106 MILLONES DE JÓVENES QUIEREN
TRABAJAR.
Comentarios del Director Regional de la OIT, Jean Maninat,
en la revista La Clave de Madrid, España. (*)
Noticias de la OIT (25 de julio 2007)
El tema del trabajo de los jóvenes ha venido adquiriendo un
mayor protagonismo en las sociedades latinoamericanas y del Caribe,
tanto por la contribución que ellos pueden dar al crecimiento
económico de la región como por las altas tasas de desempleo
juvenil que se dan, aun en países económicamente exitosos.
Jóvenes: ni estudian, ni trabajan
LA TEMÁTICA DEL EMPLEO juvenil fue recogida como una prioridad
en la Agenda Hemisférica para la Promoción del Trabajo
Decente que presentó el Director General de la OIT, Juan Somavia,
a la consideración de la XVI Reunión Regional de los Estados
Americanos Miembros de la OIT (2006). Asimismo, en la "Década
de promoción de trabajo decente" que dicha reunión
aprobó, se definió como objetivo central en relación
a la juventud fomentar su mayor formación y su mejor inserción
laboral. Por esta razón, en la Oficina Regional de la OIT para
América Latina y el Caribe hemos producido un informe, de próxima
aparición, sobre Trabajo decente y juventud en América
Latina que arroja algunos datos de interés sobre el tema.
QUIZÁ LO MÁS SIGNIFICATIVO que señala el informe
es que, de los 106 millones de jóvenes en América Latina
y el Caribe, en 2005, 22 millones no estudiaban ni trabajaban, lo cual
representa alrededor del 21% del total de jóvenes en la región.
Este es, por supuesto, un dato altamente preocupante, si se tiene en
cuenta que en América Latina y el Caribe residen alrededor de
106 millones de personas jóvenes entre los 15 y 24 años
de edad. Nunca antes hubo tantos jóvenes en esta parte del mundo
y, probablemente, tal como indican las tasas de crecimiento poblacional,
la situación no se repita a mediano y largo plazo.
QUÉ SIGNIFICA ESTO para la región: que un sector fundamental
de la población no encuentra las vías para integrarse
al proceso productivo en sus países y, por ende, quedan excluidos
o en la periferia del desarrollo social y económico. Esto constituye,
además, un despilfarro de energía creativa, y un obstáculo
para competir con éxito en la globalización, pues las
repercusiones sobre este importante grupo poblacional, sobre el que
deberían descansar las opciones de futuro, pueden ser devastadoras
tanto psicológica como socialmente. También que la credibilidad
en las instituciones democráticas puede resentirse, pues se da
la situación de que quienes por primera vez salen a buscar empleo
también votan por primera vez.
Esta especie de esquizofrenia social que permite a los jóvenes
decidir el destino de su país, pero no les brinda la oportunidad
de ser útiles con un trabajo digno y decente, puede estar en
la raíz de gran parte de la inconformidad que hemos visto surgir
en los últimos años.
LA REALIDAD DE MILLONES de jóvenes que no estudian ni trabajan,
así como el hecho de que la pertenencia a un género o
raza pueden dificultar el acceso a trayectorias de trabajo decente,
son desafíos tan importantes como el desempleo general y la precariedad
en la economía informal en los esfuerzos por fortalecer las democracias
en la región y darle un carácter integral al desarrollo
de nuestros pueblos.
QUISIERA VERTER AQUÍ algunas ideas que surgen del informe mencionado,
que condensan lo que consideramos puede ser una vía para abordar
el tema del trabajo de la juventud. La propuesta central es que
cada país debe construir, y revisar periódicamente con
el concurso de los mismos jóvenes, una institucionalidad adecuada
para la promoción de trayectorias de trabajo decente de sus jóvenes.
Ello supone una mejor articulación con la evolución que
va teniendo el mundo productivo lo cual hace necesario un inteligente
marco regulador que combine protección y promoción de
los trabajadores en general sin excluir a los jóvenes. La educación
y formación para el trabajo es esencial. Es imprescindible desarrollar
su capacidad emprendedora para que se orienten hacia la iniciativa empresarial
no por falta de trabajo, sino como una manera de contribuir a la creación
de mejores empresas y empleos. Es necesario proteger sus derechos laborales
de jóvenes trabajadores para integrarlos a una cultura digna
de trabajo. La promoción de la mejor inclusión social
de ciertos grupos de mujeres jóvenes, así como de la juventud
rural e indígena, es importante para que América Latina
y el Caribe aprovechen la totalidad de la laboriosidad y creatividad
de los jóvenes en la construcción del desarrollo humano.
La juventud es presente y ojalá mejor futuro para la región
americana.
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(*) Comentario en el artículo Jóvenes:
ni estudian, ni trabajan. Paola Wächter. EN: La Clave. Madrid,
20 de julio de 2007.
Mayor información: http://www.oit.org.pe/portal/noticias.php?docCodigo=653