| POLÍTICAS DE JUVENTUD EN AMÉRICA LATINA:
EVALUACIÓN Y DISEÑO
POLÍTICAS DE JUVENTUD EN
URUGUAY
POLÍTICAS DE JUVENTUD EN
URUGUAY
Presentación
I. Uruguay: Contexto social,
económico y político
II. Las políticas sociales en
Uruguay
III. Las políticas de juventud en
Uruguay
El periodo 1990 -1994.
IV. Evaluación programática
Las
políticas educativas
Las políticas de
Empleo juvenil
Las políticas de
Salud Adolescente y Juvenil
Políticas de
recreación y Tiempo Libre
V. Evaluación
institucional
El Instituto Nacional de
la Juventud
La Comisión de Juventud
en la IMM
Las Oficinas Municipales
de Juventud del interior
La Comisión Parlamentaria de
Asuntos Juveniles
El Consejo de Juventud en
Uruguay
El trabajo en las ONG
VI. Conclusiones y
propuestas
Políticas de
empleo
Políticas de salud
Políticas de
recreación y tiempo libre
La
institucionalidad de Juventud
VII. Bibliografía |
|
|
6. La institucionalidad de Juventud: eficacia, legitimación y ciudadanía
6.1. Introducción
En este punto se realizará una evaluación final de la
institucionalidad pública de juventud en Uruguay, estableciendo sus fortalezas y
debilidades. Con este fin nos parece oportuno trabajar sobre los desafíos existentes para
dicha institucionalidad, distinguiendo analíticamente tres dimensiones de la política de
juventud. Se quiere subrayar el adjetivo "analítica", puesto que en realidad
estas tres dimensiones están estrechamente ligadas en la implementación de toda
política de juventud.
La idea fuerza que se intenta plantear aquí, es que las
complejidades y desafíos de la política de juventud, se plantean en el interjuego de
estos tres aspectos constituyentes de las mismas, y no sólo en la primera de las
dimensiones consideradas.
Desde esta perspectiva, toda política de juventud puede considerarse
como:
La política de juventud en sentido estricto, esto es, en su dimensión
programática.
La política de juventud como política de legitimación.
La política de juventud como promotora de construcción de
ciudadanía.
6.2. La dimensión programática de la política de juventud
En los últimos cinco años se han registrado importantes avances en el
país en esta materia. La sola creación del Instituto de la Juventud y de los organismos
de juventud a escala municipal en todo el país, han supuesto una base institucional desde
donde comenzar a desarrollar en primera instancia acciones, que luego han ido
transformándose en programas.
En los dos últimos años, es que se ha comenzado con las acciones en
los terrenos de empleo y educación no formal, dado que en los primeros años la labor de
los organismos de juventud se centró principalmente en acciones relacionadas con el
tiempo libre y la cuestión cultural.
El paso que se ha dado y la forma en que se ha hecho, con la
colaboración de la cooperación de otros sectores del estado y de organismos
multilaterales, representa un avance sustantivo para dichos organismos.
La sectorialización de las políticas sociales en el país se mantiene
en el país, y la hipótesis con la que habría que trabajar, es que las reformas
profundas de las mismas podrán sólo ser posibles en el largo plazo.
El camino para los organismos de Juventud, sobre todo para el Instituto
de Juventud, parece ser continuar en la política de contribuir en darle especificidad a
las políticas sectoriales. Los esfuerzos comunes que se han desarrollado en los últimos
con Ministerios que entienden directa o indirectamente en materia de juventud, permiten
ser optimistas en cuanto ha mejorar la performance en este plano en los próximos años.
Puede decirse que para el número y calificación de los recursos
humanos existentes, las políticas implementadas han tenido una eficacia no desdeñable.
Ahora bien, si se quiere elevar los umbrales de eficiencia e impactos, la inversión en la
calificación de los recursos humanos es imprescindible.
En este sentido, sin duda que la "piedra de toque" de este
avance lo constituye la futura asignación presupuestal, que tanto el INJU, como lo
organismos de municipales tienen en proceso de negociación en este momento.
La construcción del Plan Integral de Juventud, ha supuesto, en este
nivel programático un avance enorme para las políticas de juventud en Uruguay, puesto
que constituye la matriz desde donde proyectar líneas de acción en los campos del
empleo, la educación, la salud, la recreación, la cultura y el tiempo libre.
La administración actual tiene el desafío de conducir el proceso de su
puesta en práctica, y ello dependerá una vez más de los recursos humanos y materiales
con los que pueda contar, que no es más que la traducción operativa de la voluntad
política existente para dar un impulso a las políticas de juventud.
La ampliación de la base programática de acción del INJU, Comisión
de Juventud de Montevideo, y algunas Oficinas Municipales de Juventud, ha permitido la
llegada a "las otras juventudes", es decir, a los jóvenes que encuentran más
dificultades y presentan más desventajas para recorrer el camino de una inserción social
exitosa. En efecto, durante los primeros años de gestión, la población objetivo de los
programas fueron los jóvenes de clase media.
En Montevideo, el desarrollo del proceso de descentralización ha
permitido que en el último tiempo, algunos de los programas de la Comisión de Juventud
se hagan sobre la base de la definición de zonas donde se encuentran jóvenes que están
en desventaja social, como es el ejemplo de la instalación de los Centros Juveniles.
A pesar de su escaso peso demográfico -14% de la población juvenil
del país- el trabajo con los jóvenes del medio rural es una de las cuestiones
profundizar en esta etapa.
6.3. La política de juventud como política de legitimación
Lo que importa es echar una mirada aquí, al elemento o dimensión
política que está implícita en toda política social y por ende en una política de
juventud. De un tiempo a esta parte se vienen construyendo una serie de nuevas certezas en
materia de política social, que definen y a la vez marcan un campo de restricción de lo
"que es importante saber" y en lo "que es útil, eficaz y productivo
pensar", de lo que "es necesario y básico para operar - y lo que no lo
es". Dichas certezas, a la vez que ayudan a clarificar el campo y objeto del trabajo
de los responsables en la gestión, definen como función principal para quienes intentan
mirar estas realidades desde las perspectiva de observador, la de concentrarse en aspectos
que ayuden a mejorar actuaciones y performances antes que ha revisar presupuestos.
Focalización, selectividad, eficiencia, eficacia, evaluación de impactos, son
herramientas conceptuales, cuya aplicación como criterios básicos para poder evaluar el
éxito de una política de juventud, resultan hoy indispensables en el terreno
programático, y a las que ya nos hemos referido. Como se puede observar, hoy los
criterios de legitimación en la aplicación de las políticas de juventud tiene un fuerte
componente técnico. Enhorabuena.
Siempre es mejor trabajar sobre la base de conocimientos fundados que
permitan una mejor performance en la ejecución de los servicios, y que esté por tanto en
mejores condiciones de afectar positivamente la calidad de vida de los jóvenes. El
problema puede plantearse cuando los criterios de validación de una política de juventud
se ciñen a componentes estrictamente técnicos. Los riesgos de tecnocratización de la
política de juventud comienzan a ser en esta hipótesis, demasiado altos. Durante mucho
tiempo sucedió en nuestro país, que se hacía cargo de llevar adelante las políticas
sociales era el personal políticos, que arribaba a estas responsabilidades como producto
de acuerdos intra o extrapartidarios, pero que poco sabía en qué consistía una
política social, y lo que es peor, no se rodeaban o no le daban importancia al elemento
técnico y a los invalorables recursos existentes en ese campo. Tiempos de dilapidación
de recursos y de clientelismo político, donde la política social ejecutada desde el
estado era una herramienta potente de creación o mantenimiento de base electoral. Frente
a esta realidad, en los últimos años se ha fortalecido un discurso que pone un fuerte
acento en la revalorización del elemento técnico en tanto factor despolitizador; que es
contemporáneo de la crisis de legitimidad de los partidos políticos en cuanto a su
capacidad de resolver problemas. Tanta fuerza ha tenido este discurso frente a la
experiencia pasada, que en muchos casos la cuestión política corre el riesgo de quedar
dejada de lado. La tecnocratización de la política social es un riesgo que se corre en
estos tiempos, que de efectivizarse tendría consecuencias no deseables.
En mi opinión, la responsabilidad de la conducción de una política
social es siempre una responsabilidad política que no puede ser sustituida por una
perspectiva técnica, pero que sí debe apoyarse en ésta. De lo contrario, bastaría con
la adquisición de un know-how técnico para implementar una política adecuada,
independientemente de quien fuera el o los actores políticos que la llevaran adelante, lo
cual eliminaría las razones que determinan sus diferencias y por lo tanto su existencia.
Es importante pues -desde nuestro punto de vista- que una política social, una política
de juventud, incorpore y explicite los fundamentos políticos que la definen, de modo que
quienes resultan beneficiados por ellas puedan juzgar con conocimiento de causa los
mismos. Esto contribuye al debate democrático de la política de juventud, y no por ello
invalida, por ejemplo, la posibilidad de que existan acuerdos sustantivos entre
administraciones de diferente signo político que abran paso a políticas de estado. En el
caso uruguayo, y a nivel de la institucionalidad pública de juventud se ha logrado un
buen equilibrio de las dimensiones política y técnica.
Quizás por ser el "sistema institucional de juventud" muy
nuevo aún, se han podido procesar discusiones
sobre el sentido político de las políticas de juventud en un marco de
pluralismo, que ha servido para construir una amplia base de acuerdos entre los actores
involucrados directamente en el tema. Ello supone que a pesar de los inevitables y
legítimos sesgos que se concretan con los cambios de gobierno, exista un importante
consenso de "hacia donde deben ir" las políticas de juventud en nuestro país.
Esta es una cuestión de vital importancia, porque otorga respaldos a quienes tienen la
responsabilidad de negociar recursos y estrategias con el resto de los sectores del
estado. De todos modos, dicho consenso hay que renovarlo sistemáticamente a través de la
discusión de la marcha de la política de juventud. En este sentido sería importante que
al finalizar cada año de gestión los responsables de juventud a nivel nacional y
municipal pudieran convocar a la realización de un balance de la gestión hasta ese
momento y proyectar las futuras actuaciones.
Corresponde evaluar otra de las cuestiones clave: cuan legitimadas
están hoy las políticas de juventud en Uruguay, y cuan legitimados están los organismos
específicos de juventud. La pregunta ha hacerse es como se obtienen los rendimientos de
legitimación. La respuesta en el caso uruguayo, es que tanto el INJU como los organismos
municipales de juventud, han debido ejecutar acciones para legitimarse como actores
importantes en su dominio. Ha sido la realización de acciones exitosas por sus resultados
lo que le ha otorgado a estos organismos visibilidad pública y legitimación en el propio
aparato estatal. En un sistema de políticas sociales sectorializado como el nuestro, es
imposible plantearse la coordinación y rectoría de las políticas juveniles sin
legitimidad, y por tanto sin ejecutar acciones desde las cuales asociar al resto del
sector público, y asociarse a su vez a las acciones que estos desarrollan, no sólo en la
ejecución sino en la orientación y el co-diseño. El desarrollo programático de las
instituciones estatales de juventud es vital entonces en la consecución del objetivo de
la integralidad de las políticas. Ello no obsta -por el contrario- para que puedan
participar de la ejecución de las mismas, las organizaciones de la sociedad civil.
En el caso uruguayo, la institucionalidad de juventud ha recorrido un
lento camino de creciente legitimación, pero aún falta dar un salto para que ella
permita plantearse el objetivo de la integralidad. Se entiende que sin duda, el INJU debe
asumir funciones de rectoría y coordinación de las políticas, para lo cual es
fundamental tener un componente de ejecución exitosa. En otro trabajo hemos alertado
sobre uno de los riesgos que corre la institucionalidad de juventud que tanto se ha
desarrollado en términos comparativos en los últimos cinco años: el riesgo de la
sobreinstitucionalización. Con el término se quiere aludir que si las estructuras
institucionales específicas de juventud quedan por delante de sus contenidos, ello puede
conllevar una crisis de legitimación. Es por esta razón que el desarrollo programático
propio, debe ser -a nuestro entender- un objetivo político de primer orden en esta nueva
etapa.
(Presentación) (Uruguay: Contexto social, económico y político) (El Contexto Económico y Político) (Las políticas sociales en Uruguay) (Evolución histórica y situación actual) (Evaluación del período 1990-1995) (Las políticas de juventud en Uruguay) (El periodo 1990 -1994) (Evaluación
programática) (La Universidad del Trabajo)
(Políticas de empleo juvenil) (Políticas de salud adolescente y juvenil) (Políticas recreativas y de tiempo libre) (Evaluación institucional) (El Instituto Nacional de la Juventud) (La Comisión de Juventud de la Intendencia de Montevideo)
(Las Oficinas Municipales de juventud del interior)
(La Comisión Parlamentaria de asuntos juveniles)
(El Consejo de Juventud del Uruguay (CJU)) (El trabajo de las organizaciones no gubernamentales)
(Conclusiones y propuestas) (Políticas
de Empleo) (La institucionalidad de Juventud: eficacia,
legitimación y ciudadanía) (Bibliografía)
|
|