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86.a reunión
Ginebra, junio de 1998


 

Informe de la Comisión del Trabajo Infantil

Informe
Conclusiones propuestas

Presentación, discusión y adopción
 

Original francés: El PRESIDENTE -- Pasaremos ahora al informe de la Comisión del Trabajo Infantil, que reviste tanta importancia y entra precisamente en la misma línea que la Declaración. Dicho informe figura en Actas Provisionales núm. 19.

Doy la palabra a la Sra. Melkas, Ponente de la Comisión del Trabajo Infantil, para que presente el informe.

Original inglés: Sra. MELKAS (delegada gubernamental de Finlandia, Ponente de la Comisión del Trabajo Infantil) -- Es para mí un honor y un placer presentarles el informe de la Comisión del Trabajo Infantil, incluidas las conclusiones propuestas que contienen proyectos de disposiciones con miras a la adopción de un convenio y de una recomendación sobre las formas más intolerables de trabajo infantil.

La Comisión recibió el encargo de desarrollar nuevas normas laborales internacionales sobre el trabajo infantil para la eliminación inmediata de los tipos de trabajo o actividades que no debería desempeñar ningún niño, ni tolerarse en ningún lugar del mundo.

Las discusiones se celebraron bajo la atinada y cuidadosa dirección del Sr. Achsi Atsain, miembro gubernamental y Ministro de Trabajo de Côte d'Ivoire, ayudado por el Sr. Assefa Bequele, representante del Secretario General, y su equipo. Todos los miembros de la Comisión trabajaron conjuntamente, con espíritu de colaboración y consenso. A ese respecto, deseo rendir también homenaje a nuestros dos Vicepresidentes, Sr. Botha y Sr. Trotman, por su actitud constructiva, así como a muchos miembros gubernamentales por sus aportaciones importantes y bien fundadas al debate. Todos juntos contribuyeron a concluir con éxito esta primera discusión de los instrumentos propuestos. Estoy segura de que las conclusiones propuestas que la Comisión adoptó serán una base sólida para la discusión del año próximo.

Los miembros de la Comisión eran muy conscientes de la importancia del tema que se estaba discutiendo para millones de niños que trabajan en ocupaciones sumamente peligrosas. Un trabajo que tiene graves repercusiones en su bienestar, estado moral, estado de ánimo y en sus mismas vidas. Muchos de nosotros quedamos profundamente conmovidos cuando los participantes en la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil presentaron sus reivindicaciones ante la OIT. Las voces de esos niños resonaron a todo lo largo de los debates de la Comisión. Su presencia se hizo sentir en cada una de las decisiones que adoptamos.

Hubo un amplio consenso en la Comisión sobre la necesidad de aplicar normas nuevas, y sobre que estas normas deberían adoptar la forma de un convenio, complementado por una recomendación.

En la Comisión, muchas intervenciones señalaron la conveniencia de un convenio breve pero preciso, que contenga unos principios básicos susceptibles de ser aplicados de manera inmediata y eficaz, tanto en los países desarrollados como en los que están en desarrollo.

Aunque se reconoció durante el debate que el flagelo del trabajo infantil está firmemente arraigado en la pobreza, hubo un amplio consenso en que la pobreza nunca debería utilizarse como excusa para aceptar la situación de los niños que trabajan en situaciones peligrosas, que ponen en peligro sus vidas o que amenazan a sus derechos fundamentales y ponen en entredicho su dignidad.

Considerando que hacía falta una acción urgente, la Comisión decidió que la obligación fundamental de los Estados que ratifiquen el convenio será adoptar las medidas oportunas para prohibir y erradicar inmediatamente las peores formas del trabajo infantil. Hubo acuerdo en que el instrumento debería aplicarse a todas las personas menores de 18 años. La definición de las peores formas de trabajo infantil fue objeto de un debate apasionado, pero muy bien centrado y de gran dignidad, en el que prevaleció la idea de que el convenio debía ser práctico, inmediatamente aplicable y centrado en las peores formas de trabajo infantil.

Aunque se reconoció que la educación tiene una función de la mayor importancia para combatir el trabajo infantil, se convino en no incluir el acceso a la educación como criterio para definir las peores formas del trabajo infantil.

Asimismo, la Comisión consideró la situación de los niños combatientes y de los niños que intervienen en conflictos armados, pero la decisión sobre esta cuestión se aplazó hasta la segunda discusión. La Comisión convino en definir las peores formas del trabajo infantil del modo siguiente: a) cualquier forma de esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y el tráfico de niños, el trabajo forzoso u obligatorio, la servidumbre por deudas y la condición de siervo; b) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, para la producción de pornografía o para actuaciones pornográficas; c) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular para la producción y el tráfico de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, como se definen en los tratados internacionales pertinentes; d) cualquier otro tipo de trabajo o actividad que, por su naturaleza o por las condiciones en que se realice, pueda resultar peligroso para la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

La Comisión convino en que el convenio debería pedir una aplicación práctica, incluida la aplicación de sanciones penales y otras, así como mecanismos adecuados para la supervisión de su aplicación. Además, los Miembros que ratifiquen el convenio deberían elaborar y poner en práctica programas de acción para eliminar, como medida prioritaria, las peores formas del trabajo infantil.

La Comisión convino, asimismo, en incluir en el convenio un llamamiento a la adopción de una medidas para eliminar las peores formas del trabajo infantil, incluidas las medidas preventivas, librar a los niños del trabajo, asegurar su rehabilitación y reinserción social por medio, entre otras medidas, del acceso a la educación básica gratuita, así como identificar a los niños que corren un riesgo especial, entrar en contacto directo con ellos y tener en cuenta la situación particular de las niñas.

Un paso fundamental para garantizar que el convenio se aplique con éxito en el mundo, es pedir a los Estados Miembros que se ayuden por medio de la cooperación o la asistencia internacionales. Estos esfuerzos se consideran necesarios para garantizar que se imponga la prohibición y la eliminación inmediata de las peores formas del trabajo infantil.

Al mismo tiempo, algunos miembros de la Comisión pensaron que debía haber una referencia más explícita a la responsabilidad de la comunidad internacional de apoyar los esfuerzos de los países para erradicar las peores formas del trabajo infantil, incluida la asistencia técnica y el apoyo financiero.

Hubo consenso en cuanto a la función clave de los interlocutores tripartitos de la OIT para determinar las peores formas del trabajo infantil, y aplicar programas de acción y designar mecanismos de supervisión para facilitar la aplicación del convenio. Sin embargo, hubo cierto desacuerdo en cuanto a si se indicaría la función de otros grupos implicados, como las organizaciones no gubernamentales, los que abogan por los derechos infantiles y los distintos tipos de profesionales en el convenio. La referencia a otros grupos interesados se ha limitado a determinados puntos de la recomendación.

La recomendación propuesta brinda pautas adicionales para el contenido de los programas de acción, que se solicitan en el convenio; también se dan orientaciones en cuanto a cómo determinar los tipos de trabajo o actividad que, por su carácter o las circunstancias en que se lleven a cabo, podrían poner en peligro la salud, seguridad o moralidad de los niños.

La Comisión también conservó, en la recomendación propuesta, una disposición pidiendo a los Miembros que prevean el procesamiento a sus nacionales que infrinjan las disposiciones del país para la prohibición y la eliminación inmediata de las peores formas de trabajo infantil, aun cuando dichos crímenes se hayan cometido en otros países.

He aquí, pues, un breve resumen del informe de la Comisión y de las conclusiones que propone. Aprovecho esta oportunidad para expresar de nuevo mi sincero aprecio a los miembros de la Mesa de la Comisión y a la Oficina por su arduo trabajo y por su dedicación a la tarea que teníamos ante nosotros.

Espero, sinceramente, que hayamos logrado cumplir con nuestro mandato y recomiendo el informe y las conclusiones propuestas de la Comisión a la Conferencia para su adopción. Confío en que adoptarán ustedes una resolución para que el trabajo infantil se inscriba en el orden del día de la Conferencia Internacional del Trabajo de 1999.

Original inglés: Sr. SEMRAV (delegado de los empleadores, Sudáfrica) -- Presento las disculpas del Sr. Botha, miembro empleador, Vicepresidente de la Comisión del Trabajo Infantil que ha tenido que marcharse. Le dije al Sr. Botha que podría pronunciar su discurso, e incluso ponerle algo de la emoción que él sentía; pero le dije también que no podría hacerlo con el mismo acento tan interesante que él le da al idioma inglés.

No hemos ido tan lejos como los niños de la Marcha Mundial. El final de su viaje, aquí en esta sala, marcó el comienzo del nuestro. Hemos dado, ciertamente los primeros pasos hacia el objetivo de eliminar las peores formas de trabajo infantil. En nombre del Grupo de los Empleadores de la Comisión del Trabajo Infantil quisiera expresar nuestra satisfacción por los resultados de las discusiones que hemos celebrado en esta reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo en las últimas dos semanas y que están recogidas en el informe que ahora tenemos a la vista para su adopción.

Cuando empezamos nuestras deliberaciones, sabíamos que atraíamos la atención de la comunidad internacional. En particular sabíamos que la atención de algunos de los niños estaba centrada en nosotros y que no podíamos fracasar en nuestro empeño.

A este respecto, sin embargo sólo hemos dado los primeros pasos. Creo que hemos avanzado en la buena dirección, y que esto es buen augurio para la segunda discusión del tema el año que viene.

Dicho esto, quiero señalar que en los debates se expresaron distintas preocupaciones, a las cuales aludí cuando este informe se estaba examinando en la Comisión, y deseo reiterarlas aquí.

Primero, los empleadores estiman que todo instrumento que se proponga para su adopción debe ser conciso, simple, centrado en lo esencial y realista, para que pueda ser entendido, aceptado y apoyado por el mayor número posible de personas. También creemos que un requisito esencial para que la OIT tenga credibilidad es que los convenios puedan ser ratificados por el mayor número posible de Estados. Con respecto a los instrumento propuestos sobre las peores formas de trabajo infantil, estamos decididos a que esos instrumentos sean prácticos, flexibles y aplicables de inmediato en el mundo en desarrollo y en el mundo desarrollado. Seguiremos defendiendo esta posición en la segunda discusión el año próximo.

En segundo lugar, y aquí mis comentarios se refieren específicamente al tema, pensamos que una premisa fundamental es que reconozcamos la distinción entre el concepto de trabajo infantil en el sentido amplio y las peores formas de ese trabajo infantil.

Al elaborar los instrumentos propuestos, no debemos olvidar nunca que están destinados a ocuparse sólo de las peores formas del trabajo infantil. De manera que, si acabamos por presentar definiciones confusas o diluidas y ponemos exigencias poco prácticas, haremos imposible la aplicación y difícil la ratificación.

A este respecto, debemos advertir contra la introducción en el convenio propuesto de artículos o términos que provengan del Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138), lo que puede hacer que resulte poco atractivo para la ratificación por los Estados Miembros que no han ratificado aún el Convenio núm. 138. Debemos permanecer firmemente decididos a acabar de inmediato con esas peores formas del trabajo infantil, que no se debería permitir o haber permitido realizar a ningún niño. Los niños no deben ser comprados ni vendidos, ni empleados en trabajos que los dañen, los dejen lisiados o los maten. Debemos comprometernos a poner fin a este abuso del mayor recurso del mudo en todos los Estados Miembros, no sólo en los más desarrollados. Aun cuando un sólo Estado Miembro no ratifique el convenio, habremos fracasado.

Nos preocupa en particular que la definición de niño en el convenio propuesto y el párrafo que se refiere al acceso a la educación básica y gratuita puedan plantear problemas a algunos países en desarrollo. Los Estados Miembros tendrán que examinar las repercusiones prácticas, jurídicas y económicas que tenga para ellos lo que se propone en el convenio, y los exhortamos a hacerlo antes de que se reanude nuestro debate el año próximo. El Grupo de los Empleadores apoyó claramente la definición del término «niños», a los fines de este convenio, como las personas menores de 18 años. Ese apoyo estaba supeditado a una clara definición de las «peores formas de trabajo infantil». La definición que hemos acordado es clara. Enumera las peores formas internacionalmente acordadas, y se ha acordado un proceso nacional tripartito para adoptar las decisiones que hagan falta.

Hubo un excelente debate sobre la relación entre las peores formas de trabajo infantil y la educación. El Grupo de los Empleadores apoya firmemente que se imparta educación a todos. Pero este es un tema complejo. El trabajo que impide a los niños recibir educación ¿se ha de definir como una de las peores formas de trabajo infantil? Es tentador decir que sí. Las formulaciones que proponen acceso a la educación plantean el hecho concreto de que muchos países siguen siendo demasiado pobres para garantizar el acceso universal a la educación. Si el acceso a la educación no es efectivo para todos los niños de todos los países, las discusiones de propuestas sobre la educación básica y gratuita, es decir, ocho años de educación, pueden resultar poco prácticas. Los Estados Miembros deben distinguir entre el objetivo loable de proporcionar educación básica gratuita y las obligaciones que una afirmación del Convenio pueda acarrear.

Hemos dicho muchas veces que el texto del preámbulo es demasiado largo, con demasiadas referencias a otros convenios de la OIT, que hacen difícil su lectura y comprensión para un profano.

Por último, el Grupo de los Empleadores ha de examinar todas las referencias a la aplicación dentro de plazos previstos. Si la introducción de este concepto no conllevase el inmediato alejamiento de los niños de las peores formas de trabajo infantil, desearíamos volver sobre él. Además de las cuestiones concretas antes mencionadas, hemos señalado otros asuntos durante las deliberaciones de la Comisión. A este respecto, me complace que el año próximo tengamos otra oportunidad de modificar las posiciones si así se justifica. Pensamos con optimismo que en la próxima discusión, en junio de 1999, podremos superar algunos de los obstáculos que hoy impedirían la ratificación universal.

Pese a estas preocupaciones, quiero expresar mi satisfacción por la calidad del debate que se celebró en las últimas dos semanas y por el excelente clima en que se desarrolló, aun cuando se trataba de posiciones y concepciones diferentes de grupos y países sobre el tema.

Fue muy reconfortante también apreciar la buena voluntad para llegar a acuerdos sobre los problemas, algunos de ellos particularmente delicados para muchos países. Creo que tenemos ahora un conjunto de conclusiones que pueden servir de base para preparar el texto de un convenio y una recomendación.

Creo también firmemente que todos nosotros, gobiernos, trabajadores y empleadores, tenemos el deseo y la voluntad de elaborar un conjunto de instrumentos sobre las peores formas de trabajo infantil que deben recibir ratificación universal.

Sólo me resta agradecer, una vez más, a todos los que han contribuido al trabajo en esta Comisión y a los buenos resultados que hemos podido conseguir. En primer lugar, felicito y agradezco a mi homólogo en el Grupo de los Trabajadores, el Sr. Leroy Trotman, hábil orador, capaz de sumar humor y seriedad, además de demostrar flexibilidad y disposición par llegar a un consenso. Pudimos abordar difíciles cuestiones en forma constructiva. También damos las gracias a los gobiernos por su activa participación en las discusiones y por su cooperación, sin la cual no hubiésemos podido conseguir los resultados obtenidos hasta ahora.

Sé que este espíritu se ha de mantener cuando nos reunamos otra vez el año que viene. Un especial agradecimiento merece nuestro Presidente, el Sr. Atsain, que condujo admirablemente el debate y dio a todos los oradores la oportunidad de exponer sus pareceres. Es un hábil moderador y árbitro, condición necesaria en el recientemente renovado proceso de la OIT.

Finalmente, quiero dar las gracias al Sr. Estafa Bequele y a sus colegas que trabajaron incansablemente en las sesiones y entre bambalinas para proporcionar una excelente base a la discusión así como los valiosos servicios de secretaría sin los cuales nuestra tarea hubiese sido imposible. Estoy seguro de que podemos esperar el mismo nivel de competencia de su parte el año que viene. Quiero concluir mi intervención recomendando a la Conferencia la adopción de este informe.

Original inglés: Sr. TROTMAN (miembro trabajador de Barbados y Vicepresidente trabajador de la Comisión) -- Una vez más, el Sr. Botha ha hecho una presentación que por su índole requeriría una respuesta sustantiva, pero no lo voy hacer por dos motivos. Primero, porque no está él personalmente aquí: había esperado hacer su presentación más temprano, esta mañana; desgraciadamente, se vio privado de la ocasión de terminar lo que, a mi juicio, era un excelente trabajo. La segunda razón es que, si yo tratase de contestar al Sr. Botha tendría que pasar el resto de la velada aquí en esta sala y no sería justo, ni para la Mesa, ni para todos los que hemos estado aquí, pacientemente, trabajando todo el día.

El Grupo de los Trabajadores quiere dar las gracias a todos por el apoyo universal expresado hasta aquí en favor de un instrumento que tiene como objetivo inmediato la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, y que será el primer paso hacia nuevas iniciativas tendentes a abolir todas las formas de trabajo infantil.

Sin embargo, el Grupo de los Trabajadores desea, hacer un llamamiento, pedir que nuestro trabajo no sea considerado como la consumación de una tarea, sino, más bien, que lo veamos como un medio para lograr un fin. Si no nos esforzamos por asegurar el sustento, la libertad y el bienestar para todos estaremos también decepcionando a los niños, cuyos representantes estuvieron aquí, en esta misma sala, hace sólo dos semanas.

Como esos niños, todos los niños, los de ustedes, los míos y los hijos de otras personas privilegiadas que se encuentran en esta sala de conferencias hoy, quieren poner fin al engaño, a la hipocresía, a la inhumanidad y a la duplicidad que ven y experimentan a diario en sus vidas. Quieren respeto, quieren poder tener confianza en las sociedades en que nosotros, como padres y dirigentes, les obligamos a crecer, a desenvolverse y a funcionar como ciudadanos bien adaptados.

El Grupo de los Trabajadores considera, pues, que debemos poner en marcha planes de acción, sin demora. Planes destinados a demostrar a todas las comunidades, pero especialmente a los niños afectados por este flagelo que el objetivo de eliminar el trabajo infantil no es un pretexto, no es una frase hueca, sino que es un empeño efectivo y transparente por conseguir los objetivos fijados en el instrumento.

En otros foros hemos expresado ya una cierta comprensión hacia los países que han invocado la pobreza y otras causas para explicar que hasta ahora no hayan eliminado el trabajo infantil. Sin embargo, queremos hacer hincapié en que la pobreza debería dejar de ser un argumento para no eliminar las peores formas de trabajo infantil.

Lo que entendemos por «peores formas» ya está definido claramente. Deberíamos tomar medidas para erradicarlas incluso antes de que el instrumento sea considerado en segunda discusión, el año que viene.

En las discusiones de la Comisión, muchos gobiernos pidieron apoyo internacional para encarar y poner fin a la tragedia del trabajo infantil. El Grupo de los Trabajadores tiene algunas ideas de cómo concretar ese apoyo.

En primer lugar, quienes soliciten una mayor cooperación internacional deberían, como requisito previo, demostrar que han tomado y están tomando medidas serias para poner coto al problema. De lo contrario, podría darse la contradicción de que algunos países relativamente ricos sigan acrecentando su producto interno bruto con actividades exotéricas o que otros perpetúen la situación privilegiada de unos pocos habitantes, mientras tienden al mismo tiempo la mano en espera de los dólares de la ayuda internacional.

En segundo lugar, la propia OIT y los generosos gobiernos que han prestado asistencia o están pensando en hacerlo, deberían responder a los pedidos de cooperación técnica de esos países, para ayudarles a eliminar ese flagelo contra el cual nadie está totalmente protegido.

El Grupo de los Trabajadores piensa que la asistencia a través de la cooperación debe tener objetivos universales y claramente definidos, entre los que deberían figurar los siguientes: la eliminación de las peores formas de trabajo infantil; la readaptación de las víctimas; la educación o la capacitación profesional de éstas, y el empleo de los padres o de sus tutores.

Hemos reconocido que en muchos países donde hay trabajo infantil hay también un problema de desempleo grave entre los adultos. Por ende, nuestra petición de fomentar la cooperación técnica apunta a resolver la cuestión de la pobreza, con dos ideas en mente. Primero, la muy clara recomendación de las Naciones Unidas en el sentido de que la búsqueda de la prosperidad debe ser indisociable de la búsqueda de la justicia para todos. En segundo lugar, el postulado de la OIT que complementa esta primera idea, a saber, que la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos.

El Grupo de los Trabajadores, por intermedio de algunos de sus miembros, compartirá las enseñanzas que debemos sacar de la exitosa Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil.

También tenemos algunas ideas precisas sobre el valor y la importancia de la educación para lograr la sociedad más justa a que todos aspiramos. Instamos a las personas influyentes y a quienes ejercen funciones de autoridad en sus comunidades a que demuestren la voluntad política necesaria para hacer realidad los objetivos del convenio que se está examinando.

Baste con decir, entonces, que este instrumento nos brinda una excelente oportunidad de redimirnos y de mejorar la imagen que de la OIT se tiene en el mundo. En efecto, cuando la gente oye decir «OIT» se producen por lo general dos reacciones poco halagüeñas. Hay quienes preguntan: «¿OIT, qué es eso? ¿un nuevo artefacto doméstico? Gracias, no me interesa». La segunda reacción, no mejor que la primera, es la de quien dice: «¿OIT, ese anticuado salón de tertulias de Ginebra, donde se hacen reuniones para ofrecer a los trabajadores algunos ajustes a cambio de su dedicación incondicional a un capitalismo desenfrenado?»

Estos últimos suelen agregar que desde el fin de la guerra fría dichos ajustes eufemísticamente llamados «derechos de los trabajadores» están seriamente amenazados, cuando no han sido ya suprimidos o en el mejor de los casos, restringidos. El Grupo de los Trabajadores no respalda ninguno de estos puntos de vista. Quizás seamos soñadores, pero nos atrevemos a tener esperanza en días mejores para el mundo, días más luminosos en que en todas las comunidades habrá la libertad que reclamamos para nosotros, el acceso universal a la educación que queremos para nuestros hijos, un día en que la riqueza del mundo estará dedicada al bien general y no al bien de unos pocos.

El Grupo de los Trabajadores quiere expresar su agradecimiento y su respeto por el clima excelente en que se han desarrollado nuestras deliberaciones sobre las peores formas del trabajo infantil. El Sr. Botha y el Grupo de los Empleadores han cumplido una función destacada. Los representantes gubernamentales tuvieron una actitud muy positiva e hicieron contribuciones muy valiosas. Nuestro Grupo de los Trabajadores puso todo su afán y debo decir que su actuación fue sobresaliente, la mejor que he conocido.

Hay que felicitar a las organizaciones no gubernamentales por el trabajo hecho hasta ahora y por todo lo que harán en los años venideros. Finalmente, agradecemos al Presidente de nuestra Comisión, el Ministro Atsain de Côte d'Ivoire, a la Mesa y al personal de la OIT, que nos dieron todo su apoyo. Ha sido una tarea ardua y exigente, pero enriquecedora. El Grupo de los Trabajadores recomienda la adopción del informe de la Comisión.

Original francés: Sr. ATSAIN (Ministro del Empleo, la Función Pública y la Previsión Social de Côte d'Ivoire, Presidente de la Comisión del Trabajo Infantil) -- Me siento honrado por la ocasión que se me brinda en el día de hoy de dirigirme a ustedes en mi calidad de Presidente de la Comisión del Trabajo Infantil. Ha sido un enorme privilegio para mí y para mi país, Côte d'Ivoire, que se me eligiera para dirigir las labores de esta Comisión, que deberían llevar el año próximo a la adopción de nuevos instrumentos sobre las peores formas de trabajo infantil.

Al aceptar tan alta misión, tenía la firme convicción de que el debate iba a ser especialmente constructivo y, al término del mismo, debo reconocer que los resultados alcanzados rebasan con mucho lo que yo esperaba. Consciente de la gravedad del problema del que había de ocuparse, la Comisión lo examinó con detenimiento en el transcurso de un debate digno y de gran calidad que demostraba una profunda determinación por dar en esta oportunidad un paso decisivo en la lucha contra el trabajo infantil. Se ha logrado un amplio acuerdo respecto de la mayoría de los puntos propuestos para la discusión, animadas todas las partes por el mismo deseo de llegar a un consenso.

Hace 15 días recibimos en esta misma sala a los participantes en la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil. Se les recibió con una ovación, y la mayoría de nosotros nunca olvidará la emoción que nos embargó aquel día, al escuchar el vibrante llamamiento de los niños del mundo entero que resonará para siempre en nuestros corazones. «Que cese el trabajo infantil», nos pidieron. Nuestra Comisión, estoy convencido de ello, acaba de contribuir de manera importante a la realización de este objetivo al adoptar las conclusiones propuestas con miras a un convenio, acompañado de una recomendación, sobre las peores formas del trabajo infantil.

La Sra. Melkas, nuestra Ponente, les ha hablado ya con todo lujo de detalles del resultado de nuestras deliberaciones y del tenor de los nuevos instrumentos propuestos. No quisiera repetir lo dicho por ella. No obstante, quisiera formular tres observaciones, que me parecen importantes y fundamentales.

En primer lugar, las conclusiones que obran en su poder son concisas, y fijan principios fundamentales que deberían suscitar una amplia ratificación.

En segundo lugar, al hacer hincapié en la prohibición y la erradicación inmediatas de las peores formas de trabajo infantil, estos instrumentos vienen a complementar el Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138), que sigue siendo la norma fundamental para todo lo relativo a la eliminación del trabajo infantil.

Por último, los nuevos instrumentos subrayan la importancia de la cooperación internacional para la erradicación del trabajo infantil. Sólo aunando esfuerzos y trabajando de consuno lograremos librar al mundo de esta lacra.

No dudo de que adoptarán ustedes las conclusiones propuestas con miras a un convenio y a una recomendación. Esta adopción señalará un hito importante en el esfuerzo realizado a escala mundial para eliminar las peores formas de trabajo infantil.

Por último quisiera, en mi calidad de Presidente, dirigir palabras de gratitud a los miembros de la Secretaría, y especialmente a los traductores y a los intérpretes, a los Vicepresidentes y a los miembros de nuestra Comisión, al Director General de la OIT y al Presidente de la Conferencia. Que este instante quede grabado en nuestras memorias y nos lleve a preparar lo mejor posible la próxima reunión de la Conferencia que, con la adopción de estos instrumentos, responderá a las esperanzas que nuestros niños han depositado en ella.

Original francés: El PRESIDENTE -- Declaro abierta la discusión general sobre el informe de la Comisión del Trabajo Infantil.

Original inglés: Sr. AHMED (delegado de los trabajadores, Pakistán) -- En nombre de la delegación de trabajadores de Pakistán es para mí un privilegio celebrar la elaboración del informe de la Comisión del Trabajo Infantil sobre la eliminación de las peores formas de explotación del trabajo de los niños. Este informe contiene un proyecto de convenio y recomendación que fue aprobado por la Comisión.

Apreciamos el trabajo realizado por el Presidente, por los dos Vicepresidentes y Ponente de la Comisión y, en particular, por el compañero Trotman, Presidente y representante del Grupo de los Trabajadores en la Comisión.

Apreciamos también la contribución del Subdirector General de la OIT, Sr. Ali Taqi, y del representante del Secretario General, Sr. Bequele, Director del Departamento de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo, así como la de sus muy capaces colaboradores.

Los niños son el futuro de la humanidad. Tienen pues derecho a exigir no sólo a su familia y a la sociedad, sino a la humanidad en su conjunto que se les garantice la igualdad de oportunidades para poder lograr su desarrollo mental, físico y espiritual. Ahora bien, hay aún 250 millones de niños que son víctimas de la explotación de su trabajo. Estos niños representan el porvenir de nuestra sociedad. Por eso, es urgente eliminar las formas extremas de trabajo infantil, como se ha pedido en esta Comisión.

Estamos en los albores del siglo XXI, en el cual la paz, la prosperidad, la libertad y la justicia social deberían poder reinar en el mundo, pero seguimos comprobando que hay niños que trabajan en régimen de servidumbre por deudas, en condiciones de esclavitud, o en trabajos peligrosos. Por consiguiente el proyecto de convenio y recomendación recalca la necesidad de tomar medidas inmediatas para eliminar ese mal, no sólo con una legislación eficaz, sino también mediante una aplicación igualmente eficaz de las disposiciones, en colaboración con las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Se trata de ofrecer a los niños una educación básica y velar por su reintegración social con la voluntad política de los gobiernos respectivos para asignar más recursos a la enseñanza básica, pues la pobreza, dondequiera que sea, hace peligrar la prosperidad. Los niños no deberían quedar librados al flagelo de la explotación del trabajo infantil, porque eso es un crimen contra la humanidad. Los niños pueden pertenecer a una familia pobre o a una familia rica, pero han sido dotados del mismo modo por la naturaleza; lo que los diferencia es la falta de oportunidades. Los pobres son como flores silvestres a las que nadie sabe reconocer su valor y su belleza. Por eso se necesitan más recursos y, al mismo tiempo, medidas internacionales y cooperación técnica, como ya se ha recalcado en el proyecto de recomendación y, en particular, programas como los que han resultado tan útiles en muchos países en desarrollo, entre ellos el mío. En mi país se ha llevado a cabo un proyecto relativo a los balones de fútbol en colaboración con los gobiernos, las organizaciones de trabajadores y de empleadores.

Nosotros esperamos que la comunidad internacional, en particular el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional adopten una política en virtud de la cual se asignen más recursos a los países en desarrollo.

El sistema financiero y monetario internacional ha causado estragos, sobre todo en el sudeste asiático. Otro tanto se puede decir de algunas medidas comerciales y de otro tipo.

En el informe del Banco Mundial de 1994 se dice que los países más endeudados dedican casi el 80 por ciento del PIB al servicio de la deuda. También se insta a los países ricos a que transfieran recursos netos a los países en desarrollo para que éstos puedan destinar más recursos a la educación de sus niños.

Con estas observaciones, quiero exhortar a que nosotros, en esta casa, demostremos nuestro compromiso para con el futuro, y para que los niños, especialmente en los países en desarrollo, puedan contar con el pleno apoyo de las medidas previstas en este informe, así como en el proyecto de convenio y recomendación.

Dicho esto quiero expresarle mi agradecimiento, señor Presidente, a usted y a sus colegas, así como al representante del Secretario General por su labor, y desear a todos los delegados un feliz viaje de regreso y mucho éxito en el noble trabajo que hacen en favor de los niños y los hombres y mujeres que trabajan.

Original inglés: Sra. NOONAN (delegada de los trabajadores de Nueva Zelandia) -- Insto a que se adopte el informe de la Comisión del Trabajo Infantil y al hacerlo dirijo un saludo a los jóvenes y a los niños de la Marcha Mundial.

Su determinación de despertar al mundo de su ignorancia y apatía frente a la lacra que es el trabajo infantil, sin lugar a dudas fue el principal factor en el significativo progreso alcanzado por gobiernos, empleadores y trabajadores en la elaboración de un nuevo convenio y recomendación, con objeto de eliminar las peores formas del trabajo infantil.

Como lo dijo en tan hermosas palabras nuestra relatora, esos niños lograron motivarnos, movilizarnos a todos. Sus rostros, sus voces, lo que narraron, dejaron recuerdos imborrables.

Gracias a ellos, podemos encontrarnos aquí ante ustedes con un producto muy singular, un texto al que se llegó por consenso. Ni siquiera hubo una votación nominal y el texto es más incisivo y eficaz que el texto original de la Oficina. Como neozelandesa para mí fue motivo de enorme placer ver que éste fue un convenio que apoyó nuestro gobierno, y que espero que también ratifique llegado el momento.

El liderazgo y la actitud de nuestro Presidente de Comisión -- el Ministro Atsain de Côte d'Ivoire fueron dignos de mención. Mucho aprendimos de él acerca del arte de negociar y debates polémicos. Hay más de un lugar álgido en el mundo que podría contar con sus servicios.

Nosotros, en el Grupo de los Trabajadores, lo queremos nuevamente el próximo año. El contó con el magnífico apoyo de los Vicepresidentes, tanto de los empleadores como de los trabajadores. A los tres mi más sentidas gracias. Y agradezco también a la Oficina, al Sr. Bequele y sus colaboradores, a los trabajadores de la Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) y de la CIOSL, sin ellos no hubiésemos podido trabajar.

El lema de la Marcha Mundial fue impactante, sencillo. Fue una marcha de la explotación hacia la educación. En el nuevo proyecto de convenio para eliminar las peores formas del trabajo infantil, avanzamos teniendo presente en todo momento este objetivo. Pero, como lo habrán advertido en los discursos de los Vicepresidentes del Grupo de los Empleadores y de los Trabajadores, el lugar de la educación en el nuevo convenio aún no se ha resuelto. Hay dos temas en juego, por una parte si la definición de las peores formas del trabajo infantil debería incluir cualquier tipo de trabajo o actividad que pueda poner en peligro no sólo la salud, seguridad o integridad moral de los niños, sino también su acceso a la enseñanza de base. En segundo lugar, habría que hacer referencia, quizás, a la importancia del acceso a la enseñanza básica gratuita en la sección relativa a los programas de acción.

Hay dos preguntas claves: ¿ampliaría demasiado el ámbito del convenio la inclusión del «acceso a la enseñanza básica» en la definición? ¿Acaso una referencia al «acceso a la enseñanza básica, gratuita», al amparo de los programas nacionales de acción, impondrá una carga excesiva de recursos a los países Miembros ratificantes? A ambas preguntas el Grupo de los Trabajadores, en la Comisión contestó con un no rotundo.

A estas alturas, en la elaboración del convenio pudimos lograr una referencia al «acceso a la enseñanza básica y gratuita» en el artículo 14, que trata de las medidas necesarias para garantizar su efectiva aplicación, y eso es lo fundamental a pesar de que por ahora sólo hemos centrado nuestra atención sobre las peores modalidades del trabajo infantil, como una prioridad de acción nacional, las pruebas son abrumadoras de que el acceso a la educación es por sí solo insuficiente para erradicar el trabajo infantil, incluidas sus peores manifestaciones, pero sin acceso a la educación no podrá haber ninguna erradicación duradera. Sin un enfoque integral para la prevención, eliminación y rehabilitación social, vamos a terminar emplazando a distintos niños por distintas formas más o menos perniciosas del trabajo infantil.

En lo que se refiere al punto de los recursos insuficientes, las pruebas nuevamente son concluyentes: el costo de no proporcionar una educación básica gratuita, de calidad, total y obligatoria, tiene un precio mucho mayor que el costo que eso representa. El niño padece las consecuencias de esa falta de educación, como lo padecen sus familias, sus comunidades y el desarrollo económico y social de sus países.

Tanto a nivel nacional como internacional debemos hallar los recursos para velar por que cada niño tenga acceso a la enseñanza básica. En el contexto de este convenio centramos nuestra atención solamente sobre aquellos niños amenazados o que sienten directamente las peores formas del trabajo infantil. De modo que las incidencias a nivel de recursos son relativamente limitadas. El Programa de Acción de Oslo, de noviembre de 1997, es una guía práctica para la cooperación internacional y las medidas nacionales.

Este año no logramos que se hiciera referencia al acceso a la enseñanza básica en la definición de lo que constituye las peores formas del trabajo infantil. Pero el Grupo de los Trabajadores aclaró, sin ambages, como lo hicieron otros gobiernos, que volveríamos al tema el año próximo. Aquí no se trata de suministrar recursos, e incluir esa referencia en la definición no impone ninguna obligación a los Estados Miembros a proporcionar acceso a la educación. Debería añadírselo, como un criterio más, a los procesos nacionales establecidos al amparo del artículo 11 del proyecto de convenio, para determinar e identificar las peores modalidades del trabajo infantil.

Me permito recordarles lo dicho por el representante del Gobierno sueco en la Comisión, párrafo 162 del informe; en aras del tiempo no voy a repetir, pero sí voy a citar a la representante gubernamental de Uruguay, quien preguntó con toda elocuencia lo siguiente: en una situación en que la enseñanza básica sea disponible, ¿podemos argumentar realmente que el trabajo que impida a un niño concurrir a la escuela, una escuela disponible, no es una forma de explotación infantil?

Denegarle sistemáticamente al niño el acceso a la enseñanza básica, condena a ese niño a una vida de pobreza y de miseria, a un futuro sin esperanzas ni perspectivas, a los millones de males que son el sino de los más pobres de este mundo, no hay cosa peor. Con la evolución de esta economía mundializada en continuo cambio tecnológico ya no basta con desear un aprendizaje de por vida, es algo indispensable. Y voy a concluir con una referencia a los niños de la Marcha Mundial, que nos han servido de inspiración en estas últimas tres semanas. Merced a ellos, por primera vez en muchos años, hombres y mujeres sencillos, y jóvenes, se han dado cuenta de lo que es la OIT y la importancia que revisten sus normas laborales.

Este convenio bien podría ratificarse, pero sería un gesto simbólico, huero, o si no como hemos hecho este año, podemos comenzar a crear juntos algo fuerte y eficaz que sirva de catalizador para un esfuerzo mundial por erradicar el trabajo infantil.

Si aspiramos a eso, habremos demostrado por primera vez que las fuerzas de la mundialización pueden de hecho aprovecharse y, como dijo el Vicepresidente trabajador, no sólo para bien de algunos pocos privilegiados sino para toda la humanidad, y en particular para los más pobres, y sobre todo para nuestros niños. Al hacerlo así, le garantizaremos a la OIT una función digna de fe y un papel destacado en los albores del siglo XXI.

Original inglés: Sr. STEYNE (delegado de los trabajadores, Reino Unido) -- Es un placer y un honor para mí, en nombre del Consejo General del Congreso de Sindicatos Británicos (TUC), que representa a siete millones de sindicalistas en Gran Bretaña, recomendar a la Conferencia que adopte el informe de la Comisión del Trabajo Infantil.

Me enorgullece hacerlo porque el TUC, el centro sindical nacional más antiguo del mundo, ha hecho campaña en contra del trabajo infantil desde que se creó en 1868. De hecho, hace poco elaboramos un informe sobre el trabajo de niños en edad escolar en Gran Bretaña, en gran parte ilegal.

Primero quisiera pronunciar unas palabras de agradecimiento. El trabajo de nuestra Comisión se ha llevado a cabo con buena voluntad y mucho humor por parte de todos. Eso se debe, en gran medida, a la magnífica labor de la Oficina, en particular del Sr. Bequele, la Sra. Jankanisch y su equipo, a la agradable y eficaz presidencia del Ministro Atsain y a la colaboración del Sr. Botha, Vicepresidente empleador. Pero también merece un homenaje especial el Grupo de los Trabajadores, y el apoyo que nos brindaron la ACTRAV y Tim Noonan de la CIOSL. Han compuesto un magnífico grupo de colegas. En particular, nuestro trabajo resultó más fácil gracias a nuestro Vicepresidente trabajador, el compañero Leroy Trotman, quien supo dirigirnos con mano firme y templada, como de costumbre, con ingenio, encanto y una pasión por promover los intereses de los niños en el mundo, sobre todo de aquellos a los que se dirige nuestro trabajo: los millones de niños que padecen las formas más extremas del trabajo infantil.

Estamos redactando instrumentos muy especiales, digo especiales porque se ocupan de la peor lacra social de nuestra época y especiales porque el convenio va a ser tanto un convenio pro derechos humanos como un convenio que exigirá acciones prácticas.

Eso significa que los gobiernos tendrán que asignar recursos. Lamentamos no haber podido obtener el consenso para incluir referencias claras sobre la responsabilidad que tienen las instituciones de Bretton Woods, y otras instituciones internacionales pertinentes, de apoyar los objetivos del Convenio. Todos sabemos que los programas de ajuste estructural en muchos países han llevado a una reducción del gasto social y a un aumento de la incidencia del trabajo infantil, incluidas sus peores manifestaciones.

También nos dejó consternados la declaración, a comienzos del debate, del representante de un gobierno cuando anunció que no podía ratificar el convenio en su forma propuesta. Comprendemos que la pobreza, para citar las palabras de la Declaración de Oslo es tanto una causa como una consecuencia del trabajo infantil. No obstante, no puede achacarse la pobreza a los pobres. Los sindicalistas del mundo entero no aceptan las excusas de élites pudientes, ya sean del Norte o del Sur, que envían a sus hijos a las mejores universidades del mundo pero que alegan carecer de recursos para proporcionar incluso una enseñanza básica a los demás. Tanto más cierto cuanto que por estas élites desvían aun más fondos de la educación y la salud para atizar la mayor locura donde la haya de una carrera nuclear, que podría aniquilar no sólo a los niños de sus vecinos sino a los suyos propios también.

Por supuesto, los recursos son una cuestión, pero una más importante todavía es la voluntad política. No se puede progresar sin ella, y todos conocemos países pobres o regiones pobres de países pobres que han tomado la decisión de principio de dedicar los escasos recursos que tienen a ofrecer una educación gratuita y universal, y en consecuencia, han eliminado el trabajo infantil.

Este año tuvimos el privilegio de contar en Ginebra con la presencia de la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil.

Recuerdo el conmovedor discurso que pronunciara mi amigo y colega trabajador americano, Chuck Gray, cuando presidió la Conferencia durante nuestro 75.º aniversario. Parafraseando al gran Martin Luther King, dijo que había tenido un sueño. El sueño de que, un día, las puertas de esta gran sala se abrirían de par en par y los niños trabajadores del mundo marcharían por el ala central gritando «por fin libres, por fin libres, gracias a Dios por fin libres».

Libres, todavía no lo están, pero vinieron a Ginebra con un mensaje sin ambages para todos nosotros, gobiernos, empleadores y sindicatos. «Los niños en la escuela, los adultos en el trabajo y los explotadores en la cárcel. Educación, no explotación».

En un momento dado de nuestras deliberaciones, un gobierno preguntó cómo se podían descubrir las manifestaciones ocultas del trabajo infantil, en el que tantas niñas estaban esclavizadas. La respuesta de los trabajadores fue la siguiente: a través de la luz de las antorchas de la voluntad política.

Este año la encendimos. Cuando volvamos a reunirnos de nuevo, ha de servir de atalaya para gobiernos, empleadores y sindicalistas del mundo.

Los sindicalistas de todo el mundo apoyan hombro a hombro a los niños de la Marcha Mundial. Les pedimos que participen todos en la gran coalición tripartita, coalición que permita, por fin, poner término al sufrimiento que provocan las peores manifestaciones del trabajo infantil. Una coalición que lleve adelante esa lucha y que garantice, a medida que nos acercamos al nuevo milenio, el derecho inalienable a la niñez a todos los niños.

El camino del sufrimiento y la esclavitud de los niños en las formas más extremas del trabajo infantil fue trazado por la injusticia social y pavimentado con indiferencia. El camino a su libertad puede, en parte, ser trazado con los nuevos instrumentos que estamos elaborando pero debe ser pavimentado con voluntad política.

Recomiendo a la Conferencia la adopción del informe.

Original inglés: Sra. MENON (delegada de los trabajadores, Malasia) -- Vine aquí hace tres semanas para concurrir a la 86.ª reunión de la OIT. Vine como delegada trabajadora, soy trabajadora de un país asiático en desarrollo, Malasia. Me embargaba la esperanza y el optimismo.

La Conferencia parecía disponerse a llevar a cabo una reunión significativa para los trabajadores y las organizaciones de los trabajadores. Participar en la Comisión del Trabajo Infantil para mí significaba un esfuerzo importante para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y de sus familias en el mundo.

Al mediar la tercera semana, el grupo tripartito había asumido el primer compromiso para adoptar un convenio. Este convenio ha dado nuevas esperanzas a los trabajadores puesto que logramos más de lo que muchos pensaron íbamos a lograr.

Sin embargo, ahora no creo que la dicha sea total, va a haber una segunda discusión para darle cuerpo al texto y ultimar el convenio. Eso significa una etapa transitoria, eso también significa que los niños siguen esclavizados en las peores manifestaciones del trabajo y de la esclavitud. Por esta razón, es importante que en esta sala iniciemos el ejercicio de corregir este mal antes del próximo milenio. El canto de los niños de Suiza «por favor detengan el trabajo infantil» no debe permanecer como lema.

Me pareció notable la cooperación y fuerza de la relación entre los trabajadores de mi Comisión, debido quizás a que éramos muchas delegadas mujeres que intentamos impartirle un propósito particular a la reunión. Las que no hablaban asentían con la cabeza, aplaudían y ofrecían un aliento total insistiendo en las reformas, sobre todo en lo que se refiere a la prohibición y eliminación inmediata de las peores manifestaciones del trabajo infantil.

En mi país, en Malasia, hay acceso a la educación gratuita y obligatoria hasta justo antes del bachillerato para garantizar que los niños permanezcan en la escuela y como aliciente mi país ha eliminado algunos exámenes particularmente severos de selección. También son estrictos aquellos que velan por que los niños no dejen de ir a la escuela. Muchos niños egresan de las escuelas optando por trabajar, los emplean en el sector informal, no sindicado, trabajan como camareros en restaurantes o en forma invisible como personal doméstico. Cuando llegan a la edad adulta se percatan de que carecen de educación y que sólo pueden seguir trabajando por menos del salario mínimo y eso en trabajos transitorios. Luego comienza el lamento habitual, que su situación de desequilibrio económico es grave, que quedan desprovistos de todo. Entonces me doy cuenta de que como miembro de una organización de trabajadores ya tengo mi trabajo establecido para el futuro. Me doy cuenta de la importancia de la educación y cómo puede elevar la situación económica y la integridad moral, luego de haber concurrido a muchas reuniones y haber escuchado los decididos argumentos a favor del acceso a la educación para estos niños. Es cierto que un adulto se siente avergonzado de tener que aprender el alfabeto, y por eso a menudo sigue con un estilo de vida frustrado y, si no ha recibido una ayuda de su país, se niega a contemplar cambios para sus propios hijos.

Todos hablamos de que el niño es el padre del hombre, de que los niños son el futuro y la prosperidad de nuestra nación. ¿Realmente queremos tener a niños explotados, sin educación, como futuros dirigentes y modelos dignos de émulo? O ¿vamos a ser selectivos alegando que tan sólo unos pocos privilegiados pueden recibir una enseñanza y ser los líderes del día del mañana?

La mayoría de los países desarrollados y en desarrollo manifiestan su preocupación por el problema cibernético del milenio, que atacará el 31 de diciembre de 1999. Se están destinando ingentes sumas para salvaguardar y mantener datos y registros. Si embargo, algo tan básico, tan decoroso como permitir que los niños puedan acceder a la educación queda sujeto a condiciones. ¿Por qué el problema del trabajo infantil se trata como un derecho tradicional y cultural, y por qué es motivo de irritación cuando se plantea? ¿Se teme, acaso, el cambio? No puede ser. Nosotros, los adultos, hemos otorgado los derechos de voto a la mujer. Aceptamos la igualdad de remuneración por efectuar un mismo trabajo. Hemos avanzado a pasos agigantados en medicina e higiene. Hemos explorado el espacio y hasta un hombre ha caminado sobre la Luna. Eso es lo que llamamos un gran paso para la humanidad. Sabemos conservar objetos, edificios con valor histórico, y hemos fortalecido nuestras defensas, abierto nuestras fronteras. Hemos destinado enormes presupuestos para estas obras y, sin embargo, 250 millones de niños entre las edades de 5 a 14 años están trabajando a tiempo completo o parcial.

Reunirnos con los niños en la Marcha Mundial no sólo despertó fuertes instintos en las mujeres delegadas, sino que en gran medida nos llevó a decidir que debíamos desempeñar un papel importante elaborando un convenio que sea ratificado por todos los países del mundo. Ello nos mostró la necesidad y la importancia de la educación para estos niños, a fin de que puedan seguir siendo niños hasta que lleguen a los 18 años de edad, para que puedan ser protegidos por sus padres y las legislaciones nacionales. Luego podrán optar por la universidad o por un trabajo. Habrán dejado de ser niños y podrán exigir el salario mínimo. Podrán sindicarse y pertenecer a una organización de trabajadores y, más que nada, ya no podrán ser explotados como mano de obra disponible y barata.

Sr. PRETI JORQUIN (delegado de los empleadores, Guatemala) -- Quisiera felicitar al Presidente y a los delegados de esta 86.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo por la exhaustiva labor que han hecho durante estas semanas en Ginebra; espero también que los resultados de esta Conferencia ayuden a mejorar las relaciones de trabajo en sus respectivos países. Justamente ahora que se cumplen los 50 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87), estamos a punto de tener un documento que serviría como base para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, una de las metas que se ha propuesto la Organización Internacional del Trabajo.

En este documento se encuentran definiciones y medidas necesarias y efectivas para el propósito que nos ocupa. El trabajo infantil está generalizado en muchos países; en algunos, adopta formas más aceptables, mientras que en otros países estas formas son verdaderamente inaceptables.

Si bien es cierto que vamos a adoptar un documento que fue concienzudamente elaborado, en este documento que sentará las bases para seguir la discusión tenemos que pensar en una legislación realista, en una legislación que pueda aplicarse en todos los países. Las diferencias entre países desarrollados y países en desarrollo son verdaderamente impresionantes y tienen que ser tomadas en cuenta a la hora de la elaboración.

En muchos países en desarrollo, como en el mío, hay niños que trabajan con horarios inadecuados en actividades peligrosas que afectan a su desarrollo físico y mental. Sus causas son variadas: la extrema pobreza, la marginación social o los bajos ingresos familiares.

Muchos representantes de países desarrollados nos dicen en este momento que no se le eche la culpa a la pobreza, pero tampoco eso les exime de la responsabilidad solidaria que tienen para con los países en desarrollo de abrirnos sus mercados y darnos la oportunidad de acceso al financiamiento y la tecnología que, efectivamente, podrían añadir un mayor valor a nuestros productos.

Por supuesto, en el convenio hay temas verdaderamente delicados como la edad mínima y la descripción y definición de las peores formas de trabajo, así como las acciones punitivas que puedan existir. Son temas que se deberán elaborar a lo largo del próximo año, previamente a la segunda discusión del convenio.

De hecho, adoptar un convenio como éste y su inmediata ratificación es sólo un paso de los muchos que se deben dar. Los países debemos comenzar a poner en práctica códigos de conducta e iniciativas novedosas y, asimismo, a desarrollar programas en materia de educación y de desarrollo humano para poder llevar paliativos a los casos más graves en que se da en grandes cantidades el trabajo infantil.

Nosotros quisiéramos que este tema siguiera siendo prioritario en la OIT, y deben hacerse muchas estadísticas y análisis para no cometer errores. El planeta necesita hombres y mujeres sanos y bien formados, capaces de generar fuentes de trabajo y de conservar su medio ambiente. Si persisten las peores formas de trabajo infantil, que afectan a los niños física, mental y moralmente, esto no se podrá lograr.

El trabajo infantil, lejos de reducirse, ha aumentado; este problema debe ser examinado junto con otros graves asuntos como las altas tasas de crecimiento demográfico, la paternidad y maternidad totalmente irresponsables, y los ingresos desproporcionadamente bajos de las familias que más hijos tienen.

Estos asuntos vienen a ser catalizadores de una reacción en cadena que parece interminable.

En todo el mundo y en cada uno de los países, se deberían estar llevando a cabo esfuerzos como el realizado en esta Conferencia. Se deben iniciar desde este momento iniciativas tripartitas, y no solamente por medio de una normativa gubernamental, en cada uno de los Estados Miembros de la OIT y por quienes somos conscientes de que debemos terminar con este flagelo.

Creemos que la voluntad de todos y cada uno de quienes hemos participado en esta Comisión y la Marcha Mundial que nos permite dar un paso en el largo camino por recorrer son únicamente el comienzo de una larga lucha que esperamos algún día pueda terminar.

Mi llamamiento en favor de la adopción de este proyecto de convenio y recomendación, que es el primer paso que debe darse, no nos debe hacer perder tiempo porque es un tiempo que los niños no tienen. Les insto a adoptarlo cuanto antes para que podamos aplicar las medidas necesarias de ser posible antes de que sea adoptado el instrumento.

Original inglés: Sr. WILD (delegado de los empleadores del Reino Unido) -- No es ésta la primera vez que tengo la oportunidad de dirigirme a esta asamblea. En los diez últimos años, he trabajado con los empleadores sobre distintos temas, como los hoteles y los restaurantes, el trabajo a tiempo parcial, el trabajo a domicilio y el trabajo en régimen de subcontratación. En las ocasiones anteriores, mi objetivo había sido convencer a este Grupo de que no adoptara los que nos parecían ser unos convenios inadecuados y sobre los cuales no se había reflexionado lo suficiente. Hay quienes recordarán que, en algunas de esas ocasiones, he pronunciado discursos más bien largos. Hoy les diré que he cambiado.

En primer lugar, debo felicitarlos por el informe sobre el trabajo infantil, que es una excelente base de trabajo para el año próximo y que los empleadores apoyan con entusiasmo.

En segundo lugar, mi intervención será breve; me limitaré a hacer algunas observaciones.

La tarea de la Comisión para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil se ha visto facilitada por el excelente documento preparado por la Oficina. En ciertas ocasiones anteriores, los intentos de la Comisión por mejorar el texto culminaron en la elaboración de un documento que decía lo mismo que el de la Oficina, pero de manera más elegante. Estoy seguro de que, cuando revisemos el texto el año próximo y hagamos algunos cambios en él, como toda Comisión que se precie, tal vez rescatemos algunas de las propuestas originales de la Oficina. Felicitaciones, pues, al Sr. Bequele y su equipo.

La Comisión llegó en un principio a un importante acuerdo de consenso, en el sentido de que no queríamos reemplazar al Convenio núm. 138. Convinimos en que este nuevo instrumento sobre las peores formas de trabajo infantil es lo que indica su título, es decir, una primera etapa fundamental en un largo camino por recorrer. Espero que el año próximo mantendremos esta perspectiva.

En las primeras discusiones se manifestaron inquietudes respecto a que el convenio propuesto sobre las peores formas de trabajo infantil se volviera superfluo con el paso del tiempo. Desde el punto de vista de los empleadores les he de decir que, cuanto antes se vuelvan innecesarios este convenio y la eliminación de las formas inaceptables de trabajo infantil, tanto mejor será para todos.

Respecto a ciertos temas no hubo acuerdo entre el Grupo de los Empleadores, el Grupo Gubernamental y el Grupo de los Trabajadores, y respecto a otros nosotros introdujimos mejoras en el texto o bien adoptamos decisiones sobre las que sabemos que deberemos volver a reflexionar el año próximo. Esta tarde, habrán advertido ustedes algunas discrepancias entre los oradores sobre la cuestión relativa a la educación. Este es quizá el tema que más probablemente puede dificultar nuestra labor el año próximo; tenemos que luchar para mantener la posición actual. Las diferencias son pocas y es destacable que la Comisión no haya tenido que recurrir a la votación en ninguna oportunidad para elaborar las conclusiones preliminares que se han presentado.

Quisiera felicitar al Sr. Atsain, Presidente, al Sr. Leroy Trotman, Vicepresidente trabajador y al Sr. Botha, Vicepresidente empleador de la Comisión, quienes llevaron a la Comisión por un buen camino, cuando hubiera sido tan fácil salirse de él. El convenio que sin duda adoptaremos el año que viene será muy importante para la OIT y para los trabajadores, los empleadores y los gobiernos del mundo entero, pero más particularmente para los niños que hoy trabajan en lo que hemos definido como las peores formas de trabajo infantil.

Para terminar, quisiera hacer tres puntualizaciones. En primer lugar, es importante que el año próximo manifestemos el mismo ánimo que este año. En segundo lugar, sería intolerable que el número de las ratificaciones inmediatas de este convenio no sobrepasara con creces el número total de ratificaciones de todos los convenios de la OIT adoptados en los últimos años. En tercer lugar, he de recordarles que no hemos de esperar a que este convenio sea adoptado el año próximo para actuar desde ya con miras a la consecución de sus objetivos.

Original inglés: Sr. SINGH (consejero técnico gubernamental, India) -- El tema que nos ocupa, el examen del convenio de la OIT sobre las formas extremas del trabajo infantil, es de suma importancia. A veces, incluso, es un tema emotivo. Pero voy a intentar acatar sus consignas y ser lo más breve y constructivo posible.

Mi Gobierno está comprometido con la erradicación de todas las formas de trabajo infantil dondequiera que se den en mi país, comenzando con las formas más explotadoras y peligrosas, y ha adoptado este objetivo como parte de la política nacional.

Hace dos años, mi delegación brindó todo su apoyo a la propuesta de adoptar un convenio sobre las formas extremas de trabajo infantil. Este año hemos participado de forma constructiva en los debates de la Comisión sobre el proyecto inicial preparado por la Oficina. El informe que tenemos ante nosotros para su adopción resume los resultados de este primer debate y, si bien podemos aceptarlo y adoptarlo, queremos que conste en actas nuestro parecer sobre algunas de las cuestiones importantes que se debatieron en la Comisión, así como las conclusiones que figuran en el informe.

El resultado final del debate nos parece un poco decepcionante. Creemos que lo que hace falta es un convenio práctico con objetivos precisos que obtenga un apoyo universal y que pueda ser ratificado y aplicado por todos los gobiernos. Algunos de los elementos fundamentales que figuran en las conclusiones de la Comisión no responden a esos requisitos. Concretamente, queremos atraer su atención sobre cuatro aspectos.

En primer lugar, el texto hace reiteradamente un llamamiento para que se eliminen inmediatamente las peores formas de trabajo infantil. Si bien todos los gobiernos deben y pueden tomar medidas inmediatas para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, hemos de velar por que los objetivos que deseamos conseguir no sean sólo loables sino también realistas. Algunas de las peores formas de trabajo infantil están sumamente arraigadas en la pobreza, el desempleo de los padres y su analfabetismo, y ninguna sociedad puede eliminarlos de la noche a la mañana o acabar con ellas por decreto, ni siquiera con la mejor voluntad política. Hemos de tener en mente el hecho de que, algunas veces la adopción de medidas precipitadas para erradicar el trabajo infantil pueden llevar a los niños a una pobreza aún mayor. Estamos de acuerdo en que la pobreza no puede justificar la denegación de los derechos humanos pero también es fundamental tratar estas cuestiones con sensibilidad si queremos fomentar y conseguir soluciones y resultados duraderos.

En segundo lugar, creemos que cualquier convenio sustancial sobre las peores formas de trabajo infantil no puede hacer caso omiso de la parte que tiene la pobreza en este problema. Durante las negociaciones, mi delegación ha presentado enmiendas basadas en el texto convenido de la resolución sobre el trabajo infantil adoptada por la Conferencia en 1996. Lamentamos que nuestros interlocutores sociales no hayan podido aceptarlas y esperamos que reflexionen al respecto y recapaciten.

En tercer lugar, las conclusiones del informe imponen una limitación de 18 años para la aplicación del convenio. La definición de lo que son las peores formas de trabajo infantil también ha sido relativamente amplia. A diferencia del Convenio núm. 138, el texto que estamos considerando no prevé excepciones ni disposiciones especiales para los países en desarrollo, cuyas economías y servicios educativos son insuficientes. Actualmente, la edad para entrar en el mercado laboral en distintos países varía de los 15 a 18 años de edad. Imponer un límite de edad inflexible, esto es, 18 años, acompañado a una definición muy amplia de lo que son las peores formas de trabajo infantil puede dar lugar a discrepancias graves y se corre el riesgo de que muchos jóvenes, de entre 15 y 18 años, pierdan su empleo sin oportunidades alternativas de educación o seguridad social. Por consiguiente, creemos que el convenio ha de ser flexible, permitir ir aumentando el límite de edad a los 18 años y definir las peores formas del trabajo infantil de modo claro, preciso y con objetivos bien determinados.

En cuarto lugar la referencia a la cooperación internacional es un poco imprecisa en general. El convenio impone obligaciones estrictas a los países donde existen formas graves de trabajo infantil pidiéndoles que las eliminen inmediatamente. Pero al mismo tiempo no impone obligaciones paralelas a esta Organización o a la comunidad internacional que han de poder asistir y apoyar a los países que ya están haciendo todo lo posible por resolver este problema con los limitados recursos de que disponen. No queremos con ello negar que la responsabilidad principal para erradicar las forma extremas de trabajo infantil recae en a los propios países; sólo decir que dadas las causas que dan lugar a este problema, la solidaridad internacional, es imprescindible e insoslayable, al igual que la necesidad de que la Oficina despliegue esfuerzos especiales.

Concluyendo, este año hemos planteado las cuestiones que nos preocupan y lo haremos el año que viene también. Esperamos recibir mayor apoyo y entendimiento en las deliberaciones del próximo año. También esperamos llegar a un consenso de forma flexible, realista y práctica para resolver este complejo problema y que el convenio resultante sea tal que facilite su ratificación y garantice su plena aplicación. Mi delegación seguirá trabajando en pro de ese fin.

Original inglés: Sr. OWUOR (delegado de los empleadores, Kenya) -- El Presidente de la Comisión merece nuestros agradecimientos por haber dirigido las labores de la Comisión de forma exitosa.

Las labores de esta Comisión, como han señalado varios oradores, han sido precedidas por la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil que culminó en esta sala. La Marcha Mundial fue una demostración sumamente emotiva de apoyo al trabajo de la Comisión, por lo que habría sido muy decepcionante para los participantes, sobre todo para los niños que hicieron frente a inclementes condiciones meteorológicas señalar a la atención del mundo este azote del trabajo infantil, si la Comisión no hubiera llegado a un informe consensuado sobre la erradicación del trabajo infantil.

Mi delegación apoya la definición propuesta por la Comisión de las peores formas de trabajo infantil al igual que su conclusión, pero la pobreza no debería servir de pretexto para ocupar a los niños en las peores formas de trabajo infantil.

Aparte de estas salvedades, mi delegación no puede excluir el hecho de que la pobreza sea una de las principales causas del trabajo infantil. Por lo tanto, a menos que se erradique la pobreza de la faz de la tierra, el azote del trabajo infantil, de una forma u otra, seguirá afligiendo a nuestras sociedades.

Como consecuencia de los programas de ajuste estructural, los gastos sociales, sobre todo los destinados a la educación y a la salud, han venido mermándose sobre todo en los países menos adelantados, con lo que ha aumentado el número de niños que abandonan la escuela. Además, las tasas de desempleo han superado el crecimiento de la población y las guerras, los conflictos sociales y las calamidades naturales se han sumado a la pobreza con consecuencias graves para las vidas de nuestros hijos.

Como quiera que sea, se puede abolir el trabajo infantil pero ello requerirá una colaboración mayor a nivel internacional. La OIT ha dado un primer paso a ese respecto mediante el programa IPEC. Sin embargo, la comunidad internacional debería destinar más fondos a los PMA, en particular, para ayudarles a intensificar sus programas profesionales y educativos a fin de proporcionar alternativas viables al trabajo infantil. A menos que así se proceda, sólo conseguiremos sacar a los niños de las plantaciones y de las fábricas para dejarlos en las calles, donde estarán expuestos a condiciones todavía peores, incluidas actividades tales como la delincuencia, la prostitución y el tráfico de estupefacientes, para poder sobrevivir.

Por consiguiente, la iniciativa actual tendente a cancelar las deudas de los países más endeudados sería un paso en la dirección correcta. Sin embargo, es necesario prestar asistencia a los países a fin de establecer programas específicos de apoyo a los niños. A este respecto, los países desarrollados deberían aumentar sus programas de ayuda para conseguir, al menos, las tasas mínimas recomendadas por la ONU, a saber, el 0,7 por ciento del PIB, siempre y cuando la mayoría de los fondos adicionales sean utilizados por los países beneficiarios para programas específicos de ayuda a los niños. Tan sólo mediante este tipo de cooperación internacional puede conseguirse el ideal propuesto por esta Comisión de promover el acceso a la educación básica gratuita y universal.

Con estas observaciones, mi delegación apoya la adopción del informe de la Comisión.

Original inglés: Sr. NKOSI (delegado gubernamental, Sudáfrica) -- Mi delegación, al igual que las que me han precedido en el uso de la palabra, desea expresar su profundo agradecimiento a la Secretaría, la Mesa y el Presidente de la Comisión del Trabajo Infantil, S.E. el Ministro de Côte d'Ivoire, Sr. Atsain, por su ardua labor y su abnegación en estas dos semanas y media. Los logros y los avances del debate han quedado bien plasmados en el proyecto de informe que tenemos que examinar. Mi delegación opina firmemente que muchos de los objetivos que se expusieron al inicio de esta reunión han sido conseguidos con creces. Las conclusiones propuestas nos han proporcionado una base sólida para facilitar los futuros debates de forma bien enfocada. Ha quedado claro que, a pesar de nuestras muchas diferencias, existe un amplio consenso sobre la urgente necesidad de eliminar el trabajo infantil, en particular las peores formas de trabajo infantil en todas las partes del mundo. Mi delegación acoge con agrado la inclusión de una referencia al uso de niños para actividades ilegales, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes y sustancias psicotrópicas. La envergadura y naturaleza de este problema mundial sumamente grave han sido destacadas en un período especial de sesiones de las Naciones Unidas dedicado al mismo tema, que se celebró recientemente en Nueva York. Los niños se están convirtiendo cada vez más en los principales objetivos del tráfico y la venta de estas drogas.

Con respecto a la educación, mi delegación apoya categóricamente la inclusión de la importancia del acceso a la educación básica para impedir que los niños participen en las peores formas de trabajo infantil. Este es un tema que se ha debatido extensamente en la Comisión y que ha quedado plasmado de forma precisa en el punto 14, 2) del proyecto de conclusiones.

Por último, mi delegación insta a todas las partes de la OIT a que sigan revisando los progresos conseguidos en esta reunión para que podamos concluir y adoptar este nuevo instrumento en la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo.

Original francés: El PRESIDENTE -- Hemos terminado ya la discusión general, y vamos a proceder a la adopción del informe. Les someteré en primer lugar el cuerpo del informe para adopción, es decir, los párrafos 1 a 336. Si no hay objeciones, lo consideraré adoptado.

(Se adopta el informe, párrafos 1 a 336.)

Pasamos ahora a la adopción de las conclusiones propuestas por la Comisión. Si no hay objeciones, consideraré que se adoptan las conclusiones.

(Se adoptan las conclusiones.)

Finalmente vamos a la resolución sobre la inscripción en el orden del día de la próxima reunión ordinaria de la Conferencia de la cuestión relativa al «Trabajo infantil». ¿Puedo considerar que queda adoptada?

(Se adopta la resolución.)

Desearía dar las gracias a los miembros de la Comisión, a su Presidente, a los Vicepresidentes y al Ponente por todo el trabajo que han llevado a cabo. Los niños que nos visitaron el primer día de la Conferencia tal vez no entiendan muy bien el complicado trabajo de la Conferencia pero creo que todos hemos dado un paso adelante en la dirección correcta, para intentar resolver este grave problema que es la explotación de los niños mediante el trabajo infantil.


Puesto al día por VC. Aprobada por RH. Ultima actualización: 26 de febrero de 2000.