CAPÍTULO I
LA SALUD LABORAL EN URUGUAY A FINES DEL SIGLO XX
Hablar de salud laboral continúa siendo un problema complejo. Tal
complejidad está dada especialmente a partir de la concepción aislada
de las categorías salud y trabajo por un lado, y de los propios conceptos
y su evolución por otro.
La salud a fines del siglo XX continúa siendo la cuestión de no estar
enfermo, se define o percibe por su contrario, y esto, a partir de índices
cuantitativos parciales, y su consecuencia, los medios para asistirse
y curarse. Esta es una concepción asistencialista de la salud, una conceptualización
curativa. De este modo, la declaración de "bienestar sico-socio-físico
y pleno desarrollo de las potencialidades", no es otra cosa que
la descripción de una idea utópica; esto es, de cómo debería ser, pues
en realidad todas las acciones e instituciones atienden a lo que fue
y ya no es, el sano-accidentado o el sano-enfermado a causa del trabajo.
Por su lado la categoría trabajo, ha sido reducida desde su significado
de la principal actividad humana de transformación de la naturaleza
con fines humanos, de "actividad metabólica entre el hombre y la
naturaleza", a la situación del "estar empleado o no",
a la teorización del "fin del trabajo". Teorización por su
parte, funcional a la concentración y centralización del sistema capitalista
de producción y a la tendencia progresiva a la pauperización de la especie.
En la medida en que ambas categorías son adecuadas a las circunstancias
históricas del desarrollo humano por la ideología predominante, el estado
de salud de los individuos de la sociedad, de los colectivos sociales
según las actividades laborales que desempeñan, pierden toda relación,
toda interrelación.
El trabajo humano en un país del capitalismo periférico como Uruguay
no tiene relevancia, y tampoco las consecuencias del trabajo existente
sobre la salud, ya que en la relación internacional del trabajo o división
internacional, el capitalismo periférico y su salud laboral son escasamente
rentables.
La expresión de esta ideología se encuentra en la nueva distribución
de las jerarquías internacionales de las instituciones supranacionales
y el desplazamiento de la OIT a un segundo plano de carácter declarativo.
La subsistencia y agravamiento de los problemas de salud de los pueblos
provocadas por las formas existentes del trabajo, en medio de un desarrollo
inédito históricamente de la participación de la ciencia y la tecnología
en los procesos productivos, obedecen fundamentalmente al creciente
autoritarismo impuesto sobre las relaciones socioeconómicas de producción,
por las corporaciones del capitalismo concentrado y mundializado en
la última década.
Este proceso de mundialización del sistema capitalista, en el que
está contenido el trabajo uruguayo y la salud de los ciudadanos en tanto
trabajadores, cumple determinadas pautas que se vinculan con tendencias
objetivas de desarrollo y existencia del sistema, que más allá que su
análisis no sea materia específica del presente, entendemos conviene
tener en cuenta como marco de referencia en el que se realizan las condiciones
de trabajo uruguayas y su dinámica de cambios.
El estancamiento de la productividad y con ello el acelerado declive
de la tasa de ganancia en los países centrales en la década de los 60,
crea las condiciones para una decisiva transformación de las condiciones
mundiales de producción. La expansión del sistema generado por la reconstrucción
posterior a la 2° guerra mundial, había terminado. El clásico esquema:
países centrales exportadores de manufacturas, países periféricos exportadores
de alimentos y materias primas, comenzó a transformarse.
El capital industrial que no encontraba salida en la aplicación productiva,
emigró al sistema financiero y se convirtió en crédito internacional
. A su vez, en la producción, el aumento de la productividad se impulsó
por medio de la introducción acelerada de la ciencia como producto capaz
de producir, con la circunstancia advirtámoslo, de que la producción
de conocimiento es esencialmente un proceso de acumulación histórico-social.
Las nuevas formas de valorización, por medio del producto de las ciencias,
hacen entrar en crisis todo el sistema de valoración del capital, anteriores.
Los "estados capitalistas modernos", ya no pueden controlar
la economía que aceleradamente se trasnacionaliza, primero por el sistema
financiero, luego a través del comercio, y más tarde (actualmente),
en la trasnacionalización productiva, seguida y contenida por la trasnacionalización
político-ideológica de los estados del capitalismo central. En estas
nuevas condiciones de la producción mundial, basada progresivamente
en la productividad científica, la noción de trabajo se transforma radicalmente.
Masas crecientes de seres humanos antes necesarios para ejecutar alguna
tarea en la "cadena de producción", hoy son sustituidos por
sistemas automáticos miles de veces más productivos y eficaces que las
masas humanas empleadas anteriormente.
Este acelerado "achicamiento del mercado", producto del
crecimiento progresivo de la pobreza y la marginalidad - razón esencial
de todas las crisis del sistema- se convierte en el continuo acelerador
de crisis de "medios de valoración" del sistema capitalista,
expresada en las crisis bursátiles, de las monedas, de los precios,
de la producción, del trabajo como el modo central de ser humano.
Aún la pretendida ventaja de las condiciones para la producción alimentaria
"natural"de las sociedades del capitalismo periférico, queda
por el camino a partir de la "clonación" y la "transgenización"
de laboratorio, y las políticas de "seguridad alimentaria"
de los países centrales.
La contradicción entre la creación de valor en base al saber
social históricamente acumulado (el estado de la ciencia y sus técnicas)
y la pretensión de valorizar según el tiempo socialmente necesario,
forma parte del problema central del trabajo actual.
En la década, nuestro país sólidamente atado a las prescripciones
de las instituciones internacionales de crédito (FMI, BM) mediante una
deuda externa que en la década del 70 la dictadura multiplicó por 10,
como parte de la estrategia de participación en el crédito financiero
de los países centrales, aceleró la apertura comercial sin contrapartidas
para los sectores expuestos (apoyo científico tecnológico, créditos
de reconversión, garantías sociales para la reconversión laboral) con
lo que se produjo un "ajuste" de todas las estructuras productivas
nacionales, ajuste que está en la base de la precarización del trabajo
actual y de la incapacidad productiva nacional.
Más allá de los diversos eufemismos empleados por los discursos oficiales,
es necesario que los trabajadores advirtamos que estamos en presencia
de fenómenos inéditos respecto al trabajo, y que consecuentemente, estemos
dispuestos a profundizar en el complejo contexto, libres de reduccionismos
o esquematismos que la realidad está cuestionando, hacia una concepción
más amplia del trabajo y su valor como modo de ser de la especie humana
y su entorno de naturaleza.
En este capítulo no pretendemos un abordaje teórico concluyente, sino
un grupo de pautas de reflexión que permitan el análisis posterior,
objeto del Programa. De todos modos estas pautas constituyen una base
primaria con la que proceder al estudio.
Salud laboral, categoría compuesta y compleja, ha sido objeto de distintas
interpretaciones.
Ella tiene, por un lado, un proceso de evolución vinculado a la acumulación
histórica del cambio progresivo de las producciones, y por otro, un
proceso subjetivo vinculado al progreso del conocimiento. Entre ambos
anteriores, una evolución según la lucha por el control de los procesos
productivos entre trabajadores y propietarios del producto del proceso
productivo.
Salud laboral supone un resultado. Este resultado se
puede definir como el estado de bienestar sico-socio-físico que permite
el desarrollo de todas las potencialidades productivas del individuo.
Con esto, sin embargo, no avanzamos demasiado, pues ese estado de bienestar
y ese desarrollo de todas las potencialidades, cómo se mide, qué lo
determina, cómo se logra. Se puede ubicar entonces como un estado en
continua inestabilidad y de lo que se trata es de trabajar continuamente
hacia su logro.
Por otra parte, Salud laboral es la nominación de una
relación específica entre el estado de salud de los individuos y los
resultados que sobre ella produce la actividad de trabajo como actividad
central de los individuos de la especie. Al poner la salud laboral como
una relación, como una interacción, surge la necesidad de estudiar las
bases de la relación, la salud humana y el trabajo humano, predeterminando
que ninguno de los términos determina de por sí la cuestión.
Es en este tramo de la historia, donde surge el conflicto de intereses,
pues mientras que para quien se apropia del resultado del trabajo, lo
esencial es el ahorro de costos del trabajo para que crezca el valor
del resultado, para quien alquila su fuerza físico-intelectual de trabajar,
lo esencial es conservar su estado de salud, capital que le permite
continuar históricamente alquilando su fuerza de trabajo.
Con esto la categoría salud laboral pasa a ser la denominación de
una relación de carácter político, en el sentido del terreno de disputa
por el poder entre intereses contradictorios. ¿Qué poder?, el poder
de determinar cómo se hace el trabajo, cómo se usan los valores creados
por él.
¿Cómo estudiar entonces la salud laboral? La respuesta es evidente.
Para los trabajadores hay que estudiar desde el punto de vista de los
intereses de los humanos cuyo modo de ser y de apropiarse de la naturaleza
para satisfacer sus necesidades, es el trabajo. Estos intereses no son
exclusivamente el resultado inmediato, coyuntural, a lograr por el trabajo,
aunque más adelante veremos que estos resultados son parte de los intereses
de los trabajadores. ¿Cómo determinar nuestros intereses?
Conocemos que la actividad laboral se produce entre cerca de los 20
años y se prolonga hasta los 60-65 (40-45 años de actividad). Esta actividad
constituirá nuestra participación histórica en el trabajo de la sociedad.
Ella irá variando según los cambios técnicos en los procesos de trabajo,
las opciones de trabajo, las necesidades de producción. Pero en esta
actividad de 45 años, un interés central es conservar la vida, la integridad
física, el estado saludable.
También, en el curso de la actividad, ampliar las capacidades físicas
e intelectuales. Progresar, desarrollar las potencialidades como individuos,
conocer más, ser más eficaces, que el trabajo nos cueste menor esfuerzo
o cargas psicofísicas y los resultados sean mejores. Estos escasos elementos
acerca de los intereses del trabajador, no son otra cosa que la verificación
en cada individuo, de la historia de la especie, de la historia como
devenir de la experiencia de la especie.
Desde el punto de vista del trabajador entonces, la salud laboral
no representa otra cosa que la relación entre el estado de salud de
la especie, su progreso como tendencia, y el modo de existencia del
trabajo como la actividad mediante la cual la especie transforma la
naturaleza, en medios de uso humano.
En la sociedad actual, en que la organización del trabajo se ha ido
complejizando crecientemente por las sucesivas divisiones del trabajo,
las potencialidades colectivas para producir los medios de vida de la
especie han pasado a ser la cuestión central del desarrollo futuro,
del progreso.
Estas potencialidades basadas en los trabajos de producción de conocimiento,
producción de trabajadores productores de conocimiento, aplicación práctica
por medio de herramientas cada vez más potentes de transformación de
la naturaleza, potencialidades que dependen del saber social acumulado,
encuentran obstáculos a su desarrollo, y tales obstáculos radican en
el modo de apropiación y distribución del trabajo y de los resultados
altamente productivos de este trabajo complejo actual.
De este modo, el proceso histórico que tiende a una mayor eficacia
del trabajo, entendida esta eficacia como el progreso y simplificación
de la actividad de trabajo basada en el mayor conocimiento y los mejores
medios para producir, por el modo de apropiación y distribución del
trabajo y sus resultados, crea mayores y más graves consecuencias sobre
los equilibrios y progreso de la salud, de los individuos.
Por otra parte, y consecuentemente con el crecimiento exponencial
de las capacidades colectivas, crece también el proceso de enajenación
que sufre el trabajador respecto de su trabajo, con lo que progresivamente
evoluciona el fenómeno de presiones psicológicas sobre el mismo.
En este sentido, la salud laboral debemos entenderla entonces como
el resultado sobre los individuos de sus condiciones globales de trabajo.
Esto es, el acceso a un trabajo productivo, las condiciones de formación
previas y futuras, las garantías sociales ante cambios en las condiciones
de producción, la organización del colectivo laboral y la participación
de los individuos, el nivel de remuneración, horarios, descansos y licencias.
La posibilidad de desarrollar las potencialidades intelectuales vinculadas
a la participación en la evaluación del producto a lograr.
Las posibilidades de participar en los cambios de mejora del proceso
técnico de trabajo, así como otros elementos esenciales del entorno,
condiciones de la vivienda del trabajador, proximidad con el lugar de
trabajo, centros de formación y esparcimiento, medio ambiente de la
localización del trabajo y de la vivienda y sus servicios, etc.
Finalmente un aspecto no menor, vinculado al reconocimiento social
del trabajo como base de satisfacción o dignificación del individuo
humano.