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ORGANIZACION INTERNACIONAL DEL TRABAJO
Equipo Técnico Multidisciplinario (ETM) San José (Costa Rica) Notas, Estudios y Documentos |
Por: Miguel Del Cid
Especialista en Empleo, ETM/OIT/San José
SEMINARIO
JORNADAS SOBRE LOS RETOS DE LA ADMINISTRACION DEL TRABAJO FRENTE A LA GLOBALIZACION DE LA ECONOMIA
Panamá, 27 y 28 de enero de 1998
A) INTRODUCCION
El presente documento resume algunos indicadores del mercado de trabajo de Panamá, resaltando las tendencias del problema del empleo en el largo plazo.
Tales tendencias denotan un deterioro de las distintas formas de subutilización de fuerza de trabajo, medidas a partir del desempleo abierto y subempleo, subrayando el carácter estructural del problema ocupacional.
Ello se plantea con el propósito de enfatizar en la necesidad de políticas activas de empleo que atienda las distintas manifestaciones y causas de la subutilización, tanto en un contexto de corto como de mediano y largo plazo. Es decir, si bien pudiera resultar de interés analizar los cambios en la situación ocupacional entre un año y otro, o entre períodos más cortos, desde el punto de vista del diagnóstico resulta más importante enfocar su perspectiva de largo plazo, para identificar las variables estructurales que lo determinan.
Los indicadores que se presentan se han construído a partir del Banco de Datos del SIAL/OIT/Panamá para las "Jornadas sobre los Retos de la Administración del Trabajo frente a la Globalización de la Economía" (Panamá, 27 y 28 de enero de 1998).
B) DIAGNOSTICO DEL PROBLEMA OCUPACIONAL. PRINCIPALES INDICADORES
1) Tendencia de los indicadores del mercado de Trabajo
Panamá ha registrado en el largo plazo un deterioro progresivo del problema de subutilización de la fuerza de trabajo (desempleo abierto y subempleo), debido principalmente a las características del estilo de desarrollo que ha seguido el país, cuya dinámica de crecimiento (concentrante y excluyente) no ha logrado impactar por igual las distintas ramas de actividad, segmentos productivos y regiones del país.
En el largo plazo se ha producido un proceso de terciarización de la economía, lo cual implica que los sectores de comercio y servicios han crecido más rápido que las actividades productivas del sector primario y secundario, de las cuales depende una proporción importante de la fuerza de trabajo y de la población del país. Ello no tiene en sí un signo negativo, ya que paralelamente se ha producido un proceso de urbanización del país y del mercado de trabajo, lo cual ha implicado acceso creciente de la población a un conjunto de servicios públicos, y a su vez ha significado mayor desarrollo humano y perspectivas de bienestar.
Sin embargo, junto al proceso de terciarización, el estilo de desarrollo ha conllevado a que dentro de cada rama, el crecimiento y el progreso técnico no ha impactado por igual amplios segmentos productivos, que aún permanecen en condiciones de atraso relativo, con bajos niveles de productividad e ingresos de la fuerza de trabajo. El ejemplo más palpable se tiene en el propio sector servicios, en que luego de décadas de crecimiento, alrededor del 26% de su fuerza de trabajo (año 1995) se desenvuelve como mano de obra informal en negocios de subsistencia o trabajos independientes, gran parte de los cuales tienen limitadas perspectivas. Y ni hablar de las actividades agropecuarias, desfavorecidas por el estilo de desarrollo y en donde el ritmo y la dirección de crecimiento no ha logrado impactar vastos segmentos de la economía campesina muy atrasados, de los cuales dependen el 84.3% de la fuerza laboral de esas actividades rurales.
En otras palabras, esa dinámica de crecimiento de décadas ha conllevado a un mercado de trabajo heterogéneo, afectado por niveles de subutilización creciente, que se convierte en un problema de carácter estructural, esto es, inherente a la estructura económica del país. De allí que de las tasas del orden del 7% de inicios de los setenta, se pasa a niveles del 10% a inicios de los ochenta, 13% a mediados de esa década, 16% a inicios de los noventa; y en la actualidad, si bien se sitúa en alrededor del 13%, aún permanece por encima de los años precrisis (1986-1987).A su vez, el subempleo, que refleja el alto peso del empleo en segmentos tradicionales, no logra declinar a lo largo de ese período, mas bien se acentúa en los noventa.
Se subraya entonces, que aún cuando existan variantes en las características de la problemática en los distintos ciclos del proceso de crecimiento en el largo plazo, el desempleo abierto y el subempleo es un problema de índole estructural, cuya atención en una perspectiva de mayor alcance requiere atender sus causas a fondo.
Durante los años ochenta los países latinoamericanos internalizaron los signos recesivos de la economía mundial, lo cual se reflejó en una disminución del ritmo de crecimiento, caídas en la inversión, en un deterioro de las cuentas externas, creciente déficit fiscal, etc., eventos de los cuales Panamá no estuvo al margen, y que se sintieron con más énfasis, a partir de 1983 (Cuadro No.1).
No obstante la irregularidad del crecimiento, Panamá había sorteado los peores efectos de la crisis internacional, pero sobrevino las crisis política de los años 1987-1989, que incluyó las conocidas sanciones del Gobierno Norteamericano y la posterior intervención armada, todo lo cual provocó un derrumbe económico, sobre todo en 1988 y 1989, con una caída acumulada del 14% en el producto interno bruto (PIB).
Los efectos y/o los costos de esta crisis se pagaron extraordinariamente en el mercado de trabajo, con un incremento abrupto del número y tasa de desempleo y con un deterioro en la calidad del nivel general de empleo. En efecto, entre 1987 y 1989 el desempleo abierto se incrementó a nivel nacional en más de 4 puntos porcentuales (cuadro No. 2 y 3), mientras en el área urbana, ese aumento fue de 6 puntos, lo cual significó en esencia que alrededor de un quinto de los asalariados urbanos perdieron sus empleos.
Por su parte, el subempleo conocido se incrementó en más de un punto porcentual (más de 23 mil) entre 1987 y 1989, lo cual reflejó el hecho de que gran parte de los expulsados de los empleos formales se refugiaron en las actividades del sector informal urbano y del sector tradicional rural o economía campesina, tomando en cuenta que el peso relativo del empleo en los sectores tradicionales se incrementó en 5 puntos porcentuales. Aquí la relación es clara, ya que mientras el empleo privado cayó en (-18.4%) y el público en (-5.2%), el trabajo por cuenta propia aumentó en 12% y la ocupación entre familiares no remurados en 13.4%
Pero además, durante esos años, debido a la situación especial de emergencia creada, se generalizaron arreglos "de hecho" (o al margen de la legislación laboral) entre trabajadores y empresarios, que conllevaron medidas como por ejemplo, la reducción de jornadas de trabajo, reducción del salario nominal, licencias y vacaciones sin goce de salario, etc., medidas que afectaron a alrededor de un cuarto de los asalariados privados del país.
En síntesis, la crisis de los años 1987-1989 mostró la extraordinaria flexibilidad del mercado de trabajo panameño, que no obstante la vigencia de normas catalogadas como rígidas, permitió ajustes drásticos en las relaciones laborales para superar las condiciones de crisis.
A partir de 1990 la economía empieza a recuperar sus condiciones a la situación precrisis, con tasas iniciales de crecimiento del 7.5% hasta 1993, y luego con un ritmo declinante en 1994, lo cual muestra las debilidades del crecimiento de la economía panameña, que sigue reflejando en cierto modo la incertidumbre de la inversión privada sobre los eventos políticos electorales del país, cuyo momento cumbre fueron las elecciones de mayo de 1994. Para el año siguiente (1995) se reduce aún más el ritmo de crecimiento, pues las condiciones de incertidumbre no desaparecen, tomando en cuenta que durante este año se impulsan un conjunto reformas a la economía, en función del programa de modernización que adopta el nuevo Gobierno (medidas de liberalización y apertura del comercio, reformas fiscales, laborales, etc.).
Por su parte, las variables del mercado de trabajo siguen de cerca el comportamiento de la economía, con un crecimiento importante del empleo hasta 1993 (relativamente mayor al de la PEA en este período), con signos desalentadores a partir de este año. En 1994 el empleo crece sólo en 2% frente a un crecimiento de la PEA de casi 3%; y en 1995, si bien el empleo aumenta en 4.2% (ante un crecimiento igual de la PEA), la mayor parte de este nuevo empleo se produce en los segmentos tradicionales, atrasados y de baja productividad de la economía, aumentando el peso relativo del empleo tradicional en la estructura del mercado laboral (cuadros No.4 y 5). La contrapartida de esta tendencia es un leve aumento del desempleo abierto en 1994 y 1995, con tasas de 14% en esos dos años.
Para el año 1996 se mantiene el debilitamiento en el crecimiento económico, y aún cuando el desempleo abierto no aumenta, ello se debe a una caída en el ritmo de crecimiento de la PEA que casi permanece a los niveles de 1995; lo cual a su vez se explica por una disminución en la tasa de participación de casi un punto porcentual. Para ponerlo en otros términos, la tasa de desempleo no empeoró porque pudo haber desaliento en la fuerza de trabajo, ya que si la tasa de participación hubiese sido la misma de 1995, la PEA habría aumentado en unas 33 mil personas y la tasa de desempleo habría sido del 15.6%.
En otro orden, resulta significativo el incremento registrado en el subempleo en 1995
(22.9% vs 18.6% en 1994), lo que muestra con mayor claridad el deterioro del mercado de trabajo en ese año, aún cuando también se debe reconocer que a partir de 1995 mejoró la medición de los ingresos rurales, con lo cual la proporción de ocupados con ingresos ignorados disminuyó significativamente.
Para 1997, las estimaciones oficiales sugieren un mayor ritmo de crecimiento que el año previo (superior al 3%), que se refleja en un crecimiento del empleo del 4.7%, mayor al de la PEA (Cuadro 3), lo cual a su vez se traduce en una ligera reducción de la tasa de desempleo.
Desde el punto de vista de la calidad del empleo generado entre 1996 y 1997, todavía no se disponen de todos los indicadores para su identificación, sin embargo, se puede señalar que mientras el empleo asalariado creció en 1.9%, el trabajo por cuenta propia lo hizo en 11.5%, lo cual sugiere que los empleos informales crecieron más que los puestos en los sectores modernos de la economía.
2) La Heterogeneidad del Mercado Laboral en el Largo Plazo
El carácter estructural del problema del empleo en el largo plazo deviene de la incapacidad del modelo de crecimiento y desarrollo de incorporar al proceso de modernización a amplios segmentos productivos y del mercado de trabajo que permanecen en condiciones de atraso relativo, lo cual es a su vez el factor explicativo fundamental de la alta subutilización.
En este sentido, lo que muestran las cifras del empleo es que lo largo de los últimos 12 años, de cada 100 nuevos empleos generados, 55 se crearon en los sectores tradicionales (urbanos y rurales); mientras que en el contexto urbano, donde se concentró la modernización, 52 de cada 100 nuevos empleos se crearon en el sector informal (cuadro 6).
Todo ello conllevó a un incremento en el peso relativo de los sectores tradicionales en el empleo total de más de 4 puntos porcentuales, incremento que fue mucho mayor (más de 5 puntos) en el caso del sector informal urbano (excluyendo el empleo en servicios domésticos, que más que se duplicó en el período).
En otras palabras, el modelo de crecimiento, las tendencias de urbanización del país y el proceso de modernización relativo a la economía, no se tradujo en una modernización generalizada del mercado de trabajo durante los últimos 12 años, sino que por el contrario, la fuerza laboral en segmentos rezagados y de baja productividad creció al doble del empleo moderno, con lo cual aumentó su peso relativo en el empleo total.
Estos cambios en la estructura del empleo es explicada básicamente por el incremento del empleo en el sector informal urbano, debido a las tendencias de la urbanización, a los flujos migratorios rural-urbanos y a la movilidad de la fuerza de trabajo hacia actividades no agrícolas, con lo cual el empleo rural sigue perdiendo peso relativo, disminuyendo 9 puntos porcentuales durante el período
C) EMPLEO Y POBREZA
Uno de los desafíos más serios que enfrenta la nación panameña son las condiciones de pobreza que hoy afectan a alrededor de dos quintos de los hogares del país y que sin duda tiene una estrecha relación con los problemas de empleo en la población.
El fenómeno de la pobreza es un problema también de naturaleza estructural que está relacionado con las desigualdades en la distribución del ingreso, lo cual depende no sólo del acceso de la población a la propiedad (capital físico), sino también de su acceso al capital humano (educación, salud, seguridad social, etc), y a las oportunidades de un empleo bien remunerado.
En el caso de Panamá el análisis de las dimensiones y alcances de la pobreza presenta limitantes, debido a problemas metodológicos en su medición, lo cual no permite una aproximación a la magnitud real del problema. Ello se debe a los siguientes factores. En primer lugar, la muestra de la encuesta de hogares excluye a la población indígena que representa aproximadamente el 10% de la población del país, siendo grupos típicamente afectados por pobreza. Segundo la encuesta regularmente no investiga los ingresos de los trabajadores por cuenta propia y patronos agrícolas, que representaban en 1995 aproximadamente el 11% de la fuerza de trabajo nacional y que también son grupos en su mayoría afectados por bajos ingresos.Tercero, en adición a lo anterior, persisten los problemas usuales de confiabilidad en la medición de los ingresos a través de la encuesta de hogares, ya que no es el mejor instrumento para estos propósitos. Y finalmente , prevalecen otros problemas metodológicos de valoración de la canasta basica alimentaria (CBA), la cual se basa en la estructura de consumo de grupos poblacionales de la ciudad de Panamá, que no necesariamente son representativos para la totalidad del país.
Por esta razón, más que un análisis sobre la evolución de la magnitud del problema (que no sería realista con los datos disponibles), conviene puntualizar elementos relevantes de las características de la pobreza, en referencia a los grupos de población más afectados, y su relación con los problemas de subutilización del mercado laboral (cuadro 7). Algunas relaciones relevantes se comentan a continuación
Los hogares indigentes y pobres presentan una mayor presión demográfica con tamaños promedios del hogar más altos que los hogares no pobres y con una creciente presencia de miembros menores de 15 años, lo cual presupone una más alta dependencia económica sobre los miembros activos y mayores necesidades de servicios básicos.
El número de ocupados por hogar entre las familias indigentes y pobres es inferior al resultante entre los no pobres, lo cual supone mayores dificultades para acceder a ingresos laborales.
En contrapartida, la tasa de desempleo entre los hogares indigentes y pobres es cerca del triple y del doble respectivamente de la que corresponde a los no pobres, lo cual refleja las desigualdades de acceso al mercado de trabajo, y que a su vez se debe a las disparidades en el acceso al capital (físico y humano) y por ende a los servicios públicos a los que se debía acceder en condiciones de equidad.
En consecuencia, los ingresos medios de los hogares no pobres equivalen a casi 8 veces los que perciben las familias indígenas y a 3.3 veces el recibido por los pobres no indigentes, lo cual está asociado a los problemas de empleo citados.
La estrecha relación entre las variables citadas muestran la importancia de la política de empleo como instrumento antipobreza. Y es que algunos ejercicios de simulación sencillos demuestran que si se le asegurasen a ciertas franjas de hogares pobres una tasa de ocupación similar a la de los hogares no pobres, aún con niveles de salarios mínimos, ello sería suficiente para elevar a importantes grupos de familias por encima de la línea de pobreza. Esto sin duda debe estar acompañado por políticas y programas de inversión social que permitan mejorar las condiciones de educación y salud de esos grupos socioeconómicos excluídos del desarrollo.
D) LOS DESAFIOS DE LA POLITICA DE EMPLEO
Los desafíos de la política de empleo tienen que ver con el carácter estructural de la subutilización en el largo plazo, con la naturaleza y características del problema en el corto plazo y coyuntura, así como en sus relaciones estrechas con el flagelo de la pobreza.
La política económica y de empleo debe disponer, en este sentido, de instrumentos que permitan enfrentar las causas y manifestaciones del problema, teniendo en cuenta los distintos horizontes de tiempo o plazos requeridos para incidir sobre los factores determinantes del problema del empleo.
En el largo plazo, solamente un ritmo de crecimiento acelerado y sostenido puede reducir las tasas de desempleo y subempleo a los niveles de hace 25 años. Pero además del ritmo, se requiere un crecimiento más balanceado en el plano sectorial y regional para incorporar a los segmentos y grupos tradicionalmente excluídos del proceso económico: la economía campesina o STR y el sector informal urbano.
Y ello exige de políticas específicas para propiciar la transferencia de recursos de inversión hacia esos segmentos más atrasados de la economía y del mercado de trabajo. Seguramente muchos argumentarán en contra, que ello implicaría sacrificar ritmo de crecimiento y algo de eficiencia en el proceso de asignación de recursos. Sin embargo, la experiencia indica que es la única manera de asegurar que la mitad más pobre de la población no deba esperar 25 años más, a ver si funciona el milagro del trickle down por la espontaneidad del mercado.
En el corto plazo, la incidencia del desempleo y subempleo sobre grupos específicos de población también debe ser enfrentada con instrumentos de política específicos. En el caso de los jóvenes y mujeres cuya tasa de desempleo duplica y más la del conjunto de la PEA, conviene discutir la viabilidad y conveniencia de políticas y programas que potencien sus competencias y experiencias laborales, considerando los déficits de la educación formal y las restricciones del propio mercado laboral.
Ya se están generando en el país algunas iniciativas novedosas en materia de programas de capacitación y empleo (Proyecto Ministerio de Trabajo - BID), pero se requiere de un esfuerzo más amplio para masificar este tipo de oportunidades en favor de miles de mujeres y jóvenes excluídos del mercado de trabajo, y que lo seguirán estando, si no se les ofrece una oportunidad diferente.
Pero ello se requiere de una mentalidad abierta de todos los sectores (trabajadores, empresarios y gobierno), para discutir las condiciones y circunstancias en que esto sería viable, a partir de fórmulas especiales de contrato de trabajo, de nuevas figuras de prácticas laborales, nuevas experiencias de capacitación en la empresa, etc., pero a la vez, siempre pensando que no se trata de generalizar formas de trabajo precario en sustitución de empleos plenos, sino de fórmulas temporales y de transición hacia empleos que se correspondan con las competencias de la fuerza de trabajo.
Para compatibilizar esfuerzos entre distintos plazos, se requiere, por el lado de la oferta, de una estrategia de inversión en recursos humanos sostenida para el largo plazo, que permita desarrollar las competencias exigidas por el desarrollo del país, en un contexto de globalización y competitividad, estrategia en la cual también todos los sectores deben participar y contribuir. En ello, se deben generar nuevas iniciativas, estímulos y mecanismos de inversión privada en recursos humanos.
Finalmente, se debe tener muy en cuenta que en el muy corto plazo o coyuntura, existen grupos sociales cuya sobrevivencia está en riesgo y que no pueden esperar por la reactivación económica o por los beneficios de otros programas de corto plazo. Se requiere para estos grupos una solidaridad del Estado y del resto de la sociedad para atenuar su condición de indigencia, lo cual exigirá de algún nivel de subsidio temporal, mientras sus condiciones mejoran.
ANEXO ESTADISTICO
|
CUADRO 1 |
||||
|
PANAMA: PRODUCTO INTERNO BRUTO Y PRODUCTO PERCAPITA |
||||
|
Años: 1980 - 1996 |
||||
|
PIB |
PIB Percápita |
|||
|
TOTAL |
Variación |
TOTAL |
Variación |
|
|
AÑO |
(millones de Balboas de 1982 |
Porcentual |
|
Porcentual |
|
1980 |
3736,4 |
1916 |
||
|
1981 |
4069,8 |
8,9 |
2044 |
6,7 |
|
1982 |
4226,6 |
3,9 |
2078 |
1,7 |
|
1983 |
4162,2 |
-1,5 |
2003 |
-3,6 |
|
1984 |
4251,8 |
2,2 |
2004 |
0,0 |
|
1985 |
4467,7 |
5,1 |
2061 |
2,8 |
|
1986 |
4667,1 |
4,5 |
2110 |
2,4 |
|
1987 |
4808,2 |
3,0 |
2131 |
1,0 |
|
1988 |
4175,9 |
-13,2 |
1813 |
-14,9 |
|
1989 |
4143,8 |
-0,8 |
1764 |
-2,7 |
|
1990 |
4451,1 |
7,4 |
1857 |
5,3 |
|
1991 |
4803,2 |
7,9 |
1966 |
5,9 |
|
1992 |
5149,9 |
7,2 |
2070 |
5,3 |
|
1993 |
5363,0 |
4,1 |
2116 |
2,2 |
|
1994 |
5562,1 |
3,7 |
2154 |
1,8 |
|
1995 (P) |
5670,3 |
1,9 |
2155 |
0,0 |
|
1996 (P) |
5783,7 |
2,0 |
- |
- |
|
(P) Cifras preliminares |
||||
|
FUENTE: Dirección de Estadística y Censos. "Estadística Panameña. Avances de Cifras" |
||||
|
CUADRO 2. PANAMA: CIFRAS DEL MERCADO DE TRABAJO. AÑOS 1986-1997 |
|||||||||||
|
INDICADORES |
1986 |
1987 |
1988 |
1989 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
|
PIB |
4667,1 |
4808,2 |
4175,9 |
4143,8 |
4803,2 |
5149,9 |
5363,0 |
5562,1 |
5670,3 |
5783,7 |
nd |
|
PET tot |
1294,9 |
1334,0 |
1373,8 |
1414,2 |
1496,9 |
1520,7 |
1557,9 |
1594,7 |
1632,4 |
1670,2 |
1706,8 |
|
PEA tot |
719,6 |
769,4 |
782,2 |
820,0 |
858,5 |
915,9 |
940,3 |
967,3 |
1007,9 |
1011,4 |
1050,8 |
|
PEA 15-24 |
189,2 |
204,9 |
207,1 |
213,7 |
216,8 |
234,2 |
240,2 |
232,9 |
236,8 |
230,8 |
nd |
|
PET Muj |
652,8 |
676,3 |
689,3 |
716,9 |
759,7 |
763,6 |
786,9 |
801,6 |
822,8 |
841,8 |
867,4 |
|
PEA Muj |
226,8 |
254,7 |
247,5 |
271,9 |
290,4 |
307,9 |
319,6 |
332,2 |
350,0 |
348,5 |
373,7 |
|
PEA urbana |
412,3 |
454,5 |
455,1 |
483,2 |
517,5 |
582,0 |
598,4 |
625,9 |
648,5 |
653,6 |
nd |
|
Ocupados |
643,8 |
678,3 |
654,4 |
686,3 |
720,1 |
781,6 |
815,6 |
831,8 |
866,7 |
870,6 |
911,8 |
|
Ocupados mod |
363,2 |
376,8 |
329,5 |
354,8 |
380,8 |
410,3 |
441,1 |
468,1 |
475,5 |
479,0 |
nd |
|
Ocupados trad |
280,6 |
301,5 |
324,9 |
331,5 |
339,3 |
371,3 |
374,5 |
363,7 |
391,2 |
391,6 |
nd |
|
Ocupados SIU |
92,6 |
108,5 |
113,7 |
115,6 |
124,5 |
153,3 |
156,6 |
163,2 |
170,1 |
171,6 |
nd |
|
Patronos |
12,9 |
13,9 |
16,5 |
13,4 |
23,6 |
19,0 |
19,2 |
22,7 |
26,7 |
27,0 |
29,6 |
|
Asal públicos |
153,3 |
153,0 |
145,0 |
149,1 |
148,9 |
152,4 |
156,6 |
163,3 |
161,4 |
161,7 |
163,4 |
|
Asal privados |
234,5 |
248,8 |
203,0 |
219,2 |
250,3 |
292,1 |
323,4 |
340,4 |
354,3 |
364,3 |
371,4 |
|
Asal canal |
14,1 |
17,0 |
18,3 |
20,9 |
12,4 |
12,6 |
14,7 |
15,5 |
17,0 |
14,2 |
15,5 |
|
Cta propias |
168,6 |
175,4 |
196,4 |
205,4 |
206,5 |
219,5 |
217,0 |
210,0 |
220,3 |
221,4 |
246,8 |
|
Fam no rem |
30,7 |
41,7 |
47,3 |
43,3 |
36,5 |
35,2 |
33,7 |
27,5 |
34,5 |
34,3 |
31,8 |
|
Domésticos |
29,7 |
28,4 |
27,9 |
35,0 |
41,8 |
50,8 |
51,0 |
52,4 |
51,9 |
47,6 |
52,9 |
|
Desempleo nal |
75,7 |
91,1 |
127,8 |
133,7 |
138,4 |
134,4 |
124,7 |
135,5 |
141,2 |
140,8 |
139,1 |
|
Desempleo muj |
32,9 |
42,7 |
52,9 |
58,7 |
65,6 |
68,7 |
64,5 |
67,7 |
70,5 |
67,8 |
67,5 |
|
Desempleo 15-24 |
45,3 |
51,3 |
64,4 |
67,3 |
66,9 |
69,1 |
64,5 |
64,6 |
64,6 |
68,1 |
nd |
|
Desempleo urb |
59,7 |
72,7 |
101,6 |
109,7 |
117,0 |
105,9 |
93,2 |
98,6 |
106,5 |
110,9 |
nd |
|
Subempleo tot |
115,3 |
126,2 |
138,5 |
147,1 |
149,1 |
158,6 |
183,8 |
179,7 |
231,3 |
215,1 |
nd |
|
Ignorados |
126,2 |
132,8 |
153,9 |
153,8 |
142,1 |
141,3 |
135,3 |
111,0 |
112,7 |
104,9 |
nd |
|
Ingresos SMU |
437,0 |
447,0 |
450,0 |
457,0 |
473,0 |
452,0 |
485,0 |
492,0 |
517,0 |
516 |
nd |
|
Ing SMU hom |
472,0 |
483,0 |
483,0 |
495,0 |
497,0 |
485,0 |
525,0 |
530,0 |
559,0 |
554 |
nd |
|
Ing SMU muj |
387,0 |
394,0 |
400,0 |
401,0 |
439,0 |
401,0 |
423,0 |
429,0 |
449,0 |
456 |
nd |
|
Ingresos SIU |
186,0 |
193,0 |
161,0 |
163,0 |
124,0 |
194,0 |
217,0 |
225,0 |
227,0 |
214 |
nd |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá, en base a la encuesta de hogares y otras fuentes de la DEC |
|||||||||||
|
CUADRO 3. PANAMA: INDICADORES DEL MERCADO DE TRABAJO. AÑOS 1986-1996 |
||||||||||
|
INDICADORES |
1987 |
1988 |
1989 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
|
Crecim PIB |
3,0 |
-13,2 |
-0,8 |
15,9 |
7,2 |
4,1 |
3,7 |
1,9 |
2,0 |
nd |
|
Crecim PEA |
6,9 |
1,7 |
4,8 |
4,7 |
6,7 |
2,7 |
2,9 |
4,2 |
0,3 |
3,9 |
|
Tasa particip |
57,7 |
56,9 |
58,0 |
57,4 |
60,2 |
60,4 |
60,7 |
61,7 |
60,6 |
61,6 |
|
Crec PEA muj |
6,9 |
1,7 |
4,8 |
4,7 |
6,7 |
2,7 |
2,9 |
4,2 |
0,3 |
3,9 |
|
Tasa partic muj |
37,7 |
35,9 |
37,9 |
38,2 |
40,3 |
40,6 |
41,4 |
42,5 |
41,4 |
43,1 |
|
Crecim empleo |
5,4 |
-3,5 |
4,9 |
4,9 |
8,5 |
4,4 |
2,0 |
4,2 |
0,4 |
4,7 |
|
Tasa Desem tot |
11,8 |
16,3 |
16,3 |
16,1 |
14,7 |
13,3 |
14,0 |
14,0 |
13,9 |
13,2 |
|
Tasa Des urbano |
16,0 |
22,3 |
22,7 |
22,6 |
18,2 |
15,6 |
15,8 |
16,4 |
17,0 |
nd |
|
Tasa Des 15-24 |
25,0 |
31,1 |
31,5 |
30,9 |
29,5 |
26,9 |
27,7 |
27,3 |
29,5 |
nd |
|
Tasa Des muj |
16,8 |
21,4 |
21,6 |
22,6 |
22,3 |
20,2 |
20,4 |
20,1 |
19,5 |
nd |
|
Tasa subempl |
16,4 |
17,7 |
17,9 |
17,4 |
17,3 |
19,5 |
18,6 |
22,9 |
21,3 |
nd |
|
Tasa ignorados |
17,3 |
19,7 |
18,8 |
16,6 |
15,4 |
14,4 |
11,5 |
11,2 |
10,4 |
nd |
|
Subempl + Ign |
33,7 |
37,4 |
36,7 |
33,9 |
32,7 |
33,9 |
30,1 |
34,1 |
31,6 |
nd |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá, en base a la encuesta de hogares y otras fuentes de la DEC |
||||||||||
|
CUADRO 4. PANAMA: CRECIMIENTO DEL EMPLEO SEGUN SEGMENTO Y CATEGORIA OCUPACIONAL |
||||||||||
|
SEGM/CATEG |
1987 |
1988 |
1989 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
|
TOTAL |
5,4 |
-3,5 |
4,9 |
4,9 |
8,5 |
4,4 |
2,0 |
4,2 |
0,4 |
4,7 |
|
MODERNO |
3,7 |
-12,6 |
7,7 |
7,3 |
7,7 |
7,5 |
6,1 |
1,6 |
0,7 |
nd |
|
TRADICIONAL |
7,4 |
7,8 |
2,0 |
2,4 |
9,4 |
0,9 |
-2,9 |
7,6 |
0,1 |
nd |
|
SIU |
17,2 |
4,8 |
1,7 |
7,7 |
23,1 |
2,2 |
4,2 |
4,2 |
0,9 |
nd |
|
Patronos |
7,8 |
18,7 |
-18,8 |
76,1 |
-19,5 |
1,1 |
18,2 |
17,6 |
1,1 |
9,6 |
|
Asal públicos |
-0,2 |
-5,2 |
2,8 |
-0,1 |
2,4 |
2,8 |
4,3 |
-1,2 |
0,2 |
1,1 |
|
Asal privados |
6,1 |
-18,4 |
8,0 |
14,2 |
16,7 |
10,7 |
5,3 |
4,1 |
2,8 |
1,9 |
|
Asal canal |
20,6 |
7,6 |
14,2 |
-40,7 |
1,6 |
16,7 |
5,4 |
9,7 |
-16,5 |
9,2 |
|
Cta propias |
4,0 |
12,0 |
4,6 |
0,5 |
6,3 |
-1,1 |
-3,2 |
4,9 |
0,5 |
11,5 |
|
Fam no rem |
35,8 |
13,4 |
-8,5 |
-15,7 |
-3,6 |
-4,3 |
-18,4 |
25,5 |
-0,6 |
-7,3 |
|
Domésticos |
-4,4 |
-1,8 |
25,4 |
19,4 |
21,5 |
0,4 |
2,7 |
-1,0 |
-8,3 |
11,1 |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá, en base a la encuesta de hogares y otras fuentes de la DEC |
||||||||||
|
CUADRO 5. PANAMA: ESTRUCTURA RELATIVA DEL EMPLEO SEGUN SEGMENTO Y CATEGORIA OCUPACIONAL |
||||||||||
|
SEGM/CATEG |
1987 |
1988 |
1989 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
|
TOTAL |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
nd |
|
MODERNO |
55,6 |
50,4 |
51,7 |
52,9 |
52,5 |
54,1 |
56,3 |
54,9 |
55,0 |
nd |
|
TRADICIONAL |
44,4 |
49,6 |
48,3 |
47,1 |
47,5 |
45,9 |
43,7 |
45,1 |
45,0 |
nd |
|
SIU |
16,0 |
17,4 |
16,8 |
17,3 |
19,6 |
19,2 |
19,6 |
19,6 |
19,7 |
nd |
|
Patronos |
2,0 |
2,5 |
2,0 |
3,3 |
2,4 |
2,4 |
2,7 |
3,1 |
3,1 |
3,2 |
|
Asal públicos |
22,6 |
22,2 |
21,7 |
20,7 |
19,5 |
19,2 |
19,6 |
18,6 |
18,6 |
17,9 |
|
Asal privados |
36,7 |
31,0 |
31,9 |
34,8 |
37,4 |
39,7 |
40,9 |
40,9 |
41,8 |
40,7 |
|
Asal canal |
2,5 |
2,8 |
3,0 |
1,7 |
1,6 |
1,8 |
1,9 |
2,0 |
1,6 |
1,7 |
|
Cta propias |
25,9 |
30,0 |
29,9 |
28,7 |
28,1 |
26,6 |
25,2 |
25,4 |
25,4 |
27,1 |
|
Fam no rem |
6,1 |
7,2 |
6,3 |
5,1 |
4,5 |
4,1 |
3,3 |
4,0 |
3,9 |
3,5 |
|
Domésticos |
4,2 |
4,3 |
5,1 |
5,8 |
6,5 |
6,3 |
6,3 |
6,0 |
5,5 |
5,8 |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá, en base a la encuesta de hogares y otras fuentes de la DEC |
||||||||||
|
CUADRO 6. PANAMA: CRECIMIENTO DEL INGRESO NOMINAL SEGUN SEGMENTO Y SEXO |
|||||||||
|
SEGM/CATEG |
1987 |
1988 |
1989 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
|
TOTAL |
|||||||||
|
SMU total |
2,3 |
0,7 |
1,6 |
3,5 |
-4,4 |
7,3 |
1,4 |
5,1 |
-0,2 |
|
SMU hombres |
2,3 |
0,0 |
2,5 |
0,4 |
-2,4 |
8,2 |
1,0 |
5,5 |
-0,9 |
|
SMU mujeres |
1,8 |
1,5 |
0,3 |
9,5 |
-8,7 |
5,5 |
1,4 |
4,7 |
1,6 |
|
SIU |
3,8 |
-16,6 |
1,2 |
-23,9 |
56,5 |
11,9 |
3,7 |
0,9 |
-5,7 |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá, en base a la encuesta de hogares y otras fuentes de la DEC |
|||||||||
|
CUADRO 7. PANAMA: SITUACION SOCIODEMOGRAFICA DE LOS HOGARES AÑO: 1995 (En Porcentajes) |
|||||
|
TOTAL |
P O B R E S |
||||
|
CARACTERISTICAS |
Total |
Indigentes |
Pobres |
No Pobres |
|
|
Total de hogares (%) |
100.0 |
39.8 |
18.1 |
21.7 |
60.2 |
|
Total personas (%) |
100.0 |
46.9 |
22.3 |
24.5 |
53.1 |
|
Tamaño medio del hogar |
4.06 |
4.78 |
5.00 |
4.59 |
3.58 |
|
Menores de 15 años por hogar |
1.3 |
2.1 |
2.4 |
1.7 |
0.9 |
|
Ocupados por hogar |
1.39 |
1.11 |
0.92 |
1.27 |
1.57 |
|
Tasa participación |
41.0 |
31.0 |
26.0 |
35.0 |
50.0 |
|
Tasa de desempleo |
16.0 |
24.0 |
30.0 |
21.0 |
11.0 |
|
Inactivos por hogar |
2.4 |
3.3 |
3.7 |
3.0 |
1.8 |
|
Ingreso percapita medio |
175.3 |
47.3 |
25.9 |
66.7 |
288.0 |
|
FUENTE: SIAL/OIT/Panamá. En base a la encuesta de hogares de la DEC |
|||||
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