OIT Cinterfor/OITCinterfor

 

 
English

Búsqueda avanzada
SID

Jóvenes,  formación y  empleo

 

  Novedades
  Sobre este sitio
  Observatorio de experiencias

Documentos y publicaciones
Emprendimiento juvenil
   Evaluación de impacto
  Jóvenes en el medio rural
Juventud y género
Jóvenes y sindicatos
  Legislación
  Eventos
  Enlaces
  Mapa del sitio
Página principal


 Coloque su dirección de correo electrónico para recibir las novedades del sitio.

Enviar la página a un amigo

 

Fecha de actualización:
10/09/2008

 

 

 

Juventud rural en Brasil y México. Reduciendo la invisibilidad

<< volver al index

I. CONCEPTOS BÁSICOS SOBRE JUVENTUD RURAL

Más que construir un marco teórico de gran elegancia conceptual, se trata aquí de ordenar ideas básicas que surgen del sentido común pero del sentido común iluminado por la teoría y respaldado por los datos. Estas ideas básicas y datos empíricos serán contrastados con los lugares comunes y la sabiduría convencional que generan estereotipos de la juventud rural, los cuales estorban la comprensión y la incorporación de los jóvenes como protagonistas en el desarrollo y la democratización rurales.

A. Similitudes esenciales en la etapa juvenil de la vida en diversos contextos sociales

En todas las sociedades y en todos los medios sociales, la juventud es una de varias etapas del ciclo vital, como la infancia, la adultez y la vejez. Concretamente, está conformada por un conjunto de procesos de desarrollo fisiológico y de gradual asunción de roles y subjetividad de adulto, en el hogar y en la sociedad. Comienza con la pubertad y termina, en la mayoría de los casos, con la constitución de un hogar autónomo.

El conjunto de procesos que conforman la etapa de vida juvenil se desarrolla en los diversos ámbitos de la vida, tal como resume el esquema siguiente:

Procesos de vida juvenil en diversos ámbitos

ÁMBITO

PROCESO

Biológico-fisiológico

Se inician y se desarrollan los cambios fisiológicos de la pubertad, y se adquiere la capacidad reproductiva.

Psicosexual

Disminuye gradualmente la importancia del juego.

Hay un desarrollo de aprendizaje del cortejo y de descubrimiento sexual.

Cognitivo

El proceso de aprendizaje -formal e informal- llega a su auge.

Interpersonal

Las personas definen su identidad juvenil frente a sus pares de edad.

Alcanzan cierto grado de autonomía respecto de las figuras parentales, tan importantes en la niñez.

Social

Aumenta progresivamente la presencia del trabajo productivo en la vida cotidiana.

La persona desarrolla gradualmente su subjetividad social como nuevo adulto, asumiendo un mayor grado de gestión económica y de autoridad con voz en la sociedad local.

Se ha tomado la pubertad como punto biológico de partida de la etapa juvenil, ya que la capacidad reproductiva distingue esta etapa de la de niñez. Pero los cambios en relación con el hogar y con la sociedad, que definan su punto social de término, no son determinados biológicamente sino culturalmente. El individuo comienza a ser reconocido como sujeto en la sociedad por los adultos en general. Por ende, esta conclusión de la etapa de vida juvenil no ocurre en el mismo momento en todas las sociedades -a diferencia de los procesos de desarrollo biológico, que tienen un rango reducido de variación- sino que varía fuertemente de un contexto socio-cultural a otro. En el extremo final de la etapa juvenil, entonces, resulta más difícil y más subjetivo fijar un edad límite o determinar quién es joven y quien no.

Para entender mejor los factores que influyen en el grado de éxito del proceso de vivir la etapa juvenil -y también el de "dejar de ser joven" y constituir una identidad adulta plena-, es útil esbozar algunas fases en la etapa juvenil de vida. Fases que, si bien no son universales aún en un contexto sociocultural homogéneo, tienen una alta probabilidad de ocurrir en los medios rurales de América Latina, y son parte del desarrollo pleno de una identidad social adulta.

Estas fases dentro de la etapa de vida de la juventud rural son:

1. La adolescencia y la fase escolar y de ayudante del padre o de la madre en sus labores (dividido entre la pre-adolescencia y la adolescencia post-puberal; véase Valls 1992) ;

2. La fase juvenil plena, de parcial independización y de desarrollo de capacidades propias ("adolescencia tardía");

3. La fase de joven semiadulto, incluida la condición de recién casado; y

4. La fase de paternidad/maternidad, pero sin independizarse en un hogar propio.

En estas fases, se nota la similitud con las vivencias de jóvenes urbanos- aunque en el campo con frecuencia los mismos procesos comienzan antes, y a veces terminan antes (pero otras veces después) que en la ciudad. No es tan importante definir los límites de la juventud rural en años cronológicos, sino de tener presente estas fases para poder ver los procesos que son más relevantes para cualquier tema específico de investigación o acción. Los niños no despiertan un buen día plenamente jóvenes, ni los jóvenes pasan abruptamente de este estado al de adulto pleno.

Por esto, miramos todo el tramo etario entre los 10 y los 29 años (en que pueden darse los cambios propios de la juventud) pero nos concentramos en el período de 15-24 (en que suelen darse estos cambios). Es decir, los fenómenos, procesos, y problemas que caracterizan la etapa juvenil empiezan a manifestarse, gradualmente, a diferentes edades en diferentes contextos, pero tienden universalmente en América Latina a cobrar mayor fuerza en la etapa de edad de 15 a 24.

B. Constitución de la identidad adulta

Estos matices nos ayuda a elaborar algunas facetas adicionales de una definición de juventud, válida para el mundo rural tanto como para el urbano. Una de estas facetas es que el o la joven es diferente de un niño o una niña: es una persona que ya empieza a desarrollar las capacidades fundamentales de desempeñarse como adulto (la capacidad de reproducción biológica y las capacidades física y cognitiva para el trabajo productivo y para la toma de decisiones), pero que no tiene aún la autonomía de ejercicio de estas capacidades.

Depende, sobre todo, de los padres -en parte porque estas capacidades no están desarrolladas al punto que le sería fácil manejar un hogar autónomo, y en parte porque los padres (con la sanción de la sociedad) no otorgan la autonomía total, y mantienen el control sobre las acciones de sus hijos e hijas, sea para cuidar su formación, sea para beneficiarse de las capacidades de éstos.

Aunque es la tendencia predominante, no todos los jóvenes rurales se casan y establecen hogares, y si estos son proyectos personales largamente postergados se convierten en adultos carenciados. Estas vidas adultas carenciadas son el resultado de juventudes carenciadas, faltas de oportunidades de auto desarrollo.

Aunque es evidente que no todos los individuos conforman, en su adultez, hogares que son autónomos de sus padres, este marco conceptual permite dar cuenta de la variabilidad individual en torno a una norma cultural de constitución de parejas y de hogares. Evidentemente un individuo de 40 años, aunque no tenga pareja y viva con y depende de sus padres, no puede considerarse un joven. Más bien, puede decirse de el o de ella que se ha constituido sólo parcialmente como adulto.

Esta constitución incompleta es aún más clara si el individuo ha tenido metas en su proyecto juvenil de vida (como, por ejemplo, ser independiente, definir y vivir una identidad sexual, ser aceptado y respetado con voz adulta en la sociedad civil) que no ha logrado concretar.

En estos casos de realidades adultas truncas, por otro lado, se puede decir que la juventud no ha sido del todo exitoso en su aspecto de proceso de construcción de una identidad social y una personalidad de adulto. La percepción de los enormes obstáculos para conformar una vida adulta futura deseable es justamente uno de los principales problemas que aquejan a muchos jóvenes rurales de hoy. En esta perspectiva, las evidencias indican que la vasta mayoría de los y las jóvenes rurales desean constituir un hogar propio, independiente de los padres, en algún momento de sus vidas; pero que con frecuencia se ven obligados a postergar su autonomía por diversos motivos.

C. Juventud rural carenciada

Un punto fundamental a subrayar es que los datos que se examinarán a continuación indican que la juventud en el campo -vista en términos de estas fases y procesos- dura por lo menos una década. Hay grados de diferencia importantes en el nivel de educación alcanzada, la importancia del trabajo, la edad de constitución de pareja, etc., de un contexto nacional a otro. Pero el estereotipo de una juventud efímera (que prácticamente no existe) no corresponde a las realidades que viven la gran mayoría de los jóvenes rurales latinoamericanos de hoy.

Sí es cierto, en contraste, que esa mayoría vive una juventud carenciada, en que ninguno de los procesos esenciales aludidos se desarrollan en forma plena y exitosa. Estas carencias, que no son exclusivas de la etapa juvenil de vida, surgen por causas conocidas: por pobreza, aislamiento, violencia o discriminación étnica. Los síntomas que son específicos a la etapa juvenil abarcan privaciones en las posibilidades de juego, de aprendizaje, de disfrutar con sus pares de espacios propiamente juveniles, de desarrollo personal y autorrealización.

D. Individualidad y diversidad juvenil rural

Pero al subrayar estas carencias, se corre el peligro de elaborar otro estereotipo más de juventud rural: que todos son carenciados, y que no son más que otro sector necesitado de ayuda de la sociedad. Para evitar esta generalización sobresimplificadora, es necesario, en primer lugar, matizar la definición de juventud esbozada arriba, en todos sus aspectos, para dar cuenta de la diversidad existente entre países y dentro de cada país, con el respaldo -en segundo lugar- de la información empírica.

Ya no basta hablar de la juventud rural, como si fuera una sola población homogénea, sino hay que dar cuenta de la individualidad de cada joven rural, situándolo en una amplia gama o espacio multidimensional de situaciones y perspectivas. Esta complejización de nuestra definición operativa es necesaria porque:

- cerca de la mitad de los jóvenes rurales son las jóvenes (aunque constituyen un poco menos del 50% de la población joven rural a nivel de la región como un todo), con vivencias muy diferentes de los varones en todas las fases de vida;

- no sólo están los jóvenes rurales carenciados -muchos pertenecen a hogares que están por encima de la línea de pobreza, en proporciones que varían desde 23% a 70% de los hogares rurales con jóvenes, según el país (Véase Cuadro 1 del Anexo Estadístico);

- el secular aislamiento de comunicación y transporte se está superando en muchas zonas rurales;

- hay grandes diferencias en la forma de vivir la juventud entre diferentes países y localidades rurales.

Pero la matización más importante que exige la definición inicial de la juventud rural es la de reconocer que la juventud no es sólo una transición entre la infancia y la adultez. Sería igualmente incorrecto, e igualmente incompleto, definir la vida adulta como una etapa de preparación para la jubilación. La juventud rural, como la urbana, tiene necesidades a satisfacer, roles que desempeñar, y aportes que hacer a la sociedad, en el presente, en la etapa juvenil misma. La identidad sicosocial del o de la joven se logra en el distanciamiento de las figuras infantiles de identificación, en el cuestionamiento del mundo, en el desarrollo de un sistema de valores propios, en la búsqueda de autonomía personal frente a las figuras parentales, en la individuación dentro del mundo social en que vive, y (como tarea evolutiva central de la juventud) en la búsqueda constante de una respuesta a la pregunta "¿Quién soy yo?". La elaboración de un proyecto vital futuro es, entonces, sólo uno entre estos diversos desafíos propios de la etapa juvenil.

E. El pensamiento estratégico entre los jóvenes rurales

Uno de los estereotipos que más se repite en relación a los jóvenes rurales es que se encuentran atrapados en un círculo de vida sin alternativas. Prácticamente la única opción que se les reconoce (en este estereotipo) es la de dejar para siempre su condición rural mediante la emigración. En realidad, los jóvenes rurales sí tienen alternativas y optan entre ellas. Desarrollan un pensamiento y un accionar estratégicos en varios campos, primero mediante ejercicios de imaginación o fantasía, pero progresivamente modifican sus acciones reales en función de objetivos que ellos determinan como posibles, tanto en el corto como en el largo plazo.

En el corto plazo, desarrollan un comportamiento estratégico destinado a construir su presente, optimizando su vivencia (o, en los casos de mayor pobreza, haciendo más soportable la supervivencia). Para el largo plazo, desarrollan una visión de como preparar su futuro personal, convertir sus sueños de la etapa de fantasía en realidad.

Con este pensamiento y estas acciones estratégicas los jóvenes rurales ligan la realidad presente con el posible futuro, y comienzan a desarrollar una subjetividad, modificando sus propios comportamientos juveniles en varios sentidos y alterando los mismos procesos y fases aludidas(3). Los procesos característicos de la etapa de vida juvenil, y los proyectos de vida de los y las jóvenes están al centro de la reproducción social de los hogares, del futuro de la agricultura familiar, y de la economía y sociedad rurales.

 

 

---------------------------------------------

(3) Una discusión más detallada de las estrategias de vida se puede encontrar en Durston 1996.

 

 

Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557 - 908 0545 - Fax: (5982) 902 1305
  webmaster@cinterfor.org.uy

Copyright © 1996-2008 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad