Haica un Sistema Nacional
de Formación
El establecimiento de un sistema nacional de formación
constituye una tarea reconstructiva dentro del propósito de
promover una mayor articulación y organicidad entre los niveles,
instituciones, programas y practicas administrativas y académicas
en la formación.
La educación regular o formal es uno de los campos
con mayores repercusiones sociales en un país y con mayor incidencia
en el devenir de una nación en el mundo contemporáneo. Por eso
mismo este campo debe someterse al más exigente de los escrutinios.
En realidad a medida que profundizamos sobre la
educación, se hace mas claro para todos, que la formación profesional
y la educación regular, siempre que reúnan características de
calidad y pertinencia con las necesidades del sector productivo
y las prioridades de la nación, son fundamentales para el desarrollo
de los países.
Cuando planteamos que los vínculos entre la formación
profesional y los sistemas de educación regular, hoy están dislocados,
y que propugnamos por un sistema nacional de formación que los
articule, lo decimos porque ahora encontramos entidades estatales,
mixtas y privadas. Unas se mueven en el ámbito de los ministerios
de trabajo, otras en el de los ministerios de educación, unas
se financian con porcentajes obligados de las nóminas de las
empresas, otras con asignaciones de los presupuestos estatales,
otras con contribuciones voluntarias de las empresas, otras
con el cobro total o parcial de sus servicios. Algunas programan
y ejecutan ellas mismas todos sus servicios, otras son entes
rectores que contratan a la vez la atención a sus beneficiarios.
Si abordamos el tipo de formación que se brinda
y las necesidades de la nación, el balance es deprimente porque
la educación no se desarrolla en correspondencia con las necesidades
del país, ni con las prioridades del sector productivo.
Aquí viene una discusión sumamente interesante.
¿El modelo de desarrollo que implementan nuestros países, corresponde
a las necesidades y prioridades de nuestras economías en desarrollo?
,o, ¿simplemente acatamos los ordenamientos del FMI y somos
instrumentos dóciles de los países industrializados?
¿Es cierto que toda la estructura productiva de
nuestros países ha sufrido un profundo impacto, expresado en
el cambio tecnológico, la reconversión industrial y la modificación
de las estructuras ocupacionales, cuando los países en desarrollo
están desindustrializados?
Este divorcio se refleja en cifras abundantes
sobre las divisiones sociales del continente. El abismo entre
pobres y ricos es grave, cuando la mitad de la población, doscientos
millones de habitantes sobrevive apenas con ingresos de noventa
dólares o menos al mes.
Así las cosas, ¿puede la educación ser el puente
entre la abundancia cultural y la parsimonia política y económica
de América latina?. No, no se trata de darle a la educación
el carácter de curalotodo. Se trata, más bien de darle sus funciones
precisas tanto al sector público como al privado, sin satanizar
ni al uno ni al otro, pero sujetando a ambos las necesidades
sociales manifestadas por los trabajadores y la sociedad civil.
Respetemos y aprovechemos las lecciones de los
momentos anteriores, pero aceptemos que la continuidad y fuerza
de nuestra.
cultura jamás se ha sometido a un patrón abstracto
y único, sino que ha prosperado dentro de alternativas que hacen
de la heterogeneidad, virtud.
La sabiduría clásica nos dice que de la diversidad
nace la verdadera unidad. La experiencia contemporánea nos reitera
que el respeto a las diferencias crea la fortaleza, y su negación,
la debilidad, y la memoria histórica nos confirma que el cruce
de razas y culturas está en el origen de las grandes naciones
modernas.
