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 86.reunión
Ginebra, junio de 1998


 

Alocución de la Sra. Mary Robinson, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
10 de junio de 1998

Es para mí un honor y un placer muy especial, poder dirigirles la palabra en esta 86.ª reunión de la Conferencia de la OIT, durante este año tan especial para la propia OIT y para los derechos humanos.

Tengo plena conciencia de que la OIT está celebrando el 50.º aniversario del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87), y me ha interesado y agradado conocer la ratificación de Indonesia que se acaba de anunciar. Creo que esto reafirma la importancia de un año en que se celebra un aniversario y que pone de relieve ciertos temas fundamentales que constituyen la base de las organizaciones internacionales.

Mis colegas en la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos me han informado de que ha habido una relación de cooperación muy estrecha entre la OIT (con todo su acervo de recursos), mi Oficina y mis colegas.

Quiero comenzar poniendo de manifiesto mi satisfacción por esta cooperación en materia, por ejemplo, de los derechos del niño, de los pueblos indígenas y otros temas que han sido objeto de esta cooperación en el pasado.

Como Alta Comisionada quiero expresar el deseo de que se refuercen estos vínculos, que se construya aún más sobre la base de lo que ya existe, pero también quiero manifestar mi esperanza de que se podrá reforzar y mejorar, y lo digo con gran fuerza en esta etapa inicial porque también quiero aprovechar esta oportunidad para explicar cuál es mi visión del mandato que se me ha confiado, que es un mandato iniciado en 1993 por la Asamblea General a raíz de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos.

Es un mandato muy amplio, y yo lo acepto en el amplio sentido de que es necesario mantener un equilibrio entre los derechos civiles y políticos y los derechos sociales, económicos y culturales.

Creo que en el pasado, algunos países han tendido a pensar en los derechos humanos como una cosa que significa derechos civiles en otros países, y creo también que éste no es un enfoque adecuado, equilibrado ni completo y que puede llevar a muchas cosas que pueden ser percibidas como politización, acusación y formulación de juicios.

Es muy importante proteger y promover los derechos civiles y, como Alta Comisionada, es para mí una prioridad importante, pero también es muy importante poder comprender claramente la interdependencia entre los derechos y, por lo tanto, hacer hincapié en esos derechos sociales, culturales, económicos, y en el derecho al desarrollo. Este enfoque más completo abarca las oportunidades de vida, y el derecho a un nivel de vida adecuado.

Durante el último periodo de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos, mi Oficina organizó una mesa redonda sobre los principales puntos de referencia en materia de derechos económicos, sociales y culturales; el representante de la OIT aportó una contribución muy importante sobre estos puntos de referencia, demostrando así que conviene trabajar sobre la base de una mutua colaboración, que ya existe y decir ahora que tenemos que mirar hacia adelante y que mi Oficina y esta gran organización internacional pueden hacer mucho juntas para llegar mejor a nuestros objetivos comunes.

No hay lugar para que nadie, en ninguna parte, actúe de modo complaciente ante estos problemas de derechos humanos. Todos los países tienen problemas de derechos humanos, y esto incluye también los derechos laborales fundamentales.

Esto se indicó claramente cuando la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), en nombre de sus 127 millones de afiliados en más de 137 países, sometió un documento al 54.º período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos. El documento identificaba grandes violaciones de los derechos humanos en países tan diversos como Australia, Zimbabwe, China y Croacia.

Me ha alentado mucho leer el Informe VII de esta 86.ª reunión de la Conferencia, que lleva por título: «Examen de una eventual Declaración de Principios de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los derechos fundamentales, y del mecanismo de seguimiento apropiado».

En particular me agradó leer el proyecto de declaración sobre los derechos humanos fundamentales en el trabajo, especialmente su artículo 1.4, que dice: «La garantía de los derechos humanos fundamentales en el trabajo -- libertad sindical, prohibición del trabajo forzoso y de la discriminación y erradicación del trabajo infantil -- reviste una importancia y un significado especiales al asegurar a los propios interesados la posibilidad de reivindicar libremente y en igualdad de oportunidades una participación justa en las riquezas a cuya creación han contribuido así como la de desarrollar plenamente su potencial humano».

Suscribo plenamente este artículo y me complace la claridad de su formulación. Comprendo que hay temas muy serios que deben ustedes tratar en relación con el Informe y que va a celebrarse un debate sobre el mecanismo de seguimiento, pero tengo que manifestar mi firme convicción de que estos cuatro derechos humanos fundamentales deben ser suscritos por todos. Quisiera referirme ahora a uno de estos derechos fundamentales, que es la erradicación del trabajo infantil. Sé que el Convenio sobre el trabajo infantil está en su etapa inicial, en su primera discusión y en etapa de recomendaciones en esta reunión de la Conferencia, y que debe pasar a una segunda discusión antes de ser adoptado, como esperamos, en la reunión del año que viene. Les deseo un buen éxito en este trabajo de tanta importancia.

El trabajo infantil como todos saben, tiene distintas formas en los distintos países, y todas estas formas son totalmente inaceptables, en mi opinión. Este es uno de los desafíos a que nos enfrentamos todos, y hay que insistir en que no es sólo en algunos países. Si un niño de mi propio país, Irlanda, se ve obligado a pedir limosna por la calle o a limpiar los cristales de los coches cuando se detiene el tráfico, para aportar un suplemento al ingreso familiar que está por debajo del límite de la pobreza, ¿es esto aceptable? ¿Es acaso diferente de un niño que vende pelotas de fútbol, o que las fabrica en los míseros talleres de cualquier otro país? No lo creo, en absoluto.

Me gustaría felicitar al responsable de los maniquíes y modelos que se exponen ante las salas de reuniones del Palacio de las Naciones. Esta ha sido una iniciativa que creo que debe recordarnos a todos la responsabilidad que tenemos para con nuestros niños y nuestro futuro.

Quiero compartir brevemente con ustedes dos incidentes recientes que van a permanecer durante mucho tiempo presentes en mi espíritu. Uno de ellos es bastante triste y negativo y el otro es mucho más positivo.

El primero tiene que ver con una muchacha de 15 años que conocí en Camboya. Ya me he referido a este encuentro, porque es algo que tengo clavado en la mente. A fines de enero estaba visitando nuestro campo de operaciones en Camboya y visité un pequeño refugio en el que una organización no gubernamental reunía a las mujeres y niñas que habían sido salvadas del comercio sexual, que habían podido escapar de esa explotación del sexo. A través de una intérprete escuché las palabras de muchas de ellas, especialmente de esta niña de 15 años que no se me va de la cabeza.

Estábamos en una habitación pequeña, faltaba aire, mientras la intérprete traducía, miré a la chica y ella me miró a mí y estuvimos mirándonos a los ojos. Me dijo que había sido traída por unos amigos de su familia desde la parte rural de Camboya a Pnomh Penh para lo que ella pensaba que era un trabajo de costura pero se la obligó a ir a un prostíbulo y la golpearon hasta que aceptó trabajar 17 ó 18 horas al día durante tres meses hasta que consiguió escapar y venir a este refugio. Pero ella estaba avergonzada y humillada, y estaba tratando de reencontrarse a sí misma, y cuando la miré sentí que era triste pensar que no era un caso aislado, que no era la única, que hay millones de niñas y niños jóvenes que son objeto de tráfico sexual para obtener un ingreso financiero; es un comercio sucio y asqueroso de nuestro mundo actual: éste es el primer incidente. Hay otro que es mucho más feliz, y es el de esa marcha de niños en que tuve el placer de poder participar, cuando llegaron a Ginebra el sábado pasado. Era una reunión bulliciosa, con mucha actividad y entusiasmo, en la que los jóvenes suizos daban la bienvenida a los que llegaban. Yo había oído ya de ella, cuando los de Camboya se encontraban con los de Manila. Oí también de los de Sudáfrica (que empezaron en El Cabo) y de los que venían de Sao Paulo, y me encontré con muchos de estos jóvenes que habían participado en la marcha y aquellos que los apoyaron e hicieron que fuera posible durante este largo trayecto y creo que es un modo muy importante de llamar la atención a distintos aspectos del trabajo infantil del tráfico de niños y los temas que son tan importantes para un Convenio sobre los derechos de lo niños.

Si la Conferencia del año próximo adopta el Convenio sobre trabajo infantil, creo que esto va a permitir que se reconozca una de las normas fundamentales de la OIT, y que sea un instrumento fundamental para el futuro de todos. ¿Acaso hay mejor modo para la OIT de pasar a este nuevo milenio que adoptando este Convenio? Sin lugar a dudas, no.

¿Sería demasiado proponer que se adopte por aclamación? Espero que así se pueda hacer, y también anticipo que se pueda cooperar estrechamente entre la OIT y mi Oficina para que se pueda garantizar el pleno respeto de los derechos humanos de estos niños. El derecho a la vida, el derecho a la educación, a los cuidados médicos, el derecho a reír y a jugar, y sencillamente a ser un niño sin estar obligado a ningún trabajo. Aquí tengo que referirme también a ese espectro espantoso de los niños que son obligados a ser soldados. La CIOSL estima que hay 250 millones de niños que están trabajando en el mundo, cuyas edades van de 5 a 14 años, y ésta es la enorme extensión del desafío al que hemos de hacer frente.

El documento fundamental en que mi Oficina se ha centrado este año es el de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Como ustedes saben, este año es el 50.º aniversario de su adopción. No utilizo la palabra «celebrar», y lo que he dicho respecto a los derechos infantiles les hará comprender por qué no puedo usar esa palabra «celebrar». Tenemos todavía que recorrer un largo camino antes de poder celebrar plenamente esta Declaración de Derechos Humanos.

Sin embargo, se han hecho progresos importantes, y hay que recordar que es un documento vivo, redactado en tiempo presente, y creo que ustedes se interesarán sobre todo más en el artículo 20 porque define como derechos humanos fundamentales el derecho a la libertad, a la reunión libre, a la libre expresión y la libre asociación. Este derecho es tan importante como lo era en 1948 y lo seguirá siendo. Espero que uno de mis sucesores en este cargo pueda celebrar el centenario de la Declaración en el año 2048. Este año estamos celebrando también el 50.o aniversario de la adopción del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87), que se adoptó pocos meses antes que la Declaración Universal.

Como bien saben, el Convenio tiene 11 artículos, no los voy a citar, pero sí se reflejan plenamente en el artículo 20 de la Declaración de los Derechos Humanos, en el que se enumeran los derechos sindicales fundamentales, que son derechos humanos fundamentales.

Tengo plena conciencia de su historia y del hecho de estar celebrando el 50.º aniversario porque en Nueva York, hace una semana fui invitada para pronunciar un discurso en la David A. Morse Lecture de 1998 en el Council on Foreign Relations. Hago referencia a este hecho porque me ha tocado dirigirme a ambas asambleas y establecen un vínculo entre los dos aniversarios; vínculo que de hecho existe por la labor que llevan a cabo la OIT y la Organización que dirijo.

A mi juicio, la OIT no puede celebrar el aniversario de la adopción de ese Convenio por la situación que existe aún, pero es importante señalar que en la actualidad Indonesia se ha unido ahora a aquellos que son parte y han ratificado este Convenio. Opino que hay que seguir trabajando para que todos los Estados se adhieran a este Convenio y lo apliquen.

Espero que durante esta reunión tan importante se pueda dar el mensaje que el mundo necesita, esa visión que todos necesitamos en relación al Convenio sobre el trabajo infantil. 


Puesto al día por VC. Aprobada por RH. Ultima actualización: 26 de febrero de 2000.