REUNIÓN TÉCNICA
"LOS TRABAJADORES Y LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN AMÉRICA
LATINA"
17 a 19 de mayo de 2000
São Paulo, Brasil
Documento de Referencia / 2
La Estrategia de la Capacitación:
¿Un Horizonte Nuevo para la Negociación y Acción Sindical?
Hugo Barreto
Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT
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IV) FORMACION PROFESIONAL Y RELACIONES LABORALES. UNA AGENDA PARA
"GOBERNAR LOS CAMBIOS"
1. Primero: calificarse para participar y negociar en un escenario
nuevo
Uno de los grandes desafíos de la participación sindical está en la
calificación de los dirigentes para intervenir de manera adecuada en
la temática de la capacitación.
El estudio y consideración y eventualmente decisión, o al menos la
necesidad de expresar una opinión fundada sobre aspectos tan relevantes
como el tipo de programas a implementar, los perfiles, currículum, impactos,
evaluación de los resultados, costos y formas de financiamiento de los
cursos de capacitación para los trabajadores activos o desempleados,
hacen parte de la agenda regular de las acciones de capacitación que
deben implementarse.
Además de la novedad de la temática, se impone un posicionamiento diverso
con el Estado y los empresarios, lejos del tradicional eje de lo salarial
y el empleo (aunque tenga relaciones estrechas con ambas cuestiones).
No ajena a esta cuestión está la presencia de otro actor "no tradicional"
en las relaciones laborales como lo son las instituciones de formación
profesional, públicas y privadas, difíciles de enmarcar en el habitual
escenario laboral sindicato/empresa, ya que tienen su propia visión
a veces bien diversa a la de ambos actores sociales, a veces coincidente
con uno de ellos.
El Estado asume mas de un papel, muchas veces también alejado del tradicional
"componedor" del conflicto: ora aparece como Ministerio de
Trabajo, ora como Ministerio de Educación o aún como institución de
formación profesional. En cada caso su participación asume posiciones
y matices no siempre coincidentes; no resulta extraño en consecuencia
que en alguno de los roles se encuentre mas cercano a las posiciones
sindicales que en otro; con todo, la situación no se encuentra totalmente
dirimida y muchas veces buscará la "complicidad" de los sindicatos
para inclinar la balanza en favor de determinadas concepciones de cómo
debe gestionarse la formación, o cual debe ser su contenido.
Por otro lado, las posiciones y demandas de los sindicatos de empresa
o de sector no siempre coinciden con los puntos de vista de as representaciones
institucionales sindicales en organismos bi o tripartitos de formación
profesional.
También los trabajadores docentes de la enseñanza técnica se ubican
con una lógica propia, mas cercana al eje de discusión sobre lo público/privado
(defensa de la enseñanza pública y gratuita frente a las privatizaciones
y el avance del mercado en este terreno), énfasis que puede no ser siempre
pertinente con los debates y las demandas puntuales del resto del universo
sindical.
Si a todo esto agregamos la complejidad emergente de los procesos de
integración regional, que tienen en la formación profesional una de
las oportunidades de desarrollo y discusión en dirección a la "armonización"
o "coordinación" por su relación con las políticas migratorias
o de circulación de personas, se completa un escenario nuevo con
actores que no desempeñan los papeles habituales.
2. La adaptabilidad del trabajador y los nuevos sistemas de trabajo
Un informe reciente del Consejo de Administración de la OIT señala
que "la mundialización, el progreso tecnológico y las nuevas formas
de organización del trabajo están modificando las capacitaciones profesionales
exigidas en los puestos de trabajo en todas las regiones".
Enumera algunos de los conocimientos que deberán poseer los trabajadores,
de modo que les permita adaptarse rápidamente a la evolución de los
requerimientos de la producción. Subraya seguidamente la labor del sistema
educativo de "desarrollar los conocimientos, las capacidades y
actitudes fundamentales", para lo cual es básico el impulso a la
educación básica inicial y el compromiso de los actores "a conseguir
una educación y formación permanentes continuas como respuesta a los
continuos cambios en las necesidades de las empresas".
Manifiesta asimismo la necesidad de "desarrollar la calidad y
la capacidad de respuestas de los sistemas educativos y de formación
con el fin de satisfacer la evolución de las necesidades en materia
de capacidades empresariales e individuales". Destaca la articulación
del sistema público y privado de formación profesional, así como la
participación de la industria en la creación de normas en materia de
capacidades y competencia y en el diseño de cursos y programas, así
como el papel de la negociación y el diálogo sobre el empleo y otras
cuestiones sociales.
Finalmente, señala la obligación de los interlocutores sociales de
investigar nuevas formas de actuar conjuntamente, asignando un papel
relevante al Estado pero no ya como proveedor directo de formación,
la que deberá orientarse a la descentralización.
El término clave que preside los desarrollos temáticos indicados parece
ser el de adaptabilidad.(7)
Adaptabilidad de las empresas, entendida como capacidad de una
empresa o unidad productiva de acompasar su organización y gestión de
la producción a los cambios originados por la introducción de nuevas
tecnologías, a los vaivenes de la demanda y al incremento de la competencia
por los mercados.(8)
Se plantean así una serie de exigencias al personal tales como la necesidad
de la formación técnica o general, la rotación de los puestos de trabajo,
la proximidad entre las tareas de producción y control y la ausencia
de barreras entre obreros y técnicos, operando consecuencias que implican
el replanteo y recalificación de los puestos de trabajo, la adecuación
de los convenios colectivos y la apertura hacia la formación profesional.
Del lado de los trabajadores, se requiere su adaptación a las
modernas tecnologías de gestión, demandantes de nuevas y mayores capacidades
que algunos llaman multihabilidad o polifuncionalidad, en una terminología
que no resulta precisa.
En relación con las tecnologías de gestión conviene distinguir entre
la organización de las tareas y la organización de la producción.(9)
La primera supone una serie de mecanismos como:
- la ampliación de tareas, que implica otorgar al trabajador la realización
de mayor cantidad de tareas de semejante complejidad que las que le
hubiera correspondido en una organización clásica del trabajo;
- la rotación, consistente en variar el puesto de trabajo;
- el enriquecimiento de tareas, o sea, sumar al puesto de trabajo
tareas de mayor nivel de complejidad; y
- la constitución de grupos semi autónomos, por la cual los trabajadores
en equipo son responsables de la realización de un plan de producción.
Los cambios en la organización de la producción, por su parte, están
circunscriptos al ámbito mas amplio de la gestión de la producción,
y se traducen en sistemas como el "just in time", los programas
de calidad total y la tercerización.
Este esquema proporcionado por la sociología del trabajo pone a disposición
un marco de análisis que permite en parte despejar algunos equívocos
y diferenciar los diversos impactos que sufre la relación de trabajo
"típica" y la incidencia que pueda tener la formación profesional
en la misma.
Concretamente, una parte de los cambios introducidos mediante estas
tecnologías de gestión operan readecuando o aún variando sustancialmente
la tradicional organización de las tareas, y la formación profesional
concurre y es pieza clave en orden a facilitar y aún posibilitar esta
transformación.
Esta llamada "flexibilidad funcional" o interna comporta
impactos diversos en las obligaciones emergentes del contrato de trabajo(10).
El paulatino y aparentemente definitivo abandono de las rígidas descripciones
de tareas tienen su reflejo inmediato en el elenco de prestaciones del
trabajador en la relación individual de trabajo, lo cual obliga a replanteos
profundos de la relación contractual. Ello porque de mantenerse incambiado
el marco contractual estas variaciones impuestas por la realidad productiva
no tardan en erosionarlo y traducirse en una flexibilidad de hecho,
que algunos autores han calificado de "velada".(11)
El debate sobre las consecuencias y el rumbo que tome esta evolución
es complejo y diversificado. No siempre resulta fácil diferenciar
la necesidad de introducir ciertos cambios en la organización del trabajo
del oportunismo de ciertas visiones ultraliberales que ponen en tela
de juicio el tradicional sentido protector del derecho del trabajo,
confluyendo a un individualismo muy de fin de siglo. Se ha generado
por lo demás una bibliografía especialmente extensa, que sería tedioso
citar aquí, y una discusión en torno a aquellas normativas (de origen
autónomo o heterónomo) que pretendieron recoger estas novedades, del
cual resulta un ejemplo notorio el caso argentino, a partir de la Ley
Nacional de Empleo de 1991.(12)
A pesar que las empresas de punta o transformadas no son mayoría en
Latinoamérica, resultan estratégicas para el funcionamiento de las economías
nacionales y concentran a los asalariados con mayores niveles de calificación.
Por lo tanto como advierte Godio(13)
"el sindicato debe calibrar con precisión que nuevas relaciones
laborales aparecen en la empresa transformada, si pretende representar
a estos segmentos de la clase trabajadora que seguramente jugarán un
rol destacado en procesos de cambios sociopolíticos de la región".
Desde el punto de vista del trabajador individualmente considerado,
donde este cambio resulta mas notorio es en el conjunto de exigencias
relativas a su condición profesional. En efecto, las modificaciones
en el mundo del trabajo que determinan que cobren vuelo algunos aspectos
que antaño sólo eran tenidos en cuenta en el momento de la contratación,
como lo es la calificación del trabajador.
Hoy resulta menester que en el desarrollo del íter temporal del contrato
se pongan en juego diversos tipos de cualificaciones que puedan atender
las diversas modalidades que adquiera la prestación contractual. Se
impone la formación contínua.

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7. Parte de los desarrollos de este ítem han sido tratados
por el autor en un trabajo realizado bajo la coordinación del Prof.
H-H Barbagelata para Cinterfor, de próxima publicación.
8. Gringras, R. ¿Qué es la Flexibilidad
Laboral? INCASUR. Bs.As.1992 pág. 43
9. Guerra, P. Sociología del Trabajo. FCU, Mont, 1998,
pág. 233 a 251.
10. Algunos autores definen estos cambios como "desviaciones"
respecto del derecho del trabajo clásico y han hablado de sus "antídotos":
Bruno Veneziani, en "Las nuevas formas de trabajo". Rev. Debate
Laboral. Año V Nro. 10 (1)/1992 pág.15 y "La flessibilità del lavoro
de i suoi antidoti. Un´analisi comparata", en Giornale di diritto
del lavoro e di relazioni industriali. Nro. 58, 1993/2 pág. 235.
11. Supervielle, M.; Guerra, P. De la producción en
masa a la producción ajustada. CEALS - FCS. Mont. 1993.
12. El debate sobre la flexibilidad lleva ya muchos
años, pero en última instancia, como bien dice de Luca Tamajo, "de
poco sirven las disputas y precisiones terminológicas cuando es evidente
- mas allá de toda evaluación - que el concepto < de flexibilidad>
designa el fruto de todas las maniobras destinadas a ampliar los espacios
de libertad de los empresarios en la gestión de las relaciones laborales,
adecuando estas últimas a las cambiantes exigencias de la empresa y
del mercado". En "La flexibilidad del trabajo en los países
de la CEE". Vol. de homenaje al Prof. V.M. Russomano. UNAM 1988
pág. 218.
13. Godio, J. "Empresas transformadas y estrategia
sindical en América Latina", en el vol. Sindicalismo Latinoamericano.
Nueva Sociedad. Venezuela. 1995, pág. 57.