OIT

CINTERFOR
Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional


Búsqueda avanzada
Gestión del conocimiento en la formación profesional para contribuir a la creación de trabajo decente y productivo en América Latina y el Caribe de acuerdo a la Agenda de Trabajo Decente de la OIT

 

 

Sindicatos y formación

 

  Sobre este sitio
  Negociación colectiva
Declaraciones de los trabajadores en eventos de Cinterfor/OIT

 

Experiencias sindicales
  Legislación

  Formación y productividad
  Documentos y
publicaciones
  Los sindicatos con los jóvenes
  Sindicalismo y género
  Eventos sobre formación
  Enlaces
  Mapa del sitio

Página principal



Coloque su dirección de correo electrónico y reciba las novedades del sitio


Enviar la página a un amigo

Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

TRABAJO Y SALUD HACIA EL TERCER MILENIO

<<volver al index

CAPÍTULO I

LA SALUD LABORAL EN URUGUAY A FINES DEL SIGLO XX

Hablar de salud laboral continúa siendo un problema complejo. Tal complejidad está dada especialmente a partir de la concepción aislada de las categorías salud y trabajo por un lado, y de los propios conceptos y su evolución por otro.

La salud a fines del siglo XX continúa siendo la cuestión de no estar enfermo, se define o percibe por su contrario, y esto, a partir de índices cuantitativos parciales, y su consecuencia, los medios para asistirse y curarse. Esta es una concepción asistencialista de la salud, una conceptualización curativa. De este modo, la declaración de "bienestar sico-socio-físico y pleno desarrollo de las potencialidades", no es otra cosa que la descripción de una idea utópica; esto es, de cómo debería ser, pues en realidad todas las acciones e instituciones atienden a lo que fue y ya no es, el sano-accidentado o el sano-enfermado a causa del trabajo.

Por su lado la categoría trabajo, ha sido reducida desde su significado de la principal actividad humana de transformación de la naturaleza con fines humanos, de "actividad metabólica entre el hombre y la naturaleza", a la situación del "estar empleado o no", a la teorización del "fin del trabajo". Teorización por su parte, funcional a la concentración y centralización del sistema capitalista de producción y a la tendencia progresiva a la pauperización de la especie.

En la medida en que ambas categorías son adecuadas a las circunstancias históricas del desarrollo humano por la ideología predominante, el estado de salud de los individuos de la sociedad, de los colectivos sociales según las actividades laborales que desempeñan, pierden toda relación, toda interrelación.

El trabajo humano en un país del capitalismo periférico como Uruguay no tiene relevancia, y tampoco las consecuencias del trabajo existente sobre la salud, ya que en la relación internacional del trabajo o división internacional, el capitalismo periférico y su salud laboral son escasamente rentables.

La expresión de esta ideología se encuentra en la nueva distribución de las jerarquías internacionales de las instituciones supranacionales y el desplazamiento de la OIT a un segundo plano de carácter declarativo.

La subsistencia y agravamiento de los problemas de salud de los pueblos provocadas por las formas existentes del trabajo, en medio de un desarrollo inédito históricamente de la participación de la ciencia y la tecnología en los procesos productivos, obedecen fundamentalmente al creciente autoritarismo impuesto sobre las relaciones socioeconómicas de producción, por las corporaciones del capitalismo concentrado y mundializado en la última década.

Este proceso de mundialización del sistema capitalista, en el que está contenido el trabajo uruguayo y la salud de los ciudadanos en tanto trabajadores, cumple determinadas pautas que se vinculan con tendencias objetivas de desarrollo y existencia del sistema, que más allá que su análisis no sea materia específica del presente, entendemos conviene tener en cuenta como marco de referencia en el que se realizan las condiciones de trabajo uruguayas y su dinámica de cambios.

El estancamiento de la productividad y con ello el acelerado declive de la tasa de ganancia en los países centrales en la década de los 60, crea las condiciones para una decisiva transformación de las condiciones mundiales de producción. La expansión del sistema generado por la reconstrucción posterior a la 2° guerra mundial, había terminado. El clásico esquema: países centrales exportadores de manufacturas, países periféricos exportadores de alimentos y materias primas, comenzó a transformarse.

El capital industrial que no encontraba salida en la aplicación productiva, emigró al sistema financiero y se convirtió en crédito internacional . A su vez, en la producción, el aumento de la productividad se impulsó por medio de la introducción acelerada de la ciencia como producto capaz de producir, con la circunstancia advirtámoslo, de que la producción de conocimiento es esencialmente un proceso de acumulación histórico-social.

Las nuevas formas de valorización, por medio del producto de las ciencias, hacen entrar en crisis todo el sistema de valoración del capital, anteriores.

Los "estados capitalistas modernos", ya no pueden controlar la economía que aceleradamente se trasnacionaliza, primero por el sistema financiero, luego a través del comercio, y más tarde (actualmente), en la trasnacionalización productiva, seguida y contenida por la trasnacionalización político-ideológica de los estados del capitalismo central. En estas nuevas condiciones de la producción mundial, basada progresivamente en la productividad científica, la noción de trabajo se transforma radicalmente. Masas crecientes de seres humanos antes necesarios para ejecutar alguna tarea en la "cadena de producción", hoy son sustituidos por sistemas automáticos miles de veces más productivos y eficaces que las masas humanas empleadas anteriormente.

Este acelerado "achicamiento del mercado", producto del crecimiento progresivo de la pobreza y la marginalidad - razón esencial de todas las crisis del sistema- se convierte en el continuo acelerador de crisis de "medios de valoración" del sistema capitalista, expresada en las crisis bursátiles, de las monedas, de los precios, de la producción, del trabajo como el modo central de ser humano.

Aún la pretendida ventaja de las condiciones para la producción alimentaria "natural"de las sociedades del capitalismo periférico, queda por el camino a partir de la "clonación" y la "transgenización" de laboratorio, y las políticas de "seguridad alimentaria" de los países centrales.

 La contradicción entre la creación de valor en base al saber social históricamente acumulado (el estado de la ciencia y sus técnicas) y la pretensión de valorizar según el tiempo socialmente necesario, forma parte del problema central del trabajo actual.

En la década, nuestro país sólidamente atado a las prescripciones de las instituciones internacionales de crédito (FMI, BM) mediante una deuda externa que en la década del 70 la dictadura multiplicó por 10, como parte de la estrategia de participación en el crédito financiero de los países centrales, aceleró la apertura comercial sin contrapartidas para los sectores expuestos (apoyo científico tecnológico, créditos de reconversión, garantías sociales para la reconversión laboral) con lo que se produjo un "ajuste" de todas las estructuras productivas nacionales, ajuste que está en la base de la precarización del trabajo actual y de la incapacidad productiva nacional.

Más allá de los diversos eufemismos empleados por los discursos oficiales, es necesario que los trabajadores advirtamos que estamos en presencia de fenómenos inéditos respecto al trabajo, y que consecuentemente, estemos dispuestos a profundizar en el complejo contexto, libres de reduccionismos o esquematismos que la realidad está cuestionando, hacia una concepción más amplia del trabajo y su valor como modo de ser de la especie humana y su entorno de naturaleza.

En este capítulo no pretendemos un abordaje teórico concluyente, sino un grupo de pautas de reflexión que permitan el análisis posterior, objeto del Programa. De todos modos estas pautas constituyen una base primaria con la que proceder al estudio.

Salud laboral, categoría compuesta y compleja, ha sido objeto de distintas interpretaciones.

Ella tiene, por un lado, un proceso de evolución vinculado a la acumulación histórica del cambio progresivo de las producciones, y por otro, un proceso subjetivo vinculado al progreso del conocimiento. Entre ambos anteriores, una evolución según la lucha por el control de los procesos productivos entre trabajadores y propietarios del producto del proceso productivo.

Salud laboral supone un resultado. Este resultado se puede definir como el estado de bienestar sico-socio-físico que permite el desarrollo de todas las potencialidades productivas del individuo. Con esto, sin embargo, no avanzamos demasiado, pues ese estado de bienestar y ese desarrollo de todas las potencialidades, cómo se mide, qué lo determina, cómo se logra. Se puede ubicar entonces como un estado en continua inestabilidad y de lo que se trata es de trabajar continuamente hacia su logro.

Por otra parte, Salud laboral es la nominación de una relación específica entre el estado de salud de los individuos y los resultados que sobre ella produce la actividad de trabajo como actividad central de los individuos de la especie. Al poner la salud laboral como una relación, como una interacción, surge la necesidad de estudiar las bases de la relación, la salud humana y el trabajo humano, predeterminando que ninguno de los términos determina de por sí la cuestión.

Es en este tramo de la historia, donde surge el conflicto de intereses, pues mientras que para quien se apropia del resultado del trabajo, lo esencial es el ahorro de costos del trabajo para que crezca el valor del resultado, para quien alquila su fuerza físico-intelectual de trabajar, lo esencial es conservar su estado de salud, capital que le permite continuar históricamente alquilando su fuerza de trabajo.

Con esto la categoría salud laboral pasa a ser la denominación de una relación de carácter político, en el sentido del terreno de disputa por el poder entre intereses contradictorios. ¿Qué poder?, el poder de determinar cómo se hace el trabajo, cómo se usan los valores creados por él.

¿Cómo estudiar entonces la salud laboral? La respuesta es evidente. Para los trabajadores hay que estudiar desde el punto de vista de los intereses de los humanos cuyo modo de ser y de apropiarse de la naturaleza para satisfacer sus necesidades, es el trabajo. Estos intereses no son exclusivamente el resultado inmediato, coyuntural, a lograr por el trabajo, aunque más adelante veremos que estos resultados son parte de los intereses de los trabajadores. ¿Cómo determinar nuestros intereses?

Conocemos que la actividad laboral se produce entre cerca de los 20 años y se prolonga hasta los 60-65 (40-45 años de actividad). Esta actividad constituirá nuestra participación histórica en el trabajo de la sociedad. Ella irá variando según los cambios técnicos en los procesos de trabajo, las opciones de trabajo, las necesidades de producción. Pero en esta actividad de 45 años, un interés central es conservar la vida, la integridad física, el estado saludable.

También, en el curso de la actividad, ampliar las capacidades físicas e intelectuales. Progresar, desarrollar las potencialidades como individuos, conocer más, ser más eficaces, que el trabajo nos cueste menor esfuerzo o cargas psicofísicas y los resultados sean mejores. Estos escasos elementos acerca de los intereses del trabajador, no son otra cosa que la verificación en cada individuo, de la historia de la especie, de la historia como devenir de la experiencia de la especie.

Desde el punto de vista del trabajador entonces, la salud laboral no representa otra cosa que la relación entre el estado de salud de la especie, su progreso como tendencia, y el modo de existencia del trabajo como la actividad mediante la cual la especie transforma la naturaleza, en medios de uso humano.

En la sociedad actual, en que la organización del trabajo se ha ido complejizando crecientemente por las sucesivas divisiones del trabajo, las potencialidades colectivas para producir los medios de vida de la especie han pasado a ser la cuestión central del desarrollo futuro, del progreso.

Estas potencialidades basadas en los trabajos de producción de conocimiento, producción de trabajadores productores de conocimiento, aplicación práctica por medio de herramientas cada vez más potentes de transformación de la naturaleza, potencialidades que dependen del saber social acumulado, encuentran obstáculos a su desarrollo, y tales obstáculos radican en el modo de apropiación y distribución del trabajo y de los resultados altamente productivos de este trabajo complejo actual.

De este modo, el proceso histórico que tiende a una mayor eficacia del trabajo, entendida esta eficacia como el progreso y simplificación de la actividad de trabajo basada en el mayor conocimiento y los mejores medios para producir, por el modo de apropiación y distribución del trabajo y sus resultados, crea mayores y más graves consecuencias sobre los equilibrios y progreso de la salud, de los individuos.

Por otra parte, y consecuentemente con el crecimiento exponencial de las capacidades colectivas, crece también el proceso de enajenación que sufre el trabajador respecto de su trabajo, con lo que progresivamente evoluciona el fenómeno de presiones psicológicas sobre el mismo.

En este sentido, la salud laboral debemos entenderla entonces como el resultado sobre los individuos de sus condiciones globales de trabajo.

Esto es, el acceso a un trabajo productivo, las condiciones de formación previas y futuras, las garantías sociales ante cambios en las condiciones de producción, la organización del colectivo laboral y la participación de los individuos, el nivel de remuneración, horarios, descansos y licencias.

La posibilidad de desarrollar las potencialidades intelectuales vinculadas a la participación en la evaluación del producto a lograr.

Las posibilidades de participar en los cambios de mejora del proceso técnico de trabajo, así como otros elementos esenciales del entorno, condiciones de la vivienda del trabajador, proximidad con el lugar de trabajo, centros de formación y esparcimiento, medio ambiente de la localización del trabajo y de la vivienda y sus servicios, etc.

Finalmente un aspecto no menor, vinculado al reconocimiento social del trabajo como base de satisfacción o dignificación del individuo humano.

 

 


 

Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor)
Avda. Uruguay 1238 - Montevideo - Uruguay - Tel: (5982) 908 6023 - 902 0557 - 908 0545 - Fax: (5982) 902 1305
oitcinterfor@oitcinterfor.org -   webmaster@cinterfor.org.uy

Copyright © 1996-2009 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad