<<volver
al index
MUERTE EN LAS OBRAS
El gremio de la construcción y la peor muestra en cuanto a la salud
laboral en el Uruguay de fin de siglo.
Como en casi todas las actividades laborales el número de trabajadores
y su localización, es un dato estimativo proveniente de numerosas fuentes.
Según los Censos de 1985 y 1996, en la construcción trabajan entre 85
y 92.000 ciudadanos en todo el país.
Por los datos del B.P.S., que registra para la administración de los
beneficios (Aguinaldo, salario vacacional, licencia), a los trabajadores
comprendidos por la Ley de Aporte Unificado (D.L. 14.411/76) la cifra
varía mensualmente y se ha ubicado en los últimos 5 años entre 27 y
36.000 trabajadores, siendo los años de mayor registro el 93 y 94 con
entre 50 y 67.000 trabajadores.
De acuerdo a los datos del estudio realizado en 1997, "Salud
Laboral en la Construcción, octubre 93 a octubre 96" (Informe final
del 20 de octubre de 1997, UCUDAL), con el auspicio del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (P.N.U.D.) y monitoreado por el Programa
de Modernización de las Relaciones Laborales de la U.C.U.D.A.L., ejecutado
por el SUNCA, una distribución aproximada sería la siguiente:
Incluidos en la Ley de Aporte Unificado-14.411:
38.000 en montaje de obras de arquitectura e ingeniería (edificios,
rutas, puertos, instalaciones de agua, saneamiento, luz, telecomunicaciones,
etc.);
Que tributan a la seguridad social en Industria y Comercio:
7.000 en fábricas de componentes (hormigón, ladrillos, cerámicas,
etc.) y almacenamientos;
2.000 en extractivas ( canteras de piedras, areneras, caleras, etc.);
2.000 en transportes de materiales y otros servicios como hormigón
premezclado, andamios e instalaciones y equipos, etc.
3.000 en diversas obras rurales, canalizaciones, baños de ganado,
etc. que generalmente son contratados como "peones rurales"
para el menor pago de salario y beneficios sociales;entre 33 y 40.000
trabajadores entre construcciones "informales" y desocupados
o que pasan a otras actividades - rurales en el interior, forestación
por ejemplo.
Por su parte el 70% se localiza en los departamentos del sur del país,
predominantemente en Montevideo, Canelones y Maldonado, y el restante
30% en todo el resto del territorio.
El trabajador de la construcción tiene entonces un primer problema
desde el punto de vista del sistema tradicional de la salud laboral,
su continua movilidad en cuanto al lugar de trabajo, a lo que se suma
que en numerosas obras -fundamentalmente las suburbanas y rurales- no
existen referencias localizativas inmediatas. Al mismo tiempo, si bien
las obras pueden durar entre uno o varios años, según el tipo de obra,
el trabajador cambia su lugar de trabajo en el curso de la obra, y suele
trabajar sólo durante una etapa determinada ( la estructura de hormigón,
los carpinteros y herreros).
Vale decir que en el curso de la obra encontraremos distintos trabajadores,
según las etapas. Esta movilidad tradicional, se ve agravada durante
la década del 90, por dos motivos principales.
El cambio del promotor estatal de obras por la promoción privada,
y la drástica reducción de la calidad constructiva operada a través
de tipologías y morfologías precarias, sustitución de materiales nobles,
introducción de equipos y sistemas diseñados para el "ahorro de
mano de obra".
Estos cambios se operan mediante la implantación forzosa de sistemas
de sub contratación que mediante las formas de responsabilidad comercial
se destinan a ELUDIR LA RESPONSABILIDAD LABORAL, ESTO ES EVITAR EL PAGO
Y LAS RESPONSABILIDADES DEL DERECHO LABORAL.
A pesar de los ingentes esfuerzos de autoridades de gobierno y empresarios,
en cuanto a atribuir las abundantes muertes en el sector (16 en 1999)
al alcoholismo o a la falta de conocimiento de los trabajadores, el
estudio citado muestra que sobre 43 muertes ocurridas entre octubre
del 93 y octubre del 96, en ninguna de ellas se pudo certificar la alcoholización
del trabajador, y en cambio sí se comprueban notorios incumplimientos
a las normas de procedimientos de trabajo, a la ausencia de protecciones
colectivas de trabajo, a la rotura de equipos e instalaciones por obsolecencia
o sobreuso, a la ausencia de los equipos personales de protección.
Al mismo tiempo, si bien las obras pueden durar entre uno o varios
años, según el tipo de obra, el trabajador cambia su lugar de trabajo
en el curso de la obra, y suele trabajar sólo durante una etapa determinada
(la estructura de hormigón, los carpinteros y herreros).
Vale decir que en el curso de la obra encontraremos distintos trabajadores,
según las etapas. Esta movilidad tradicional, se ve agravada durante
la década del 90, por dos motivos principales.
El cambio del promotor estatal de obras por la promoción privada y
el crecimiento de la producción informal por un lado, y por otro y al
mismo tiempo, la drástica reducción de la calidad constructiva operada
a través de tipologías y morfologías precarias, sustitución de materiales
nobles, introducción de equipos y sistemas diseñados para el "ahorro
de mano de obra".
Estos cambios se operan mediante la implantación forzosa de sistemas
de sub contratación que mediante las formas de responsabilidad comercial
se destinan a ELUDIR LA RESPONSABILIDAD LABORAL, ESTO ES EVITAR EL PAGO
Y LAS RESPONSABILIDADES DEL DERECHO LABORAL.
A pesar de los ingentes esfuerzos de autoridades de gobierno y empresarios,
en cuanto a atribuir las abundantes muertes en el sector (16 en 1999)
al alcoholismo o a la falta de conocimiento de los trabajadores, el
estudio citado muestra que sobre 43 muertes ocurridas entre octubre
del 93 y octubre del 96, en ninguna de ellas se pudo certificar la alcoholización
del trabajador, y en cambio sí se comprueban notorios incumplimientos
a las normas de procedimientos de trabajo, a la ausencia de protecciones
colectivas de trabajo, a la rotura de equipos e instalaciones por obsolecencia
o sobreuso, a la ausencia de los equipos personales de protección.
En buena parte de los casos, existía represión sindical, diversos
grados de otras violaciones de derechos laborales (fuera de planilla,
evasión de aportes a la seguridad social, etc.), con lo que la dialéctica
"ahorro de costos"- "desregulación laboral", constituye
la causa real de las muertes y multiplicidad de accidentes en el sector
de construcciones.
Algunos datos importantes del estudio:
Página 33, EDAD de los fallecidos distribuidos por deciles etáreos:
Menores de 25 años - 6 - 13,8 %
De 26 a 35 años - 11 - 25,5 %
De 36 a 45 años - 18 - 41,8 %
Mayores de 46 años - 8 - 18,3 %
Página 34, PROFESIÓN de los fallecidos: albañiles, electricistas,
carpinteros, herreros, maquinistas, pintor, gruísta, ascensorista, 29
trabajadores, el 67,5 % de los fallecidos. Peones sin especialización
, 14 trabajadores, el 32,5 %
Página 34, CATEGORÍA en la profesión :
Peones - 14 - 32,5 %
1/2 oficial - 2 - 4,6 %
Oficiales - 24 - 55,8 %
Encargado- 1 - 2,3 %
Capataz - 2 - 4,6 %
Página 35 , ANTIGUEDAD en la industria :
Menos de 1 año - 1 - 2,3 %
Entre 1 y 3 años - 7 - 16,3 %
Entre 4 y 10 años - 15 - 39,94 %
Entre 10 y 15 años- 12 - 27,84 %
Más de 15 años - 8 - 18,6 %
Estas primeras cuatro caracterizaciones de los trabajadores de la
construcción fallecidos en accidentes de trabajo, permiten una primer
síntesis que desmiente mucha teoría y falta de información.
El 67,3 % tenía una edad entre 26 y 45 años- esto es la plenitud biológica
de las condiciones sico-físicas.
El 67,5 % eran trabajadores calificados (de los diversos oficios de
la construcción) y el 32,5 % peones, esto es trabajadores sin oficio
reconocido aunque ello no significa falta de experiencia.
El 55,8 % eran oficiales en su oficio y el 6,9 % encargados y capataces,
y el 81,4 % tenían una antiguedad mayor a los 4 años en la industria.
Cuando el estudio profundiza el análisis de la información sobre los
43 accidentes, se constata que, páginas 44 y 45 del estudio: 16 trabajadores
el 37,2 % de los fallecidos, cayeron desde alturas por rotura de las
instalaciones de trabajo (andamios, balancines, grúas, etc.) o por estar
ejecutando trabajos expuestos al vacío sin las protecciones correspondientes
(barandas, cinto y cuerda de seguridad, etc.).
17 trabajadores, el 39,6 % de los casos estudiados, encontraron la
muerte aplastados por derrumbes de maquinaria, apuntalamientos, construcciones
preexistentes, y otros 10 trabajadores, el 23,3 %, encontraron la muerte
por electrocutamiento con líneas de energía sin aislar en el espacio
de trabajo o por maquinaria en cortocircuito.
Estas cifras tienen que ver con las condiciones técnicas precarias
(como lo anotábamos al principio) en que se realiza la producción.
Otro aspecto analizado en el citado estudio, es el que refiere al
campo de las relaciones sociales en que se realiza la producción en
que se registran los 43 casos. Al respecto tres variables son relevantes:
situación sindical en el centro de trabajo, agremiación del empresario
y propietario de la obra.
Según la situación sindical en el centro de trabajo, encontramos en
la página 47, que en el 60,5 % ( 26 casos) no existía organización sindical
de los trabajadores y los mismos declararon un clima de represión encubierta.
En el 25,5 % ( 11 casos), preexistieron al accidente del caso, formas
explícitas de represión sindical (despidos, sanciones, etc.).
Sólo en 6 casos 13,9 % del total, existía organización sindical normal.
Por otro lado, en cuanto a la agremiación del empresario del centro
en que ocurre el caso, en la página 40 encontramos:
Cámara de la Construcción - 18 fallecidos - 41,8 %; en el que el empresario
estaba agremiado en la Asociación de Promotores Privados, 11 casos (25,6
%) y de la Liga de la Construcción,1 caso, el 2,3 %.
Vale decir que, un 69,7 % de los accidentes mortales se registraron
en obras de empresarios agremiados a las principales cámaras empresariales.
Por otro lado, 9 casos (20,9 %), correspondieron al sector informal
y 4 (el 9,3%) a empresas no agremiadas.
En cuanto a los propietarios de obra- página 42 del estudio- se registran
14 casos (32,6%) en obras licitadas por el sector público (MTOP, UTE,
ANTEL, Intendencias) y el restante 67,4 % en obras de propietarios privados.
Estas cifras están entonces mostrando algunas cosas bastante claras.
La mayor cantidad de accidentes mortales se registra en obras con
represión sindical, de empresarios agremiados en las cámaras empresariales
y no en organizaciones informales y en obras de propietarios privados
(inversores inmobiliarios, sector industrial y comercial).
En este último aspecto, no es poco importante la incidencia del sector
público y si consideramos que los trabajos que hoy realizan las empresas
constructoras no son otra cosa que la terciarización de actividades
desde 1975 de las empresas e instituciones públicas, constatamos aquí
una forma específica de precarización por terciarización.
La lucha de los trabajadores de la construcción, histórica si las
hay, (en 1899 el periódico La Voz de orientación socialista, comienza
a publicar mensualmente las muertes ocurridas en la Construcción),
las muertes y accidentes en la última década, principalmente entre los
años 93 y 96, lleva a que por primera y única vez en Uruguay se aplique
el Convenio Internacional de Trabajo N° 155.
A través del decreto 53/96 del 1° de marzo de 1996, que determina
el Delegado Obrero de Seguridad en la obra, su capacitación en el horario
de trabajo sin pérdida de salario, y su potestad de- a través del Libro
de Obra (registro oficial) de la marcha de los trabajos- asentar los
reclamos en una forma oficial, válida para las instituciones del Estado
y para la Justicia.
A pesar de que este decreto fue seguido por otro a los 15 días, de
carácter limitativo, ya que exige condiciones mínimas para ser elegido
Delegado de Seguridad (dos años en la industria, tres meses en la obra
y la categoría de oficial) con lo que la posibilidad de elegir delegado
se restringe al 20% de los trabajadores, la elección y capacitación
de más de 350 delegados entre mayo de 1996 y julio de 1997, seguramente
es uno de los factores que inciden para que los números de accidentes
mortales disminuyan - al menos por un tiempo.
Las cifras indican en el estudio anualizado entre el 1° de octubre
y el 31 de octubre desde 1993 a 1997, página 59:
| Período |
oct. 93 - 94
|
oct. 94- 95
|
oct. 95 - 96
|
oct. 96 - 97
|
| Horas trabajadas |
157: 251
|
133:818
|
103:470
|
103: 470
|
| Casos |
18
|
13
|
12
|
12
|
| Indice de frecuencia |
1,144
|
0,971
|
1,159
|
0,509
|
Algunas explicaciones. De forma: las horas trabajadas
son millones (157 millones). El índice de frecuencia expresa la tasa
entre los casos sucedidos, medidos en determinado período sobre la cantidad
de horas trabajadas por todos los trabajadores expuestos al tipo de
accidente o riesgo en ese período, por cada millón de horas trabajadas
por la fuerza laboral afectada.
Como vemos, a pesar de que los casos se reducen a la tercera parte
entre el primer y cuarto período, en realidad la cantidad de casos tiene
un distinto significado respecto a las horas trabajadas o tiempo de
exposición de la fuerza de trabajo, cuestión que muestra el Indice de
Frecuencia.
Así en un proceso pronunciado de desocupación como el ocurrido entre
mediados del 95 y 96, el descenso de 13 a 12 casos es sólo aparente
como mejoría. En realidad, hubo un empeoramiento en cuanto que a menos
horas trabajadas, se registran la misma cantidad de accidentes mortales.
Recién en el período final (oct. 96 a oct.97) -cuando está operando
la nueva correlación que produce el reconocimiento del delegado obrero
de seguridad- es que el índice realmente se reduce respecto a todos
los períodos anteriores.
Finalmente cabe agregar otra enseñanza según la experiencia del sector.
A pesar de las conquistas obtenidas y los cambios producidos, por
ser la producción un constante "recomenzar", no es suficiente
la existencia de las normas sino fundamentalmente el funcionamiento
de los mecanismos para su estricto cumplimiento. Ha alcanzado un aflojamiento
del contralor del MTSS, sumado a una mayor inestabilidad y recesión
del sector, para que la cifra de muertes vuelva a aumentar a 14 en 1998
y 16 en 1999.
Se ha suspendido la formación de delegados y en los dos últimos años
la presión antisindical obstaculiza la posibilidad de la instalación
y desempeño de acuerdo a la norma, de los delegados de seguridad, a
lo que hay que agregar que el propio decreto deja abierta la posibilidad
que esta representación sea ejercida por el capataz, cargo que generalmente
está subordinado estrechamente con los intereses de la empresa.
En 1994, al tiempo de las denuncias ante el Parlamento y la opinión
pública, el SUNCA por medio de la central encaminó ante la OIT un reclamo
por incumplimiento del gobierno, de los Convenios ratificados, incumplimientos
que radican esencialmente en las normas internacionales de seguridad
del sector y en la protección de los derechos sindicales- soporte de
la defensa adecuada por los trabajadores de un medio de trabajo seguro.
Aún tomando en cuenta los avances realizados desde 1994, en 1998 en
el Informe Anual de la OIT -en el que se registran las observaciones
internacionales a los países por fallas al cumplimiento de los convenios,
y que constituye la "sanción moral internacional" - Uruguay
es observado por "las inconsistencias y carencias" en la aplicación
del CIT 155, base del decreto de los delegados obreros de seguridad.
En cuanto al CIT 161 ( en particular los "servicios técnicos
de seguridad industrial", no así los servicios de salud) se logra
en la reforma de la reglamentación sectorial de febrero de 1995 (norma
89/95) establecer la obligatoriedad para las obras con más de cinco
obreros y más de ocho metros de altura o uno cincuenta de profundidad,
la obligatoriedad de la empresa de tener "servicio técnico de seguridad
industrial", con lo que estamos en un caso de aplicación parcial
del convenio internacional de trabajo. Más tarde en 1996, se establece
por el decreto 283/96, la obligatoriedad de presentación previa al comienzo
de la obra y como parte de la documentación (planos y memorias), el
"plan de seguridad" en la ejecución a realizar.
En cuanto a la protección de los sindicalistas, y las medidas contra
los efectos de la represión, ante la derogación del decreto 93/68 que
establecía la intervención del MTSS ante los despidos arbitrarios en
cumplimiento de lo estipulado en el CIT 98, derogación establecida por
el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (del Poder Judicial), en
el Parlamento se presentaron en 1994 y 1996 (las dos legislaturas de
la década) proyectos de amparo y protección a los delegados despedidos.
Estos proyectos presentados por el Partido Frente Amplio, no contaron
con apoyo de los demás partidos. En este sentido entonces desde 1993-
fecha de la derogación - cuando un delegado es despedido, si no se logra
reincorporarlo con la lucha de sus compañeros, el despedido puede aspirar
a cobrar una indemnización luego de 2 años de trámites ante los Juzgados
Laborales.
Por esta situación, las empresas suelen optar por deshacerse de la
"participación" de los trabajadores, sin que ello afecte sus
"costos".
Resulta evidente que en tales condiciones las muertes y accidentes
en el sector de construcciones, continuarán siendo uno de los elementos
característicos de la construcción de Uruguay.
LOS TRABAJADORES DE LA PESCA
EL SECTOR DE MAYOR ACCIDENTABILIDAD
Un caso que suele ocultar la falta de información y estudios.
Este sector, clave en el futuro de la producción de alimentos según
FAO (la organización de Naciones Unidas para la alimentación), tiene
en Uruguay una antigua historia de avances y retrocesos. En la década
del 40 se crea el Servicio Oceanográfico y de Pesca, (SOYP), que entre
sus fines apuntó a regular y desarrollar la captura, industrialización
y comercialización de la pesca y demás productos del mar.
Esta iniciativa se inscribía en la política de desarrollo y autosustento
nacional, conocida comúnmente como de "sustitución de importaciones".
Los intereses del sector agroindustrial cárnico, expresados en los gobiernos
posteriores, trabaron entre otros, la posibilidad del desarrollo de
una flota pesquera nacional (adjunta a una flota mercante), reivindicaciones
programáticas de los trabajadores de la pesca y la marina, expresados
en el Congreso del Pueblo de 1964 y en el Programa de la CNT de 1966.
En los años 70, el SOYP "largamente desmantelado", se convierte
en el eufemístico ILPE (Instituto lobero y pesquero del Estado). A su
sombra, en los años de la dictadura, prosperan las empresas privadas
vía suculentos créditos del Banco República para la compra de flota
e instalación de plantas frigoríficas, créditos de largo plazo que a
la larga no fueron devueltos, y la depredación del lobo marino hasta
que este negocio se vió frustrado por los ecologistas europeos, hasta
entonces nuestros compradores.
Algunos empresarios como Aznárez, luego de ordeñar riqueza y créditos
durante años a través de Astra de La Paloma, clausuraron la actividad
dejando "un pozo" en el crédito estatal, estimado en 40 millones
de dólares.
En noviembre de 1977 se produce la muerte de siete trabajadoras en
la planta de Decano S.A. a raíz del escape de gas amoníaco del sistema
de frío.
En los años siguientes el BSE registra anualmente intoxicaciones por
este motivo; 1978, 11 intoxicados, 1979, 24 , 80, 3, 81, 14, y en 1986,
43 intoxicados.
Luego de la nebulosa experiencia del ILPE, éste "vuelve a transformarse",
quedando el actual Instituto Nacional de Pesca desde 1985, en un papel
esencialmente de "alquiler de aguas" para la pesca de los
privados, especialmente vinculados a ex marinos militares y compañías
extranjeras.
En la presente década, han quedado al descubierto, maniobras con el
otorgamiento de patentes de pesca, en particular de especies raras.
El cangrejo rojo, por ejemplo.
Este manejo absolutamente depredador y oportunista de la riqueza nacional,
ha afectado a los trabajadores del sector, y constituye uno de los elementos
centrales en relación con sus condiciones de trabajo y la alta accidentabilidad.
En diciembre de 1987 se dió a conocer por el MTSS en el marco del
protocolo de cooperación del programa PIACT (mejoramiento de las condiciones
de trabajo), un documento de diagnóstico y recomendaciones, producto
de la investigación y estudios realizados por la IGTSS durante 1986
y 87.
Este estudio sin embargo, sólo abarcó las plantas procesadoras de
pescado y de harina "sin la profundidad que el tema merece",
dejando por falta de tiempo de lado, las actividades de captura. En
los años de este estudio, se verifica una ocupación sólo en el sector
de plantas, de 7.500 trabajadores. Hoy no sobrepasan los 1.500 en este
sector.
La Comisión de Salud Laboral del Sindicato del sector (SUNTMA) , nos
informa para el presente trabajo:
"En las plantas procesadoras: El proceso es muy particular, las
distintas especies de peces vienen encajonadas desde el barco en cajas
de plástico, con un peso promedio de 25 Kg. estivadas en camiones por
lo general con sistema de frío. Se descargan en las plantas, donde se
deriva a estiva manual en las cámaras (- 30°c), o a la línea de procesado.
El fileteado, (limpieza y corte en bifes) se realiza de dos formas:
con máquinas que descabezan y abren por el medio la pieza, (también
hay máquinas de descamar) para finalmente pasar a una sección de "retoques".
La otra forma usada es las mismas operaciones pero en forma manual.
En este caso los trabajadores son remunerados "a destajo".
En cualquiera de las dos formas hay una constante: el esfuerzo físico
de la manipulación de las bandejas y la velocidad con que se les exige
se realice, el continuo contacto con agua y moldes de pescado congelado
y los pinchazos de las espinas con lo que se producen infecciones, hongos
y cortes.
A ello se agrega la constante humedad, el frío, el trabajo monótono,
su consecuencia de sobrecarga sico-física aumentada por un entorno poco
higiénico (no se "desperdicia" fuerza de trabajo en limpieza
del medio de trabajo), y por un sistema jerárquico en que el trabajador
debe pedir permiso para ir al baño y es controlado en minutos por la
o el jefe de sección.
Baños sin ducheros y vestuarios inadecuados en la mayoría de las plantas,
ropa inadecuada provista por la empresa".
" Todas las tareas se organizan en forma competitiva, cada turno
tiene en sus diferentes áreas objetivos de tiempo y volumen de producción,
generalmente inalcanzables, estimulándose la competencia entre secciones
y trabajadores con lo que se aumenta entre otros, los accidentes.
Por otro lado, contradictoriamente con estos métodos, el trabajo depende
de la captura y en consecuencia de sus altibajos, con lo que en las
mermas de captura - normales en las zafras - los trabajadores de planta
quedan sin trabajo, produciéndose la migración a plantas clandestinas
con condiciones aún más precarias de trabajo y salario, o la desocupación
temporal.
A esto se agrega que ocasionalmente parte de la captura es llevada
por los barcos o por camiones frigoríficos para procesar en plantas
de Brasil (depende del mejor precio de la materia bruta). La atención
de "servicios de salud" en las plantas en que éste existe,
se reduce a una "enfermería" donde emparchan heridas y se
dan recomendaciones, generalmente para evadir el B.S.E. y las inspecciones
del MTSS.
El método más común de capacitación en seguridad e higiene, es la
transmisión oral o por carteles entre los compañeros. El accidente es
siempre causado "por ser distraído o nuevo".
En las plantas continúa produciéndose entre los trabajadores del fileteo
manual a destajo, las enfermedades profesionales causadas por los microtraumatismos
constantes y repetidos que sufren músculos y tendones de manos y brazo,
conocidas como lesiones por esfuerzo repetitivo, la Tendosinovitis,
el Síndrome del Túnel Carpiano y los Quistes Sinoviales de los Extensores,
(popularmente "reumas de muñecas").
Dicho sea de paso el BSE se niega a reconocerlas como enfermedades
profesionales por que no están en el listado del Decreto 167/81, aunque
desde hace años están estudiadas, y comprobadas como dolencias provocadas
por las condiciones de trabajo.
Estos casos son también comunes en las trabajadoras de la vestimenta,
textiles, construcción y de avícolas.
En cuanto al sector naval o de captura, informa la comisión del SUNTMA:
"Actualmente hay aproximadamente 2.000 trabajadores en actividad
como tripulación de los pesqueros, distribuidos de la siguiente manera:
200 patrones de pesca, 350 maquinistas, 1.200 marineros, 100 cocineros
y 150 grumetes.
Por su parte en actividades de infraestructura y anexos, con múltiples
fluctuaciones, se estiman unos 2.670, distribuidos de la siguiente manera:
100 en empresas administradoras, 150 rederos, 1.000 en cuadrillas de
carga y descarga y en diques y varaderos, 1.000 en la pesca artesanal,
120 serenos y 300 en talleres de apoyo. La alta informalidad de estas
actividades, hace inciertos cálculos más precisos.
La pesca tradicional (corvina y merluza) es concentrada por cuatro
grupos empresariales que manejan su procesamiento: Fripur, Settin-Obirey
S.A (y terciarizados), Kaphammel-Shelli (actualmente en riesgo de quiebra),
y Piñeyro y otros.
La pesca no tradicional (róbalo, atún, calamar) se limita a la captura
y es realizada por barcos de empresas radicadas en el exterior en los
que se embarca a su vez, numerosos trabajadores extranjeros (asiáticos,
peruanos, etc.)".
En cuanto a la situación de sindicalización de los trabajadores, afirma
el informe:
"Hasta el año 1990 la sindicalización era casi del 100% tanto
en Montevideo como en La Paloma.
Cuando Fripur rompió la huelga en 1993, indujo una represión generalizada
en el sector, a lo que se sumó el cierre de Astra de La Paloma con el
gran impacto en la ocupación pesquera en Rocha y la emigración de trabajadores
hacia Montevideo.
En la época comienza la "reconversión" del sector floreciendo
las "falsas cooperativas" , cuadrillas terciarizadas que compiten
en base a la pérdida de derechos laborales establecidos en los convenios.
En 1999, el conflicto de 130 días es esencialmente un Lock Out patronal,
que ante la situación generada por Brasil, pretende nuevas prerrogativas
para proteger "su rentabilidad". Entre otros argumentos esgrimen
las "pesadas primas" que les cobra el Banco de Seguros, y
apuntan a una drástica reducción de las condiciones de trabajo, entre
ellas reducción del personal de tripulación.
Actualmente el sindicato viene imponiendo diversas reivindicaciones
relativas al cumplimiento de las normas de seguridad, entre ellas principalmente
en los buques extranjeros, salvavidas adecuados, se reglamentan balsas,
extintores, etc. Se implementan cursos conjuntamente con la JUNAE, se
estudia por el sindicato las nuevas condiciones especialmente en el
sector de "barcos factoría", y se impulsan los estudios para
la implementación de la formación profesional.
