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5. La situación concreta de trabajo: qué somos, quiénes somos, qué
formación tenemos
De lo hasta ahora expuesto conviene recordar los tres momentos señalados
que sirven de marco para explicarnos las situaciones concretas de trabajo:
. la recomposición del proceso completo de producción y la división
del trabajo en el mismo, como criterio relevante sobre los requerimientos
de cualificación y de formación;
. la perspectiva del diseño/concepción para prever los impactos sobre
las cualificaciones y la formación; y
. las políticas empresariales como condicionantes de las cualificaciones
y la formación.
Todo esto que venimos diciendo se va a ejemplificar, a continuación,
comenzando a la inversa, fijándonos en la situación real de trabajo
en que cada uno nos encontramos como forma de proceder en el estudio
concreto de las necesidades de formación contínua.
Así la primera pregunta que tenemos que hacernos es qué somos cada
uno de nosotros. La respuesta a la misma nos sitúa en la necesidad de
dotarnos de un instrumento, aparentemente simple, la estructura de la
plantilla de los trabajadores y su distribución según diferentes variables:
categorías profesionales(1),
edad, sexo, etc.
Desde ese momento y en función de lo que hacemos en el puesto de trabajo,
nos vamos a identificar en una de las cuadrículas que componen esa estructura
(véase el cuadro del apartado siguiente, p. ), ya sea como titulado
o técnico superior o medio, como oficial de 1ª, especialista, administrativo,
peón, etc.
Pero, obviamente, en la respuesta que damos, nos percatamos de que
está sujeta a una serie de limitaciones. ¿Qué quiere decir esto? Que
siendo especialista, oficial o técnico, estamos realizando trabajos
en unos casos de envasado, o de maquinista, o aplicaciones para el desarrollo
del producto, o cualquier otro, en los que apreciamos el sentido de
unidad o grupo.
Esto es, vemos que estamos haciendo con otros y, por tanto, el interrogante
qué soy se amplía al qué somos: haciendo la pieza de plástico, la
mecanización del cárter de dirección de un automóvil, el montaje de
embragues, atendiendo la hospitalización de un enfermo o limpiando las
calles de nuestras ciudades, en los talleres o unidades correspondientes.
En consecuencia, el qué somos al que tenemos que responder se completa
con cuántos somos en esa unidad, grupo homogéneo de trabajo o taller.
El resultado de todo ello, la validez de esta reconstrucción que estamos
llevando a cabo, no sólo es de carácter cuantitativo, conocer cuántos
somos. También resulta enormemente válido para saber la posición de
cada uno de nosotros en el grupo ya que, además de responder a qué es
el grupo, lo hace también a qué soy yo en el grupo como resultado del
proceso de división del trabajo que se ha establecido en el mismo.
A la vez, el grupo o taller es importante para todos y cada uno de
nosotros, como espacio en el que se construyen nuestras vidas y biografías
tanto personales como profesionales, como sucede, por ejemplo, con el
proceso de transmisión del saber de unos trabajadores a otros del taller
con la introducción de nueva maquinaria, o en determinados procedimientos
que la mejoran, etc. Este proceder como elemento inestimable del trabajo
en grupo además de ser habitual se ve privado del reconocimiento que
aporta a la cualificación de todos y cada uno de nosotros.
Todo ello, nos lleva al momento en que podemos responder a qué pasa
en el taller: qué hacemos, qué somos, qué relaciones se mantienen, que
consecuencias se desprenden, etc., que se verá en detalle en el próximo
apartado.
La identificación que se está realizando podría concluir en ese momento,
si realmente no hubiese más que ese taller. Pero esto se amplía aun
más porque sabemos que existe el taller de matricería donde se hacen
los moldes para inyección , el de prensas, piezas que después son montadas,
el de tratamientos para los baños de las piezas mecanizadas, la unidad
de análisis para atender a los enfermos hospitalizados, etc. y, así
sucesivamente, podemos construir una trama de talleres o grupos que
en mayor o menor medida están relacionados con el taller de nuestro
grupo.
En suma, desde esa recomposición nos situamos en otro de los espacios
que rodean nuestro trabajo: el centro de producción. El hecho de que
podamos dar una respuesta del número de talleres, cuáles son, así como
de su composición, nos permite tener una visión global del centro de
producción según los distintos talleres y categorías o grupos profesionales
que lo forman.
En una aproximación cuantitativa, desde la comparación entre los distintos
talleres o unidades nos acercamos a definir e identificar de mejor manera
el peso del nuestro respecto del resto, dentro del centro de producción.
De igual forma, de la composición, pero esta vez sobre las categorías
profesionales, puedo tener un conocimiento cualificado de lo que pesa
nuestro taller en el centro de producción. Es decir, en nuestro taller
pueden dominar los especialistas frente a otras unidades en que hay
más administrativos o técnicos. Esto es, llegamos a determinar la posición
del grupo en el proceso de división del trabajo en el centro de producción.
A estas alturas del proceso de conocimiento de qué somos, a
partir de la distribución de los trabajadores en nuestro grupo y en
el centro de producción, podemos averiguar que, siendo numéricamente
importantes, cualitativamente se nos reconoce poco peso al situarnos
en las posiciones bajas del proceso de producción que se realiza. Es
decir, que se trata, en definitiva, de un centro de producción en el
que predominan las categorías ligadas a fabricación y trabajo de ejecución,
que actúa como si fuera un fragmento de una empresa en la que los trabajos
de desarrollo e investigación de productos y de marketing y de comercialización
se sitúan en otro lugar.
Así, desde el punto de partida que marca nuestra posición en el puesto
de trabajo que ocupamos, pasando por el espacio más inmediato del grupo
de trabajo, taller o unidad, hasta llegar al centro de producción y
concluir en la empresa, el proceso de reconstrucción que vamos realizando
es el mecanismo más operativo para detectar realmente las necesidades
de formación, es decir, insertando el puesto del trabajo en el que estamos,
el taller del que formamos parte y el centro de producción o empresa
que nos aglutina, dentro del proceso completo de producción y de división
del trabajo.
En este sentido, desde mi puesto de trabajo y la perspectiva que me
da formar parte de un grupo y de un centro de producción, puedo observar
que del presupuesto, ya sea propio, de los fondos de formación contínua,
o de ambos a la vez, los cursos de formación que se programan deberían
tener como finalidad la de atender, preferentemente, al colectivo de
trabajadores que somos más numerosos y también más afectados por las
reestructuraciones de las empresas, contrariamente a lo que sucede en
la práctica habitual de muchas empresas.
En síntesis, y en el desarrollo hasta ahora efectuado, lo aparentemente
simple de introducirnos en la distribución de categorías o grupos profesionales
desde la situación concreta de trabajo, se ha vuelto más complejo pero,
a la vez, ha enriquecido lo que somos y nuestra mirada.
Mirada que, en cualquier caso, no deja de ser incompleta pues si la
dirigimos hacia atrás nos descubrimos como mandos intermedios gestionando
el trabajo de un taller, o de una sección del mismo, en el que trabajaban
unas cien personas y hoy estamos dentro de un taller que no tiene más
de cuarenta personas, o bien haciendo unos cursos de formación para
la readaptación en trabajos de fabricación o de almacén.
Esa mirada nos permite definir la amplitud de lo que soy, lo que somos
en el grupo, en la empresa, por la incorporación de los conocimientos
adquiridos que forman parte de nuestra trayectoria profesional y que
hoy por las estrategias seguidas por la empresa de subcontratar con
otras empresas una parte de lo que antes hacíamos aquí se ha reducido
por la disminución de los contenidos profesionales y del número de trabajadores.
A idénticos resultados llegamos cuando se trata de la estrategia de
modernización de la empresa optando por una mayor fragmentación de los
trabajos y la extensión de las tareas repetitivas respecto de lo que
hacíamos.
A la vez que esa reducción de lo que somos en el grupo (por el número
y los contenidos), con esa mirada hacia atrás podemos observar que no
sólo nuestro taller se ha visto afectado sino que también se ha descentralizado
por completo el taller de utillaje, e incluso el de desarrollo de productos
se ha reducido a su mínima expresión por su concentración en otro lugar.
A la inversa también sucede: la concentración en el centro de producción
de altas cualificaciones y categorías profesionales por descentralización
de otros talleres. Es decir, como técnico industrial puedo apreciar
la disminución que se opera en el taller de componentes electrónicos
por la subcontratación de la fabricación con otras empresas, generalmente
pequeñas, y el engrosamiento de las unidades de instalaciones, marketing,
comercialización, etc.
En estas condiciones, nuestra identificación de qué somos incorporando
los saberes y conocimientos que comprende nuestra trayectoria profesional,
nos permite detectar las necesidades de formación. ¿En qué medida?
Las transformaciones que afectan a las cualificaciones, ya sea en el
puesto de trabajo, en el taller o el centro de producción como consecuencia
de las reestructuraciones y procesos de modernización, no suponen sino
la utilización de lo que ya sabemos y tenemos incorporado pero de otra
forma. Esto es lo que sucedería con los mandos intermedios ante las
nuevas opciones que se abren con las formas de organización del trabajo
mediante el trabajo en grupo. Por otro lado, esos saberes adquiridos
que no se ejercitan por la reducción de los contenidos profesionales
a tareas repetitivas abre la opción a su mejora por el acceso a la formación.
En cualquier caso, y en tanto son las opciones empresariales las que
limitan las posibilidades de la tecnología y el trabajo de las personas,
se trata de que desde el puesto de trabajo, el taller, el centro de
producción y/o empresa, se actúe previniendo el futuro próximo mediante
la programación de la formación a partir de lo que somos. Para ello,
nuestra intervención se debe abrir a participar en el diseño de las
posibles transformaciones, para lo que resulta imprescindible el conocimiento
de las políticas de las empresas respecto de la tecnología, los trabajadores,
los productos y la formación.
Hasta ahora el desarrollo expuesto para detectar necesidades de formación
continua se ha apoyado en el criterio de la situación de trabajo concreta
para responder a qué somos nosotros.
Además desde los objetivos que se marca la formación contínua:
. la valorización del trabajo de los trabajadores actualmente empleados
promoviendo el desarrollo personal y profesional;
. contribuir a la eficacia económica y la competitividad de las empresas;
. adaptarse a los cambios motivados por la introducción de nuevas tecnologías
y formas organizativas;
. propiciar el desarrollo de nuevas actividades económicas;
Nos debemos preguntar también por quién somos para conocer las necesidades
de formación. Una primera respuesta ya la hemos dado preguntándonos
por qué somos, qué oficio tenemos, qué capacidad del mismo se manifiesta
en el trabajo. Pero como hemos podido ver las reestructuraciones realizadas
por la empresa en el centro de producción y en el taller en que trabajamos
han actuado limitando la capacidad de expresión de nuestros saberes
a tareas repetitivas vaciando de contenido el oficio. En tales condiciones
la mejora y actualización de esos conocimientos mediante la formación
puede convertirse en elemento de negociación en las nuevas orientaciones
que tome la empresa.
En segundo lugar, somos en función de la cualificación básica que poseemos
según el nivel de instrucción, lo que nos dota de unas capacidades relacionadas
con organización y gestión de situaciones y personas, favorece la capacidad
de representación y abstracción e interpretación de fenómenos, además
de los conocimientos técnicos para el que esta formación nos capacita.
De la interrelación de estos conocimientos que proporciona la formación
básica y los que derivan de la experiencia, surgen capacidades que se
han mostrado enormemente valiosas en su práctica tanto para el trabajo
en el taller como en el centro de producción, ya sea en la mejora del
funcionamiento de las máquinas, en el perfeccionamiento de las herramientas,
o para la transmisión a otros compañeros de trabajo de normas y procedimientos
en relación a seguridad en el trabajo, etc.
También esto forma parte de quiénes somos aunque su expresión no encuentra
respuesta adecuada por el debido reconocimiento en la empresa y se convierte
en objeto de formación.
En tercer lugar consideramos los conocimientos y cualificaciones
que, formando parte de nuestra vida cotidiana, del fuera de la fábrica,
no se incorporan dentro de la fábrica. Se trata, en condiciones de porvenir
incierto y de orientaciones de la empresa y de la sociedad poco definidas,
de cualificaciones presentes en los trabajadores, muchas de ellas ambientales,
que no son utilizadas por las empresas como tales porque no se las requiere.
Nos estamos refiriendo a la capacidad de razonar y negociar, de gestionar
situaciones complejas, grupos sociales, etc., algunos de cuyos ejemplos
hemos visto anteriormente como el caso de los mandos intermedios expuesto.
También nos referimos al caso paradigmático de las mujeres, amas de
casa que disponiendo en la mayoría de las ocasiones de recursos económicos
escasos muestran una muy buena capacidad de gestión.
De la respuesta a quiénes somos en su diversidad surgen necesidades
de formación para los trabajadores que no son contempladas y, sin embargo,
se muestran como opciones ante los requerimientos de cualificación de
hoy y del futuro.
En este primer momento de análisis concreto, a partir de nuestra situación
individual y de grupo, las preguntas que nos hacemos tienen, aparentemente,
poca complejidad:
. ¿Cuántos somos, y qué somos en la empresa (precisión de categorías
profesionales, según el cuadro del apartado siguiente)?
. ¿Qué hacemos en nuestro grupo, o en la actividad concreta, que desarrollamos?
. ¿Qué peso tiene nuestro grupo de trabajo en el conjunto del centro
de trabajo y de la empresa (cuantitativo y categorías profesionales)?
. ¿Cuáles son los distintos grupos en el centro de trabajo y en la
empresa?

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(1)Obviamente el sistema de clasificación de categorías
profesionales que se representa es muy general y no se puedeaplicar
de forma mecánica a todas las situaciones. Pensamos, por ejemplo, en
un hospital o incluso una gran empresa de la industria química donde
existe una distribución según grupos profesionales. En cualquier caso,
el objetivo que se persigue está más en consonancia con que cada uno
nos identifiquemos en función de lo que hacemos en el grupo de trabajo
y el centro de producción en que trabajamos.