|
Contenido
Introducción
¿Qué entendemos por trabajo infantil?
El trabajo infantil en la región
Cuadros
I. Introducción
Inquietante, para unos, simple manifestación de una práctica
ancestral o lucha por la supervivencia, para otros, el trabajo infantil ha
adquirido importancia en la región, en circunstancias que persiste o
aumenta incluso la desocupación y la subocupación de los
adultos. No es sino en los últimos años, sin embargo, que
deviene tema de investigación y vector de políticas nacionales;
y no siempre se tiene consciencia de sus implicaciones, a nuestro modo de
ver muy negativas, para el niño que lo realiza, para sus familiares
y para la sociedad en su conjunto.
En relación con la evolución del mercado laboral en la
fase actual de desarrollo de las economías latinoamericanas, se ha
señalado el peso creciente de las actividades informales, y la
pérdida de importancia y una cierta desregulación de aquellas
formales°. Se subraya, asimismo, la escasa creación
de empleo en el sector moderno de la economía, la disminución
del papel del Estado como empleador, el estancamiento de los salarios reales
y en general de los ingresos, y la persistencia de la pobreza en la mayor
parte de los países de la región. Coincidentemente, se ha
acentuado la precocidad y la prolongación del ciclo de vida laboral;
cada vez es mayor el número y la proporción de niños y niñas
que empiezan a trabajar desde temprana edad; así como de los trabajadores de edad
de ambos sexos.
° La expansión del sector informal y la contracción
del formal, así como otros datos de interés sobre el mercado
laboral en el período 1990-1996 son subrayados por la publiación
de la OIT Panorama Laboral'96.
Nos ocuparemos en este texto de la primera de estas tendencias, que
está muy relacionada tanto con la informalidad, que es en donde se
desempeñan la mayor parte de los trabajadores prematuros urbanos; y
que expresa por otro lado uno de los aspectos de la mencionada
desregulación: la disminución, de hecho, de la edad
mínima de admisión al empleo, tanto en las actividades
formales como informales. En las áreas rurales, el trabajo infantil
expresa, contradictoriamente, la persistencia de la economía
campesina y una modernización segmentaria de muchas plantaciones,
en particular de aquellas intensivas en mano de obra.
Este texto consta de dos partes, además de esta introducción.
En la primera parte abordamos aspectos conceptuales
e introducimos en el tema. La segunda, trata de la extensión y la
evolución reciente del trabajo infantil en la región, las
características socio-económicas de los niños y niñas
que lo realizan, así como sus condiciones y medio ambiente de trabajo
y su acceso a la escuela. Hace referencia, asimismo, a las causas del
trabajo infantil.
Contenido
II. ¿Qué entendemos por trabajo infantil?
Niñez y adolescencia
La definición de ambos conceptos es particularmente importante,
para precisar los términos del problema y las opciones existentes
para su solución. Asimismo, las instituciones nacionales e internacionales,
los investigadores, la opinión pública, los niños y
adolescentes y sus familiares, no utilizan siempre las mismas definiciones.
Para la OIT, las edades de los menores de edad son definidas por las
disposiciones legales establecidas en relación con la edad mínima
de admisión a un empleo; que varían según se trate de
países desarrollados o en desarrollo. En estos últimos, y en
consecuencia en América Latina, la OIT considera como niños
y niñas, a los menores de 14 años de edad, que es el
límite inferior establecido para la admisión a un empleo por
la mayor parte de esas disposiciones en la región. Y considera como
adolescentes, a los menores de ambos sexos que ya han cumplido 14
años pero son menores de 18 años de edad, que es el límite
inferior establecido por esas disposiciones para el empleo sin restricciones
determinadas por la edad del joven.
II. Qué entendemos ..
Trabajo infantil
Trabajo infantil será, en consecuencia, aquel trabajo o actividad
económica que es realizado por niños o por niñas,
es decir, por menores de 15 años de edad, cualquiera que sea su
condición laboral (trabajador asalariado, trabajador independiente,
trabajador familiar no remunerado, etc.). En consecuencia, en este texto
las expresiones "trabajo" y "actividad económica"
son sinónimas. Se entenderá por "trabajo", a toda
actividad destinada a la producción de mercancías, utilícese
o no una fuerza de trabajo asalariada; así como toda actividad destinada
a la reproducción de la fuerza de trabajo, que es realizada por asalariados,
es decir, por fuerza de trabajo convertida en mercancía, caso del servicio
doméstico. A su vez, la expresión "actividad económica"
significa la producción de bienes y servicios, según se definen en el
sistema de cuentas nacionales de las Naciones Unidas. De acuerdo con este sistema,
la producción de bienes y servicios incluye "toda la producción
de mercado y algunos tipos de producción
no de mercado, incluyendo la producción y elaboración de
productos primarios para autoconsumo, la construcción por cuenta
propia y otras producciones de activos fijos para uso propio. Excluye las
actividades no remuneradas, como son las tareas domésticas no retribuidas
y los servicios voluntarios a la comunidad" °, °°.
° R. Hussmanns et al.: "Encuestas de población
económicamente activa, empleo, desempleo y subempleo", OIT-Ministerio
de Trabajo de España, Madrid, 1993: 43.
°° Los servicios voluntarios a la comunidad tienen una importancia
productiva indudable en las economías campesinas, en particular
en las indígenas. Muchos niños y niñas participan
en ellas.
La primera de las exclusiones señaladas en el párrafo
precedente comprende una actividad muy importante para el análisis
del trabajo infantil: las tareas domésticos realizadas por una persona
de menos de 15 años de edad en el domicilio de sus padres o
familiares. La expresión "trabajo infantil" no incluye
esos trabajos; salvo, por extensión, en los casos en que esas tareas
puedan considerarse equivalentes a una actividad económica. Asimismo,
incluye a las tareas productivas realizadas en contextos familiares, por
invisible que pueda ser el aporte infantil. Estas tareas ayudan a configurar
una segunda definición de trabajo infantil, que denominaremos
ampliada, para diferenciarla de la primera, que llamaremos
restringida, a la cual completa.
Para ilustrar la definición ampliada, recurriremos a dos ejemplos.
Primero, cuando un niño debe dedicar todo su tiempo a esas tareas,
a fin de que sus padres o familiares puedan desempeñar un empleo
fuera del hogar, y, por consiguiente, y se ve privado de la posibilidad
de ir a la escuela, está llevando a cabo tareas domésticas
excluyentes, que consideramos equivalentes a una actividad económica.
Segundo, cuando las tareas productivas familiares no pueden ser distinguidas
de aquellas relativas a la reproducción familiar, porque el lugar
en que se realizan aquellas y el lugar de habitación coinciden,
o porque los ámbitos de la producción y la reproducción
social familiar están íntimamente involucrados, conforme
sucede con frecuencia en la economía campesina --el cuidado de la
huerta o el corral familiar con fines de autoconsumo, y en menor medida
el acarrear agua o leña, son buenos ejemplos de esa mezcla-- así
como en el trabajo a domicilio o la producción en talleres instalados
en el domicilio familiar, es muy probable que los niños y las niñas
trabajen sin que su actividad laboral sea visible. Uno y otro caso se agregan
a la definición restringida, ampliándola.
El trabajo infantil, tanto en una como en otra acepción, no
comprende el trabajo realizado con fines educativos, sea en instituciones
educativas, sea en empresas, como parte de un programa de formación.
La OIT condiciona que la formación en empresas se lleve a cabo a
partir de los 14 años de edad.
II. Qué entendemos ..
Edades y colectivos
Consideramos necesario distinguir a los niños y niñas,
de los adolescentes de ambos sexos, pues se encuentran en diferentes etapas
de desarrollo fisiológico, psicológico y educativo. No distinguir,
por ejemplo, a los menores de 10 años de edad, de aquellos con 10 a 14
años, y sobre todo de quienes tienen 15 a 17 años, suscita problemas
de interpretación. La legislación laboral contempla esas diferencias;
en particular, establece un tratamiento diferenciado según se haya cumplido,
o no, la edad mínima de admisión al empleo, manteniendo sin embargo
el principio de la protección especial al menor de 18 años de edad
que trabaja. Conforme se ha señalado, la OIT define la infancia en función
de la edad mínima de admisión al empleo en general. En América
Latina interesa conocer, por ello, la población económicamente activa
menor de 14, o excepcionalmente, en algunos países, de 15 años de edad;
que es, por otro lado, el límite inferior considerado por las estadísticas
laborales. Lamentablemente, en la mayor parte
de los países sólo existe información sobre los grupos
con 10 a 14 años de edad, incluso en algunos sólo se dispone
de información sobre los grupos con 12 a 14 años, y prácticamente
no existe, salvo excepción, información sobre los trabajadores
particularmente prematuros, que aún no han cumplido 10 años.
A esa edad mínima general, se agregan otras dos. Por un
lado, aquella que, por vía de excepción, permite eventualmente
la realización de trabajos ligeros, que se establece habitualmente,
cuando es el caso, a partir de doce años de edad, a condición
de que ese empleo se ejerza en condiciones apropiadas y no impida completar
la escolaridad a quienes aún no han terminado los estudios obligatorios.
Y, por otro lado, la prohibición para realizar trabajos pesados,
penosos o peligrosos, inclusive trabajos subterráneos, trabajo
nocturno, o por turnos, u horas extras, que con frecuencia sólo
pueden ser realizados a partir de los 18 años, aunque en algunos
países pueden serlo a los 16. El Cuadro N°1 incluye información
sobre el particular. Asimismo, la legislación laboral con frecuencia
limita, entre los 14 y los 18 años de edad, la jornada del menor
trabajador, estableciendo para estos grupos jornadas máximas cuya
duración es inferior a la jornada normal del adulto.
II. Qué entendemos ..
Obligatoriedad escolar
Todos los países de la región han establecido la obligatoriedad
de la llamada educación básica, que generalmente comprende la
educación primaria, y en algunos países incluye asimismo al
primer ciclo de la educación secundaria. La columna 5 del Cuadro
N° 1, indica el número de años de estudios obligatorios
y la 4, los rangos de edades en las que se supone se cumple esa
obligación. En la mayor parte de los países la edad mínima
de admisión legal al empleo, no coincide con la edad en que finaliza,
en teoría, la obligatoriedad escolar. Las excepciones son Bolivia y
Honduras. Aunque en el cuadro figure la misma edad, debe tenerse en cuenta
que la edad mínima de admisión al empleo se alcanza al
cumplirse la edad indicada,
mientras que la obligatoriedad escolar termina cuando se deja de tener
la edad señalada. En Brasil, por ejemplo, la edad mínima
se alcanza al cumplirse los 14 años de edad; pero la obligatoriedad
escolar subsiste hasta que se completen 8 años de estudios; en la
ocurrencia -- si se iniciaron los estudios primarios a los 7 años
de edad, y se cumple años alrededor del momento en que termina el
curso escolar-- el último día con 14 años de edad.
En la mayor parte de los países sucede igual; en otros, la amplitud
de la diferencia puede ser mayor. En los países en donde la obligatoriedad
escolar comprende seis años de estudios primarios solamente, la edad
mínima de admisión legal al empleo puede coincidir, en la
práctica, sin embargo, con la terminación de los mencionados
estudios, si el niño tiene un año de retraso en sus estudios
--por inscripción tardía, repetición u otra causa--
de cumplir años alrededor del momento en que termina el curso.
Probablemente es un caso bastante generalizado. No obstante, las situaciones
pueden ser muy diversas.
II. Qué entendemos ..
La OIT y el trabajo infantil
El interés de la OIT en el trabajo infantil ha sido permanente,
desde su fundación, en 1919. Sus preocupaciones en este ámbito
se acentúan en la actualidad, por la persistencia de formas ancestrales y
la aparición de nuevas formas de explotación económica de la niñez.
Asimismo, inquietan sus repercusiones en la salud laboral del futuro adulto,
al igual que las perspectivas de quienes, por trabajar prematuramente, no han podido
formarse debidamente, o lo han hecho de manera muy escasa, en circunstancias que el
mercado laboral restringe significativa y crecientemente el empleo y la protección
social a quienes no están calificados profesionalmente.
| La OIT y el trabajo infantil
La OIT considera que los niños y las niñas no deben
trabajar para subsistir; asimismo, es contraria a que ese trabajo sirva
a la acumulación de capital. Se ha preocupado, en consecuencia,
desde su fundación, en establecer una normativa internacional y
en promover unas políticas nacionales con tales propósitos.
En su primera conferencia internacional, en 1919, adoptó el primero
de los once convenios internacionales sobre la edad mínima de admisión
al empleo que ha promulgado hasta el momento.
En 1973 adoptó el instrumento más amplio en la materia,
el Convenio sobre la edad mínima de admisión al empleo (núm. 138),
que revisa los anteriores convenios; así como la Recomendación
(núm. 146),
que lo complementa. Es un convenio flexible, que tiene en cuenta las particularidades de los países
en desarrollo. Ha inspirado el artículo 32 de la Convención
sobre los Derechos del Niño, relativo a la protección de
los menores de 18 años de edad, contra la explotación económica.
Los países que lo ratifican se comprometen, en primer lugar,
a seguir una política nacional dirigida a asegurar, en los plazos
que se requieran, la abolición del trabajo infantil que se realiza
con fines de subsistencia y de acumulación de capital; y, en segundo
lugar, a establecer y a respetar una edad mínima de admisión
al empleo o al trabajo, y a elevarla progresivamente a un nivel compatible
con el pleno desarrollo físico y mental del futuro adulto. En los
países en desarrollo esa edad es de 14 años, pudiendo permitirse,
excepcionalmente y previa autorización, la realización de
trabajos ligeros a los 12 años de edad.
Esa política puede variar de un país a otro, pero usualmente
debe incluir medidas destinadas a desarrollar, en general, condiciones
socio-económicas y valores culturales que desalienten la oferta
y la demanda de la fuerza de trabajo con edades inferiores a la edad mínima
mencionada; así como medidas dirigidas específicamente sea
a prevenir o erradicar el trabajo infantil, sea a proteger a los niños
y adolescentes no comprendidos en los alcances del convenio, y a los adolescentes
a los que se permita trabajar, a manera de excepción. La Recomendación
N° 146 propone la adopción de medidas en favor del pleno empleo
y una política social avanzada.
Entre esas medidas, cabe señalar el desarrollo y la extensión
progresiva de medios adecuados de enseñanza y de orientación
y de formación profesional, adaptadas por su forma y contenido a
las necesidades de los niños y adolescentes. Asimismo, subraya la
necesidad de asegurar la universalización de la enseñanza
primaria o básica, mediante el cumplimiento estricto de las disposiciones
que establecen su gratuidad y su obligatoriedad, y la elevación
substancial de su calidad. Por otro lado, la educación debe adaptarse
a los requerimientos del mercado de trabajo, y prever las transformaciones
a mediano y largo plazo de éste.
La OIT no es contraria al trabajo infantil que se realiza con fines
de capacitación o formación en el medio escolar. Asimismo,
respeta las costumbres y las instituciones de las poblaciones indígenas
y tribales en la materia, cuando el trabajo del niño o adolescente
tiene lugar en la economía natural y se hace en un marco de respeto
de los derechos humanos.
Consciente de la extensión considerable del trabajo infantil,
y de sus tendencias, la OIT pone especial empeño en la promoción
del Convenio N° 138, con miras a incrementar el número de ratificaciones
y de mejorar su aplicación; ha creado el Programa Internacional
para la Erradicación del Trabajo Infantil, que canaliza su asistencia
técnica en la materia; y ha iniciado la preparación de un
convenio internacional específico a trabajo infantil, centrado en
el combate de sus formas más penosas, peligrosas y perniciosas.
|
Contenido
III. El trabajo infantil en la región
Dimensiones y tendencias
El trabajo infantil es relativamente importante
en la región, desde un punto de vista cuantitativo, y probablemente
lo es más, aún, en una perspectiva cualitativa. Sin embargo,
la estimación del número y las características económicas,
sociales y culturales de los niños trabajadores, es difícil,
en el estado actual de las estadísticas relativas a la infancia
trabajadora, conforme se señala en el recuadro adjunto.
Una primera aproximación puede ser establecida a partir del grupo
de edades 10 a 14 años. Se puede estimar en cuando menos 7'613,198,
el número de niños con 10 a 14 años de edad que trabajaban
en América Latina hacia 1995, según la definición
restringida de trabajo infantil, conforme se puede apreciar en el Cuadro
N° 2 *. En promedio, casi 15% de los niños y niñas con
tales edades trabajan. Es una proporción bastante elevada. El Cuadro
N° 3 proporciona información sobre la distribución por
sexo y según área urbana o rural, temas a los que haremos
referencia más adelante.
* El número probablemente es bastante mayor, dada
la subestimación por las estadísticas del trabajo infantil.
Por otro lado, en tres de los países se incluye información
sobre niños y niñas con 12 a 14 años y en uno, con
6 a 14 años. Es probable que el número de aquellos con 10
y 11 años que trabajan en Colombia, sea bastante similar al de aquellos
con 6 a 9 años que trabajan en el Perú.
Si se tiene en cuenta la definición ampliada de trabajo infantil
--es decir, si se incluye en la estimación a los niños y
niñas que realizan tareas domésticas excluyentes u otras
tareas productivas familiares poco visibles-- esa cifra aumentaría
y esa proporción aumentarían en magnitudes que sólo
es posible precisar en algunos pocos países. En Brasil, lo haría,
en 29.1% en 1990; en Colombia, en 28.5% en 1992; en Costa Rica, 55%, en
1994; y, en Panamá, en 44.4% en 1994, si se tienen en cuenta las
tareas domésticas excluyentes °. Se conoce poco esa magnitud
en la mayor parte de los países, pero se supone que es relativamente
importante en todo país en donde la participación de la mujer
en el mercado de trabajo es significativa y no existen suficientes servicios
sociales, en particular para el cuidado de niños y niñas
de corta edad, educación pre-escolar o cuidado de ancianos. Es probable
que sea menos importante en otros países. De cualquier manera, las
cifras señaladas podrían indicar que la definición
ampliada de trabajo infantil incrementa cuando menos en 20% a 25% la estimación
basada en la definición restringida. Es posible que su importancia
disminuya con el desarrollo de servicios sociales destinados a apoyar a
los trabajadores con responsabilidades familiares, y con la expansión
del sistema educativo, así como por la tendencia a una mayor retención
de niñas y adolescentes de sexo femenino por ese sistema.
° En los mencionados ejemplos, se hace referencia
a la realización de oficios o tareas domésticas excluyentes,
pero no a la participación de niños y niñas en el
trabajo a domicilio o en talleres hogareños familiares, poco visibles
para las estadísticas laborales. Probablemente son numerosos.
Por otro lado, muchos niños empiezan a trabajar antes de los
10 años de edad. Aunque no se dispone de información al respecto
sobre la mayor parte de los países, aquella disponible muestra que
los trabajadores particularmente prematuros son muy numerosos. En Brasil,
por ejemplo, el Instituto Brasileiro de Geografía y Estadísticas
ha señalado que trabajan 522,188 menores con edades entre 5 y 9
años de edad; esta cifra representa 12% del total de los niños
con 5 a 14 años de edad que trabajaban en 1993; y 13.6% de aquellos
con 10 a 14 años. En otros países la proporción puede
ser mayor. Según cifras censales, los menores con 7 a 9 años
de edad representaban 21% de la fuerza de trabajo infantil en Guatemala
en 1994. El niño empieza a trabajar a muy temprana edad en las áreas
rurales. En Colombia, los niños con 6 a 9 años de edad, representaban
34.5% de la población económicamente activa rural menor de
14 años en 1991 °. Sin embargo, muchas veces también
lo hace en las áreas urbanas. Las estadísticas tienen dificultades
especiales para captar sus actividades, en especial cuando se realizan
en el hogar, y en general acompañando a sus padres o familiares
de mayor edad.
° Según la Encuesta de Hogares Rurales. La
proporción mencionada incluye oficios del hogar, que en las áreas
rurales son muy difíciles de distinguir de las actividades productivas.
La relativa invisibilidad del trabajo infantil ha llevado a desarrollar
técnicas alternativas de medición, caso de la introducción,
en las encuestas de hogares, de módulos destinados específicamente
a captarlo, mediante la inclusión de preguntas sobre sus actividades
--para evitar la incomprensión por el niño la niña
del concepto "trabajo"-- en un período de referencia bastante
mayor a la semana anterior a la entrevista, habitual en las encuestas de
empleo, que no tiene en cuenta la estacionalidad o discontinuidad del trabajo
infantil. En Costa Rica, el módulo aplicado en 1994 permitió
apreciar una sub-estimación de 69% del número de niños
con 12 a 14 años de edad que trabajan. La sub-estimación
debe ser subrayada, pues esas edades son "menos invisibles" que
las inferiores. Por otro lado, el módulo no pudo aplicarse, por
razones institucionales, a los niños y las niñas; fué
aplicado, como es normal en estas encuestas, a los mayores de 14 años
de edad que se encontraban en el hogar. Es probable que de haberse preguntado
a aquellos las actividades que realizan, la sub-estimación hubiera
sido mayor °.
° El ejercicio fué repetido en 1995. Una y
otra experiencia han sido muy valiosas para Costa Rica y para la región.
Entre sus limitaciones, que deberán ser superadas en próximos
ejercicios, cabe señalar que la lista de actividades fué
elaborada teniendo en cuenta aquellas que se realizan en las áreas
urbanas principamente. Es probable, por esta razón, que el módulo
continúe sub-estimando la proporción de niños y niñas
con 12 a 14 años de edad que trabajan en las áreas rurales.
De considerarse la definición ampliada de trabajo infantil, y
de tenerse en cuenta a los niños que empiezan a trabajar antes de
los 10 años, así como las sub-estimaciones del trabajo infantil
por las estadísticas generales, el número de niños
que trabajan es bastante superior al anteriormente señalado; cuando
menos el doble. No es aventurado afirmar que en América Latina trabajan
no menos de 15 millones de niños y niñas que aún no
han cumplido 15 años de edad.
| Estadísticas: una necesidad tangible
Una información estadística precisa,
detallada y oportuna es necesaria para el conocimiento del trabajo infantil,
sus causas e implicaciones; así como para el diseño, la ejecución
y la evaluación de políticas y programas. Es igualmente importante
para la sensibilización de la opinión pública, los
niños y las niñas, y sus familiares.
La información relativa a menores de 12 años
de edad es prácticamente inexistente, y aquella sobre los menores
de 15 años de edad, es cuantitativa y cualitativamente bastante
insuficiente en la mayoría de los países. El conocimiento
socio-laboral de la infancia plantea problemas metodológicos específicos,
que por lo general no han sido contemplados por las estadísticas
sobre el trabajo infantil, que la mayoría las veces han sido elaboradas
a partir de censos o encuestas preparadas con otros fines,
Entre los problemas a superar, cabe señalar
la invisibilidad del trabajo infantil para el encuestador y su entrevistado
-generalmente el jefe de hogar, que por otro lado puede tener razones para
negar la actividad laboral del niño o la niña-- y la difícil
interiorización, por éste u ésta, cuando son entrevistados,
del concepto de trabajo, que puede ser concebido como una obligación
familiar, como una actividad que le es difícil catalogar, o incluso
como un juego. Asimismo, es necesario tener en cuenta la discontinuidad
o estacionalidad del trabajo infantil. Muchas veces los censos o encuestas
tienen lugar en momentos distintos al de mayor actividad infantil y no
tratan de captarlos. Varios países han hecho esfuerzos para mejorar
las estadísticas relativas a trabajo infantil, incluidas las condiciones
y el medio ambiente en qué tiene lugar, sus relaciones con la escolaridad
y las condiciones de vida del niño y la niña. Mediante una
mejor tabulación de las estadísticas existentes; una mejor
utilización de los instrumentos utilizados para captar el empleo
y las condiciones de vida, incluyendo en ellos módulos destinados
a captar el trabajo infantil; y la realización de encuestas específicas,
cuando la política, el programa o el proyecto de actividad lo requiere.
|
III. El trabajo infantil
Al parecer, es creciente
El número y la proporción de niños y niñas
que trabajan aumentaron durante los años 80 y probablemente han
continuado aumentando en la primera mitad de esta década. Durante
los años 70 el trabajo infantil disminuyó, bajo la influencia
de la expansión del sistema educativo, del empleo y de los ingresos
de los adultos y, en general, de la economía. La información
sobre la primera mitad de esta década es incompleta, pero aquella
disponible sobre Brasil, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México
y Perú, muestran una tendencia al alza, que en algunos de los mencionados
países puede ser importante. En otros países, así
como en muchas regiones regiones, o ciudades, sin embargo, es posible que
el crecimiento del trabajo infantil se haya saturado, debido a la desocupación
sub-ocupación masiva de adultos, que pueden llegar a competir con
niños y niñas en un mercado de trabajo cada vez más
restringido. Información sobre la tendencia señalada es proporcionada
por el Cuadro N°4.
III. El trabajo infantil
Importancia en la PEA
La fuerza de trabajo con 10 a 14 años de edad representa en promedio
algo menos de 4% de la población económicamente activa de
la región, si se utiliza la definición restringida de trabajo
infantil, conforme se puede apreciar en los Cuadros 2 y 3. No es una proporción
elevada, pero representa las dos terceras partes de la tasa de desempleo
abierto; generalmente se sitúa entre la mitad y las tres cuartas
partes de esta tasa. La proporción que ha alcanzado y la inter-sustitución
que existe entre adultos y niños y adolescentes en algunas tareas
relativamente difundidas, sugieren la posibilidad de que el trabajo infantil
esté jugando, en menor o mayor medida, un papel como ejército
industrial de reserva en actividades poco calificadas, en particular en
ámbitos locales. Por otro lado, la proporción relativamente
elevada de niños y sobre todo de niñas que realizan oficios
domésticos excluyentes --en substitución de sus familiares
adultos, para que éstos puedan trabajar-muestra que su participación
indirecta en el mercado de trabajo es muy importante. El mejoramiento de
las estadísticas relativas a trabajo infantil permitirá apreciar
con mayor precisión la importancia de los niños y las niñas
que trabajan en ambas funciones.
III. El trabajo infantil
Algunas características
- distribución por sexo
La proporción de niños trabajadores, es bastante mayor
que la de niñas trabajadoras, si se emplea la definición
restrictiva de trabajo infantil; los rangos varían generalmente
entre 60% y 80% para los varones y 20% a 40% para las mujeres. Las diferencias
se reducen significativamente, sin embargo, de emplearse la definición
ampliada, pues la mayor parte de quienes realizan tareas domésticas
excluyentes, son mujeres (88% en Brasil; 91.2% en Colombia; 86.5% en Costa
Rica), e incluso la totalidad (como sucede en Panamá, lo que podría
estar mostrando prejuicios en los criterios de codificación de la
encuesta). La división social del trabajo entre los sexos se muestra
en América Latina desde temprana edad.
- urbanos y rurales
La mayor parte de los niños y niñas que trabajan, se
encuentra en las zonas rurales; en promedio, alrededor de 60% de aquellos
dedicados explícitamente a actividades económicas (°).
La proporción varía entre 40% y 83.5, en los países
sobre los que se dispone de información, conforme se señala
en el Cuadro N° 3. En esas zonas, la tasa de actividad puede ser dos
e incluso tres veces aquella de las zonas urbanas; en las que la tasa de
actividad infantil generalmente es bastante menor, debido a una expansión
bastante mayor del sistema educativo y la relativa importancia de las actividades
formales, que poco utilizan mano de obra infantil. Sin embargo, debido
al intenso proceso de urbanización, así como al crecimiento
de las actividades informales urbanas, que suelen utilizar trabajo infantil
en menor o mayor medida, en las últimas décadas ha crecido
muy significativamente la proporción de niños trabajadores
de ambos sexos que residen en las urbes. En las ciudades, las principales
actividades infantiles son el trabajo en micro-empresas y talleres informales,
tiendas familiares y a domicilio, así como el trabajo callejero
y el servicio doméstico, que es la principal ocupación urbana
de aquellos de sexo femenino. En el campo, el principal sector de actividad
es la agricultura.
(°) El promedio es fuertemente influenciado por Brasil,
en donde la proporción de rurales es de 54.4%. Es probable que esta
proporción esté influenciada por la difusión del boia
fria (trabajadores rurales residentes en pequeños burgos) entre
los niñas y las niñas que trabajan en la agricultura.
- la calle
Particularmente visibles en las ciudades latinoamericanas, las dos
categorías de niños y niñas que trabajan en las calles
--identificados, según los casos, sea como niños en la calle,
cuando continuán viviendo con sus familias, sea como niños
de la calle, cuando viven en ésta la totalidad o la mayor parte
del tiempo-- representan entre 5% y 20% de los niños y adolescentes
que trabajan en las ciudades. La mayor parte pertenecen a la segunda de
las categorías mencionadas; los niños de la calle constituyen
generalmente una pequeña proporción.
- etnicidad
La actividad laboral de los niños y las niñas es más
elevada en la población indígena. Puede ser 2 o 3 veces aquella
del conjunto de la población. En Ecuador, por ejemplo, en 1994 la
tasa de actividad era 34.6% en los grupos de edades con 10 a 17 años
que hablan español, y 89.7% entre los que hablan un idioma nativo
o son bilingües. En Panamá, los ocupados representaban 3.7%
del conjunto de la población con 10 a 14 años de edad y 9.7%
entre los niños y adolescentes indígenas en 1990. La mayor
intensidad laboral obedece a razones culturales de índole étnica
configuradas o reforzadas por la ruralidad; y, en general, a las precarias
condiciones de vida de las poblaciones indígenas. En América
Latina, ser indígena significa ser pobre generalmente.
Es posible que el trabajo infantil también esté muy desarrollado
en poblaciones de otros orígenes étnicos; por ejemplo, en
la población de origen africano, igualmente agobiada por la pobreza.
III. El trabajo infantil
Condición socio-laboral
- elevada proporción de asalariados
Las condiciones socio-laborales varían con la edad. En el grupo
10-14 años una elevada proporción de los niños trabajadores
y de las niñas trabajadoras son asalariados (incluídos
aquellos que prestan servicios domésticos); en casi todos los países
sobre los que se dispone de información, son mayoritarios. Llegan
a representar más de 60% e incluso 70% en las áreas urbanas
de algunos países, y alrededor de 45%-50% por ciento del conjunto
de los niños y niñas que trabajan. Parte --no conocida, pues
no existen estadísticas sobre el particular-- de estos asalariados
precoces son aprendices; informales, evidentemente, pues las legislaciones
latinoamericanas establecen que no pueden serlo antes de los 14 años
de edad, (salvo en Brasil en donde pueden ser aprendices a los 12 años)
y porque la formación que reciben no es reconocida oficialmente.
Entre ellos son comunes, las remuneraciones particularmente bajas; la prolongación
del aprendizaje por el maestro jefe o propietario del taller, con la finalidad
de seguir pagando un salario reducido, a pesar de la calificación
y la destreza media adquiridas; su utilización en otras tareas,
incluso domésticas.
- importante proporción de trabajadores familiares no remunerados
Los más pequeños, generalmente son trabajadores familiares
no remunerados. A partir de los 8 o 9 años, crece la proporción
de asalariados e independientes. En el grupo 10 a 14 años de edad,
la segunda categoría en importancia en los países sobre los
que se dispone información, son los trabajadores familiares no remunerados,
que representan alrededor de 40%-45% de los niños y adolescentes
trabajadores, y tienen particular importancia en las áreas rurales.
Salvo excepción, quienes trabajan por cuenta propia representan
una proporción bastante minoritaria de la fuerza de trabajo infantil:
entre 10% y 15%.
- pocos en el sector moderno
La mayoría de niños y niñas trabajan en la economía
campesina, en la informalidad o en el servicio doméstico, que es
una actividad distinta tanto de las actividades productivas modernas como
de las tradicionales y las informales; conciernen la reproducción
social. La información disponible sobre la distribución de
la fuerza de trabajo infantil entre estos tres sectores es escasa. En el
sector moderno, trabaja menos de 10% (*), entre 5% y 10% en el servicio
doméstico y entre 80% y 85% en la economía campesina y las
actividades informales. Estas cifras son corroboradas, en el grupo de edades
10 a 14 años de edad, en Brasil, por la escasa proporción
(3.9%), de niños y adolescentes trabajadores que contribuían
a la seguridad social; o que, entre aquellos asalariados, tenían
carné de trabajo otorgado por sus empleadores (8.6%) en 1990. Sin
embargo, la proporción de trabajadores precoces en el sector moderno
puede ser mayor, si es ocultada por la subcontratación a microempresas
informales, el trabajo a domicilio u otros mecanismos; en especial en las
plantaciones de pequeña y mediana dimensión, en donde son
numerosos, pero en las que su partipación es sub-estimada por ser
empleados muchas veces como ayudantes no remunerados de sus padres, o clandestinamente.
(*) Panorama Laboral'96, al analizar la estructura del
trabajo infantil en las áreas urbanas de siete países, señala
que en cuatro de esos países la proporción de niîos
y niñas en el sector formal es mayor de 10%, siendo superior incluso
a 20% en dos de esos países.
III. El trabajo infantil
Condiciones de trabajo
- Jornadas de trabajo prolongadas
Parte importante de los niños y los adolescentes trabajadores
realizan jornadas prolongadas, en todo caso bastante superiores a los límites
máximos establecidos por la legislación. En Brasil, por ejemplo,
46.4% de los menores trabajadores con 10 a 14 años de edad, que
suman algo más de 1.3 millones, trabajaron 40 o más horas
semanales en 1990; paradójicamente, más de 12.5 millones
de trabajadores con 15 o más años de edad, trabajaron menos
de 40 horas semanales ese año. En Colombia, Costa Rica y Ecuador,
parte importante (75% en Colombia, 54.1% en Ecuador) de los trabajadores
precoces sobre los que se dispone de información, realizan jornadas
superiores a las duraciones máximas establecidas por la legislación.
- escasos ingresos
Los ingresos de los niños y adolescentes trabajadores en promedio
son bastante bajos, aunque muchos pueden obtener ingresos mayores, incluso
más elevados que ciertas categorías de trabajadores adultos.
Un indicador parcial del nivel relativo de esos ingresos, es la proporción
de niños y adolescentes trabajadores cuyos ingresos son iguales
o menores que el salario mínimo legal. En Brasil, 96.3% de los menores
trabajadores con 10 a 14 años de edad, tenían ingresos iguales
o inferiores a un salario mínimo en 1990; muchos de ellos (71.1
por ciento del total de estas clases de edades) sólo percibían
medio salario mínimo. A conclusiones comparables llegan estudios
realizados en Colombia, Ecuador y América Central.
Los ingresos limitados que perciben en promedio los niños y adolescentes,
se deben, en parte, a la elevada proporción de trabajadores familiares
no remunerados. Sin embargo, aquellos asalariados pocas veces perciben
el salario mínimo, incluso cuando realizan jornadas iguales o mayores
que la jornada normal de los adultos. También influye la remuneración
en especie --parcial, la mayor de las veces-- de muchos de ellos; en particular
el empleado en el servicio doméstico. Y, en tercer lugar, la precariedad,
poca calificación de sus empleos y escasa capacidad de negociación
en tanto asalariados. En muchos casos influye asimismo el pago del salario
mínimo a prorrata del número de horas trabajadas, sin tener
en cuenta que cuando se autoriza el trabajo infantil, la duración
máxima de éste debe ser bastante inferior a la jornada normal,
de conformidad con la legislación de los países en los que
por vía de excepción pueden realizarse trabajos ligeros a
partir de los 12 años de edad (*). También influye la remuneración
inferior del aprendizaje, sobre todo de áquel informal.
No debería inferirse, de lo señalado, que el trabajo infantil
no es necesario para las familias. Menos aún, que éstas podrían
resignarse fácilmente a su pérdida. La contribución
de los niños y adolescentes a los ingresos familiares puede ser
importante, en particular en los hogares que confrontan la pobreza extrema,
en especial en aquellos hogares monoparentales liderados por mujeres. Por
lo demás, muchas veces permite estudiar. Asimismo, muchas veces
un trabajo infantil complementa el trabajo de un adulto, y al hacerlo,
permite que éste exista.
(*) Entre 24 y 36 horas semanales; la duración
normal de la jornada del adulto varía entre 44 y 48 horas semanales.
Nos preguntamos si lo apropiado no sería pagar el salario mínimo
completo por la realización de la jornada recortada establecida.
- riesgos para la seguridad y la salud
Los niños y los adolescentes atraviesan fases delicadas de su
desarrollo músculo-esquelético, al igual que neurológico,
hepático, digestivo, respiratorio y cardiovascular. Es una de las
razones del establecimiento de una edad mínima de admisión
al empleo; así como de condiciones de trabajo especiales, para quienes,
por vía de excepción, pueden ser autorizados a trabajar.
Aquello que es apropiado y seguro para un adulto, no lo es necesariamente
para el niño, por encontrarse éste en un período de
crecimiento y desarrollo. Sus reacciones toxicológicas, sus capacidades
laborales y sus reacciones psicológicas, no son proporcionales ni
menos aún similares a las de los adultos. Es por esta razón
que incluso actividades aparente inocuas, pueden ser riesgosas para la
seguridad y la salud de los niños y adolescentes que las realizan.
Este préambulo contribuye a explicar porqué parte importante
de los trabajos que realizan los niños y adolescentes, son riesgosos
para su salud y su seguridad. La agricultura, por ejemplo, en donde se
concentra, desde un punto de vista sectorial, la mayor parte de la fuerza
de trabajo infantil, puede ser particularmente peligrosa para ellos; y
a menudo lo es. Los trabajos agrícolas implican labores a la intemperie,
bajo altas temperaturas y, muchas veces, lluvia, mordeduras de animales
y picaduras de insectos, y, con frecuencia, exposición o manipulación
de productos químicos, muchas veces dañinos para la salud.
Asimismo, generalmente exigen posturas laborales difíciles y cargar
pesos excesivos para sus capacidades y desarrollo. Con frecuencia los productos
químicos utilizados son tóxicos. Muchos de estos riesgos,
en la agricultura y en otros sectores de actividad, han sido verificados
por estudios clínicos.
Asimismo, en el sector informal, las condiciones y medio ambiente de trabajo
están poco protegidas contra el riesgo de accidente o enfermedad
profesional, por utilizarse herramientas o maquinarias obsoletas, usarse
sin control substancias químicas u otros procesos peligrosos, y
trabajar a la intemperie o la vía pública, o en locales precarios.
Una de las actividades que más crece en muchas ciudades es la recolección
y la recuperación de desechos, altamente contaminantes y riesgosos,
y portadores de infección.
III. El trabajo infantil
Causas
La principal causa del trabajo infantil es la pobreza. La mayor parte
de los estudios realizados muestra que en su gran mayoría los niños
y las niñas que trabajan pertenecen a familias pobres, muchas veces
indigentes. Un reciente estudio de la Cepal sobre los niños y niñas
y los adolescentes de ambos sexos que trabajan en las áreas urbanas
de la región, muestra, en la categoría 12-14 años,
que, salvo en Bolivia, en todos los otros países, la mayor parte
de los niños y niñas que trabajan pertenecen a los estratos
pobres (*). Es probable incluso que muchos de los hogares no afectados
por la pobreza, serían pobres de no contar con el concurso laboral
de sus miembros infantiles. O que muchos calificados como pobres no indigentes,
serían indigentes sin ese concurso.
(*) Panorama Social de América Latina 1994.
En las zonas ruralas, la pobreza está bastante más extendida
que en las ciudades, y es una de las razones por las que la tasa de participación
laboral entre los niños y niñas es más elevada que
en las zonas urbanas. En la economía campesina, es frecuente que
los niños participen desde temprana edad en las actividades productivas,
sea por razones culturales, en particular la socialización mediante
el trabajo en la parcela o la comunidad; sea por falta de brazos, que son
necesarios en mayor medida por la escasa o incluso inexistente mecanización,
y por la incapacidad en que el campesino se encuentra de contratar mano
de obra asalariada. La demanda de fuerza de trabajo infantil se incrementa
con la migración de los miembros adultos de la familia. Sin embargo,
no todos los niños pobres trabajan; ni todos aquellos que trabajan
son pobres. La relación que se establece entre trabajo infantil
y pobreza es compleja, y de manera alguna líneal, y menos aún
automática. Muchas familias pobre siguen apostando por la educación
y consideran que el trabajo es un último recurso. Asimismo, influye
la modalidad de trabajo de los padres y adultos -cuando la actividad laboral
se realiza en el hogar, es más frecuente que participe el niño
o la niña--; la proporción de adultos potencialmente activos;
las posibilidades que ofrece el mercado de trabajo a niños y niñas;
y la accesibilidad, o no, a servicios sociales, que permitan al adulto
con responsabilidades familiares, trabajar sin recurrir al concurso de
un miembro infantil del hogar. Influyen igualmente pautas culturales --tradicionales,
como puede ser la transferencia de conocimientos artesanales de padres
a hijos; o relacionados con la migración del campo a la ciudad,
que conserva la propensión rural al trabajo infantil, y la refuerza
con fines de sobrevivencia-- y el nivel de desarrollo del sistema educativo,
o la valoración que se haga de éste.
III. El trabajo infantil
Escolaridad
El Cuadro N° 5 incluye información acerca de la escolaridad
media de los niños y niñas con 10 a 14 años de edad,
así como de aquellos que no trabajan. Las diferencias pueden ser
significativas. El trabajo dificulta la escolaridad --muchas veces, cuando
las jornadas son prolongadas, seriamente-- y en muchos casos la impide.
No es, sin embargo, un obstáculo absoluto. El mismo cuadro muestra,
por una parte, que entre 35% y 72% de quienes trabajan, no estudian; y,
por otra parte, que entre 28% y 65% de los niños y niñas
que trabajan, estudian al mismo tiempo. El trabajo infantil ha dejado de
ser sinónimo de deserción escolar; aunque sigue determinando
a ésta en buena medida. La información existente sobre Brasil
muestra que ha aumentado la proporción de quienes trabajan y estudian
al mismo tiempo; lo que es indicador de la creciente pérdida relativa
de la capacidad de la escuela para disuadir el trabajo infantil. Por otro
lado, muchos niños y niñas trabajan para sugragar sus gastos
escolares: la escuela pública no es gratuita, ni mucho menos.
Asimismo, ocupa poco tiempo --muchas veces, unos 120 días al
año, unas cuatro horas al día, e incluso menos-- y su estado
actual de exigencias puede ser compatible, dentro de ciertos límites,
con la realización de actividades laborales. Los principales problemas
se presentan por eso, no a temprana edad, sino entre los 12 y 14 años,
cuando se acumulan déficits educativos y repeticiones de años
escolares. En el otro extremo, no todos los niños y las niñas
que no asisten a la escuela lo hacen por razones laborales; muchas veces
se debe a las carencias de la oferta educativa (*). Siguen faltando escuelas,
a pesar de los esfuerzos realizados; y la educación pública
(**) es generalmente de escasa o mediocre calidad. Es lógico, en
estas circunstancias, que muchos padres de familia traten de compatibilizar
ambas opciones, incluso que prefieran el trabajo a la escolaridad de sus
hijos, por sus ventajas inmediatas, en materia de ingresos y de inserción
en el mercado laboral. La reforma educativa es, por lo señalado,
una tarea prioritaria.
(*) Un análisis detallado de la relación
existente entre la escolaridad obligatoria y el trabajo infantil en la
región es desarrollado en el primer capítulo del informe
no publicado de de Juan Carlos Bossio: Educación Básica y
Trabajo Infantil en América Latina", OIT, San José 1996.
(**) Que es, salvo excepción, a la que tienen acceso los sectores
de escasos ingresos.
III. El trabajo infantil
Dos conclusiones
- Es probable que entre 60% y 80% de los niños y adolescente trabajadores
pertenecientes al grupo 10-14 años de edad, sea no van a la escuela,
sea trabajan en mediocres o malas condiciones, o en ambientes hostiles,
de trabajo, con grave riesgo para su seguridad y salud, así como
de explotación económica. Aunque no se dispone de información
detallada suficiente, sobre otros grupos de edad, el hecho mismo de trabajar
muy precozmente, implica graves riesgos, que es confirmada por la información
disponible.
- quienes, a pesar de trabajar, incluso en condiciones inapropiadas,
van a la escuela, afrontan dificultades especiales en su escolaridad. Una
alta intensidad del trabajo, o una jornada prolongada, favorecen la impuntualidad
y la inasistencia; asimismo, causan fatiga, que dificulta el estudio. Este
colectivo está particularmente expuesto al fracaso escolar.
III. El trabajo infantil
Niños versus adolescentes
Por último, el Cuadro N°6 permite apreciar algunos aspectos
importantes de la inserción diferenciada de los niños y adolescentes
de ambos sexos en la producción y el mercado de trabajo. Sus tasas
de actividad económica son marcadamente diferentes; son relativamente
limitadas en el caso de los grupos con 10 a 14 años de edad; bastante
elevadas a los 15-17; o 15-19 años de edad, aunque varios puntos
inferiores, aún, a las que se alcanzan a los 20-24 años de
edad.
Sin embargo, las diferencias por sexo disminuyen en alguna medida con
la edad solamente; no desaparecen, siguen siendo importantes. En Brasil,
por ejemplo, la tasa de actividad masculina es 1.88 veces la femenina en
el grupo 10 a 14 años de edad, 1.59 veces en el grupo 15-19 años.
En México, la relación disminuye menos, de 2.3 a 2 veces.
Que disminuyan ligeramente tan sólo, se explica en términos
generales por las diferentes inserciones en el mercado laboral de cada
género, pero también, a que las adolescentes prosiguen en
mayor medida (ligeramente, pero al parecer de manera creciente) estudios
secundarios que los adolescentes actualmente, postergando en consecuencia
su inserción en el mercado laboral. Por otra parte, el cuadro ilustra
la definición restringida de trabajo infantil. Muchas adolescentes
realizan oficios domésticos excluyentes, a diferencia de los adolescentes,
que los ejercen bastante menos incluso que cuando niños; muchas
los realizan ya no en substitución de un adulto, sino como consecuencia
de una unión y una maternidad precoz.
Por otro lado, con la edad crece el peso del grupo en la PEA que se
duplica e incluso triplica, salvo en Ecuador, en donde disminuye ligeramente.
Contenido
IV. Cuadros
- Cuadro N° 1 América Latina: edad mínima de admisión al empleo y educación obligatoria
- Cuadro N° 2 Cifras estimativas trabajo infantil en América Latina: definición restringida de trabajo infantil
- Cuadro N° 3 Participación y distribución de la fuerza de trabajo infantil: definición restringida de trabajo infantil, 10 - 14 años alrededor de 1995
- Cuadro N° 4 Evolución de las tasas de participación laboral de la población con 10 a 14 años de edad segun encuestas de hogares: definición restringida de trabajo infantil
- Cuadro N° 5 Trabajo y escolaridad en América Latina
- Cuadro N° 6 Participación laboral de la niñez y la adolescencia definición, restringida de trabajo infantil
Cuadro N°1: América Latina: edad mínima de admisión al empleo y educación obligatoria
| País |
Edad |
mínima de |
admisión |
Educación |
obligatoria |
| |
General |
Ligeros |
Peligrosos |
Límites de edad en que se aplica |
N° de años |
| |
I |
II |
III |
IV |
|
Argentina Bolivia Brasil Colombia
Costa Rica Cuba Chile R. Dominicana Ecuador
El Salvador Guatemala Haití Honduras México
Nicaragua Panamá Paraguay Perú
Uruguay Venezuela |
14 14 14 14 15 15 15 14 14 14 14 12-15 14 14 14 14 15 12 15 14 |
- (1)
- (3) - (4)
- - - - - - - - - - -
- 12 12 - - - |
18 18 18 18 18 17-18 18 18 18 18
18 18 18 16-18 18 18 18 18 18-21 18 |
6-15 (2) 6-13 7-14 6-14
6-15 6-15 6-13 7-14 6-14 7-15
7-14 (5) 6-12 7-13 6-14
7-12 6-15 7-13 6-12 (6)
6-14 5-14 |
9 8 8 9 9 6 8 8 6 9 6 6 6
6 6 6 6 6 6 10 |
- Sólo en empresas familiares.
- También es obligatorio 1 año de educación
pre-escolar.
- Salvo en el aprendizaje, cuya edad mínima no es
estipulada.
- Salvo en el aprendizaje, o apartir de los 12 años
de edad.
- 7 a 15 años de edad y 10 años de escolaridad
según la Constitución de 1985.
- La Constitución de 1993 estableció la obligatoriedad
de la educación pre-escolar, a partir de los cinco años de
edad.
IV. Cuadros
Cuadro N°2. Cifras estimativas trabajo infantil en América Latina: definición restringida de trabajo infantil
| País |
Pobl. Infantil
10-14 años |
PEA Infantil
10-14 años |
Porcentaje sobre edades |
Porcentaje sobre PEA Tot. |
Fuentes |
Argentina Bolivia Brasil Chile (*)
Colombia (*) Costa Rica (*) Ecuador El Salvador
Guatemala Haití Honduras México
Nicaragua Panamá Paraguay
Perú (**) R. Dominicana Uruguay Venezuela
TOTALES
|
3,197,582 386,222 17,588,115 755,227
2,327,823 203,893 1,391,433 661,176 1,325,725
847,706 778,714 10,934,134 575,137 278,631
602,417 4,928,899 871,144 253,846 3,205,592
51,113,416
|
214,238 54,549 3,599,747 14,914 367,796
26,009 420,663 85,516 316,061 158,182 88,264
1,233,353 42,310 12,603 49,097 801,033 42,302
5,780 80,7817,613,198
|
6.7% 14.1% 20.5% 2.0% 15.8% 12.8%
30.2% 12.9% 23.8% 18.7% 11.3% 11.3% 7.4% 4.5% 8.2% 16.1% 4.8% 2.1% 2.5%14.9%
|
1.5% 4.1% 4.8% 0.002% n.d. 2.1%
7.8% 4.0% n.d. 5.2% 4.7% 3.5% 2.9% 1.4%
2.9% 8.0% 1.5% 0.9% 1.0%3.4%
|
MT 1990
EH 1995 EH 1995 EC 1994 EH 1992
EH 1995 EH 1994 EH 1994 INE. CENSO 1994
CELADE 1996 EH 1994
EH 1995 CENSO 1995
EH 1994 CENSO '92 - EH '94
Enc. ENNIV 1995 EH 1994 OIT 1995
EH 1996 |
MT: Ministerio de Trabajo; EH: Encuesta de Hogares; EC: Encuestas Casen.
(*) Población Total y PEA Infantil calculada de
12 a 14 años.
(**) Población Total y PEA Infantil calculada de 6 a 14 años.
La tasa de participación de estos grupos de edades fué estimada en 3.5 %, por el Censo de 1993, y en 14.5% por la encuesta de hogares del Instituto Nacional de Estadísticas en 1995.
IV. Cuadros
Cuadro N°3. Participación y distribución de la fuerza de trabajo infantil: definición restringida de trabajo infantil, 10 - 14 años alrededor de 1995
País |
Tasa de participación |
Hombres |
Distribución Mujeres |
porcentual Urbano |
Rural |
% respecto PEA |
Argentina Bolivia Brasil
Chile (*) Colombia (*) Costa Rica (*)
Ecuador El Salvador Guatemala Haití
Honduras México Nicaragua Panamá
Paraguay Perú (**) R. Dominicana
Uruguay Venezuela |
6.7 14.1 20.5 2.0 15.8 12.8 30.2
12.9 23.8 18.7 11.3 11.3 7.4 4.5 8.1
16.2 4.8 2.1 2.5 |
54.5 65.7
80.2
77.2 87.0
78.8 70.1
84.6 |
45.4 34.3
19.8
22.8 13.0
21.2 29.9
13.4 |
45.6
26.1 21.3 33.7
16.5
21.3
60.0 |
54.4
73.9 78.7 66.3
83.5
78.7
40.0 |
1.5 4.1 4.8
n.d. 2.1 7.8 4.0 n.d.
5.2 4.7 3.5 2.9 1.4 2.9 8.0 1.5 0.9 1.0 |
(*) 12 - 14 años.
(**) 6 - 14 años.
Fuente: Cuadro n° 2 y fuentes complementarias
IV. Cuadros
Cuadro N°4. Evolución de las tasas de participación laboral de la población con 10 a 14 años de edad segun encuestas de hogares: definición restringida de trabajo infantil
| País |
1990 |
1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
Brasil
Colombia (1)
Costa Rica (1)
Ecuador Guatemala México
Perú (5) |
17.5
13.3 12.9
(2) 18.0
(4) F |
10.6 |
22.4 15.8
|
21.3
|
12.8 30.3 (3) 23.8
16.2 |
20.4
12.8 |
(1) 12 - 14 años
(2) 1989
(3) Censo
(4) Censo
(5) 6 - 14 años
IV. Cuadros
Cuadro N° 5. Trabajo y escolaridad en América Latina
| País |
Tasa de actividad
"pura" (a) |
Tasa de
Media |
escolaridad
Inactivos |
% de niño(a)s que trabajan y estudian al mismo tiempo |
Brasil (1990,EH)
10-14 años
Colombia(1992,EH)
12-14 años
Costa Rica (1994)
5-11 años (MTIEH)
12-14 años (EH)
Ecuador (1994 EH)
12-14 años
Guatemala 1994,CN)
10-14 años
Panamá (1994, EH)
10-14 años
Perú (1993, CN)
6-14 años
Venezuela (EH, ES)
10-14 años |
17.5
15.0
(b) 5.5 12.8
36.1
23.8
4.7
4.1
(f) 10.0 |
84.2
79.4
(c) 82.1 83.2
80.6
76.9
92.6
(d) 80.9
92.8 |
89.9
88.4
82.0 88.5
89.6
n.d.
95.5
(d) 85.0
94.7 |
57.1
28.0
90.3 43.1
64.8
n.d.
31.4
(e) 32.9
40.3 |
EH: Encuesta de Hogares, MTIEH: Módulo sobre
trabajo infantil de la EH, CN: Censo Nacional, ES: Encuesta Social.
- sin tareas domésticas excluyentes;
- actividades generadoras de ingresos;
- 97.6% en el caso de los niños con 7 a 11 años;
- 6 - 17 años;
- 6 - 17 años. Sin embargo, 59% de los niños
trabajadores con 6 -11 años de edad, estudian al mismo tiempo;
- según la Encuesta Social. Según la Encuesta
de Hogares, la tasa de actividad sólo fue 3.5% en el segundo semestre de 1991.
IV. Cuadros
Cuadro N° 6. Participación laboral de la niñez y la adolescencia definición, restringida de trabajo infantil
| País |
Años |
Tasa Total |
de Hombres |
participación
Mujeres |
% PEA Total |
Bolivia (1995)
Brasil (1993)
Colombia (1992)
Costa Rica (1995)
Chile
Ecuador
El Salvador
Honduras
México (1995)
Panamá (1994) |
10 - 14 15 - 19 10 - 14 15 - 19 12 - 14
15 - 17 12 - 14 15 - 19 12 - 14 15 - 17 10 - 14
15 - 17 10 - 14 15 - 19 10 - 14 15 - 19 10 - 14
15 - 19 10 - 14 15 - 17 |
14.1 33.3 21.6 59.0 15.0 30.3 12.8 41.5
2.0 11.8 30.3 49.8 12.9 40.1 11.3 44.5
11.3 45.0 4.5 23.5 |
15.4 36.2 28.1 72.2 28.1 72.2 19.6 57.2
38.6 68.1 19.3 57.8 17.8 67.0
15.7 60.4 7.4 33.0 |
12.8 30.7 14.9 45.4 14.9 45.4 5.3 25.9
21.5 35.1 6.1 23.3 4.8 22.4 6.8
29.6 1.4 13.3 |
4.1 9.4 5.3 12.5 5.3 12.5 2.1 10.8
7.8 7.2 4.0 12.3 4.7 15.2 3.5
12.4 1.4 |
Contenido
Notas y estudios
|