencia de nuestro mandato", señaló Somavia. "El microcrédito crea puestos de trabajo. Promueve el autoempleo, los medios de vida y ayuda a las personas a extender sus actividades económicas de modo que puedan contratar a otros". Puede convertirse, asimismo, en una parte importante de la red de seguridad social, y desempeña un papel esencial en la capacitación de las mujeres.

La OIT está comprometida con la creación de vínculos entre la microfinanciación y el trabajo decente a través de su Programa de Finanzas Sociales. En países en los que la OIT colabora para facilitar el cumplimiento de las normas fundamentales del trabajo, como la erradicación del trabajo forzoso y el trabajo infantil, las iniciativas de microfinanciación han desempeñado un papel esencial. Éstas ayudan a completar los ingresos familiares cuando un niño deja de trabajar y acude al colegio, dotan de crédito a los trabajadores pobres para evitar la caída en la servidumbre por deudas, asisten a las mujeres que son vulnerables al tráfico de personas y facilitan a los trabajadores migrantes el envío de remesas a sus lugares de origen a través de canales seguros, además de promover la utilización de tales remesas en actividades de generación de renta.

Para más información, véase www.yearofmicrocredit.org.

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