El trabajo como
cuestión central
Publicación del PIT-CNT (Uruguay) que reúne las diferentes
ponencias realizadas en ocasión de la "Semana por la centralidad
del trabajo en Uruguay", octubre de 2001. La actividad y la publicación
han sido auspiciadas por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) y la OIT.
Susana Sochaczewski
Master en sociología en la Universidad de San Pablo; miembro de la
Dirección técnica y coordinadora de Educación del Departamento Intersindical
de Estadística y Estudios Socio Económicos (DIEESE) de San Pablo, Brasil;
miembro de la coordinación del Programa de Capacitación de Dirigentes
y Asesores Sindicales que llevan adelante en conjunto el DIEESE, CUT,
CGT, y Forza Sindical
Voy empezar con la pregunta: ¿por qué estamos acá, discutiendo si el
trabajo es un tema central? Para los trabajadores, y creo que también
para los otros sectores, esta sería una pregunta innecesaria, pero parece
que no siempre es tan así, porque actualmente el trabajo no parece más
un tema central, en muchos momentos de la vida. No parece central para
los académicos, quizás para los empresarios, para los gobiernos, eso
lo puedo comprender, pero no parece ser central para los trabajadores,
es muy difícil de comprender. Es eso lo que quería preguntar, y tratar
de entender por qué hay esa duda, por qué el trabajo parece haber perdido
el lugar central que tenía en la vida de las personas.
Como eje conductor de este cambio estaba el valor atribuido al trabajo,
y ese proceso histórico llevó a que el trabajo se tornase un fin en
sí mismo en el siglo XX, y pareciese como el centro de la vida humana.
El trabajo, cuando se pensaba hace 40 o 50 años, era la actividad más
importante tanto para ricos como para pobres, era la actividad que preparaba
a los jóvenes, que las mujeres modernas deseaban, que era recordada
con nostalgia por los más viejos. La vida se organizaba en torno del
trabajo, dentro y fuera de la producción, la vida que el trabajo producía
tenía al trabajo como su elemento central. Entretanto, en tiempos de
rápidos y radicales cambios, es muy fácil seguir de un extremo a otro;
la idea de una vida centrada en el trabajo fue siendo sustituida por
otra en la que se pensaba que se podía pasar menos tiempo trabajando,
había un sueño de una vida con más tiempo libre, que estaba justificada
por una larga trayectoria, una larga historia de trabajo, ya acontecida.
Sorprendentemente la prioridad hoy es otra, el progreso tecnológico,
los descubrimientos científicos, no está realizando el sueño del fin
del trabajo, pero trae hoy la falta de trabajo, que es una diferencia,
una cosa es el fin del trabajo, otra cosa es la falta de trabajo. La
contradicción entre lo que es posible -la vida con menos trabajo, y
más tiempo libre para todos-, y lo real -lo que pasa, la vida con falta
de trabajo para algunos y demasiado para otros- se torna más aguda,
sobre todo cuando el escenario que legitimaba hasta hace poco tiempo
el trabajo con un valor en sí mismo, esta explicación, no existe más.
Hoy, nadie más quiere trabajar todo el tiempo, ni mucho menos tener
el trabajo como objetivo principal de la existencia.
¿Y qué es diferente hoy?, si el trabajo ya tuvo ese papel ¿por qué
es diferente hoy?, es a lo que un filósofo francés llama "el atraso
de la vida frente a sus posibilidades", es la vuelta atrás; y ahora,
en el momento en que sería posible -por el actual estallido de tecnología,
y contando con los avances progresivos en la misma dirección-, organizar
la sociedad de manera que los hombres usufructuasen la riqueza producida
con cada vez menos trabajo, con cada vez más tiempo libre, en este momento
en que eso es posible, la vida vuelve a ser apenas sobrevivencia para
un enorme número de personas, y lo que es peor, es así sin ninguna
alternativa a corto o mediano plazo.
La cuestión que quería traer para este debate es principalmente esa,
la centralidad del trabajo como tema central de la sociedad de hoy,
a causa de la sobrevivencia como razón principal.
El trabajo suscita también sueños en la vida contemporánea; lo que
me sorprende y me entristece es la falta de perspectiva y propuestas
para lidiar con una situación que es nueva, es difícil, pero es aquella
en que todos los que tienen en el trabajo la única forma de vida evidencia
una sensación de impotencia, quizás porque las transformaciones son
presentadas como actos consumados, inexorables.
Sorprende también los casos de trabajadores jóvenes, que son la expresión
más acabada de este momento, de esta primera hora en que los cambios
parecen tan poderosos e inexorables, el sueño de otra forma de trabajo
cede el lugar a la necesidad de sobrevivencia, y no hay nada más
violento que la necesidad. El trabajador que ve disminuir el trabajo
social necesario en producción deja de lado la construcción del mundo
y se entrega a la dura tarea de sobrevivir.
La falta efectiva de trabajo, o la mera posibilidad de desempleo, hace
que el hombre contemporáneo se sienta en el límite de la sobreviviencia.
En la sociedad capitalista, estar sin trabajo es lo mismo que no tener
nada, lo grave hoy es que aumenta el número de aquellos que nada tienen.
A pesar de todo, tanto para los incluidos en el trabajo como para los
excluidos, es aún el trabajo lo que conforma la vida, que da la forma
de la vida; como medio de sobreviviencia, el trabajo tiene en este inicio
de milenio el papel de "salvador" de la Humanidad, pero como
medio de sobrevivencia no hace su papel como instrumento de creación
del hombre.
La propuesta que traigo para el debate es que me parece imposible pensar
la centralidad del trabajo sin pensar al mismo tiempo la centralidad
de la vida, no como sobrevivencia, pero sí la vida como el resultado
de la construcción del hombre, y, por lo tanto, con una posibilidad
real, que es política y es social, y no es de manera alguna, técnica
ni tecnológica.
Muchas gracias.
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