Déficit de confianza

Artículo | 30 de septiembre de 2010
“Tres cosas son necesarias para poder gobernar: armas, comida y confianza. Si no se pueden tener las tres, se debe abandonar primero las armas y en segundo lugar la comida”.

Confucio

La confianza es un bien escaso en los países de la subregión. Ello representa un serio obstáculo para el diálogo social.

Con frecuencia los países se preocupan por el déficit fiscal, el déficit comercial o el déficit de la balanza de pagos. Pocos se ocupan del déficit de confianza. No existe suficiente conciencia de su impacto social, político y económico. El déficit de confianza es un lastre para el desarrollo.

“Confianza” viene del vocablo latino confidere que significa actuar con fe. Los teóricos del tema se refieren a la confianza como una “suspensión temporal de la situación básica de incertidumbre acerca de las acciones de los semejantes”; ella permite hacer más predecible las acciones de las personas participantes en espacios de diálogo social o político.

La confianza es un ingrediente vital para que el diálogo funcione de manera eficaz y produzca resultados. Es vitamina para la democracia y vacuna contra la intolerancia. Reduce además los costos de transacción contribuyendo al mejor funcionamiento de la economía. Mejora la calidad de las relaciones sociales y la vida en comunidad, estimulando la colaboración y el respeto mutuo.

Robert Putnam en su libro “Haciendo funcionar la democracia” confirma lo anterior. En su estudio del desarrollo italiano demuestra que el éxito de la región norte en comparación con sus vecinos del sur, radica en buena parte en la densidad de las relaciones sociales, manifiesta en su alto grado de asociatividad, la que ha permitido una acumulación significativa de confianza que él denomina “capital social”.

El problema de la confianza es que se gana con dificultad y se pierde con facilidad. No es una condición estática, es particularmente volátil en la fase inicial de desarrollo. Exige un esfuerzo deliberado de preservación y crecimiento.

Se pierde la confianza cuando ocurren manifestaciones reiterativas de la mala fe por parte de los actores del diálogo. Se pierde la confianza cuando se incumple lo acordado. Se pierde la confianza cuando no hay transparencia. Se pierde la confianza cuando se manipulan o instrumentalizan proceso de diálogo con fines políticos o de otra índole.

Conservar y hacer crecer la confianza es una tarea impostergable en el marco de cualquier estrategia de desarrollo. Los espacios bipartitos o tripartitos de diálogo social son espacios idóneos para ello. Por lo tanto, Gobiernos, organizaciones de empleadores y trabajadores tienen en sus manos la oportunidad de hacer una contribución concreta a la construcción de sociedades más prósperas, justas e inclusivas.

Artículo publicado en Sección Colaboración del Boletín del Trabajo # 10, 2010.