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EL CONOCIMIENTO DE LA SITUACIÓN URUGUAYA A 1999
La normativa comete al M.T.S.S, el conocimiento de la salud laboral
de la población trabajadora (Decreto 574/74 de 12/7/74, Decreto 680/77
de 6/12/77, que reglamenta los C.I.T 81 y 129, en el marco de sus cometidos
y potestades, en particular la fijación de "política nacional acerca
del trabajo" y "mejoramiento de las condiciones en que se
realiza el trabajo y dignificación del trabajador", incisos 1º
y 3º, art. 9º del Decreto 574, art. 6º, literal L del Decreto 680/77,
Evaluación de resultados de aplicación de la legislación laboral).
Sin embargo, el M.T.S.S no posee estadísticas e investigaciones actualizadas
sobre la salud laboral de la población. Al menos no son públicas.
El país cuenta entonces sólo con las publicaciones bianuales del B.S.E,
que por otro lado solamente se hicieron hasta 1996. Después de esa fecha
no hay datos, con lo que estamos frente a un primer problema para el
conocimiento de la situación, las instituciones responsables de este
conocimiento no cumplen sus cometidos.
En estas publicaciones del B.S.E, se da cuenta a través de un muestreo
de datos, de la cantidad de siniestros atendidos por el Banco, distribución
por rama de actividad, por lesiones y agentes causales agrupados de
a 2 años.
Por lo tanto no se conoce, por ejemplo, la tasa de siniestralidad
y frecuencia por actividad, que surge de comparar siniestros con trabajadores
y horas de trabajo, evolución de mejora o deterioro en períodos cortos,
lo que permitiría orientar con mayor eficacia las intervenciones, condiciones
de los contratos de trabajo, cumplimiento de la normativa de seguridad,
etc.
En tales condiciones la estadística existente como componente básico
del conocimiento de la situación, su dinámica y evolución, es muy rudimentaria.
LAS ESTADÍSTICAS SOBRE ACCIDENTES Y ENFERMEDADES PROFESIONALES
El Uruguay carece de un sistema de información unificado sobre el
trabajo. Existe una información del I.N.E acerca de la ocupación, otra
de los trabajadores registrados por el B.P.S y la información existente
en B.S.E sobre accidentes (reconocidos) y enfermedades profesionales
(reconocidas por el BSE). No existen estadísticas del M.T.S.S a pesar
de que esto es un cometido esencial de esta Cartera - Decreto 574/74.
Este hecho además de constituir un flagrante incumplimiento institucional,
resulta evidentemente una política destinada a ocultar la realidad que
beneficia el clima desregulador exigido por el capital, lesionando al
tiempo los derechos elementales a la información de los ciudadanos y
como es lógico, la vigencia de los derechos de los trabajadores.
Este "estado de desinformación del sistema", no permite
una evaluación del estado, funcionamiento y resultados del sistema de
protección y promoción de la salud ciudadana en el trabajo; dificulta
la programación y planificación de la incidencia (eficacia) del mismo
sobre los accidentes y enfermedades profesionales.
Tampoco es posible dimensionar correctamente la situación y su desarrollo,
los costos reales provocados por accidentes y enfermedades producidas
por el trabajo.
Se debe considerar que buena parte de tales costos reales se distribuyen
en el mutualismo y la salud pública, el B.P.S y especialmente en los
individuos accidentados o enfermados a consecuencia de su trabajo, que
quedan fuera de la cobertura del sistema. Esta situación suele ser un
factor de empobrecimiento y marginación de personas y familias.
Buena parte de las "dolencias comunes", que aparecen en
edades maduras, pueden estar originadas en los ambientes y procesos
de trabajo. No hay estudios al respecto. Tal el caso de los tumores
cancerígenos de origen químico que aparecen mucho tiempo después de
la exposición a los contaminantes cancerígenos. Otros pueden ser la
fibrosis pulmonar, neuropatías, enfermedades de la piel y osteoarticulares
(reuma, lumbagia, artrosis), brucelosis, fiebre Q, y numerosas dolencias
como los trastornos cardiovasculares entre cuyos factores causantes
pueden estar los procesos y medios laborales.
La incorporación de la historia ocupacional (tipo y puestos de trabajo
desempeñados) en la historia laboral de los individuos y en su historia
clínica, seguramente además de ayudar a un mejor desempeño médico, detectaría
factores de trabajo a corregir en los procesos laborales.
Otro aspecto de la información estadística que induce a errores y
puede hacer suponer que la falta de conocimiento del trabajo es una
causal de accidentes, es la información sobre "antigüedad en la
empresa" del accidentado.
Esto se verifica especialmente en la construcción (ver estudio) donde
el trabajador es contratado por una nueva empresa en cada obra, y donde
las obras no duran más de dos años, por lo que, por este criterio estadístico
resulta claro que aunque tenga veinte años en la industria, en caso
de accidente siempre aparecerá con menos de dos años en la empresa.
Por medios como este se sostiene una ideología falsa de la salud laboral,
la inexperiencia y el error de la víctima, que culpabiliza a la víctima.
El agudo aumento de la movilidad y rotatividad de los trabajadores
en los últimos años, la terciarización en microempresas, generaliza
situaciones similares a la constatada en la construcción.
Otro problema está constituído en que desde 1995 el B.S.E no incluye
en sus estadísticas a aquellos casos de muertos en accidentes laborales
que "no cumplen" con los requisitos legales, por ejemplo los
cuenta-propistas que son considerados "empresas unipersonales"
con los que la empresa "asegurada" (la empresa en serio) hace
un contrato de obra o de servicio de tipo comercial, en el que el trabajador
accidentado o enfermo es considerado empresa y no trabajador, perdiendo
así los derechos tanto el trabajador como su familia.
La situación de carencias en la información , es reconocida ya en
los estudios auspiciados por O.I.T en el marco de su "Programa
de mejora de las condiciones y medio ambiente de trabajo", realizados
en la Construcción, Pesca e industria de Curtiembres en los años 87
y 89.
En 1993, luego de los trabajos del Grupo de Coordinación sobre Salud
Laboral (creado por Decreto 357/92), constituido por el M.T.S.S, M.S.P,
B.S.E, B.P.S, PRO.NA.D.E, la Universidad, y representantes de empleadores
y trabajadores, se llega a un conjunto de 24 directivas a implementar
por el Estado, entre las que la tercera hace expresa mención a una urgente
resolución sobre las estadísticas y alude a la necesidad de estudios
e investigaciones acerca de la salud laboral.
Todo esto sin embargo no ha logrado cambiar la situación.
Al analizar la información existente, es necesario tener en cuenta
las serias limitaciones que ella tiene.En primera instancia la intención
es leer comentando los datos aportados por el Dpto. de Accidentes de
Trabajo y Enfermedades Profesionales del B.S.E.
Las principales limitaciones de la información disponible son:
1-Existe un fuerte subregistro en la medida que muchos accidentes
no se denuncian como accidentes de trabajo.
2-Segun O.I.T. por cada accidente denunciado cinco no lo son, o sea
que la realidad es aún peor que lo que indican estas estadísticas.
Una lectura de estas características para ser completa requeriría
de los datos de la población trabajadora, para efectuar la necesaria
comparación.
Se consideran 37 años; 1960 a 1996.
Realizamos una división en grupos de años que puede parecer arbitraria,
pero que refleja las distintas etapas por las que pasamos como país.
Es así que estudiamos una década de 1960 a 1969, en la cual observamos
el definitivo derrumbe del Uruguay neo-batllista, del Estado de bienestar,
el avance de los sectores más reaccionarios, de las primeras Cartas
de Intención del F.M.I.
Luego cuatro años: de 1970 a 1973, en los cuales se imponen las recetas
fondomonetaristas; el Gobierno violando las garantías constitucionales,
aplicando la receta que ya se comenzaba a delinear en la década anterior
y cuya máxima expresión será la dictadura cívico-militar.
Una década de dictadura, 1974 - 1983; una década de 1984 a 1993 de
democracia, y los años 1994, 1995 y 1996.
Analizando los 37 años vemos un total de 2717 muertos, un promedio
de 73 muertos anuales.
Esto nos marca que cuando algunos sectores gubernamentales nos hablan
de media histórica de 55 muertos anuales, están hablando de antes del
período considerado (1960-1996), donde es curioso no se llevaban estadísticas.
Un pico alto en 1977 (105 muertos) y dos bajos, en 1960 (50 muertos)
y 1989 (49 muertos) el más bajo del período estudiado.
1960-1969 : 665 muertos (66 de promedio)
1970-1973: 348 muertos (87 de promedio)
1974-1983: 834 muertos (83 de promedio)
1984-1993: 638 muertos (64 de promedio)
1994 : 64 muertos - mantiene el promedio de la década anterior.
1995-1996: 168 muertos (84 de promedio)
Hasta aquí las cifras. Parecería a simple vista que existe una lógica
que explica las variaciones entre los períodos considerados.
Cuando la vigencia de los derechos constitucionales, según los historiadores,
era bastante plena, había menos muertes en el trabajo; cuando estos
derechos se limitaron o desaparecieron, más muertes.
Lógica que funciona parcialmente. Durante el período de dictadura
considerado, 1974-1983, 83 muertos; durante el período de resquebrajamiento
democrático, 1970-1973, 87 muertos.
Al volver a "regir las garantías constitucionales", 1984-1993,
64 muertos; al año siguiente, 64. Un pico altísimo de 105 en 1977 y
uno bajísimo de 49 en 1989.
Pero sucede que la lógica se rompe cuando llegamos a 1995-1996: 84
muertos de promedio, cifra igual a los años negros.
Aclaremos la comparación. Ningún sindicalista - a quienes está esto
dirigido- necesita que se le resuma cómo fue la dictadura; pero en 1995-1996,
parece que hubo disfrute de las garantías constitucionales. Los trabajadores
en general teníamos más garantías que las que existían en la dictadura.
El análisis podría cerrarse si "culpamos" a los muertos
de la construcción, pero si afinamos vemos que esas lamentables cifras
son sólo un incremento de siete muertos, frente a las cifras históricas
de muertos en la construcción, lo cual nos deja 78 muertos, más cerca
de los 83 de la dictadura que de los 66 de 1960-1969 y de los 64 de
1984-1993.
En 1995-1996 tenemos desocupación, con máximos históricos y pérdida
de fuentes de trabajo.
Estas cifras de muertos parecerían ilógicas si no obedecieran a la
lógica de hierro de la desregulación y flexibilización del trabajo.
Se pierden derechos y en el caso considerado el mismísimo "derecho
a la vida". Se trabaja de cualquier forma y en cualquier condición;
esto se refleja en las estadísticas.
No sólo las muertes, sino las incapacidades permanentes constituyen
una consecuencia grave pues, además de inhabilitar a muchos trabajadores
para continuar su vida laboral, suponen un costo que pesa en forma individual
sobre cada trabajador que queda con incapacidades permanentes. En los
últimos treinta años, cerca de 22.000 trabajadores han sufrido incapacidades
permanentes a raíz de accidentes o enfermedades profesionales, lo que
supone la existencia de un promedio anual cercano a 745.
Otro aspecto no considerado en las estadísticas es la relación entre
accidentes y trabajadores involucrados por rama de actividad. Esto lleva
a nociones en que el sector rural y la construcción son los de mayor
accidentabilidad; en realidad son los que registran más accidentes,
en particular mortales. Sin embargo, si se compara número de accidentes
con número de trabajadores de la actividad, la accidentabilidad de los
sectores varía.
Ejemplo: 1993 - 94 - Publicación B.S.E
Sector Nº trabajadores(aprox.) Nº accidentes (anual) Tasa
Extractivas
+ Construcción 90.000 6.578 0.073
Ganadería, Agricultura, Silvicultura 140.000 6.487 0.046
Pesca y Frig. Pesqueros 4.000 628 0.157
De los tres sectores considerados en el ejemplo, resulta evidente
que la pesca y sus frigoríficos duplican la accidentabilidad de la construcción
y triplican al trabajo rural.
Esta precariedad de la información oculta fenómenos de grave distorsión
de la realidad acerca de las condiciones de trabajo en diversas ramas
de producción.
