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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Reunión Técnica sobre los Trabajadores y la Formación Profesional en América Latina

São Paulo, Brasil, los días 17 al 19 de mayo del año 2000

 

Documento de Referencia / 1

Los vínculos entre la Formación Profesional y la Educación Regular

Carlos Rodríguez

 

Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT

ÍNDICE

Intervención del Compañero Carlos A. Rodríguez

Dramática se torna la situación educativa

De ventajas heredadas a ventajas construidas

Trabajemos como ciudadanos

Concertemos nacionalmente la formación

Hacia un sistema nacional de formación

Vínculos formación profesional - educación regular

_____________________________

INTERVENCIÓN DEL COMPAÑERO CARLOS A. RODRÍGUEZ
Compañeros delegados a esta reunión:

En primer lugar deseo expresar mis sinceros agradecimientos por la invitación que me formularon y mis felicitaciones por la realización de esta reunión técnica sobre los trabajadores y la formación profesional en América Latina.

Saludo entonces con efusividad a Cinterfor/OIT, a las Centrales Sindicales Brasileñas, Confederación General de Trabajadores, Fuerza Sindical, Central Unitaria de Trabajadores y al proyecto de fortalecimiento sindical para el diálogo social, OIT - ACTRAV - AECI.

También quiero significar que algunas de las consideraciones a plantear, son producto de la Conferencia Continental de Educación CIOSL- ORIT, llevada a cabo entre el 20 y 22 de marzo de este año, en Costa Rica, que reflejan la preocupación de esta organización continental por el tema de la articulación de la formación profesional con la educación regular.

En el marco de esta reunión técnica, me ha correspondido abordar el tema "Los vínculos entre la Formación Profesional y los Sistemas de Educación Regular", asunto este de enorme importancia, máxime cuando debemos impulsar un sistema nacional de formación, que articule la formación profesional y la educación formal, hoy desconectada la una de la otra.

Ahora traigo a mi memoria, el panel que también Cinterfor/OIT llevó a cabo en Montevideo, Uruguay del 7 al 10 de abril de 1999 sobre "Formación y trabajo en la sociedad del conocimiento", que evidencia el interés de Cinterfor/OIT por esta materia y la contribución positiva que han hecho, tanto Pedro Daniel Weinberg como Fernando Casanova.

Dramática se torna la situación educativa

En aquella oportunidad les recordaba que en abril de 1998 fue divulgado simultáneamente en todo el continente, el informe de la comisión internacional sobre educación, equidad y competitividad económica, creada en 1996 por el diálogo interamericano y la corporación de investigaciones para el desarrollo CINDE, como parte del programa de promoción de la reforma educativa en América Latina y el Caribe.

Los resultados fueron sombríos y preocupantes. Según el comité de expertos que adelantó el estudio, las escuelas latinoamericanas están en crisis y no educan a los jóvenes de la región y lo que aún es peor, en lugar de contribuir al proceso y al de su gente, los están frenando, aumentando la pobreza y la desigualdad, así como el rendimiento deficiente de la economía.

En materia de gastos en educación, las cifras son elocuentes. Mientras en países desarrollados invierten US $ 1211 per capita, en América Latina apenas dedicamos US $ 153, poco más de la décima parte. Y si miramos el gasto anual por alumno, la relación es peor. En primaria es sólo el 6 por ciento de lo que invierten los países desarrollados; en secundaria sube al 7.6 por ciento, y en educación superior, como gran cosa, llegamos al 14.8 por ciento.

Hubiéramos querido que en los dos años transcurridos estas cifras se modificaran para bien de nuestros países. Desafortunadamente debemos decir que la situación educativa se torna dramática. Más de 880 millones de adultos analfabetos, casi todos de países del tercer mundo, el 68 por ciento mujeres; 125 millones de niños entre 6 y 11 años que no asisten nunca a la escuela; 150 millones que tendrán que abandonarla en los próximos meses.

Federico Mayor Zaragoza, director de la UNESCO entre 1987 y 1999, no solo aporta estas dramáticas cifras sino que proporciona un par de reflexiones acerca de ellas. La primera es que no se trata de un problema económico: con un leve aumento de la inversión del Producto Interno Bruto en educación - apenas entre 0,1 y 0,25 por ciento, será posible reducir drásticamente este ejército de analfabetos. La segunda es que, por desgracia, no hay voluntad política para hacerlo.

Prueba de ello es el aplazamiento vergonzoso de lo que debería haber sido el GRAN AÑO DE LA EDUCACION UNIVERSAL. Hace una década, 155 países acordaron que tal fecha sería el año 2000: nada mejor para empezar el milenio que un gran esfuerzo por la educación. Pero en 1995, cuando nada se había hecho por prepararse para el supuesto "año mágico", se convino aplazar el lanzamiento para el 2015. Ahora se habla del año 2025.

No hay nada más fácil que hacer demagogia con la educación. A la hora de los discursos, todos son lindos propósitos que con el paso del tiempo se convierten en agua de borrajas: la educación tiene menos glamour que muchos proyectos de relumbrón, que ofrecen suculentos momentos fotográficos para la prensa.

Lo que ha ocurrido con el acuerdo de los 155 países por la educación pasó también con los planes educativos que, con bombo, platillos y distinguido elenco de personajes garantes, anunciaron nuestros gobiernos, durante los últimos tiempos.

Han pasado casi dos años y de aquello que se prometía se ha dado poco o nada. Se ofreció, mentirosamente, que la cuchilla del ajuste fiscal no iba a tocar a la educación y éste año, comparado con el anterior, en Colombia por ejemplo, se redujo el presupuesto en 360 mil millones de pesos.

A comienzos de este mes terminó en Senegal, el Foro Mundial sobre educación, auspiciado por la ONU y el Banco Mundial. Durante tres días, 145 países discutieron la importancia de la educación en el desarrollo y demás capítulos archisabidos y archidiscutidos pero poco aplicados. En esta ocasión, sin embargo, apareció un rayo de esperanza en el multitudinario congreso.

No procede propiamente de los gobiernos que acuden a él, pues son los mismos que han aplazado ya dos veces el lanzamiento del Gran Año. Esta vez lo que permite pensar en una línea de acción mínima es la presencia de varios sindicatos y ONG´s, que han celebrado una reunión previa a la de los delegados oficiales y quieren convertirse en acicate para que la oratoria de circunstancias se convierta en hechos.

Ellas nos han recordado que el gasto militar global se aproxima a 800 mil millones de dólares anuales, muchísimo más de lo que costaría abrir y sostener escuelas para enseñar el abecedario a los analfabetos del mundo. También nos han hecho caer en cuenta de que esos mismos gobiernos cuyos representantes pronuncian oraciones admirables sobre la educación como antídoto de la guerra, no tienen reparo en incrementar escandalosamente sus presupuestos militares: 14 por ciento en América Latina, 26 por ciento en Asia y 45 por ciento en Africa del Norte, entre 1988 y 1997.

Quizás los sindicatos y las ONG´s que acudieron a Senegal ayuden a vigilar la doble moral de los gobiernos que tan solícitamente asisten a los foros. Y tan velozmente olvidan sus acuerdo.

Así las cosas, nuestros países, a lo largo del siglo XX, no han tenido una política de Estado sobre desarrollo científico o tecnológico, como tampoco la han tenido sobre educación.

De ventajas heredadas a ventajas construidas

La consolidación de un nuevo sistema técnico a lo largo de los últimos 20 años, basado en las tecnologías de la información y sustentado en cuatro pilares: La robótica, la telemática, la informática y la electrónica, han modificado radicalmente la competitividad de las naciones.

Los sectores intensivos en mano de obra se convirtieron en sectores intensivos en capital y tecnología, las antiguas ramas industriales basadas en líneas semiautomáticas de producción se transformaron, gracias al nuevo sistema técnico, en procesos automatizados de fabricación. El redespliegue industrial no tuvo lugar y, por el contrario, se dio un proceso de auge industrial en los países desarrollados.

La competitividad de las naciones pasó de las ventajas heredadas (situación geográfica, dotación de los recursos naturales, mano de obra abundante en salarios de subsistencia), a las ventajas construidas, en las cuales los sistemas de investigación y desarrollo, y la existencia de una población altamente calificada, con habilidades para crear, adaptar y desarrollar nuevas tecnologías, juegan un papel central.

Toda sociedad para ser viable, debe contar con el dominio de un conjunto amplio de tecnologías que le permitan acceder a los servicios básicos, (educación y salud), desarrollar su seguridad alimentaria, construir la infraestructura requerida (vivienda), capacidades para conducir el sistema productivo y competencias que le permitan mejorar la gobernabilidad del sistema político y social.

Dadas las características del nuevo sistema técnico, el dominio de las tecnologías pasa por programas de investigación más finos y sistemas más complejos de formación del potencial humano. Así, por ejemplo, el diseño y construcción de puentes, tiene que ajustarse a las especificaciones de los vehículos que se construyen actualmente, responder a las formas de elaboración que demandan la maquinaria y los equipos actuales de construcción y contar con nuevos materiales, todo lo cual exige que los trabajadores involucrados en su diseño y producción tengan formaciones y habilidades muy diferentes a las requeridas en el pasado para adelantar este tipo de obras.

En consecuencia, los programas de investigación y formación (programas curriculares, contenidos, competencias), de ingenieros, tecnólogos y técnicos, deben ser igualmente diferentes a los existentes en el pasado, fenómeno que acontece en todos los campos.

Desafortunadamente, ni cuantitativa ni cualitativamente (pertinencia y calidad) la educación está formando los cuadros para conducir el sistema productivo, ni el político o la construcción de la infraestructura física requerida o la provisión de los servicios básicos.

Necesitamos articular la formación profesional con la educación formal en un sistema nacional de formación, para superar las disfuncionalidades organizativas, técnicas y de orden jurídico, haciendo que la formación responda globalmente a las características y demandas del mercado de trabajo y del mercado productivo, adecuando su oferta en forma diferenciada a distintos tipos de población y a diferentes conformaciones regionales y sectoriales.

Requerimos una educación que le permita a sus egresados plantear y solucionar problemas, conectar diferentes saberes y darles un sentido.

La educación que tenemos hoy no lo está haciendo. Es una educación cuyo fundamento está centrado en la enseñanza de procedimientos para llevar a cabo labores rutinarias, no en los fundamentos de las disciplinas para crear, plantearse problemas y buscar alternativas.

Propugnemos por una educación que forme a sus alumnos, antes que todo como ciudadanos, una educación que le permita a sus educandos desplegar todas sus potencialidades como personas, una educación para el trabajo en equipo, una educación en un pensamiento sistémico para aprehender los fenómenos complejos y enfrentar los desafíos de un mundo cada vez más intrincado e incierto.

Aquí vale la pena, de manera autocrítica, decir que el papel del sindicalismo ha sido mediocre para presentar un modelo de desarrollo alternativo, porque hemos actuado más con visión sectorial que nacional.

 

 

 


 

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