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 86.reunión
Ginebra, junio de 1998


 

Alocución del Sr. Pascal Couchepin
en representación del Consejo Federal de la Confederación Helvética
9 de junio de 1998

Quisiera dar las gracias al Presidente de la 86.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo por sus amables palabras. Me ha emocionado esta acogida tan cordial y, por mi parte, creo que ha sabido expresar bien los sentimientos personales que albergo en relación con vuestra Organización.

El Gobierno y el pueblo suizo reciben en Ginebra la 86.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo. Con este motivo, quisiera saludar, en primer lugar, al Sr. Jean-Jacques Oechslin, Presidente de la Conferencia, a quien lo felicito por su elección. Deseo también saludar al Sr. Michel Hansenne, Director General de la OIT, y al Sr. Juan Somavía, Director General electo, a quien hago llegar mis deseos de pleno éxito en sus importantes funciones.

Me han concedido ustedes el honor de hacerles llegar un mensaje en el marco de la Conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo. Les estoy tanto más agradecido cuanto que para mí es el primer contacto con esta Organización y con esta Conferencia, y la oportunidad para mí de dar mi apego personal y de recordarles el apoyo y el respaldo de mi país a la OIT.

Las preocupaciones centrales de nuestras sociedades demuestran que en la actualidad, y más aún en el futuro, las cuestiones sociales van a dominar el mundo y que corresponde prioritariamente a la OIT encontrar las respuestas adecuadas y adaptarse a ese mundo en perpetua evolución. Aquí desearía rendir homenaje al valor del Director General Michel Hansenne que, además de su compromiso incansable en la dirección de la OIT en la Ginebra internacional, se ha atrevido a llevar a cabo en la OIT ese difícil camino de la adaptación, y que cuenta con el apoyo total de Suiza para continuar con éxito esas tareas.

Desde 1919, la Organización Internacional del Trabajo se ha ido forjando una legitimidad internacional a la que debemos dar todo nuestro apoyo.

Con convicción y tenacidad, la OIT ha mantenido el rumbo contra viento y marea, se ha convertido en una Organización faro para promover los derechos fundamentales en materia social mediante un esfuerzo incansable para lograr la justicia social, las condiciones de trabajo y las condiciones económicas y sociales de los trabajadores.

Por su estructura tripartita y su mandato, la OIT ha actuado como pionera, contribuyendo a establecer unas condiciones marco para las relaciones económicas y sociales equitativas.

El contexto multilateral y las condiciones marco han cambiado radicalmente en los últimos años. La nueva tecnología, motor de la economía, ha comprimido tiempo y espacio, ha revolucionado el comercio internacional, ha puesto en tela de juicio los derechos adquiridos en materia social y ha obligado a los gobiernos y autoridades públicas a revisar el papel que deben desempeñar.

Estas constataciones se aplican también a una organización como la OIT. Ante la aparición de nuevos protagonistas en el escenario internacional, la OIT ya no es la única en el terreno. Con su legitimidad y pasado, tiene que encontrar su alma de pionera para determinar su futuro y adaptarse a los nuevos valores de un entorno cambiante con nuevas ideas, definir su papel en la comunidad internacional.

No hay una respuesta nacional única a las posibilidades y problemas de la economía mundial, ni tampoco una respuesta única a la política internacional. La nueva interdependencia que nos vincula exige una cooperación intergubernamental lo más coherente y amplia posible. Una cooperación que permita alzarse ante el reto del desarrollo y responder a las preocupaciones sociales, culturales y de medio ambiente. A este respecto, quisiera darles a conocer algunas reflexiones que me ha inspirado la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que presidí el pasado mes de mayo. La internacionalización creciente de producción y mercados no es ni una ideología ni un programa político, sino el resultado de una evolución económica y tecnológica, dinámica e inevitable.

Al crear la OMC, la comunidad internacional demostró que era capaz de abordar un primer paso concreto al reto de los nuevos protagonistas económicos. Ese éxito nos alienta y demuestra que el enfoque multilateral conserva toda su validez. La prueba de que la vía del consenso y de la concertación es el camino que debemos seguir con miras a continuar el fortalecimiento y la renovación de la OIT.

Observo también que hay una complementariedad clarísima entre, los objetivos del sistema comercial multilateral, por una parte, y los de la OIT, por otra. La apertura al comercio ha sido un vector poderoso de crecimiento y prosperidad económicas, y desde hace 50 años ha contribuido ampliamente al aumento del nivel de vida en el mundo, ayudando además al progreso social. Son los países más abiertos al comercio los que disponen de mecanismos de redistribución social y los que están más desarrollados.

Aplicar medidas proteccionistas para promover el respeto de las normas de trabajo sería una estrategia que iría a contracorriente. Medidas de este tipo privarían a los países más pobres del motor de desarrollo, o sea la posibilidad de participar en el comercio mundial.

Los miembros de la OMC rechazaron claramente la utilización de las normas de trabajo con fines proteccionistas durante la Conferencia Ministerial de Singapur. Sin embargo, el ajuste social y su costo junto con la competencia mundial y la división internacional del trabajo plantean serias preocupaciones. Estas preocupaciones son a menudo explotadas para impugnar las políticas de apertura que se han practicado hasta ahora. Ante esta situación creo que tenemos que asegurarnos de que la liberalización del comercio y la justicia social puedan estimularse entre sí.

El logro de este objetivo exige sobre todo que actuemos en forma coherente, tanto en la OMC como en la OIT. Significa además establecer una colaboración eficaz entre esas dos organizaciones. Este acercamiento debería permitir un debate abierto sobre la interacción entre el comercio y las normas fundamentales del trabajo. Si se identifican problemas, habrá que preparar soluciones aceptables para todos y por todos, que no sean susceptibles de ser desviadas con fines proteccionistas.

No obstante, no debemos olvidar que el papel de la OIT en las cuestiones internacionales sigue siendo fundamental y, mediante el fortalecimiento de medios que le son propios, el mejorar el respeto de las normas fundamentales del trabajo.

El escritor francés Saint-Simon dijo que «la sociedad no vive de ideas negativas sino de ideas positivas». Si la OIT quiere lograr su misión en el futuro tiene que proponer a nuestras sociedades unas ideas positivas, unas soluciones concertadas a nivel multilateral para poder realizar en la dimensión social de la mundialización de la economía.

Así pues, cada país tendrá que respetar y aplicar los derechos fundamentales de los trabajadores y, a plazo, el respeto de dichas libertades tendría que ser un elemento comparativo que nos permita entender el mecanismo de una economía nacional.

Pero las ideas positivas no son suficientes: tienen que ir acompañadas de medidas concretas. La OIT está viviendo uno de los momentos más difíciles y decisivos de su ya larga existencia; está «casi condenada» a recoger el guante ante el reto social de la mundialización de la economía, lo que requiere valor y un gran sentido político.

Vuestra Organización, la OIT, ha tomado muy buenas decisiones, y en ese sentido quisiera recordarles brevemente algunas de esas ideas positivas y saludar las medidas concretas ya adoptadas al poner de manifiesto el compromiso de Suiza en relación con todas ellas.

Primero, al seguir la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague en el año 1995 y la Conferencia Ministerial de Singapur a finales del año 1996, la OIT definió una base de siete convenios fundamentales y su ratificación la solicitan todos los Estados y para todos los Estados Miembros. Mi país se asocia a ese esfuerzo, y les confirmo que el Gobierno suizo va a proponer próximamente al Parlamento la ratificación del Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, 1949 (núm. 98) y del Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138), relativos a los derechos de negociación colectiva y la edad de acceso al empleo. El proceso de ratificación ya está en una fase decisiva de consulta en la sociedad civil.

Como segundo paso importante, van ustedes a inscribir en una declaración los valores fundamentales de la OIT. Por mi parte, desearía que esta reunión de la Conferencia adoptase un texto equilibrado y pragmático, con un sistema de seguimiento eficaz que fortalezca la credibilidad de la OIT.

En tercer lugar, para promover la dignidad en el trabajo se planee la primera piedra de un edificio para luchar contra las formas más abusivas del trabajo infantil. Este instrumento internacional es indispensable, pero no se basta de por sí. Conviene ayudarlo mediante medidas concretas a las poblaciones y gobiernos que tienen que yugular ese problema de la explotación infantil. También en este terreno, tengo el honor de anunciarles que las autoridades suizas han decidido contribuir a la ayuda al desarrollo con un millón de francos suizos al Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC).

En materia de trabajo infantil, los focos de la actualidad están sobre Ginebra y sobre esta reunión de la Conferencia. Los organizadores y los participantes en la «Marcha mundial contra el trabajo infantil» se dieron cita en esta ciudad, saludo su valor, su presencia nos pone ante nuestra responsabilidad humana y política y nos demuestra que el frente contra la pobreza también se mundializa.

Este interés de los medios de comunicación que suscitan las actividades de esta Organización, demuestra que las medidas adoptadas por la OIT tienen que verse acompañadas de una sólida política de relaciones públicas que haga que esta Organización esté más cerca de sus mandantes y de los protagonistas en la vida social. En adelante, Suiza contribuirá de manera aún más activa en las decisiones adoptadas en la OIT. Confirmo la voluntad de mi Gobierno de ser candidato a un puesto de miembro titular del Consejo de Administración para el período de elección que va de 1999-2002, y acceder durante un año a la presidencia de dicho Consejo durante ese período.

En ese marco, vamos a proponer que la OIT continúe sus estudios sobre la pertinencia en el contexto de la mundialización, su apertura a los nuevos actores de la vida económica y social, las organizaciones no gubernamentales y las empresas multinacionales, por ejemplo. En efecto, contrariamente a los gobiernos que tratan nuevos caminos para cooperar con la sociedad civil, el patronato y los sindicatos deben reflexionar de cómo integrar las fuerzas vivas del trabajo y de la parte comercial. Estimamos, asimismo, que debemos examinar y proponer nuevos medios para fortalecer la credibilidad de la OIT, mejorar su sistema de control y facilitar su cooperación con las demás instituciones internacionales competentes.

Asegurar la dimensión social de la mundialización debe ser una de las mayores preocupaciones de esta Organización, en vísperas del siglo XXI. No obstante, la OIT debe ir más lejos y dotarse de todos los medios necesarios para convertirse en la conciencia social del mundo.

La economía y el trabajo tienen que estar al servicio del hombre como objetivo de la desaparición o, por lo menos, de una reducción importante de la discriminación social, diferencias entre ricos y pobres.

La actualidad nos demuestra, una y otra vez, que el lanzamiento del mecanismo mundial económico con una cooperación económica internacional no es suficiente para poder allanar las disparidades y bajar el desempleo.

La nueva distribución mundial del trabajo pone en competencia directa a los trabajadores de todas las regiones del mundo y una mejora armonizada de las condiciones de trabajo y seguridad social en el mundo tiene que formar parte íntegra de la misión tradicional de la OIT.

La OIT es la única Organización internacional tripartita. Esta originalidad le permite reunir en su seno a todos los protagonistas de la economía mundial para convertirse en centro de excelencia en materia de empleo, trabajo y seguridad social. A este respecto, debo instar a la OIT a proseguir el diálogo que ya ha iniciado con la OMC, las instituciones de Bretton Woods y el G8.

La OIT es el copartícipe natural de la OMC, del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la UNCTAD y de la OCDE, cuyos objetivos son fundamentales para lograr la mundialización de la economía con una verdadera conciencia social en el mundo del mañana. La OIT tiene que reforzarse, si quiere convertirse, con la OMC y las instituciones de Bretton Woods, en uno de los tres pilares fundamentales del nuevo orden económico y social mundial.

Suiza, y Ginebra en particular, están orgullosos de recibir cada año a esta Conferencia, verdadero parlamento mundial del trabajo.

Suiza desplegará todos los esfuerzos necesarios para que Ginebra siga siendo el centro de esta conciencia moral, social y económica.

Acaba de demostrarlo al invitar a reunirse en el año 2000, en este mismo Palacio de las Naciones, a todos los actores de la Asamblea especial de Naciones Unidas para el seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague. La OIT deberá desempeñar un papel fundamental, y mi país no va a cejar en sus esfuerzos para que este acontecimiento tenga todo el relieve que merece.

Quisiera agradecer a las delegaciones que han apoyado esta propuesta suiza en el último Comité Preparatorio de Nueva York, e insto a los participantes de esta Conferencia y esta futura Asamblea General, gobiernos, empleadores, trabajadores y organizaciones no gubernamentales, a fortalecer la sinergia entre organizaciones que cité previamente y hacer propuestas innovadoras e imaginativas en favor del desarrollo social.

Ginebra desempeña un papel primordial en el acercamiento de todos los pueblos del mundo, merced a la presencia de las organizaciones internacionales y la OIT por su voluntad inflexible de poner sus fuerzas al servicio de la paz, de la libertad y de la dignidad humanas, debe seguir contando con ese lugar privilegiado.


Puesto al día por VC. Aprobada por RH. Ultima actualización: 26 de febrero de 2000.