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Conferencia Internacional del Trabajo

87.reunión
Ginebra, junio de 1999


 

Informe VI

 

 

La función de la OIT en la cooperación técnica

 

 

Sexto punto del orden del día

 

 


 

 

Oficina Internacional del Trabajo  Ginebra

 

ISBN 92-2-310815-2
ISSN 0251-3226

 

 Complemento


INDICE

Introducción

Capítulo I: Tendencias de la cooperación técnica

Capítulo II: Cooperación técnica en los ámbitos prioritarios

Capítulo III: Respuestas estratégicas a los nuevos retos

Capítulo IV: Entrando en el siglo XXI

Cuadros

Gráficos

Apéndices

INTRODUCCION

La cooperación técnica es un tema que suele repetirse en el orden del día de la Conferencia Internacional del Trabajo. La resolución que se adoptó en la 73.ª reunión (1987) de la Conferencia llegó a la conclusión de que sería deseable que la Conferencia Internacional del Trabajo examinase periódicamente el programa de cooperación técnica de manera regular, por lo menos una vez cada cinco años. La última discusión se celebró en 1993. A consecuencia del programa, muy cargado, que la Conferencia tuvo ante sí en 1998 por la discusión de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, este tema se inscribió en el orden del día para 1999.

El punto de partida del programa de cooperación técnica que se ha emprendido (y del presente informe) son las conclusiones que figuran en la resolución sobre la función de la OIT en la cooperación técnica, adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo en su 80.ª reunión (1993), que dicen así:

El presente informe se ha preparado dentro del marco de las mencionadas conclusiones. Es un documento de cara al futuro, preparado de manera que permita a la Oficina obtener de la Conferencia orientación y dirección para el futuro. Examina los programas principales de cooperación técnica y los proyectos emprendidos desde la última discusión de la Conferencia sobre el tema y, refiriéndose a las lecciones aprendidas, presenta nuevas orientaciones para el futuro. Analiza las respuestas estratégicas de la OIT a los nuevos retos y presenta propuestas sobre el camino que hay que seguir.

Los programas de cooperación técnica que se han llevado a cabo durante el período que se está examinando pueden dividirse en cuatro categorías: en primer lugar, los programas y proyectos orientados a la demanda que se derivan de las necesidades de los mandantes, identificadas a través de los objetivos por país; en segundo lugar, los programas y proyectos emprendidos más directamente en prosecución de las funciones de elaboración de normas de la OIT; en tercer lugar, las actividades que se han emprendido como seguimiento de las conferencias mundiales; y en cuarto lugar, los programas mundiales de la OIT, tales como el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), que se desarrollan internamente como respuesta a las necesidades y prioridades identificadas de los mandantes de la Organización. Algunos programas y proyectos pertenecen a las cuatro categorías.

El capítulo primero de este informe ofrece una explicación cuantitativa del programa de cooperación técnica para el período de 1993 a 1997. Aunque los capítulos siguientes se refieran a las actividades que se llevarán a cabo hasta 1998, la disponibilidad de las cifras estadísticas ha limitado la descripción cuantitativa a 1997.

La resolución sobre la función de la OIT en la cooperación técnica, adoptada en la 80.ª reunión (1993) de la Conferencia Internacional del Trabajo, llegaba a la conclusión de que el programa de cooperación técnica de la OIT debería centrar sus actividades en tres áreas prioritarias: el apoyo a la democratización, la mitigación de la pobreza — incluida la creación de puestos de trabajo — y la protección de los trabajadores. En el capítulo II, que examina los programas y proyectos centrándose en estas áreas prioritarias, se ha hecho un intento por poner de relieve el enfoque adoptado para analizar las actividades principales emprendidas — especialmente en relación con su metodología e impacto — y para presentar el camino que queda por andar y suscitar materia de discusión. La presentación es temática, y en ella se aportan ejemplos concretos por países y regiones.

El pasado decenio ha presenciado unos cambios estructurales sin precedentes en el ámbito político, económico y de las actitudes. La mundialización y la liberalización no sólo ofrecen grandes posibilidades de crecimiento sino que añaden unas dimensiones nuevas a los problemas sociales y económicos. Se han producido muchas reformas en las Naciones Unidas, y la manera de pensar de los donantes ha cambiado, como también lo han hecho las modalidades de cooperación técnica. La OIT ha tenido que elaborar una respuesta estratégica a estos nuevos retos. El capítulo III ofrece una descripción de estas responsabilidades y discute las posibles reformas, medidas correctoras o nuevas ideas. Las cuestiones que se tratan son: la política de asociación activa; los programas globales; la movilización de los recursos; los programas del Centro de Turín; la supervisión y la evaluación. La última sección de este capítulo presenta propuestas sobre las actividades previstas en materia de cooperación técnica y en relación con la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento.

El presente informe concluye con algunas ideas sobre cómo hay que avanzar hacia el siglo xxi y plantea cierto número de cuestiones adicionales sobre las cuales la Oficina podría recibir orientaciones y directrices por parte de la Conferencia.


CAPITULO I

TENDENCIAS DE LA COOPERACION TECNICA

Resumen

Los gastos correspondientes a la cooperación técnica han estado creciendo cinco años seguidos (entre 1987 y 1991), alcanzando un nivel de 169 millones de dólares. El año 1992 supuso ya una tendencia a la baja que duró hasta 1996, en que los gastos descendieron hasta 98,2 millones de dólares. La evolución de los gastos de cooperación técnica durante el período 1988-1997 figura en el gráfico 1.1. Los gastos del programa de cooperación técnica se redujeron entre los dos períodos quinquenales de 1988-1992 y 1993-1997; en el primero de ellos, los gastos ascendían a unos 754,1 millones de dólares, pero en el segundo período mencionado habían bajado, situándose en unos 581,2 millones de dólares. Esta contracción ha de verse en el marco de la disminución general de los recursos de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), y de un entorno menos favorable a la movilización de recursos. Ello reflejaba también un período de transición de la OIT, que tuvo que ajustarse a ciertas reformas internas y a las reformas que se llevaron a cabo en el sistema de las Naciones Unidas, entre ellas la introducción de nuevas modalidades de ejecución de los programas que repercutieron en el volumen y naturaleza de la cooperación técnica. Estas nuevas modalidades insistían mucho en reforzar las posibilidades nacionales y en utilizar personal e instituciones nacionales para la ejecución de los proyectos, lo que redundó a su vez en una menor participación de las organizaciones especializadas en la ejecución de los mismos.

Por lo tanto, una característica importante del período que estamos examinando fue el cambio que se produjo en la posición tradicional del PNUD como principal fuente de financiación del programa de cooperación técnica de la OIT. A partir de 1993, los gastos con cargo al programa del fondo fiduciario (financiado por los donantes multilaterales, los bancos de desarrollo y los propios beneficiarios) sobrepasaban ya el del programa del PNUD. La evolución de la financiación del programa de cooperación técnica de la OIT a lo largo del período que va de 1988 a 1997 figura en los gráficos 1.1 y 1.2. En cuanto al período que va de 1988 a 1992, el programa del PNUD tuvo a su cargo un 46,6 por ciento de los gastos de la OIT en cooperación técnica. Pero en el quinquenio siguiente, esta proporción descendió hasta un 40,1 por ciento y, en cambio, la cuota del fondo fiduciario aumentó, pasando de un 37 por ciento a un 43,4 por ciento. Los gastos del programa del PNUD bajaron en picado, pasando de 81,6 millones de dólares en 1992 a 23,5 millones de dólares en 1996. Como puede verse en los gráficos 1.1 y 1.2, esta tendencia a la baja se ha detenido: en 1997 los gastos ascendieron a 31,2 millones de dólares, con motivo de la aprobación de gastos del PNUD en 1996. La puesta en marcha de proyectos financiados con cargo al nuevo ciclo del PNUD, así como la complementariedad entre el interés actual del PNUD por el desarrollo humano sostenible y las prioridades y ámbitos de competencia técnica del programa de la OIT, que la colocaron en situación ventajosa para obtener los recursos disponibles, han sido los factores responsables de la revitalización del programa del PNUD. A pesar de su creciente participación en el programa general, el programa del fondo fiduciario se redujo durante el período que se está examinando, y sus inversiones bajaron de 64,8 millones de dólares en 1992 a 54 millones de dólares en 1997. Habida cuenta de los niveles de aprobación de los últimos años, sería razonable pensar que los gastos del fondo fiduciario se incrementarán en los próximos años.

 

La cantidad de proyectos que ha puesto en ejecución la OIT ha aumentado, pasando de 1.315 en 1991 a 1.431 en 1993 y a 1.526 en 1997.

Desglose de los gastos por regiones

Entre principios y fines del quinquenio 1993-1997, los gastos efectuados disminuyeron en Africa, América Latina y el Caribe y en Asia, como se indica en el gráfico 1.3. A lo largo de este período, Africa recibió la parte más grande, que se mantuvo prácticamente estable en un promedio del 39 por ciento (véase el cuadro 1.1). Se continuó prestando apoyo a los países en transición, lo que condujo a un incremento de la cuota de Europa, que pasó de un 4 por ciento en 1993 a un 6 por ciento en 1997. Del mismo modo, la participación de los Estados árabes aumentó, pasando de un 2 por ciento en 1993 hasta un 4 por ciento en 1997, lo que refleja sobre todo el aumento de asistencia a Palestina durante este período. Los gastos en programas interregionales se incrementaron a lo largo del período, y es probable que esta tendencia se consolide con la ampliación de algunos programas principales como el IPEC y con el desarrollo reciente de nuevos programas de ámbito geográfico muy amplio. Habría que tener en cuenta que los gastos interregionales se asocian en definitiva con actividades que se realizan sobre todo a nivel nacional en las diversas regiones, y esto debería tenerse en cuenta cuando se examinan las tendencias aparentemente a la baja de ciertas regiones. Todas las regiones, a excepción de Asia y el Pacífico, registraron un incremento de los gastos entre 1996 y 1997.

Cuadro 1.1.  Cuota de gastos en la cooperación técnica de la OIT, desglosados por regiones (porcentajes)


 

1993

1994

1995

1996

1997

Africa

40,4

41,0

37,6

37,4

38,8

Américas

14,8

12,6

11,1

10,4

12,3

Asia

27,8

25,3

25,0

25,2

21,7

Europa

4,1

5,5

7,8

6,2

6,3

Estados árabes

1,5

1,2

2,4

2,7

3,8

Interregionales

11,3

14,4

16,0

18,2

17,2


Desglose de gastos por programas principales de cooperación técnica

El gráfico 1.4 muestra la distribución de los gastos de cooperación técnica (comprendidas todas las fuentes de financiación) por programas principales de cooperación técnica. Durante el período que se está examinando, el Departamento de Desarrollo de Empresas y Cooperativas (ENTREPRISE) y el Servicio de Políticas de Desarrollo (POLDEV) han registrado un constante aumento de los gastos, que ha sido del orden de unos 20 millones de dólares al año. A excepción de los años 1995 y 1996, esto se aplica también al Departamento de Empleo y Formación (EMPFORM). Los gastos combinados de los proyectos correspondientes a los ámbitos que abarcan EMPFORM, ENTREPRISE y POLDEV ascendieron a cerca del 64 por ciento de los gastos de cooperación técnica en 1997. Esto refleja la elevada prioridad que los donantes siguen atribuyendo a las actividades de la OIT en relación con el fomento del empleo para la reducción de la pobreza. Desde 1995, se ha producido un constante incremento de los gastos registrados en el Departamento de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (TRAVAIL), que se debe sobre todo a la ampliación del programa IPEC. Este incremento tendría que ser todavía más pronunciado en adelante, puesto que el programa ha conseguido atraer un importante nivel de nueva financiación en los últimos años. Aunque las cifras sigan siendo modestas, los gastos con cargo al Departamento de Normas Internacionales del Trabajo (NORMES) también se han incrementado durante el período que estamos examinando.

Desglose de los gastos por fuentes de financiación

El examen de los gastos en cooperación técnica por fuentes de financiación muestra que los gastos del PNUD se concentran al máximo en la generación de empleo y en las actividades de formación que están en relación con los ámbitos de competencia de EMPFORM, ENTREPRISE y POLDEV. No ha habido financiación del PNUD para proyectos que responden a criterios propios, ni tampoco para las actividades de los empleadores, que se financiaron con recursos de cooperación técnica con cargo al presupuesto ordinario (CTPO) y fondos fiduciarios. Los gastos que se han realizado con cargo a los recursos CTPO han alcanzado su máximo nivel en las actividades relacionadas con EMPFORM. Sin embargo, en contraste con los fondos del PNUD y con los fondos fiduciarios, las actividades para los trabajadores alcanzaban el segundo lugar de los gastos CTPO de este período. En relación con los proyectos que responden a criterios propios, entre 1993 y 1995 los gastos CTPO superaron a los gastos con cargo a fondos fiduciarios, aunque desde 1996 esta tendencia se ha invertido. Los gastos con cargo a fondos fiduciarios para los proyectos del Departamento de Relaciones Laborales y Administración del Trabajo se han mantenido también constantemente a un nivel más elevado que los gastos equivalentes con cargo a la CTPO o al PNUD, y las más de las veces han sido la fuente de financiación más importante de las actividades para los empleadores y para los trabajadores durante el período que estamos examinando. Por lo tanto, las fuentes de financiación fiduciaria han tenido gran importancia para financiar los ámbitos fundamentales de las actividades de cooperación técnica de la OIT.

Desglose de gastos por tipo de asistencia

El gráfico 1.5 muestra los gastos en cooperación técnica según sus principales componentes. Las cifras empiezan a reflejar ciertos cambios en el enfoque de la cooperación técnica, que han tenido lugar durante este período. En primer lugar, se produce una clara tendencia a la reducción de gastos en el personal de cooperación técnica no ordinaria (los expertos, comprendidos los consejeros técnicos principales). En 1992, había 243 expertos internacionales de los países desarrollados y 161 de los países en desarrollo que estaban prestando servicios en el programa de cooperación técnica de la OIT. En 1997, las cifras eran, respectivamente, 112 y 61. El gasto total en expertos internacionales ascendió a unos 65,1 millones de dólares en 1992, cifra que había descendido en un 50 por ciento en 1997 para situarse en 32,2 millones de dólares. Los gastos en otros tipos de personal de proyecto, comprendidos los expertos nacionales, los colaboradores exteriores, el personal del proyecto contratado a nivel local, los voluntarios de las Naciones Unidas y otros costos de personal disminuyeron también, aunque de manera menos marcada, pasando de 38,3 millones de dólares a 28,7 millones de dólares entre 1992 y 1997. Estos indicadores sugieren que actualmente se hace un uso más estratégico del personal de cooperación técnica, para objetivos especializados más que para beneficiarse de la experiencia del personal residente a largo plazo; que se está prestando atención a la autorización de personal nacional, de conformidad con la mayor insistencia que se está mostrando en el fortalecimiento de las potencialidades nacionales, y que se están persiguiendo unas formas más eficaces en función del costo para asegurar los servicios técnicos necesarios. Otra indicación de iniciativas para fortalecer la capacidad nacional se basa en el gasto de su contratación, que se ha incrementado a lo largo del período y que suele ir asociado con la utilización de las instituciones nacionales para la aplicación de los proyectos. Finalmente, aunque los gastos en formación hayan descendido en cerca de un 12 por ciento entre 1993 y 1997, han permanecido a pesar de todo en torno a los 20 millones de dólares al año, a excepción del año 1994. Esta proporción ha pasado del 17 por ciento en 1993 al 21 por ciento en 1997, lo que es plenamente coherente con el mayor énfasis que se pone en el fortalecimiento de la capacidad nacional. Los gastos en equipo han descendido en un 35 por ciento entre 1993 y 1997, reflejando así los cambios que se han producido en la naturaleza de la cooperación técnica y que han tenido como resultado un compromiso menor en los proyectos que suponen grandes adquisiciones de equipo.

Desglose de gastos por cuestiones prioritarias

Desde 1994, la acción de la OIT (comprendida la cooperación técnica) ha estado guiada por los tres objetivos prioritarios siguientes: promover la democracia y los derechos humanos, luchar contra la pobreza y el desempleo, y defender a los trabajadores. El gráfico 1.6 pone de relieve la distribución de los gastos según estas prioridades. Se podrá comprobar que siguiendo la clara identificación de estos objetivos, aunque la lucha contra la pobreza y el desempleo siga teniendo la cuota principal (un 65 por ciento), se han producido incrementos en la proporción de los otros dos ámbitos si se los compara con la distribución de gastos en el quinquenio precedente. Por lo tanto, se puede decir que estos objetivos han redundado en una mayor atención por parte del programa de cooperación técnica de la OIT, y han contribuido a fortalecer la acción de la OIT en unos ámbitos fundamentales de su mandato.

Créditos consignados

El gráfico 1.7 muestra los créditos consignados para el período 1993-1997. Si tomamos como base los créditos consignados en 1994, se ha producido un continuo aumento, que llegó a 121,480 millones de dólares en 1997. Las tendencias que se pueden observar en los créditos consignados se examinan más detalladamente en la parte correspondiente a la movilización de recursos del capítulo III.


CAPITULO II

COOPERACION TECNICA EN LOS AMBITOS PRIORITARIOS

De conformidad con la resolución adoptada en la 80.ª reunión (1993) de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cooperación técnica se ha centrado en los tres ámbitos prioritarios establecidos en ese momento: el apoyo a la democratización, la reducción de la pobreza (que comprendía también la generación de empleo) y la protección de los trabajadores. En este capítulo las actividades sustantivas se agrupan según estas tres cuestiones prioritarias. No hace falta decir que hay momentos en que, teórica y prácticamente, las actividades de estos ámbitos se superponen; por lo tanto, a veces se han introducido divisiones artificiales a efectos del informe. No se trata de elaborar una lista, ni tampoco de hacer referencia a todas las actividades, programas o proyectos que puedan caber en cada ámbito. El capítulo trata de presentar un resumen analítico de la cooperación técnica que se ha llevado a cabo en el período que se está examinando, prestando especial atención a las lecciones que se han aprendido sobre sus efectos y eficacia para ir trazando — sobre la base de esa experiencia — el camino que queda por recorrer. La parte final de este capítulo trata de las normas internacionales del trabajo y la cooperación técnica, un tema que abarca las tres cuestiones prioritarias.

Reducción de la pobreza y fomento del empleo

A lo largo de los años, las actividades prácticas de la OIT han sido emprendidas sobre la premisa de que la creación de un empleo pleno, productivo y libremente escogido es el medio más eficaz de luchar contra la pobreza y de garantizar un desarrollo equitativo y sostenible. Este principio básico (que se refleja en la Declaración de Filadelfia, de 1944, y que se considera parte integrante del mandato fundamental de la OIT) ha sido reafirmado a lo largo de los años en varios instrumentos y resoluciones de la OIT, entre ellos el Convenio sobre la política del empleo, 1964 (núm. 122) y dos resoluciones sobre el crecimiento del empleo y sobre el fomento del empleo, adoptadas por la Conferencia Internacional del Trabajo en su 79.ª reunión (1992).

Un hecho más reciente en este terreno ha sido el Programa de Acción adoptado en 1995 en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague; especialmente significativo es el tercer compromiso, por el que las naciones de todo el mundo se comprometen a promover el objetivo del pleno empleo como prioridad básica de sus políticas económicas y sociales, y a dar a la creación de empleo un lugar central en las estrategias y políticas de los gobiernos, con pleno respeto de los derechos de los trabajadores y con participación de los empleadores, los trabajadores y sus respectivas organizaciones. La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social hizo un llamamiento a la Asamblea General para que pidiese a la OIT (a causa de su mandato, estructuras tripartitas y experiencia) que contribuyese a la aplicación del Programa de Acción.

Durante el período que se está examinando, los programas de la OIT sobre el empleo y la reducción de la pobreza se centraron en: prestar asistencia a los mandantes en su esfuerzo de formulación de unas políticas económicas que incrementen el empleo y sostengan el proceso de reforma económica; fortalecer las instituciones y la organización del mercado de trabajo, ayudando al acopio y difusión de informaciones sobre el mercado de trabajo y a la formulación de las correspondientes políticas de mercado de trabajo; impartir formación para el empleo por cuenta propia y para la generación de ingresos; luchar para evitar la exclusión social de la fuerza de trabajo de ciertos grupos vulnerables, como los excombatientes, los refugiados y las personas desplazadas de los países que están saliendo de un conflicto armado; promover el desarrollo de empresas y cooperativas, y mejorar el acceso y la utilización de las microfinanzas. Todos estos programas son, pues, multifacéticos y están dirigidos a incrementar los recursos de capital (humano y de créditos) y de trabajo (empleo) de los desempleados y de los miembros subempleados de la fuerza de trabajo, y muy especialmente los de los pobres.

Actividades en el plano de las políticas

Algunos programas se llevaron a cabo para fortalecer la capacidad de las instancias decisorias con vistas a adoptar unas decisiones más adecuadas sobre las políticas de empleo y de reducción de la pobreza. Se prestó la debida atención a la información sobre el mercado de trabajo, puesto que constituye un elemento clave para desarrollar unas políticas adecuadas de empleo, y se llevaron a cabo unas estimaciones de los niveles de pobreza para garantizar que los programas encaminados a su reducción tratasen adecuadamente el problema.

Se brindó asistencia técnica a los estadísticos nacionales, para ayudarles a la recopilación de datos sobre el mercado de trabajo en los sistemas que operan en el mercado. Asimismo, se llevaron a cabo unas encuestas nacionales de las empresas en varios países, en particular en algunos países en transición. Con vistas a prestar asistencia a los mandantes en el establecimiento o ampliación de la correspondiente información sobre el mercado de trabajo, se han establecido observatorios del empleo y la formación en algunos países de expresión francesa (Benin, Chad, Côte d'Ivoire, Gabón, Malí y Togo) con la asistencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del Banco Mundial. Con vistas a la formación, se publicó una guía metodológica sobre estos observatorios. El Proyecto sobre los indicadores fundamentales del mercado de trabajo se dirige a conseguir un aumento de los flujos de información que llegan a las instancias decisorias y a los interlocutores sociales.

La cooperación técnica prestó asistencia a muchas organizaciones de empleadores para formular y desarrollar las correspondientes actitudes políticas en relación con los mercados de trabajo, así como para incrementar su capacidad de discusión sobre las cuestiones afines a ellos con las correspondientes instancias decisorias, con otros mandantes tripartitos y — si es necesario — con la opinión pública.

En Asia, la OIT aumentó su asistencia para el acopio y análisis de datos sobre el mercado de trabajo a los gobiernos de: China, Mongolia, República Democrática Popular Lao, Tailandia y Viet Nam.

En Egipto, la revisión completa de la encuesta ya existente sobre la fuerza de trabajo suministró estimaciones fiables sobre el empleo y el desempleo. A continuación se adoptó un marco político sobre la generación de empleo y la reducción de la pobreza en Egipto (Job creation and poverty alleviation in Egypt: Strategy and programmes). Este marco político se concibió para crear empleos capaces de absorber el medio millón de nuevos ingresos que se producen cada año en el mercado de trabajo, manteniendo al mismo tiempo la calidad del empleo. En el Sudán, se compiló información sobre los niveles de pobreza, con vistas a la preparación de unas estrategias de erradicación de la pobreza. En Uzbekistán, se ha adoptado un marco político (que comprende la introducción de un fondo de transformación social apoyado por el Banco Mundial) para garantizar un crecimiento intensivo del empleo que sea al mismo tiempo rápido y sostenido.

Como seguimiento directo de la Cumbre Social de Copenhague, se emprendió un gran número de evaluaciones de la política de empleo en el plano nacional para ver si ciertos países tenían la capacidad suficiente para poner en ejecución las recomendaciones del Programa de Acción y para determinar en qué medida las políticas de empleo quedaban integradas en las instancias decisorias generales de esos países.

Se iniciaron programas de acción encaminados a la aplicación de varios compromisos del Programa de Acción de la Cumbre Social. De conformidad con el sexto compromiso, se estableció un programa de acción para responder a los problemas multidimensionales del empleo juvenil. Este programa ha llevado a cabo una labor de investigación en un gran número de países (Alemania, Canadá, Chile, Hungría, India, Indonesia, Italia, Jamaica, Polonia, Reino Unido, República Unida de Tanzanía, Viet Nam y Zimbabwe), con especial referencia a diversas cuestiones específicas de las políticas a seguir, como los horarios mínimos y el empleo juvenil, las políticas dirigidas a los jóvenes con discapacidades, la función de los servicios públicos, las políticas a seguir en el caso de los jóvenes desfavorecidos y los programas de empleo por cuenta propia destinados a los jóvenes. Como resultado de esta labor, actualmente se está terminando un informe comparativo sobre las políticas de empleo juvenil en una perspectiva mundial.

Dentro del programa de acción sobre la mundialización, desarrollo de empresas de base local y empleo, se han examinado los problemas de ajuste local a los cambios que trae consigo la mundialización en Bulgaria, Hungría, Perú, Zimbabwe y Tailandia, prestando especial atención a cómo las instituciones locales a nivel comunitario, municipal o regional podrían patrocinar los vínculos entre los productores locales y los mercados mundiales, mejorando así las perspectivas locales de empleo.

Para prestar asistencia a los Estados Miembros en la aplicación del octavo compromiso (por el que los signatarios declaran que se comprometen a velar por que los programas de ajuste estructural que se acuerden incluyan objetivos de desarrollo social), se ha iniciado un programa de acción sobre el ajuste estructural, el empleo y la función de los interlocutores sociales. La OIT aboga por una nueva generación de programas de ajuste que incluya a las gentes e instituciones como actores por derecho propio, fomentando con ello la participación y la consulta entre los interlocutores sociales. Los gobiernos, los representantes de los empleadores y los representantes de los trabajadores han sido de la opinión de que, en vez de ser dominados por los bancos centrales, los ministerios de finanzas y otras instituciones afines, los programas de ajuste deberían ser devueltos al terreno de las instancias políticas nacionales, con el objetivo del desarrollo económico y social, no sólo para el pueblo sino también a través del pueblo. Estas recomendaciones fueron plenamente apoyadas por representantes de las instituciones de Bretton Woods.

También como seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y con la asistencia financiera del PNUD, se puso en marcha Empleos para Africa. Este programa abordará los problemas de creación de empleos y de reducción de la pobreza en Africa subsahariana. Se han emprendido ya misiones consultivas sobre las políticas a seguir en Camerún, Mauricio, Senegal, Uganda y Zimbabwe.

El principal intento del programa es concebir y adoptar unas estrategias de empleo y de reducción de pobreza basadas en políticas macroeconómicas orientadas a la inversión, que se dirijan explícitamente a conseguir un crecimiento sostenido y que sean coherentes, tanto a nivel de los más pequeños como en los de volumen mediano y grande. El reto principal de este programa será su traducción en unas políticas eficaces de mercado de trabajo y de desarrollo del sector privado.

La atención de los programas y actividades que se relacionan con el sector no estructurado se ha centrado en desarrollar la capacidad de los mandantes para crear empleos y reducir la pobreza en la economía no estructurada. Tanto en el seguimiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II) como en el contexto del proyecto interdepartamental sobre el sector no estructurado (1994-1995), la OIT ha seguido desarrollando y difundiendo enfoques encaminados a la creación de empleo en las áreas urbanas. Estos enfoques se dirigen a la creación de empleos en el sector no estructurado y a la adopción de métodos intensivos de empleo para la construcción de infraestructuras. Se han emprendido actividades piloto para mostrar cómo ponerlos en práctica en países como Burkina Faso, Kenya, la República Unida de Tanzanía y Uganda.

En Asia, Africa y América Latina se celebró una serie de cursos prácticos sobre el sector no estructurado, tanto rural como urbano. Un ejemplo de la acción emprendida a consecuencia de estos cursos prácticos fue la elaboración de módulos de formación sobre el sector no estructurado para funcionarios municipales de Asia. La asistencia que se brindó al Gobierno de la República Unida de Tanzanía contribuyó a la adopción de las primeras políticas nacionales de este país para el sector no estructurado. En Filipinas, el Gobierno recibió asistencia sobre las maneras de reestructurar los entes públicos comprometidos en el desarrollo de las empresas, transformándolos gradualmente en organismos privados o semiprivados, de modo que pudiesen mejorar sus servicios a las empresas del sector no estructurado. En los países de Africa de expresión francesa, la asistencia que se brindó a las organizaciones de trabajadores en relación con el sector no estructurado adoptó la forma de actividades piloto para abordar los problemas del sector no estructurado. Las actividades de la OIT han ayudado sin duda a introducir el sector no estructurado en los programas sindicales y a formular las correspondientes políticas sindicales; también han contribuido a incrementar la participación en las deliberaciones tripartitas a escala nacional, regional e internacional.

Desarrollo de los recursos humanos: formación con vistas a la generación
de empleo y la reducción de la pobreza

La asistencia técnica de la OIT que se dirige a la mejora de la calidad de los recursos humanos a través de la formación se ha basado sobre todo en las siguientes consideraciones operativas:

Formación basada en la comunidad con vistas al empleo por cuenta propia

En 1993, una reunión de expertos sobre la generación de empleo examinó las experiencias de asistencia técnica que se habían llevado a cabo para el desarrollo de las capacidades nacionales en el ámbito de la formación y el empleo a la luz de las iniciativas de reducción de la pobreza. Se confirmó que, habida cuenta de los escasos éxitos obtenidos por los programas convencionales de formación y de promoción del empleo, las iniciativas basadas en la comunidad, pertenecientes a la comunidad y orientadas a la demanda parecían ser el único enfoque viable y factible para responder adecuadamente a las necesidades de las comunidades pobres. La reunión recomendó la elaboración de un enfoque genérico, con la denominación de Formación basada en la comunidad con vistas al empleo (por cuenta propia) y la generación de ingresos (FBC). El enfoque FBC va desde el fomento de la concienciación y la organización del apoyo en el ámbito nacional y local, la identificación de las oportunidades y recursos de empleo (potenciales y actuales) y la concepción y aplicación de los adecuados programas de formación hasta el suministro de unos servicios de apoyo después de la formación y la evaluación del impacto y sustentabilidad del programa.

La experiencia que se ha ido adquiriendo con los programas del tipo de la FBC muestra que este planteamiento es muy pertinente y que puede ser adecuadamente aplicado a las actividades relativas al empleo (ya en marcha o en curso de planificación), así como a las instituciones de formación comprometidas en la reducción de la pobreza. La OIT ha desempeñado una función catalizadora en la introducción de este enfoque FBC, organizando cursos prácticos de carácter técnico con formulación de proyectos, así como prestando servicios de asistencia y consultoría técnicas para familiarizar a los participantes con los proyectos de cooperación técnica, sobre todo en los estados iniciales cuando el enfoque FBC está en sus inicios o se está poniendo a prueba sobre el terreno para su posible repetición en otros ámbitos del territorio nacional.

Se han prestado servicios consultivos sobre la aplicación práctica del FBC en Camboya, Japón, Kenya y Pakistán para ayudar a estos países a mejorar sus programas regionales y nacionales. Además, se brindó asistencia técnica a Jamaica dentro del marco del proyecto de desarrollo rural asistido por el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Formación de las capacitaciones para propietarios
y gestores de empresas a pequeña escala

Un ejemplo interesante de la labor de la OIT en este ámbito es el programa Inicie y mejore su negocio (SIYB), que consiste en un conjunto de materiales interrelacionados de formación y apoyo (entre ellos, un juego de simulación de negocios) que brinda a los propietarios y gestores de las empresas a pequeña escala de los países en desarrollo las capacitaciones prácticas que necesitan para poner en marcha, consolidar y ampliar sus empresas. Aunque este programa es básicamente un instrumento de formación, comprende también elementos de consejo, promoción de las asociaciones de autoayuda y las correspondientes redes y vínculos con las instituciones financieras. Los manuales correspondientes están disponibles en unos 35 idiomas, y cerca de 3.500 instructores han sido formados en esta metodología, que se usa en las instituciones de desarrollo de las pequeñas empresas a escala nacional como las organizaciones de empleadores, organismos gubernamentales o semigubernamentales, organizaciones de apoyo a las pequeñas empresas, departamentos gubernamentales y organizaciones de trabajadores. La asistencia de la OIT suele limitarse a la formación de formadores y a prestar asesoramiento sobre el modo de adaptar los materiales a las condiciones locales. Los materiales SIYB se han utilizado en unos 70 países de todo el mundo, y hasta la fecha se han beneficiado de ellos más de 100.000 empresarios de los países en desarrollo. Las evaluaciones del programa han llegado a la conclusión de que la formación SIYB ha tenido importantes repercusiones en los empresarios en cuanto a la eficacia de sus empresas, beneficios y generación de empleo.

Se siguió prestando apoyo a través del Programa interregional de una red de desarrollo de recursos humanos en el campo de las cooperativas (COOPNET), que en el período que estamos examinando se concentró en la elaboración de planes de estudio, métodos y materiales de formación, así como en un fortalecimiento de las capacidades encaminadas a mejorar el espíritu empresarial de las cooperativas, con especial insistencia en el desarrollo de actitudes empresariales, en los servicios consultivos en materia de gestión, en las auditorías y en las modernas políticas de personal.

Los programas de la OIT para fomentar una cultura de la empresa se han dirigido principalmente a los sistemas de educación y formación, asegurando que sus planes de estudios contengan elementos susceptibles de aumentar la concienciación de los estudiantes sobre las diversas oportunidades de carrera que ofrecen el empleo por cuenta propia y ser empresario. Ejemplo de ello ha sido el programa de educación del espíritu empresarial en Kenya, que ha introducido con éxito elementos de espíritu empresarial en su sistema nacional de formación y educación. En Bulgaria se ha puesto en ejecución un programa parecido, aunque de menor volumen, en colaboración con la UNESCO y la ONUDI.

Además, la OIT y el Centro de Turín han elaborado un conjunto especial de formación bajo el título de Know About Business, para uso de las instituciones de formación profesional y técnica que están comprometidas en introducir un elemento de espíritu empresarial en sus planes de estudios para aumentar la concienciación sobre las oportunidades que existen en este terreno.

Los cursos prácticos nacionales y subregionales que se han celebrado en Africa, se han organizado como parte de las actividades de los empleadores y se han centrado en la función que tienen las organizaciones de empleadores para contribuir a desarrollar el sector privado por medio de unos empresarios de formación que refuercen sus empresas. En los Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y Yemen se celebró una serie de seminarios sobre cómo poner en marcha y mantener una empresa.

La readaptación profesional de los desempleados

Cuanto más tiempo permanecen desempleados, menos posibilidades tienen los trabajadores de encontrar finalmente un nuevo empleo. Sus capacitaciones corren el peligro de irse deteriorando y, a medida que pasa el tiempo, los empleadores son cada vez más reticentes a darles trabajo. Las dimensiones sociales de este problema son muy grandes, y tienen que ser abordadas con medidas y programas políticos, dirigidos a la reintegración de los desempleados en el mercado de trabajo. La OIT tiene unos Módulos de Calificaciones para el Empleo (MCE), que facilitan una puesta al día eficaz en función de los costos de las capacitaciones de los trabajadores actualmente empleados, así como la formación y la readaptación de los que están desempleados; además, insisten especialmente en la empleabilidad, asegurándose bien de que la formación se ajuste a las capacitaciones que requiere el mercado de trabajo.

Con la asistencia de la OIT, se han hecho progresos importantes para la introducción de los métodos y programas de formación modular orientados al empleo en China, Bulgaria, Egipto, Sri Lanka, Kenya y, recientemente, en Polonia y la Federación de Rusia. En la Federación de Rusia se estableció una red nacional de 150 instituciones de formación y se elaboraron programas de formación modular para más de 100 profesiones. Además, unas 500 personas recibieron formación para el desarrollo de los planes de estudio modulares y se organizaron seminarios periódicos para formar a los coordinadores y representantes de las empresas y de las instituciones de formación. En 1997 empezaron en Belarús, Ucrania y Bosnia y Herzegovina unos proyectos de asistencia técnica para introducir el planteamiento modular basado en la competencia profesional para formar y readaptar a los adultos y a los desempleados.

Programas de creación directa de empleos

Inversiones con alto coeficiente de empleos

Los métodos y programas de obras públicas que se basan en un alto coeficiente de mano de obra constituyen un medio muy eficaz para el fomento del empleo y la reducción de la pobreza. Están en plena armonía con la Recomendación sobre la política del empleo, 1964 (núm. 122) y con la Recomendación sobre la política del empleo (disposiciones complementarias), 1984 (núm. 169). La Reunión tripartita sobre las implicaciones sociales y económicas de la devaluación del franco CFA para los países africanos de la zona del franco (que se celebró en Dakar en 1994) y su reunión de seguimiento celebrada en Yaundé en 1997, así como la Reunión tripartita de alto nivel sobre las respuestas sociales a la crisis financiera en los países de Asia oriental y sudoriental (Bangkok, 1998), han reiterado la urgencia de una creación de empleo sostenible y eficaz en función de los costos. El Programa para actividades con alto coeficiente de empleos (PAE) brinda una aportación muy específica al Programa de Acción adoptado por la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (1995) por medio de la promoción de pautas de crecimiento económico que maximicen la creación de empleo y que fomenten cuando sea conveniente las inversiones con alto coeficiente de empleos en infraestructura económica y social que utilice los recursos locales y que cree, mantenga y rehabilite los activos comunitarios, tanto en las zonas rurales como en el medio urbano.

Los programas PAE han sido establecidos por la OIT en más de 35 países en desarrollo (entre ellos 14 en Asia y el Pacífico), con el apoyo activo de los gobiernos y de los donantes. La atención de los programas se ha basado en: la intensidad de los recursos locales, la reducción de la pobreza por medio de inversiones comunitarias de carácter local orientadas a la demanda, el desarrollo de empresas para la ejecución por parte del sector privado de obras públicas, el desarrollo de la necesaria capacidad entre los funcionarios del gobierno para la preparación y gestión de los contratos y la introducción de las correspondientes normas del trabajo en los contratos para proteger a los trabajadores en un entorno de sector privado competitivo.

Los estudios comparativos que la OIT ha llevado a cabo en países como Burkina Faso, Camboya, Ghana, República Democrática Popular Lao, Lesotho, Madagascar, Rwanda, Tailandia y Zimbabwe muestran que (sin poner en peligro la calidad de la infraestructura) las inversiones en infraestructura que se basan en un elevado coeficiente de mano de obra resultan entre un 10 y un 30 por ciento más baratas que las opciones basadas en un coeficiente más elevado de maquinaria y equipo; disminuyen la necesidad de divisas en un 50-60 por ciento y crean entre dos y cuatro veces más empleos que las opciones que se basan en un coeficiente más elevado de capital.

Una reciente evaluación independiente de los PAE ha confirmado que los proyectos que se basan en un elevado coeficiente de mano de obra brindan una manera práctica e innovadora de abordar la creación de empleo y otras preocupaciones de la OIT, como las normas del trabajo, el trabajo infantil, la democratización, la formación y el desarrollo de las empresas. La evaluación recomendó también que los PAE se dirigiesen a los «trabajadores pobres», aunque no sean necesariamente los más pobres entre los pobres. Las inversiones basadas en la comunidad que mejoran el acceso a los recursos productivos y a los servicios sociales fundamentales son las que tienen unos efectos más directos en la reducción de la pobreza.

Los niveles de desempleo estructural (sobre todo en el mundo en desarrollo y en los países que están en transición a la economía de mercado) son tan elevados que requieren que los servicios técnicos consultivos de la OIT sigan aumentando en los programas con alto coeficiente de mano de obra. La demanda de los países que tienen planteadas crisis económicas y financieras o que sufren catástrofes de origen humano o natural está también creciendo rápidamente en varias regiones.

Desarrollo de empresas y cooperativas

Habida cuenta del importante papel que desempeñan las empresas privadas (entre ellas las cooperativas) en la creación de empleos, la OIT ha seguido reforzando e intensificando sus esfuerzos por ayudar a los países a crear las condiciones que faciliten la creación y crecimiento de dichas empresas. En este terreno, las actividades de cooperación técnica se han concentrado en: la introducción de un entorno jurídico y reglamentario favorable; el fomento de una actitud más positiva ante el espíritu empresarial; el suministro más eficaz en función de los costos de los servicios de apoyo, comprendidos los créditos, y el desarrollo de los recursos humanos. Además se presta cada vez más atención a la calidad de los empleos que se crean.

Las actividades de la OIT basadas en las empresas para la creación de empleos se han centrado en hacer que las organizaciones de empleadores y de trabajadores participen tanto en la concepción como en la ejecución de dichas actividades, así como en desarrollar su capacidad para promover las pequeñas empresas y el empleo por cuenta propia. Se está fomentando un enfoque tripartito a través del establecimiento de consejos y centros de productividad de carácter tripartito y a escala nacional, así como por medio de seminarios y publicaciones de carácter técnico. En el período que se está examinando, las actividades de formación para la productividad destinadas a las organizaciones de empleadores y de trabajadores abarcaron las organizaciones de empleadores de Asia meridional, Europa central y oriental, el Caribe y Africa oriental.

Los empleadores contemplan su función de generación de empleos en el sentido de promover el crecimiento de la empresa y el incremento de la formación para el empleo. Una selección de proyectos que se llevaron a cabo en Africa y América Latina, así como en Bulgaria, Federación de Rusia y Ucrania, se concentraron en: aumentar la capacidad de las organizaciones de empleadores para ejercer presión en favor de un entorno favorable a la creación y crecimiento de empresas; brindar asesoramiento y servicios, y coordinar las actividades de formación en el ámbito de las pequeñas empresas. Varios cursos prácticos celebrados en América Latina trataron de la función de las zonas francas industriales para la generación de empleo y el fomento del desarrollo económico.

Ha seguido aumentando la demanda de servicios consultivos y de cooperación técnica, a la que la OIT ha tratado de responder ofreciendo servicios consultivos a corto plazo y movilizando recursos extrapresupuestarios con destino a unas actividades de cooperación técnica a largo plazo. En el período que estamos examinando se han emprendido, como promedio, unas 250 misiones consultivas al año por parte del personal de la sede, de los especialistas de los equipos consultivos multidisciplinarios y de los consultores internacionales a corto plazo. La OIT ha participado activamente en el fomento de la creación de empleos por medio del desarrollo de empresas y cooperativas en 65 países en desarrollo y en transición de todo el mundo.

Se ha puesto un énfasis especial en los proyectos piloto, que sirven para desarrollar y poner a prueba unas metodologías que pueden tener efectos experimentales importantes y que pueden repetirse en otras partes. Para asegurarse bien de su eficacia en función de los costos, casi todos los proyectos se han dirigido a establecer o reforzar la capacidad.

La experiencia ha puesto de manifiesto que un planteamiento integrado es fundamental para asegurar los efectos del programa y la buena coordinación entre algunos de sus elementos integrantes, como el apoyo político y reglamentario, la formación profesional, las actividades de desarrollo y el acceso al crédito y a las finanzas. Teniendo esto presente, la OIT puso en marcha en 1998 un programa de alcance mundial, el Programa internacional para la pequeña empresa (ISEP), encaminado a prestar asistencia a los mandantes para la aplicación de la Recomendación sobre la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, 1998 (núm. 189).

La mayor parte de las actividades de cooperación técnica en este ámbito se concentró en desarrollar unos servicios empresariales eficaces. La mayor parte de ellos se dirigían a establecer la capacidad de las organizaciones intermedias locales para suministrar unos servicios de desarrollo empresarial de buena calidad, eficaces en función de los costos y sostenibles a un gran número de clientes, generalmente de la pequeña empresa. El objetivo general era mejorar su competitividad y productividad.

El componente de pequeña empresa del Programa de la OIT para la generación de empleos en Camboya promovió el desarrollo económico local por medio de una asistencia financiera y no financiera a las empresas pequeñas y a las microempresas. Se han establecido oficinas locales de desarrollo económico en nueve provincias, que a su vez establecieron una organización no gubernamental a nivel nacional como organización contraparte del proyecto. Estas oficinas locales de desarrollo económico prestaron asistencia a unos 10.000 clientes de la pequeña empresa y de la microempresa. En las pequeñas empresas el empleo correspondiente fue creciendo a un promedio de 1,8 empleos, a un costo de 126 dólares por empleo. En 1996, una evaluación del Banco Mundial recomendaba la repetición del concepto básico del proyecto a nivel mundial. En reconocimiento de la eficacia del proyecto, una amplia gama de donantes puso a disposición del proyecto un total de 11 millones de dólares, de los cuales cinco se destinaban a créditos. Ahora, el experimento está desembocando en el desarrollo de un sistema bancario rural.

En la zona del Magreb se puso en marcha un proyecto regional para establecer unos servicios de desarrollo empresarial, combinando el fomento de la capacidad institucional con la asistencia directa a las comunidades. En Madagascar, la OIT ayudó a establecer un organismo del sector privado que promueve las inversiones privadas y presta asistencia en la creación de las pequeñas empresas y las microempresas en todas las regiones del país. En sus primeros dos años de actuación ha ayudado a crear más de 5.800 servicios rurales y urbanos, así como empresas de producción, al tiempo que más de 25.000 empresarios se han beneficiado de sus servicios consultivos y de su formación empresarial.

El programa ACOPAM, que brinda apoyo asociativo y cooperativo a las iniciativas de desarrollo local, estaba pensado inicialmente para combatir los efectos de la sequía en la región africana del Sahel. Con el tiempo, se ha convertido en uno de los programas de empleo y de generación de ingresos de la OIT que más éxito ha tenido, y ha puesto de relieve que los programas suelen ser efectivos cuando se basan en unas estrategias integradas que comprenden la formación, el desarrollo de las capacidades y los servicios financieros, prestando atención a las cuestiones locales y reuniendo a los participantes fundamentales para desarrollar unas estrategias adaptadas a las condiciones y oportunidades locales. Ya operativo en Burkina Faso, Malí, Mauritania, Níger y Senegal, el ACOPAM ha desarrollado una metodología fundada en organizar a la gente a nivel de base en cooperativas que contribuyan a mejorar su seguridad alimentaria y sus condiciones de vida, sobre todo por medio de planes de administración conjunta de las tierras e irrigación, bancos cerealistas, comercialización de los productos y planes de ahorro y de crédito. Sólo con estas actividades piloto, el ACOPAM ha hecho posible que 40.000 personas trabajen por cuenta propia, especialmente por medio de los bancos cerealistas. El programa ha tenido efectos especialmente importantes en el empleo de las mujeres. Estrategias parecidas se han aplicado en Mozambique y Bulgaria. El proyecto SIPROMICRO (Sistema de Información Bibliográfica sobre la Microempresa en América Central) ha prestado asistencia a las microempresas del sector no estructurado de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, fortaleciendo las asociaciones de microempresas, mejorando su acceso a la información y difundiendo unos enfoques innovadores para el fomento de las microempresas.

Las cooperativas siguen desempeñando una función importante para el fomento del empleo y la reducción de la pobreza, como empresas de producción (sobre todo en el caso de los empleados por cuenta propia) y como suministradoras de servicios a sus miembros. En el mundo desarrollado, aproximadamente 460 millones de personas son miembros de por lo menos un tipo de empresa cooperativa, mientras que esta cifra es de aproximadamente 180 millones de personas en las economías desarrolladas de mercado.

Un elemento importante de los programas de cooperación técnica ha sido la creación de un entorno favorable para el desarrollo de las cooperativas. Ello ha revestido especial importancia en los países en que, durante el régimen anterior, las cooperativas habían tenido unas funciones específicas de orden económico o político en beneficio de los gobiernos. El Programa interregional de reforma estructural de los movimientos cooperativos (políticas y legislaciones) (COOPREFORM), financiado por el Organismo Danés de Desarrollo Internacional (DANIDA), ha brindado asistencia a las instancias decisorias para crear un clima favorable a las empresas cooperativas por medio de la elaboración de una legislación que fomenta el desarrollo de unas cooperativas autónomas y viables.

En Kenya, la asistencia prestada por la OIT condujo a la adopción por el Parlamento de un documento del período de sesiones sobre la promoción del sector no estructurado. En la República Unida de Tanzanía, la asistencia prestada por la OIT para el examen y reelaboración de importantes sectores de la legislación ha mejorado la capacidad de generar y multiplicar empleos de las microempresas y de las empresas del sector no estructurado. Un programa emprendido en asociación con los bancos centrales de 15 países africanos ha tenido como resultado una mejora en el marco político de las instituciones de microfinanzas. Cerca de 2.500 bancos locales y cooperativas de ahorro de la subregión, que cuentan con más de 715.000 miembros, han reunido 5 millones de dólares en concepto de depósitos de algunos de los miembros más pobres de la sociedad. Estos bancos locales constituyen la única fuente de servicios financieros de la mayor parte de los hogares y de las empresas.

Microfinanzas para la generación de empleo

En los últimos años, la cuestión de las microfinanzas ha influido considerablemente la manera en que se han diseñado y aplicado las políticas y programas de creación de empleo y de erradicación de la pobreza. El Banco Grameen y sus réplicas — la BRI Unit Desa, la ACLEDA y el BancoSol, por citar sólo algunas — han mostrado que es posible hacer salir de la pobreza a un gran número de personas desfavorecidas devolviéndoles la autoestima y una cierta autonomía.

Los programas de cooperación técnica de la OIT se han centrado en el establecimiento de la capacidad, así como en una investigación aplicada y políticamente orientada y en la difusión de las prácticas óptimas. En asociación con los bancos centrales de Africa y por medio del programa PASMEC, se han llevado a cabo las actividades siguientes: mantenimiento de bancos de datos; formación del personal; presentación de proyectos de ley; diálogo político, y asesoramiento técnico sobre el proceso de datos.

Los fondos de desarrollo social pueden brindar el capital que se necesita para ponerse en marcha en situaciones en que el sector bancario no atiende a los trabajadores despedidos a raíz de los programas de ajuste estructural. Si en los fondos de desarrollo social existen estas ventanillas de microfinanzas (como ocurre en unos 25 países africanos), la OIT — en colaboración con el Banco Africano de Desarrollo — trata de transformar los mecanismos de préstamo directo en un mecanismo general y a gran escala, que tenga mejores oportunidades para llegar a un gran número de beneficiarios a través de los bancos más adecuados, las organizaciones no gubernamentales y los bancos locales.

Un gran número de organizaciones no gubernamentales de apoyo y de organizaciones de autoayuda de los microempresarios actúan con fondos de garantía. Sin embargo, la gestión de los fondos es mala y con frecuencia el capital garantizado se desvanece al cabo de pocos años. La OIT prosigue la segunda fase de un programa interregional para la dirección que permitirá a los propietarios y gestores de estos fondos de garantía llevar a cabo sus operaciones con mayor transparencia.

Programas más centrados en el empleo y la reducción de la pobreza

La mujer en el desarrollo

Las actividades y programas que se esbozan en esta sección se refieren a la reforma del empleo y de la economía, a las mujeres empresarias y a las redes de seguridad social. La OIT ha lanzado el Programa internacional de más y mejores empleos para la mujer (WOMEMP). Ese programa se describe con más detalle en la sección que trata de los programas globales.

Género, empleo y reforma económica

Los programas emprendidos en este terreno se dirigían a mejorar las capacidades de los mandantes de la OIT para elaborar unas políticas y diseñar unos programas centrados que promuevan la igualdad entre hombres y mujeres para el acceso al empleo, y que combatan la feminización de la pobreza. Se podrían considerar estas actividades como parte de la aportación de la OIT a la acción de seguimiento de la Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995. Se ha centrado la atención en cinco ámbitos sustantivos de trabajo, que son los siguientes:

En este ámbito, los programas de cooperación técnica se centraron en las actividades de establecimiento de capacidad. Especial mención merecen el Programa de robustecimiento de la capacidad para el fomento del empleo, la igualdad entre los sexos y la erradicación de la pobreza, que se ha elaborado para responder a la cuestión fundamental número uno que se determinó en la Plataforma de Acción de Beijing, es decir, la feminización de la pobreza. Este programa extrae lecciones de más de dos décadas de experiencia práctica con unas políticas de fomento del empleo centradas, con especial atención en los pobres y en los grupos desfavorecidos. Ofrece además diversos tipos sofisticados de acción (que se pueden iniciar en varios ámbitos técnicos) y fomenta un planteamiento multidisciplinario, que combina la reforma de las políticas con unos programas directamente centrados en los tres ámbitos de fomento del empleo, establecimiento de la organización y protección social.

Las actividades que se han iniciado en virtud de este programa en el ámbito de cada país responden al deseo de colmar las importantes lagunas que existen en el debate sobre los efectos de las reformas económicas y de las medidas de ajuste estructural en el empleo y la igualdad de la mujer y, por lo tanto, sobre las políticas más adecuadas para reducir sus posibles efectos negativos y promover la utilización eficaz de las nuevas oportunidades creadas. Según el contexto socioeconómico y las prioridades específicas de cada país, tres tipos de programas se han iniciado en cinco países de Asia y Africa (Côte d'Ivoire, India, Sri Lanka, República Unida de Tanzanía y Zimbabwe).

El fomento del debate tripartito de las políticas relativas al género de las personas, al empleo y a las reformas económicas, que se celebraba a veces por primera vez en determinados países, se vio facilitado por medio de la organización de cursos prácticos y foros abiertos de discusión. En general, esto era seguido por el establecimiento de grupos de trabajo y redes de carácter específico para proseguir el diálogo iniciado y para aplicar las acciones prioritarias que se habían determinado.

En casi todos los casos, el diálogo sobre las políticas tuvo como resultado la adopción de unos planes de acción que determinaban ciertos ámbitos prioritarios para la recopilación de datos, las reformas legislativas, el fomento del empleo en determinados sectores específicos y las medidas de protección social. Se firmaron diversos memorandos de entendimiento y se brindó un marco para que la OIT preste asistencia en la aplicación de las actividades que se han determinado.

La falta de datos precisos sobre las repercusiones de las reformas económicas en determinados sectores o grupos específicos de la población ha constituido un verdadero e importante cuello de botella para la elaboración de unas respuestas políticas apropiadas. Recopilar información y datos, emprender unos estudios y encuestas e investigación con carácter específico pasaron entonces a constituir elementos importantes del programa de cooperación técnica.

Mujeres empresarias

Las actividades específicamente diseñadas para las mujeres empresarias han comprendido los programas Fomento del espíritu empresario en la mujer (WED) y Potenciación de la autonomía económica de la mujer (EEW), recientemente terminados. Entre 1994 y 1997, se aplicó el primero de estos proyectos para fomentar el espíritu empresario entre las mujeres de las pequeñas industrias y las industrias domésticas en cinco países asiáticos. Se brindó asistencia técnica a 15 organizaciones nacionales, lo cual a su vez sirvió de apoyo a los grupos beneficiarios de mujeres empresarias. Se organizaron poderes de formación para desarrollar las capacidades de los formadores locales y los consejeros especializados, y se publicó un manual sobre el desarrollo del espíritu empresarial destinado a las mujeres. Este manual tiene tanta demanda que se ha tenido que publicar en versión comercial. También se llevaron a cabo determinados estudios sobre la condición en que se encuentra el espíritu empresarial femenino. Se identificaron las limitaciones y oportunidades, y se formuló cierto número de recomendaciones sobre las políticas a seguir.

Redes de seguridad social, fomento del empleo y reducción de la pobreza

Las redes de seguridad social están volviendo a atraer la atención en varios países como instrumento de política social que puede ser muy útil para enderezar los efectos de las crisis y recesiones económicas o los de las reformas estructurales y de la transición a las economías de mercado sobre los sectores más vulnerables de la sociedad. Un programa de acción de la OIT titulado Reforma económica y cambio estructural: promoción del empleo de la mujer en los fondos sociales, que se emprendió en el bienio 1996-1997, brindó la oportunidad para un análisis en profundidad de la experiencia de los «fondos sociales» en siete países de América Latina y Africa. Esta evaluación señaló ciertas limitaciones, como un diálogo social insuficiente antes y durante la operación de las redes de seguridad social; la limitada función de los programas de fomento del empleo dentro de la cartera de inversiones de los fondos, y lo poco que ha llegado a las mujeres. Las directrices que se han desarrollado sobre la base de esta evaluación daban pie a un intenso diálogo nacional y dentro de la comunidad internacional de donantes, el Banco Mundial y los bancos regionales, como la idea más adecuada de los programas de redes de seguridad social.

El empleo y la protección social de determinados grupos de la sociedad

Los trabajadores a domicilio en la economía mundial

El carácter cada vez menos estructurado del empleo y el acelerado crecimiento de formas atípicas de empleo, como el trabajo a domicilio, han hecho sentir la necesidad de elaborar unos nuevos planteamientos de protección social que permitan cubrir a estos grupos de trabajadores, que son «invisibles», y a los que se llega con dificultad. En virtud de las actividades piloto de cooperación técnica en Asia y en América Latina, se inició un enfoque doble dirigido a sacar el máximo provecho del potencial de empleo del sector al tiempo que se preveían unas medidas innovadoras de protección social. Las actividades incluían la recopilación de datos e información, que brindaba la base para una discusión tripartita y para la adopción de unos planes nacionales de acción. Esta labor contribuyó a la creación de un marco institucional para el diálogo social a escala internacional, a la formulación de políticas nacionales de desarrollo para este sector y a la mejora de la condición socioeconómica y las capacidades de los trabajadores a domicilio.

Apoyo a la autosuficiencia de los pueblos indígenas y tribales
por medio de la autoayuda y los planteamientos cooperativos:
el programa INDISCO de la OIT

Inspirado por el Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169), y en un intento por contribuir a los esfuerzos de la familia de las Naciones Unidas durante el Año Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (1993) y después de él, la OIT puso en marcha el Programa interregional de apoyo a las poblaciones indígenas por intermedio del desarrollo de cooperativas y empresas asociativas (INDISCO). El programa se dirige a fortalecer las capacidades de los pueblos indígenas y tribales, ayudándolos a concebir y a aplicar sus propios planes e iniciativas de desarrollo, y garantizando la salvaguardia de sus valores tradicionales y de su cultura. El programa tiene en marcha 20 proyectos en diez países de Asia, Africa y América central, financiados por un grupo de donantes, entre ellos el Organismo Danés de Desarrollo Internacional (DANIDA), los Países Bajos, la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (CIDA), el Programa Arabe del Golfo para las Organizaciones de Desarrollo de las Naciones Unidas (AGFUND), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Rabobank.

Trabajando con los pueblos indígenas y tribales y a través de sus tradicionales instituciones, cooperativas y organizaciones de autoayuda, los proyectos INDISCO han conseguido poner en práctica unos enfoques innovadores, dirigidos a la defensa de la base de recursos de los pueblos indígenas y tribales. Estos enfoques comprenden: sistemas de recolección de aguas eficaces en función del costo y duraderos; viveros de plantas para regenerar los bosques; fábricas de biogás y sistemas de producción láctea. Por medio de estos planes de generación de ingresos se han garantizado más de 1.000 empleos de carácter tradicional, a lo que ha contribuido también el apoyo financiero que proviene de los fondos rotatorios de base comunitaria. Más de 12.000 hombres y mujeres han sido formados en diversos ámbitos técnicos (utilizando los expertos y especialistas locales) en diversos planes de generación de ingresos.

Una importante lección que se ha extraído de esta experiencia es que toda iniciativa de desarrollo destinada a los pueblos indígenas y tribales tiene que evaluar la organización social de los grupos indígenas e invertir unos esfuerzos significativos en la adquisición de capacitaciones y en el establecimiento de una capacidad. Estas inversiones previas en formación y establecimiento de capacidad son la necesidad más urgente, más aun que la financiación del proyecto. Sólo por medio del desarrollo de los recursos humanos y del fortalecimiento institucional podrán los pueblos indígenas y tribales hacerse cargo de sus propios programas.

Los retos del empleo y la pobreza a consecuencia de conflictos armados

La reinserción de los excombatientes constituye un factor clave para la estabilidad de los países que salen de un conflicto armado. La OIT ha trabajado en este ámbito en Mozambique y Angola. En Angola, un proyecto que se puso en marcha en 1996 con apoyo financiero del PNUD, los Países Bajos, Noruega y Suecia experimentó con éxito una estrategia descentralizada que supone unos enfoques innovadores y unos mecanismos institucionales que han sido eficaces para reducir los costos de formación. De los 14.000 excombatientes que se han beneficiado de la formación, más de un 42 por ciento ha pasado por los centros locales de formación.

En Mozambique, la OIT planificó un proyecto de formación de capacidades y de espíritu empresarial para los soldados desmovilizados y prestó asistencia al Ministerio de Trabajo para su ejecución, entre 1994 y 1998. Este proyecto combinaba una formación profesional acelerada, el suministro de juegos de herramientas y la formación en capacitaciones empresariales básicas para facilitar el acceso de los soldados desmovilizados, y especialmente al empleo por cuenta propia. Comprendía también un componente relativo a la microempresa, para ayudar a los soldados desmovilizados aportándoles unas ideas empresariales viables para que pusiesen en marcha sus propias empresas, ayudándoles en la elaboración de un plan empresarial y facilitando su acceso a los planes de microcréditos. Unos 10.000 soldados desmovilizados recibieron formación en este proyecto, y más de un 70 por ciento se empleó (muchas veces por cuenta propia) en algún sector relacionado con su formación. Como promedio, sus ingresos eran muy superiores a los del salario mínimo. Asimismo, el proyecto prestó asistencia para la creación de unas 750 microempresas. Consiguió también establecer una capacidad técnica en el Ministerio de Trabajo con vistas a aplicar la metodología del proyecto a otros grupos beneficiarios.

La formación para el empleo de los trabajadores con discapacidades

Durante el período 1993-1997 se siguió una estrategia centrada en la inclusión de personas con discapacidades en el grueso de los programas de formación y de empleo. Este planteamiento estaba en perfecta armonía con el Convenio sobre la readaptación profesional y el empleo (personas inválidas), 1983 (núm. 159), que aboga por «promover oportunidades de empleo para las personas inválidas en el mercado regular del empleo» y por «lograr la igualdad efectiva de oportunidades y de trato entre los trabajadores inválidos y los demás trabajadores». Este Convenio y la Recomendación núm. 168, que lo complementa, han constituido unos instrumentos jurídicos valiosos para los programas de cooperación técnica de la OIT que fomentan la incorporación de las personas con discapacidades en las estructuras laborales corrientes.

La investigación, los servicios consultivos y las consultas con Estados Miembros han mostrado que los servicios de formación general y de empleo han de reajustarse en profundidad para mejor ayudar a las personas con discapacidades a integrarse, siempre que sea posible, en las estructuras de formación y en el mercado libre de trabajo. Se aplicaron muchos proyectos de cooperación técnica encaminados a garantizar un igual acceso de los trabajadores con discapacidades a la formación y al empleo. Un ejemplo nacional de ello es el proyecto sobre formación profesional de fomento en la microempresa para soldados desmovilizados que se puso en marcha en Angola en 1996. Este proyecto ha estado utilizando un planteamiento tradicional para integrar a los excombatientes con discapacidades en la formación empresarial y profesional, así como en la distribución de juegos de herramientas. En el Yemen, un proyecto ha contribuido a poner al día los servicios ya existentes de rehabilitación en este país por medio de la mejora de la competencia del personal y del desarrollo de los servicios iniciales de rehabilitación basados en la comunidad.

En el período que estamos examinando se llevaron también a cabo otras actividades de cooperación técnica de ámbito regional o subregional. Digno de mención es el proyecto titulado Apoyo a la integración normalizada de las personas con discapacidad en las instituciones de formación profesional de Latinoamérica, que aumentó la capacidad de los centros de formación profesional de Brasil, Bolivia, Colombia, México y Uruguay para integrar a aprendices con discapacidades. Un resultado importante de este proyecto fue la publicación de un conjunto de formación de establecimiento de la capacidad, que consta de 12 módulos dirigidos a distintos grupos beneficiarios, sobre la manera de integrar a las personas con discapacidad en los programas de formación profesional.

En este punto conviene señalar que los recursos CTPO han sido muy útiles para mejorar las actividades de cooperación técnica en este ámbito. La labor operativa y analítica que se ha llevado a cabo durante el período que se está examinando ha contribuido a consolidar el reconocimiento de la OIT como centro de excelencia, capaz de aportar el pensamiento teórico más reciente y el asesoramiento correspondiente sobre las políticas a seguir a sus Estados Miembros. Está claro, por lo tanto, que una interacción bien equilibrada entre la investigación de los programas del presupuesto ordinario y la cooperación técnica refuerza la capacidad de la OIT para actuar como catalizador en un ámbito determinado.

El subprograma de prevención de drogas y alcohol

En estrecha asociación con el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID), cierto número de proyectos fueron iniciados y aplicados por la OIT. El foco de atención de los proyectos de cooperación técnica en Asia y Africa estaba en la rehabilitación y reintegración social de las personas en recuperación. Unos 200 trabajadores sociales, consejeros y funcionarios de rehabilitación de más de 20 países recibieron formación especializada. Este proyecto ha combinado con éxito las fuerzas de la OIT, el PNUFID y diversos asociados internacionales y regionales, y constituye un modelo que se presta fácilmente a ser repetido en otras regiones y campos de actividad.

El Centro de Recursos sobre la Droga y el Alcohol de Harare, establecido en colaboración entre la OIT y el PNUFID, ha demostrado constituir un modelo muy adecuado para Africa. Este modelo (con financiación noruega) ha sido ya repetido en Malawi, Namibia, la República Unida de Tanzanía y Zambia. Está previsto establecer otros centros parecidos en Mozambique, Swazilandia y Sudáfrica en virtud de un nuevo proyecto que actualmente está ya finalizando. Los elementos clave de lo que ha ido evolucionando hasta constituir un programa sostenible han sido su insistencia en la base comunitaria, la movilización y la utilización de los servicios actuales de cada comunidad, así como sus estrechos vínculos con el mundo empresarial.

Reflexiones acerca de algunos programas futuros sobre el empleo
y la reducción de la pobreza

La persistencia de un elevado nivel de pobreza, desempleo y subempleo y el cambio de signo que se ha producido en los progresos que se habían obtenido en la reducción del desempleo y de la pobreza, en los países afectados por crisis de diversos tipos y por la exclusión social, son razones de peso para proseguir la cooperación técnica en ese terreno. La labor que la OIT está llevando a cabo, comprendida la evaluación de la política de empleo en el plano nacional (CEPR), establece un sólido fundamento para la actuación futura.

En relación con la reducción de la pobreza, la intervención de la OIT debería proseguirse a dos niveles: estrategias y políticas de reducción de la pobreza y de creación de empleos, y programas de creación directa de empleos para los pobres. Respecto al empleo, la CEPR debería tener como resultado programas de acción específicos en el plano nacional. Asimismo, conviene establecer las modalidades de colaboración con los asociados distintos de los mandantes de la OIT y de la asistencia a los mismos.

En cuanto a la creación directa de empleos, dos tipos de programas vienen a la mente: el empleo asalariado por medio de unos programas de infraestructura con alto coeficiente de mano de obra y el empleo por cuenta propia. En el primer caso, la OIT ha demostrado ya sus conocimientos técnicos y su ventaja comparativa en muchos años de labor. Esta capacidad tiene que reforzarse y consolidarse. Considerando la función fundamental del sector privado para el fomento del empleo y la eliminación de la pobreza, convendrá que las actividades futuras se dirijan a fortalecer la capacidad de los Estados Miembros para concebir y aplicar unas políticas y programas que promuevan y faciliten la creación de empleos productivos y sostenibles, en particular en las pequeñas empresas y cooperativas, tanto las que pertenecen al sector estructurado como las que están en el sector no estructurado.

Habida cuenta de la complejidad de las consecuencias que tiene la mundialización para las economías nacionales, la integración de la perspectiva de género en el programa de reformas económicas y sociales y en las redes de seguridad social, especialmente en relación con la igualdad de acceso al empleo y unos términos equitativos de empleo, seguirá planteando unos retos muy importantes a los mandantes de la OIT. La OIT ha conseguido que en varios países los interlocutores sociales participen en el diálogo sobre las políticas a seguir y en la acción sobre el empleo de la mujer en el contexto de la reforma económica y de las crisis, así como en el fomento de las oportunidades de empleo como principal medio para erradicar la pobreza. Será imperativo establecer las capacidades nacionales.

En relación con el desarrollo de los recursos humanos, la readaptación de los trabajadores despedidos o licenciados, la constante actualización y diversificación de las capacitaciones, la mayor protección de la mujer y la formación para el empleo por cuenta propia y para el sector no estructurado constituyen todos ellos otros tantos terrenos de labor futura.

La pasada experiencia muestra que las crisis de diversos tipos (ya tengan su origen en factores financieros y económicos, en desastres naturales del tipo de las inundaciones y los ciclones, o en desastres provocados por la mano del hombre como las guerras, etc.) pueden invertir la tendencia de los más sólidos progresos que se han llevado a cabo en el fomento del empleo y en la reducción de la pobreza. En el caso de los países que tienen niveles bajos de desarrollo, estas crisis no pueden hacer otra cosa que agravar su ya frágil situación. La OIT debería poder responder a estas peticiones urgentes de asistencia. Lo que hace falta es la capacidad para actuar rápidamente (para lo cual conviene disponer de un mínimo de recursos propios para este fin), un planteamiento innovador que combine varios elementos de intervención en un solo conjunto y un mecanismo que pueda poner en marcha esta asistencia. Conviene reflexionar cuidadosamente sobre la creación de esta capacidad.

Democracia y derechos humanos

Una de las prioridades principales de la OIT en el período que estamos examinando ha sido brindar apoyo a la democracia y a los derechos fundamentales de los trabajadores; esta prioridad se ha visto reforzada por la adopción de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento en la 86.ª reunión (1998) de la Conferencia Internacional del Trabajo.

En su resolución sobre la cooperación técnica adoptada en 1993, la OIT reiteraba una vez más que su acción en favor de la promoción de instituciones democráticas y representativas, que estén en línea con las correspondientes normas internacionales del trabajo, debería seguir estando en la primera línea de sus preocupaciones. Por consiguiente, la cooperación técnica se ha mantenido en armonía con los principios en que se apoyan los convenios fundamentales. Estos instrumentos son en sí mismos un elemento fundamental para la promoción de la democracia y la protección de los derechos humanos. De hecho, sólo un número reducido de normas de la OIT se han clasificado como convenios sobre los derechos humanos fundamentales, pero hay otras muchas (como los instrumentos sobre la administración del trabajo y la inspección del trabajo) que son fundamentales para la plena realización de los derechos humanos. Otras propugnan políticas y medios nacionales aptos para garantizar la protección de determinadas categorías especiales, como las mujeres, los niños y las personas con discapacidad. En el contexto de la democratización, el constante apoyo de la OIT a la creación y fortalecimiento de las organizaciones de empleadores y de trabajadores en el ámbito nacional constituye una aportación directa a la democracia laboral en todo el mundo. La democracia se basa en la existencia y reconocimiento de grupos de interés en la sociedad, con los que el Estado negocia, evitando así la centralización del poder. Las organizaciones de trabajadores y de empleadores representan dos importantes grupos de interés, que contribuyen al mantenimiento de la democracia; de ahí la importancia del tripartismo para la promoción de la democracia. En muchos países, los sindicatos y las organizaciones de empleadores han sido a veces los únicos elementos organizados de la sociedad civil que han contribuido al establecimiento y restauración de la democracia política. La Oficina brinda asistencia para la aplicación de los principales instrumentos de la OIT en este ámbito.

Centro de atención de las actividades

En el período que estamos examinando, se ha brindado asistencia directa para la aplicación y ratificación de las normas internacionales del trabajo relativas a la democracia y los derechos humanos fundamentales. Se ha prestado asistencia a los Estados Miembros para que ajusten su legislación y su práctica a las exigencias de estos instrumentos y para que eliminen los obstáculos inmediatos a su ratificación. Cuando no ha sido posible proceder a una pronta ratificación, la Oficina ha ayudado a los gobiernos a entender con más claridad los obstáculos a la ratificación, para que puedan tener previstas las oportunas medidas para superarlos cuando llegue el momento.

Las actividades emprendidas en los últimos cinco años incluían también prestar apoyo a las organizaciones de empleadores y de trabajadores, el fomento del diálogo social, las relaciones laborales, la administración del trabajo y la igualdad de género, así como el fortalecimiento de las instituciones tripartitas en Africa, Asia, América Latina, Europa y los Estados árabes. Se ha dado prioridad a combatir la discriminación en todas su formas, y muy en particular a la protección de los grupos vulnerables y desfavorecidos, a la promoción de la igualdad en el empleo para la mujer y a la protección de los trabajadores migrantes.

En los párrafos que siguen se ha tratado de dar una idea clara de los programas principales centrados en la democracia y los derechos humanos; se presentan bajo cuatro títulos: actividades para los trabajadores; actividades para los empleadores; relaciones laborales y administración del trabajo, e igualdad de género. Las actividades de cooperación técnica específicamente dirigidas a la aplicación y ratificación de normas se describen por separado en la última sección de este capítulo.

Actividades para los trabajadores

Las organizaciones de trabajadores son protagonistas destacadas en la defensa y promoción del respeto universal de la democracia, los derechos humanos fundamentales y la justicia social. Como interlocutores fundamentales del diálogo tripartito, la función principal de los sindicatos consiste en transformar las aspiraciones de los trabajadores en unas estrategias y acciones coherentes y estructuradas a escala nacional, regional e internacional. Cuando los sindicatos están bien establecidos y actúan libremente, constituyen una garantía importante de que la sociedad siga funcionando democráticamente, y con frecuencia han sido la principal fuerza impulsora de la democratización de la sociedad.

Sin embargo, la aplicación de normas no sólo es el principal instrumento del que dispone la OIT para la protección de los trabajadores y para la promoción de los derechos humanos fundamentales y de los derechos sindicales: constituye también un requisito previo para las relaciones laborales estables, el desarrollo económico y una leal competitividad internacional. La asistencia que se ha prestado en materia de cooperación técnica a las organizaciones de trabajadores ha abordado la promoción de las normas internacionales del trabajo y ha insistido en que los sindicatos puedan utilizar los mecanismos de la OIT para acelerar la aplicación de estas normas. Se ha insistido mucho en una selección de normas de especial importancia para los trabajadores: el trabajo forzoso, la libertad sindical y el derecho a la negociación colectiva, las organizaciones de trabajadores rurales, la consulta tripartita, la discriminación, la igualdad de remuneración y el trabajo infantil.

La asistencia técnica de la OIT a sus mandantes trabajadores se ha centrado en el desarrollo y fortalecimiento de unos sindicatos independientes, democráticos y representativos con vistas a incrementar su capacidad de defender y hacer progresar los intereses de sus miembros, así como de sus condiciones de vida y de trabajo y de su efectiva participación en el diálogo tripartito.

Se ha prestado asistencia técnica para formar dirigentes sindicales en materias relacionadas con el desarrollo de la organización y los métodos modernos y democráticos de dirección, comprendida la aplicación de la planificación estratégica. Asimismo, se ha impartido formación a los educadores y administradores en materia de técnicas de comunicación, informática y programas de educación a distancia.

La mundialización, la integración económica regional, la desreglamentación, la privatización y la introducción de programas de ajuste estructural (con frecuencia sin tener en cuenta para nada sus consecuencias sociales) han tenido repercusiones directas en el mundo del trabajo y han requerido una respuesta eficaz y adecuada por parte de las organizaciones de trabajadores. Para paliar de alguna manera los efectos más negativos de esta evolución, se ha pedido a los sindicatos que: desarrollen la necesaria capacidad para emprender una negociación colectiva internacional con las empresas multinacionales; establezcan vínculos y estrategias comunes de campaña en las cuestiones sociales y laborales, comprendida la dimensión social de la liberalización del comercio; trabajen por la aplicación de códigos de conducta por parte de las principales empresas y de sus proveedores; ejerzan presión para la adopción de cartas sociales y laborales para complementar los acuerdos regionales de libre comercio, y que intercambien informaciones y establezcan bases de datos comunes.

La asistencia a los mandantes trabajadores se ha ofrecido en forma de servicios consultivos, investigación, difusión de