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I. CONCEPTOS BÁSICOS SOBRE JUVENTUD RURAL
Más que construir un marco teórico de gran elegancia
conceptual, se trata aquí de ordenar ideas básicas que surgen del sentido
común pero del sentido común iluminado por la teoría y respaldado por
los datos. Estas ideas básicas y datos empíricos serán contrastados
con los lugares comunes y la sabiduría convencional que generan estereotipos
de la juventud rural, los cuales estorban la comprensión y la incorporación
de los jóvenes como protagonistas en el desarrollo y la democratización
rurales.
A. Similitudes esenciales en la etapa juvenil de
la vida en diversos contextos sociales
En todas las sociedades y en todos los medios sociales,
la juventud es una de varias etapas del ciclo vital, como la infancia,
la adultez y la vejez. Concretamente, está conformada por un conjunto
de procesos de desarrollo fisiológico y de gradual asunción de roles
y subjetividad de adulto, en el hogar y en la sociedad. Comienza con
la pubertad y termina, en la mayoría de los casos, con la constitución
de un hogar autónomo.
El conjunto de procesos que conforman la etapa de vida
juvenil se desarrolla en los diversos ámbitos de la vida, tal como resume
el esquema siguiente:
Procesos de vida juvenil en diversos ámbitos
|
ÁMBITO
|
PROCESO
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Biológico-fisiológico
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Se inician y se desarrollan los cambios fisiológicos
de la pubertad, y se adquiere la capacidad reproductiva.
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Psicosexual
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Disminuye gradualmente la importancia del juego.
Hay un desarrollo de aprendizaje del cortejo
y de descubrimiento sexual.
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Cognitivo
|
El proceso de aprendizaje -formal e informal-
llega a su auge.
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Interpersonal
|
Las personas definen su identidad juvenil frente
a sus pares de edad.
Alcanzan cierto grado de autonomía respecto de
las figuras parentales, tan importantes en la niñez.
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|
Social
|
Aumenta progresivamente la presencia del trabajo
productivo en la vida cotidiana.
La persona desarrolla gradualmente su subjetividad
social como nuevo adulto, asumiendo un mayor grado de gestión
económica y de autoridad con voz en la sociedad local.
|
Se ha tomado la pubertad como punto biológico de partida
de la etapa juvenil, ya que la capacidad reproductiva distingue esta
etapa de la de niñez. Pero los cambios en relación con el hogar y con
la sociedad, que definan su punto social de término, no son determinados
biológicamente sino culturalmente. El individuo comienza a ser reconocido
como sujeto en la sociedad por los adultos en general. Por ende, esta
conclusión de la etapa de vida juvenil no ocurre en el mismo momento
en todas las sociedades -a diferencia de los procesos de desarrollo
biológico, que tienen un rango reducido de variación- sino que varía
fuertemente de un contexto socio-cultural a otro. En el extremo final
de la etapa juvenil, entonces, resulta más difícil y más subjetivo fijar
un edad límite o determinar quién es joven y quien no.
Para entender mejor los factores que influyen en el
grado de éxito del proceso de vivir la etapa juvenil -y también el de
"dejar de ser joven" y constituir una identidad adulta plena-,
es útil esbozar algunas fases en la etapa juvenil de vida. Fases que,
si bien no son universales aún en un contexto sociocultural homogéneo,
tienen una alta probabilidad de ocurrir en los medios rurales de América
Latina, y son parte del desarrollo pleno de una identidad social adulta.
Estas fases dentro de la etapa de vida de la juventud
rural son:
1. La adolescencia y la fase escolar y de ayudante
del padre o de la madre en sus labores (dividido entre la pre-adolescencia
y la adolescencia post-puberal; véase Valls 1992) ;
2. La fase juvenil plena, de parcial independización
y de desarrollo de capacidades propias ("adolescencia tardía");
3. La fase de joven semiadulto, incluida la condición
de recién casado; y
4. La fase de paternidad/maternidad, pero sin independizarse
en un hogar propio.
En estas fases, se nota la similitud con las vivencias
de jóvenes urbanos- aunque en el campo con frecuencia los mismos procesos
comienzan antes, y a veces terminan antes (pero otras veces después)
que en la ciudad. No es tan importante definir los límites de la juventud
rural en años cronológicos, sino de tener presente estas fases para
poder ver los procesos que son más relevantes para cualquier tema específico
de investigación o acción. Los niños no despiertan un buen día plenamente
jóvenes, ni los jóvenes pasan abruptamente de este estado al de adulto
pleno.
Por esto, miramos todo el tramo etario entre los 10
y los 29 años (en que pueden darse los cambios propios de la juventud)
pero nos concentramos en el período de 15-24 (en que suelen darse estos
cambios). Es decir, los fenómenos, procesos, y problemas que caracterizan
la etapa juvenil empiezan a manifestarse, gradualmente, a diferentes
edades en diferentes contextos, pero tienden universalmente en América
Latina a cobrar mayor fuerza en la etapa de edad de 15 a 24.
B. Constitución de la identidad adulta
Estos matices nos ayuda a elaborar algunas facetas
adicionales de una definición de juventud, válida para el mundo rural
tanto como para el urbano. Una de estas facetas es que el o la joven
es diferente de un niño o una niña: es una persona que ya empieza a
desarrollar las capacidades fundamentales de desempeñarse como adulto
(la capacidad de reproducción biológica y las capacidades física y cognitiva
para el trabajo productivo y para la toma de decisiones), pero que no
tiene aún la autonomía de ejercicio de estas capacidades.
Depende, sobre todo, de los padres -en parte porque
estas capacidades no están desarrolladas al punto que le sería fácil
manejar un hogar autónomo, y en parte porque los padres (con la sanción
de la sociedad) no otorgan la autonomía total, y mantienen el control
sobre las acciones de sus hijos e hijas, sea para cuidar su formación,
sea para beneficiarse de las capacidades de éstos.
Aunque es la tendencia predominante, no todos los jóvenes
rurales se casan y establecen hogares, y si estos son proyectos personales
largamente postergados se convierten en adultos carenciados. Estas vidas
adultas carenciadas son el resultado de juventudes carenciadas, faltas
de oportunidades de auto desarrollo.
Aunque es evidente que no todos los individuos conforman,
en su adultez, hogares que son autónomos de sus padres, este marco conceptual
permite dar cuenta de la variabilidad individual en torno a una norma
cultural de constitución de parejas y de hogares. Evidentemente un individuo
de 40 años, aunque no tenga pareja y viva con y depende de sus padres,
no puede considerarse un joven. Más bien, puede decirse de el o de ella
que se ha constituido sólo parcialmente como adulto.
Esta constitución incompleta es aún más clara si el
individuo ha tenido metas en su proyecto juvenil de vida (como, por
ejemplo, ser independiente, definir y vivir una identidad sexual, ser
aceptado y respetado con voz adulta en la sociedad civil) que no ha
logrado concretar.
En estos casos de realidades adultas truncas, por otro
lado, se puede decir que la juventud no ha sido del todo exitoso en
su aspecto de proceso de construcción de una identidad social y una
personalidad de adulto. La percepción de los enormes obstáculos para
conformar una vida adulta futura deseable es justamente uno de los principales
problemas que aquejan a muchos jóvenes rurales de hoy. En esta perspectiva,
las evidencias indican que la vasta mayoría de los y las jóvenes rurales
desean constituir un hogar propio, independiente de los padres, en algún
momento de sus vidas; pero que con frecuencia se ven obligados a postergar
su autonomía por diversos motivos.
C. Juventud rural carenciada
Un punto fundamental a subrayar es que los datos que
se examinarán a continuación indican que la juventud en el campo -vista
en términos de estas fases y procesos- dura por lo menos una década.
Hay grados de diferencia importantes en el nivel de educación alcanzada,
la importancia del trabajo, la edad de constitución de pareja, etc.,
de un contexto nacional a otro. Pero el estereotipo de una juventud
efímera (que prácticamente no existe) no corresponde a las realidades
que viven la gran mayoría de los jóvenes rurales latinoamericanos de
hoy.
Sí es cierto, en contraste, que esa mayoría vive una
juventud carenciada, en que ninguno de los procesos esenciales aludidos
se desarrollan en forma plena y exitosa. Estas carencias, que no son
exclusivas de la etapa juvenil de vida, surgen por causas conocidas:
por pobreza, aislamiento, violencia o discriminación étnica. Los síntomas
que son específicos a la etapa juvenil abarcan privaciones en las posibilidades
de juego, de aprendizaje, de disfrutar con sus pares de espacios propiamente
juveniles, de desarrollo personal y autorrealización.
D. Individualidad y diversidad juvenil rural
Pero al subrayar estas carencias, se corre el peligro
de elaborar otro estereotipo más de juventud rural: que todos son carenciados,
y que no son más que otro sector necesitado de ayuda de la sociedad.
Para evitar esta generalización sobresimplificadora, es necesario, en
primer lugar, matizar la definición de juventud esbozada arriba, en
todos sus aspectos, para dar cuenta de la diversidad existente entre
países y dentro de cada país, con el respaldo -en segundo lugar- de
la información empírica.
Ya no basta hablar de la juventud rural, como si fuera
una sola población homogénea, sino hay que dar cuenta de la individualidad
de cada joven rural, situándolo en una amplia gama o espacio multidimensional
de situaciones y perspectivas. Esta complejización de nuestra definición
operativa es necesaria porque:
- cerca de la mitad de los jóvenes rurales son las jóvenes
(aunque constituyen un poco menos del 50% de la población joven rural
a nivel de la región como un todo), con vivencias muy diferentes de
los varones en todas las fases de vida;
- no sólo están los jóvenes rurales carenciados -muchos
pertenecen a hogares que están por encima de la línea de pobreza, en
proporciones que varían desde 23% a 70% de los hogares rurales con jóvenes,
según el país (Véase Cuadro 1 del Anexo Estadístico);
- el secular aislamiento de comunicación y transporte
se está superando en muchas zonas rurales;
- hay grandes diferencias en la forma de vivir la juventud
entre diferentes países y localidades rurales.
Pero la matización más importante que exige la definición
inicial de la juventud rural es la de reconocer que la juventud no es
sólo una transición entre la infancia y la adultez. Sería igualmente
incorrecto, e igualmente incompleto, definir la vida adulta como una
etapa de preparación para la jubilación. La juventud rural, como la
urbana, tiene necesidades a satisfacer, roles que desempeñar, y aportes
que hacer a la sociedad, en el presente, en la etapa juvenil misma.
La identidad sicosocial del o de la joven se logra en el distanciamiento
de las figuras infantiles de identificación, en el cuestionamiento del
mundo, en el desarrollo de un sistema de valores propios, en la búsqueda
de autonomía personal frente a las figuras parentales, en la individuación
dentro del mundo social en que vive, y (como tarea evolutiva central
de la juventud) en la búsqueda constante de una respuesta a la pregunta
"¿Quién soy yo?". La elaboración de un proyecto vital futuro
es, entonces, sólo uno entre estos diversos desafíos propios de la etapa
juvenil.
E. El pensamiento estratégico entre los jóvenes
rurales
Uno de los estereotipos que más se repite en relación
a los jóvenes rurales es que se encuentran atrapados en un círculo de
vida sin alternativas. Prácticamente la única opción que se les reconoce
(en este estereotipo) es la de dejar para siempre su condición rural
mediante la emigración. En realidad, los jóvenes rurales sí tienen alternativas
y optan entre ellas. Desarrollan un pensamiento y un accionar estratégicos
en varios campos, primero mediante ejercicios de imaginación o fantasía,
pero progresivamente modifican sus acciones reales en función de objetivos
que ellos determinan como posibles, tanto en el corto como en el largo
plazo.
En el corto plazo, desarrollan un comportamiento estratégico
destinado a construir su presente, optimizando su vivencia (o, en los
casos de mayor pobreza, haciendo más soportable la supervivencia). Para
el largo plazo, desarrollan una visión de como preparar su futuro personal,
convertir sus sueños de la etapa de fantasía en realidad.
Con este pensamiento y estas acciones estratégicas
los jóvenes rurales ligan la realidad presente con el posible futuro,
y comienzan a desarrollar una subjetividad, modificando sus propios
comportamientos juveniles en varios sentidos y alterando los mismos
procesos y fases aludidas(3).
Los procesos característicos de la etapa de vida juvenil, y los proyectos
de vida de los y las jóvenes están al centro de la reproducción social
de los hogares, del futuro de la agricultura familiar, y de la economía
y sociedad rurales.

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(3) Una discusión más detallada de las
estrategias de vida se puede encontrar en Durston 1996.