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 86.reunión
Ginebra, junio de 1998


 

Respuesta del Director General a la discusión de su Memoria
18 de junio de 1998

Cincuenta años después de la adopción del primer gran convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, la Conferencia ha adoptado sin oposición una Declaración cuyo objetivo es promover el respeto y la aplicación universales de los principios y de los derechos fundamentales de la OIT.

Creo que todos éramos conscientes del desafío que suponía para la credibilidad y la pertinencia de la OIT la adopción de esta Declaración, acompañada de un mecanismo de seguimiento que pudiera garantizar ante la opinión pública internacional el respeto de los compromisos contraídos por los Miembros que se adhieren voluntariamente a la OIT. Como ha recordado el Presidente Caldera, esta reunión se ha celebrado en un momento fundamental para el porvenir de la OIT. Ya era hora de que la OIT se dotase de los medios necesarios para responder a las consecuencias sociales de la mundialización de la economía.

Por medio de la adopción de esta Declaración, damos fin a un largo y delicado trabajo empezado en 1994, cuando la Conferencia se manifestó sobre la Memoria que yo le había sometido con el título Preservar los valores, promover el cambio. La negativa a introducir cualquier referencia a una «cláusula social» en el acto constitutivo de la Organización Mundial del Comercio, el reconocimiento de la competencia de la OIT para establecer normas internacionales del trabajo y ocuparse de ellas, y el rechazo por la Conferencia Ministerial de Singapur en diciembre de 1996 a la utilización de las normas internacionales del trabajo con fines proteccionistas o que cuestionen la ventaja comparativa de los países, nos dejó el campo libre para llevar a cabo una reflexión en profundidad sobre la pertinencia de la acción normativa de la OIT en una economía que se está mundializando y, más aún, sobre la eficacia del método que se funda en el diálogo y la cooperación, y no en la confrontación o la represión.

Nuestros esfuerzos por poner de relieve unos valores comunes a todos los Miembros de la OIT alcanzaron su apogeo en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague. Los Jefes de Estado y de Gobierno manifestaron su compromiso en favor del respeto de la libertad sindical y de la negociación colectiva, de la prohibición del trabajo forzoso u obligatorio, de la discriminación y del trabajo infantil. Esto constituía ya una importante conquista, pero aún había que garantizar que estos compromisos fuesen debidamente respetados.

Sin duda, todos estos valores están inscritos en nuestros siete convenios fundamentales, que han recogido un gran número de ratificaciones. Desde que se inició en 1995 una campaña de promoción, se han registrado 85 nuevas ratificaciones a estos convenios, al tiempo que se esperan en los próximos meses otras 40. Pero necesitaríamos más de 200 ratificaciones adicionales más para que estos instrumentos fueran realmente universales. Era, pues, necesario que la OIT siguiese adelante y se dotase de los medios que le garantizaran una adhesión y un respeto universal a los valores y principios inscritos en su Constitución. Tras examinar las distintas posibilidades en el seno del Consejo de Administración y de la Conferencia, se impuso la opción de una Declaración solemne.

Por mi parte, creo que podemos estar muy orgullosos de la Declaración que se acaba de adoptar. Gracias a ella, la comunidad internacional dispone en adelante de una verdadera plataforma social mundial, firmemente asentada en unos valores comunes.

En adelante, la misión de nuestra Organización será la de asegurar el respeto de esta plataforma social mundial, garantizar el respeto de los principios y de los derechos humanos fundamentales en el trabajo, que son unas reglas mínimas del juego social sin las cuales no puede haber un desarrollo duradero, justicia social ni paz. Como ha recordado la Sra. Robinson, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, por medio de nuestra Declaración se trata de garantizar «a los propios interesados la posibilidad de reivindicar libremente y en igualdad de oportunidades una participación justa en las riquezas a cuya creación han contribuido». Espero de todo corazón que esté satisfecha con la contribución que hemos realizado al 50.o aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Este compromiso será tanto más fuerte cuanto que estará acompañado de un mecanismo de seguimiento, que ha sido definido con precisión y que forma parte integrante de la Declaración. Una vez más, desearía salir al paso de los temores que se han manifestado tanto en la plenaria como en las discusiones de la Comisión y que, así lo imagino, han llevado a algunos a abstenerse. Este mecanismo de seguimiento no pretende castigar a nadie. Al contrario, se encamina a la promoción de los principios y de los derechos fundamentales que constituyen el objeto de la Declaración. Nada más y nada menos. Las modalidades prácticas de su puesta en ejecución serán fijadas por el Consejo de Administración con motivo de su reunión del próximo mes de noviembre, y yo me comprometo a presentar al Consejo un documento que responda fielmente a este estado de ánimo.

Como ejemplo de mi compromiso en este sentido, desearía recordar aquí que la Reunión Oficiosa Tripartita de nivel Ministerial, destinada a promover el Programa internacional de la OIT para incrementar la cantidad y la calidad de los empleos de las mujeres, apuntaba a obtener el apoyo activo de los proveedores de fondos. Este programa (que procede de un proyecto interdepartamental empezado en 1992) se inscribe en la línea del seguimiento de la Declaración que la OIT acaba de adoptar. En efecto, apunta básicamente a promover y llevar a la práctica los convenios fundamentales relativos a la no discriminación. En la perspectiva de la promoción de la Declaración, invito a los donantes potenciales a plasmar su voluntad en contribuciones significativas.

Por medio de la adopción de esta Declaración, la OIT ha demostrado su credibilidad y su pertinencia en un mundo en plena evolución. Al adoptarla, han dado ustedes a la OIT su pasaporte para el siglo XXI. Le han dado la autoridad moral y la fuerza necesaria para hacer que las demás organizaciones internacionales compartan nuestros objetivos comunes.

Como ha recordado el Presidente Caldera, «el mundo se transforma y no puede ser para mal, sino para bien», y yo añadiría: a condición que nosotros queramos.

Los delegados han sido testigos de esta voluntad de actuar en pos de lo mejor con la entrada en esta sala de la muchedumbre vibrante y colorista de los participantes en la Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil. Muchos de ustedes han saludado, en sus intervenciones en la plenaria, esta iniciativa lanzada por organizaciones no gubernamentales de los países en desarrollo, en colaboración con las de los países desarrollados. Esta iniciativa demuestra la capacidad de las organizaciones no gubernamentales, de los sindicatos de trabajadores, de las organizaciones de empleadores y de las asociaciones de defensa de los derechos del niño para trabajar juntas a pesar de las diferencias nacionales, culturales, o religiosas. Esto debería constituir un signo positivo para el futuro, y sería deseable que esta sinergia pudiera mantenerse y extenderse a otros dominios de las actividades prácticas. En un tema como el del trabajo infantil y en el marco de la mundialización de la economía, el respeto universal de cierto número de valores pasa cada vez más por una conjunción entre la labor jurídica de los responsables, la cooperación técnica y la movilización de las opiniones públicas.

El objetivo de la Marcha no era solamente el de invadir pacíficamente esta Sala de Asambleas sino, en nombre de las decenas de millones de niños que trabajan en condiciones extremas, el de hacerse oír por los delegados de la Conferencia y por los miembros de la Comisión encargada de examinar las conclusiones sobre los nuevos instrumentos sobre las formas extremas del trabajo infantil. Sin duda han sido escuchados.

La Comisión del Trabajo Infantil ha llevado a cabo un trabajo excelente, en profundidad, que ha aportado algunas mejoras al texto inicial. Espero que esta labor fundamental sea coronada en la próxima reunión de la Conferencia, y que se adopte un texto enérgico, simple y significativo en el que se prevea que los Estados, en colaboración con los representantes de la sociedad civil, adopten las medidas oportunas para erradicar sin tardanza las peores formas del trabajo infantil.

La adopción de estos instrumentos, y sobre todo la ratificación universal del nuevo convenio, debería dar un impulso adicional a las actividades del IPEC. En el curso de la reunión de la Conferencia, muchos gobiernos han anunciado o confirmado sus contribuciones voluntarias en favor de este Programa. Esto me alegra.

La mayor parte de los 39 oradores que participaron en la sesión especial, dedicada al examen de mi informe sobre la situación de los trabajadores en los territorios árabes ocupados, manifestaron gran inquietud en relación con las dificultades con que ha tropezado el proceso de paz. Por otra parte, tras este debate queda de manifiesto que la suerte de los trabajadores en los territorios ocupados sólo mejorará de manera duradera por medio del desarrollo económico, la formación de dirigentes y de obreros, el fortalecimiento de las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores, y mediante instituciones sociales más eficaces. La OIT tiene responsabilidades propias en todo lo que se refiere a la protección de los trabajadores en los territorios árabes ocupados, contribuyendo así, en el marco de su mandato, al proceso de paz.

Las cuestiones relativas al empleo han sido objeto de dos debates. La Comisión de Resoluciones ha adoptado un texto sobre el empleo juvenil, en el que se proponen medidas para aumentar las oportunidades de empleo de los jóvenes que salen del sistema escolar, garantizándoles una protección adecuada.

El segundo debate ha tenido lugar en el seno de la Comisión de la Creación de Empleos en las Pequeñas y Medianas Empresas, y ha permitido la adopción de una recomendación. Las consecuencias de la mundialización sobre el funcionamiento de las pequeña y medianas empresas, así como sus repercusiones sociales, han sido detenidamente examinadas desde la perspectiva de la promoción -- cuantitativa y cualitativa -- del empleo.

Ya desde ahora, con la Declaración y su mecanismo de seguimiento, así como con los nuevos instrumentos sobre el trabajo infantil, estos debates permitirán a la OIT presentar importantes resultados ante la sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicada al seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, que el Gobierno de Suiza ha propuesto que se celebre en Ginebra en el año 2000, como nos ha anunciado el Consejero Federal, Sr. Couchepin.

Las labores de la Comisión del Trabajo en Subcontratación han desembocado en la adopción de una resolución sobre la eventual adopción de instrumentos internacionales para la protección de los trabajadores en las situaciones identificadas por la Comisión. A pesar del texto de conclusiones propuesto por la Oficina, no ha sido posible llegar a una definición jurídica precisa del fenómeno del trabajo en subcontratación. Aunque los precedentes de esta situación son escasos, no es la primera vez que una Comisión no puede ponerse de acuerdo sobre un proyecto de instrumento. Sin embargo, esta situación revela un malestar al que ya me refería en 1996, con ocasión del examen de los instrumentos sobre el trabajo a domicilio. Entonces dije que cuando hubiera pasado suficiente tiempo, la visión que se tenía de un hecho quizás resultara ser una simple «peripecia» si se lo situaba en un contexto más amplio, subrayando que sería necesario iniciar un análisis renovado y profundo de la función normativa de la OIT. Estoy convencido de que ya no se trata de una «peripecia» sino de un problema más profundo. La Memoria que presenté en 1997 hace a este respecto varias propuestas relativas a la elección de los temas que pueden ser objeto de acción normativa, propuestas que se someterán al Consejo de Administración el próximo mes de noviembre.

La Comisión de Aplicación de Normas ha examinado unos 50 casos sobre la libertad sindical y la negociación colectiva, el trabajo forzoso y la servidumbre por deudas, la explotación de los niños, la igualdad de trato, la seguridad social, la protección del salario y los trabajadores migrantes. Si las observaciones que ha formulado la Comisión de Expertos y la Comisión de Aplicación de Normas plantean a los países correspondientes problemas que resultan delicados y, a veces, difíciles, la Oficina está dispuesta a brindarles toda la asistencia técnica necesaria, especialmente en el marco de la política de asociación activa y de las misiones de los equipos multidisciplinarios que actúan en las estructuras exteriores. La Comisión ha conmemorado también el 50.o aniversario del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87). ¿Y qué mejor manera de celebrar el aniversario de este instrumento que mostrando su eficacia a través de la visita del Sr. Pakpahan, dirigente sindical encarcelado por sus actividades, que ha sido liberado unos días antes de que comenzara la Conferencia?

Tanto en la sesión plenaria como en la propia Comisión de Aplicación de Normas, algunos oradores se han mostrado de acuerdo en la necesidad de proseguir la labor de modernización de las normas.

Recordarán que, el año pasado, la Conferencia adoptó casi por unanimidad una enmienda constitucional destinada a permitir a la Conferencia derogar los convenios obsoletos. Esta enmienda permitirá, cuando entre en vigor, proceder a la modernización de las normas adoptadas por la Conferencia, suprimiendo los textos claramente superados y mejorando así la visibilidad de nuestra estructura normativa.

Sin embargo, es necesario que para ello esta enmienda entre en vigor, es decir, que sea ratificada. Hasta el momento, sólo ha obtenido diez ratificaciones. Si los Miembros no hacen un esfuerzo para ratificar esta enmienda, toda la modernización del cuerpo normativo quedará comprometida.

La calidad de los trabajos realizados a lo largo de esta reunión, los 116 Ministros que nos han honrado con su participación en los mismos y los 3.501 delegados (cifra sin precedentes) que a ellos han contribuido, han hecho de esta 86.a Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo un acontecimiento que quedará inscrito en la estela de las grandes conferencias de nuestra Organización.

Por mi parte, estoy muy satisfecho por cuanto, como todos ustedes saben, se trata de mi última reunión de la Conferencia. En el momento de despedirme de ustedes, quisiera, en primer lugar, dar las gracias a los oradores que, en la sesión plenaria, han dicho tantas cosas agradables de mi persona. Quisiera agradecerles a todos la confianza que depositaron en mí a lo largo de estos diez años, y desearía también agradecerles el magnífico regalo personal que me han hecho al adoptar la Declaración solemne, aunque tengo que lamentar que algunos no hayan podido sumarse a este festejo. Ya saben que es muy difícil que el responsable de una organización internacional pueda ver el resultado de los procesos que ha puesto en marcha. Cuando lancé este programa en 1994, no estaba seguro de poder completarlo. Les agradezco sinceramente que hayan adoptado esta Declaración, me permite marchar con la sensación de no haber sido del todo inútil a nuestra Organización y a sus objetivos. De no haber sido así, hubiera tenido la sensación de haber participado en la ejecución de una sinfonía inconclusa, y eso siempre es triste al enfrentar el futuro.

Al final de esta Conferencia, y a la hora de despedirme de ustedes, desearía también augurar los mayores éxitos a mi sucesor, Juan Somavía. Hace un momento, al mencionar una sinfonía inconclusa, me estaba refiriendo a Schubert. Ahora creo que ha llegado el momento de referirme a Haydn y a la Sinfonía del Adiós, porque me llegó la hora de marchar. Permítanme agradecerles y decirles: «hasta la vista, feliz regreso a casa, y mis mejores augurios de felicidad».


Puesto al día por VC. Aprobada por RH. Ultima actualización: 26 de febrero de 2000.