El trabajo como
cuestión central
Publicación del PIT-CNT (Uruguay) que reúne las diferentes
ponencias realizadas en ocasión de la "Semana por la centralidad
del trabajo en Uruguay", octubre de 2001. La actividad y la publicación
han sido auspiciadas por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) y la OIT.
Rafael Guarga
Rector de la Universidad de la República
Para nosotros es una satisfacción estar presentes aquí, en este evento
que convoca sin duda, que es de enorme importancia social y que, desde
el punto de vista de la Universidad de la República, es central a los
efectos de la educación superior, el mundo del trabajo. En este sentido
es notorio el incremento en la demanda de educación que este fenómeno
de la llamada sociedad del conocimiento supone en el mundo; lo vemos
en los países desarrollados, ya hoy en buena medida en proceso de realización,
y lo vemos desde nuestros países más atrasados, con menor desarrollo
relativo, como una meta a alcanzar.
Las universidades del mundo entero, incluida la nuestra -que no está
al margen de todo esto- entienden que la democratización del acceso
a la educación superior es un aspecto fundamental, y esto está impulsado
por esta demanda creciente hacia la educación superior que el mundo
del trabajo de la sociedad moderna -en la cual el conocimiento es un
instrumento fundamental para incorporar valor agregado a los productos-,
nos lo pone como el escenario en el cual debemos actuar. Hay que señalar
que este proceso impuesto por el mundo del trabajo, con creciente incorporación
de valor agregado en los productos, está muy desigualmente distribuido
en el mundo; si miramos cómo es la formación en materia de educación
superior en el mundo más desarrollado, constatamos que el 62% -en promedio
del mundo desarrollado- de los jóvenes que tienen entre 18 y 22 años
están insertos en este proceso de formación que les permitirá llegar
al mundo del trabajo con una calificación universitaria.
Sin embargo, en el mundo menos desarrollado esta tasa denominada tasa
bruta de escolarización, es, en promedio, el 3%, y es un reflejo
de las enormes distancias que existen entre un mundo del trabajo en
el cual los trabajadores son demandados a tener un alto nivel de conocimientos,
(y por lo tanto producen un valor agregado significativo a los productos,
y por supuesto sus niveles salariales son en consecuencia más elevados)
y otro mundo muy distante de aquél, en el cual el mundo del trabajo
prácticamente consiste en tareas sin especialización alguna, con incorporación
nula de valor agregado a la producción, y por lo tanto esta demanda
en materia educativa ya es, en muchos casos, una meta llegar a la escolarización
primaria.
En América latina esta participación de la población en la educación
superior es de 17%, y en nuestro país del 30%, es decir que el 30% de
los jóvenes que tienen edad de estar en la universidad lo está efectivamente.
Por cierto el camino, la dirección, apunta a procurar, desde las universidades,
calificar al máximo a la población para poder pensar, como un futuro
posible, en una sociedad en la cual el mundo del trabajo sea capaz de
incorporar alto valor agregado a la producción; por ello nuestra preocupación
por la democratización del acceso a la enseñanza terciaria, por mantener
un esquema abierto -como el que tiene nuestro país-, gratuito, y por
ello podemos ostentar las tasas de escolarización que son las más altas
en la región. Esto debemos mantenerlo, defenderlo y por cierto, debemos
acrecentarlo para poder ofrecer un día no muy lejano, a todos nuestros
jóvenes, la posibilidad de transitar por la enseñanza superior y proyectar
esto hacia el mundo del trabajo en términos de una capacidad de soporte
de una producción con mucho mayor valor agregado a la que actualmente
caracteriza a nuestro país.
El mundo del trabajo también impacta a las universidades por el lado
de las demandas que sus propios egresados y otras capas de trabajadores
especializados exigen hoy a la Universidad, una demanda de enseñanza
que va más allá de la formal, correspondiente a los cursos de grado,
es lo que se denomina educación permanente, o un aprendizaje
a lo largo de toda la vida que las universidades hoy le están prestando
una atención que diez, veinte o treinta años atrás de ninguna manera
se brindaba.
Esta demanda creciente por parte del mundo del trabajo en cuanto a
la calificación de quienes en él actúan, percute en las universidades
de un modo que las está transformando, por ejemplo al grado de que ya
en los países desarrollados la población adulta, mayor a la edad de
los clásicos estudiantes universitarios, pasa a ser mayoritaria respecto
a la población típica; esta es la realidad del mundo del trabajo que
demanda de sus protagonistas una calificación que no se adquiere de
una sola vez en la vida, sino que se la va adquiriendo y manteniendo
a lo largo de toda la vida, por un aprendizaje que a su vez es demandado
a las instituciones de enseñanza superior.
Otro aspecto también nuevo, en relación a lo que las universidades
hoy formulan como relacionamiento con el mundo del trabajo, es lo vinculado
a la generación de conocimientos que tiene una directa aplicación en
los ámbitos de la producción; es un rasgo nuevo, que proviene de este
escenario de la sociedad del conocimiento y que vuelca más en nuestros
países, donde el ámbito de creación de conocimiento son fundamentalmente
las universidades, las acerca a las demandas que se suscitan en el mundo
productivo y dejan atrás ámbitos académicos, trabajando en términos
de creación de conocimientos, muy alejadas de las aplicaciones productivas.
Hay una tendencia clarísima a un acercamiento entre los ámbitos académicos
clásicos con las demandas de los sectores productivos.
Otro aspecto, quizás ligado a este último, es el interés creciente
en los ámbitos académicos por los estudios referidos al mundo del trabajo,
en particular la temática de creación del empleo o de la destrucción
del empleo; también en este aspecto nuestra Universidad abre sus puertas,
hemos tenido diálogos muy diversos con integrantes del mundo sindical,
a los efectos de promover y propiciar estos estudios sobre el fenómeno
del desempleo, la creación de empleo, la incorporación a los currículos
universitarios de la capacidad -a los que serán en algún momento egresados
universitarios- de generación de empleo, y no ya la espera, más o menos
pasiva, de insertarse en un puesto de trabajo previamente existente.
En rasgos muy rápidos, estos son algunos de los impactos, de las transformaciones
profundas que los cambios en el mundo del trabajo están imprimiendo
a las universidades del mundo entero, con algunos elementos de peculiaridad
respecto a nuestra región. Gracias.
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