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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

El trabajo como cuestión central

Publicación del PIT-CNT (Uruguay) que reúne las diferentes ponencias realizadas en ocasión de la "Semana por la centralidad del trabajo en Uruguay", octubre de 2001. La actividad y la publicación han sido auspiciadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la OIT.

 

Rafael Guarga
Rector de la Universidad de la República

Para nosotros es una satisfacción estar presentes aquí, en este evento que convoca sin duda, que es de enorme importancia social y que, desde el punto de vista de la Universidad de la República, es central a los efectos de la educación superior, el mundo del trabajo. En este sentido es notorio el incremento en la demanda de educación que este fenómeno de la llamada sociedad del conocimiento supone en el mundo; lo vemos en los países desarrollados, ya hoy en buena medida en proceso de realización, y lo vemos desde nuestros países más atrasados, con menor desarrollo relativo, como una meta a alcanzar.

Las universidades del mundo entero, incluida la nuestra -que no está al margen de todo esto- entienden que la democratización del acceso a la educación superior es un aspecto fundamental, y esto está impulsado por esta demanda creciente hacia la educación superior que el mundo del trabajo de la sociedad moderna -en la cual el conocimiento es un instrumento fundamental para incorporar valor agregado a los productos-, nos lo pone como el escenario en el cual debemos actuar. Hay que señalar que este proceso impuesto por el mundo del trabajo, con creciente incorporación de valor agregado en los productos, está muy desigualmente distribuido en el mundo; si miramos cómo es la formación en materia de educación superior en el mundo más desarrollado, constatamos que el 62% -en promedio del mundo desarrollado- de los jóvenes que tienen entre 18 y 22 años están insertos en este proceso de formación que les permitirá llegar al mundo del trabajo con una calificación universitaria.

Sin embargo, en el mundo menos desarrollado esta tasa denominada tasa bruta de escolarización, es, en promedio, el 3%, y es un reflejo de las enormes distancias que existen entre un mundo del trabajo en el cual los trabajadores son demandados a tener un alto nivel de conocimientos, (y por lo tanto producen un valor agregado significativo a los productos, y por supuesto sus niveles salariales son en consecuencia más elevados) y otro mundo muy distante de aquél, en el cual el mundo del trabajo prácticamente consiste en tareas sin especialización alguna, con incorporación nula de valor agregado a la producción, y por lo tanto esta demanda en materia educativa ya es, en muchos casos, una meta llegar a la escolarización primaria.

En América latina esta participación de la población en la educación superior es de 17%, y en nuestro país del 30%, es decir que el 30% de los jóvenes que tienen edad de estar en la universidad lo está efectivamente. Por cierto el camino, la dirección, apunta a procurar, desde las universidades, calificar al máximo a la población para poder pensar, como un futuro posible, en una sociedad en la cual el mundo del trabajo sea capaz de incorporar alto valor agregado a la producción; por ello nuestra preocupación por la democratización del acceso a la enseñanza terciaria, por mantener un esquema abierto -como el que tiene nuestro país-, gratuito, y por ello podemos ostentar las tasas de escolarización que son las más altas en la región. Esto debemos mantenerlo, defenderlo y por cierto, debemos acrecentarlo para poder ofrecer un día no muy lejano, a todos nuestros jóvenes, la posibilidad de transitar por la enseñanza superior y proyectar esto hacia el mundo del trabajo en términos de una capacidad de soporte de una producción con mucho mayor valor agregado a la que actualmente caracteriza a nuestro país.

El mundo del trabajo también impacta a las universidades por el lado de las demandas que sus propios egresados y otras capas de trabajadores especializados exigen hoy a la Universidad, una demanda de enseñanza que va más allá de la formal, correspondiente a los cursos de grado, es lo que se denomina educación permanente, o un aprendizaje a lo largo de toda la vida que las universidades hoy le están prestando una atención que diez, veinte o treinta años atrás de ninguna manera se brindaba.

Esta demanda creciente por parte del mundo del trabajo en cuanto a la calificación de quienes en él actúan, percute en las universidades de un modo que las está transformando, por ejemplo al grado de que ya en los países desarrollados la población adulta, mayor a la edad de los clásicos estudiantes universitarios, pasa a ser mayoritaria respecto a la población típica; esta es la realidad del mundo del trabajo que demanda de sus protagonistas una calificación que no se adquiere de una sola vez en la vida, sino que se la va adquiriendo y manteniendo a lo largo de toda la vida, por un aprendizaje que a su vez es demandado a las instituciones de enseñanza superior.

Otro aspecto también nuevo, en relación a lo que las universidades hoy formulan como relacionamiento con el mundo del trabajo, es lo vinculado a la generación de conocimientos que tiene una directa aplicación en los ámbitos de la producción; es un rasgo nuevo, que proviene de este escenario de la sociedad del conocimiento y que vuelca más en nuestros países, donde el ámbito de creación de conocimiento son fundamentalmente las universidades, las acerca a las demandas que se suscitan en el mundo productivo y dejan atrás ámbitos académicos, trabajando en términos de creación de conocimientos, muy alejadas de las aplicaciones productivas. Hay una tendencia clarísima a un acercamiento entre los ámbitos académicos clásicos con las demandas de los sectores productivos.

Otro aspecto, quizás ligado a este último, es el interés creciente en los ámbitos académicos por los estudios referidos al mundo del trabajo, en particular la temática de creación del empleo o de la destrucción del empleo; también en este aspecto nuestra Universidad abre sus puertas, hemos tenido diálogos muy diversos con integrantes del mundo sindical, a los efectos de promover y propiciar estos estudios sobre el fenómeno del desempleo, la creación de empleo, la incorporación a los currículos universitarios de la capacidad -a los que serán en algún momento egresados universitarios- de generación de empleo, y no ya la espera, más o menos pasiva, de insertarse en un puesto de trabajo previamente existente.

En rasgos muy rápidos, estos son algunos de los impactos, de las transformaciones profundas que los cambios en el mundo del trabajo están imprimiendo a las universidades del mundo entero, con algunos elementos de peculiaridad respecto a nuestra región. Gracias.

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