6.4. La política de juventud como promotora de construcción de
ciudadanía
Si bien esta es una dimensión que podría ser incluida en la primera,
dado que existen o pueden existir programas que persiguen el fortalecimiento de la
condición ciudadana (como por ejemplo políticas de empleo juvenil), he optado por darle
un tratamiento separado, ya que la contribución al fortalecimiento de la democracia no
tiene que ver sólo con una cuestión programática sino eminentemente política, en el
sentido amplio del término. Los organismos que gestionan las políticas de juventud,
tienen un papel importante a jugar en el aporte a la construcción de ciudadanía, en la
recreación de espacios democráticos. Sin duda el contexto para la participación juvenil
es hoy en Uruguay un contexto inhóspito, sobre todo si se mira el espacio de las
organizaciones juveniles tradicionales. Se ha hecho referencia de la situación de tales
organizaciones al evaluar líneas arriba, el funcionamiento del Consejo de Juventud de
Uruguay.
Por otra parte, existe hoy un consenso en que las políticas de
juventud deben ser concebidas de tal modo que los beneficiarios sean además agentes que
participen en las etapas de construcción de las mismas. No obstante han existido
problemas, y sobre todo están planteados algunos desafíos, en la relación entre los
mundos gubernamental y no gubernamental, ya que este consenso no se hecho operativo. Antes
que en una falta de diálogo, las razones debieran buscarse en la debilidad de las
organizaciones juveniles por falta de recursos, que conspiran contra su organización; o
la inexistencia de un marco legal que reconozca su aporte y les permita ganar la
estabilidad necesaria para desarrollar el mismo. Apoyar la promulgación de una Ley de
fomento del asociacionismo juvenil, podría se una contribución efectiva a la superación
de esta situación, siempre que las organizaciones apuesten decididamente a la
consolidación de sus mecanismos de coordinación. En nuestra opinión si el papel del
INJU es importante, quizás lo sea más aún el que pueden jugar los organismos
municipales de juventud, ya que debido a la escala en que operan, están en inmejorables
condiciones de contribuir a la consecución de este objetivo. ¿Cuáles son las formas en
las que se puede aportar a este proceso? Por supuesto una primer forma está en la
formulación de programas que propicien la participación de los jóvenes en concordancia
con sus intereses.
Una vez más, el espacio de lo local, es el ámbito ideal para poder
identificar, apoyar y promover a grupos de jóvenes que se asocian en torno a la
realización de actividades, sean estas culturales, sociales, ecológicas, que por
desarrollarse en un radio de acción más reducido no tienen visibilidad pública, pero
son nuevas expresiones que contribuyen a renovar el llamado tejido asociativo. Estos
agrupamientos informales configuran una respuesta importante, que si bien no sustituye a
las organizaciones juveniles más tradicionales, las complementan, y brindan un mayor
abanico de opciones a los jóvenes que buscan canalizar sus intereses a través de
apuestas colectivas y solidarias. Son éstos, espacios donde se debate, elabora y actúa
en torno a un proyecto común, y desde donde se puede apoyar el reconocimiento de los
derechos y responsabilidades, donde se puede también reforzar una actitud de conciencia
comunitaria y ciudadana. La riqueza de la conjunción de esfuerzos entre organismos de
juventud estatales y organizaciones juveniles en la implementación de políticas, radica
a nuestro juicio, en que ambas partes construyan consensos a partir del reconocimiento de
la diferencia, y desde la afirmación de identidades distintas.
De no ser así, el riesgo para los organismos de juventud está en
perder masa crítica. De que en ese intento integrador se ahoguen las disonancias que
posibilitan el diálogo y el arribo a acuerdos, y que los mismos se transformen en
acuerdos técnicos, o acuerdos para la ejecución.. Del otro lado, el riesgo para las
organizaciones juveniles, o de los mecanismos de coordinación que éstas se dan, está en
asumir exclusivamente un papel de intermediarios y dejar de lado la dimensión
reivindicativa en tanto expresión de sus intereses. Es necesario consolidar el marco para
el diálogo y el debate democrático. Si se pueden desarrollar lógicas y posicionamientos
diversos a partir de identidades y por tanto desde intereses distintos, entonces la
posibilidad de diálogo fructífero es cierta. De no existir diálogo a partir de
identidades distintas - aunque con el horizonte de objetivos comunes - la que pierde es la
construcción democrática y participativa de la política de juventud. Ello implica la
necesidad de invertir en el fortalecimiento de los papeles de cada uno, de manera de
construir acuerdos a partir de la pluralidad de intereses.
Eficacia programática, legitimación institucional, y
fortalecimiento de la condición ciudadana de los jóvenes, entonces, los tres ejes sobre
los cuales deberán caminar las políticas de juventud en esta nueva etapa.