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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

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2.  La empresa fragmentada: reorganización productiva y división del trabajo

Durante los últimos años los trabajadores venimos observando una serie de transformaciones en nuestras empresas(1). Si antes trabajábamos en grandes empresas, algunas de ellas de tamaño gigantesco con cerca de 20.000 trabajadores, hoy nos encontramos trabajando '... en empresas que no quieren ser tan grandes y empiezan a segregarse por áreas de negocio...'; de trabajar en grandes empresas en las que se desarrollaba la totalidad del proceso de producción para fabricar el automóvil, la central de telefonía o el producto cosmético o de limpieza, hemos pasado a trabajar en subcontratos, sucursales o empresas "independientes" que se encuentran dentro de un estructura de grupo en las que se realizan sólo una parte de ese proceso. A veces una parte tan pequeña que nuestro trabajo se sitúa en '..."subfábricas" según los productos que se fabrican: detergente en polvo, líquido, industrial...', en "unidades elementales de trabajo" que actúan como microempresas dentro de la gran empresa de automoción, o se limitan a los trabajos de almacenaje y distribución de productos que se fabrican en otro lugar. Somos testigos que donde antes había una Escuela de formación profesional donde iniciábamos nuestra carrera profesional hoy podemos llegar a preguntarnos '...¿formación? ¿qué es eso?..'.

A la par que estas observaciones, en el conjunto de la organización industrial vemos que donde antes había grandes empresas ahora existe un claro predominio de las pequeñas empresas y una proliferación de trabajadores "autónomos" que en realidad hacen lo que antes realizaban como asalariados de aquéllas por lo que se les conoce también como "asalariados disfrazados". A ello hay que añadir los numerosos trabajos que no vemos, que están por todas partes y ninguna, pero que sí los vivimos, se trata de las innumerables prácticas dentro de la economía sumergida y el trabajo ilegal que comprende desde los trabajos en actividades del calzado, la confección, la distribución comercial, hasta la grabación de datos en ordenador para los grandes bancos.

En una aproximación a lo que sucede, a lo que está pasando en el mundo del trabajo y de la empresa, con el objetivo de darle una respuesta se ha realizado un intenso trabajo de investigación en el que están implicadas diferentes organizaciones nacionales e internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Desde esos trabajos de investigación se ha puesto de relieve que vivimos un período de profunda reorganización productiva que afecta a las empresas, a los sectores y a los sistemas productivos de los distintos países. Que ese proceso de reorganización productiva surge como respuesta a una problemática diversa: al auge adquirido por la acción sindical provocando un desplazamiento en el peso político (decisión y defensa de intereses) de los trabajadores en la gran fábrica, en la búsqueda de una mayor capacidad de adaptación a los mercados, a los cambios en las materias primas y a las posibilidades que abren las nuevas tecnologías permitiendo segmentar el proceso de trabajo sin perder el control del mismo.

La investigación ha puesto de manifiesto que para acometer el proceso de reorganización las empresas han seguido estrategias diversas:

. estrategias de fusiones, absorciones de empresas, así como de deslocalización de parte de la producción a empresas de terceros países e incluso la concentración de la producción en los países de origen, tal y como ha sucedido con empresas de la industria química española generando cierta especialización en actividades de almacenaje, distribución y comercialización de los productos fabricados en otros países;

. estrategias de ampliación y diversificación de actividades de traslados de la actividad o de parte de ella de unos centros a otros de la misma empresa, o de especialización en un fragmento significativo de la actividad de la empresa como los trabajos técnicos de la central de telefonía;

. estrategias de descentralización y de subcontratación de manera que de cada producto vendido las grandes empresas producen una parte cada vez menor en la medida que esas partes de la producción que no hacen las dan a otras empresas, generalmente, de pequeñas dimensiones.

Este es el significado de lo que sucede cuando vemos que la empresa en que trabajamos (usamos aquí un ejemplo real,claro está), abre un nuevo centro en otro lugar del territorio nacional al que traslada el conjunto de productos de cosmética, que antes fabricábamos, para años después quedar como almacén por el traslado correspondiente de esos productos a un centro de la empresa en Francia. O cuando, además de la fabricación de productos de limpieza, vemos que nuestro centro amplía su actividad por el almacenamiento de productos de limpieza que se fabrican y envasan en otro lugar.

En idéntica situación nos encontramos cuando vemos que los trabajos de mantenimiento que antes realizábamos hoy lo hacen "autónomos" o empresas de trabajo temporal.

Y lo mismo se plantea, cuando los trabajadores de la empresa que fabricaba en su totalidad una central de telefonía observamos que nuestro trabajo hoy se limita, prácticamente, a montajes e instalaciones de los múltiples elementos, piezas o conjuntos que fabrican numerosas pequeñas empresas situadas a escasos kilómetros de distancia de nuestro centro de trabajo.

En síntesis, lo que apreciamos a través de la reorganización productiva es que donde antes veíamos un proceso completo de producción en nuestras empresas hoy vemos muchos procesos que se encuentran repartidos entre empresas cuya localización puede ser muy próxima o situarse en terceros países. Que cuando entramos a trabajar lo hicimos en una gran empresa con una plantilla numerosa, donde estaban presentes los sindicatos y se daba formación en las Escuelas profesionales de las empresas, en tanto que hoy estamos en un subcontrato o sucursal que no son más que fragmentos de aquella empresa, con un número de trabajadores sensiblemente inferior sin que por ello se haya visto reducida su capacidad de producción, de la que no sabemos muy bien qué hace y qué es esa empresa encontrándonos con muchas dificultades, por tanto, para saber dónde estamos, hacia dónde se dirige la empresa, para ver dónde está la formación, detectar las necesidades de formación que surgen, quiénes son los encargados de promoverla y financiarla, etc.

En esa transformación de la unidad a la diversidad de los procesos, lo que vemos, gracias a la investigación científica, son tramas productivas de empresas que surgen de la descomposición y fraccionamiento de los procesos productivos por la descentralización de trabajos y funciones que antes se hacían en la gran empresa y ahora se subcontratan con otras empresas, de forma que para entender las consecuencias de la reorganización productiva sobre el trabajo y los trabajadores se hace imprescindible mirar a las relaciones entre empresas en las tramas que componen.

En esa producción en red que emerge, como resultado de la fragmentación de los procesos, se ha constatado la presencia de configuraciones de empresas que difieren en función de las características de sus procesos productivos, de sus formas de gestión, de la composición de la fuerza de trabajo, de sus condiciones de trabajo y relaciones laborales.

De tal manera en la diversidad organizativa que existe se aprecian sistemas productivos, denominados distritos industriales, con rasgos de relaciones sociales favorables a la cooperación, a la difusión e incorporación de nuevas tecnologías y la mejora de las condiciones de trabajo y las cualificaciones. Pero, junto a ellos, y, desgraciadamente, en mayor número, existen también sistemas productivos con fuertes relaciones de dependencia entre las empresas y de jerarquía dentro de las mismas con extensión del trabajo a domicilio sin sujección a contratos laborales, etc.

Lo que gráficamente se ha denominado detritos industriales.

Así pues, tanto de lo que se presenta a simple vista, a la vista de todos, como del desarrollo de nuestra investigación y de lo investigado por otros, tanto en España como en Europa y América, surge la necesidad de recomponer el proceso completo de producción de un bien para poder insertar el análisis de las diferentes posiciones que las empresas o los "fragmentos" de empresas ocupan en el reparto o división del trabajo que opera entre ellas y así acercarnos a la distribución del conocimiento, de la cualificación que se aplica a la producción de un producto concreto y a las relaciones entre empresas, de donde se desprenden consecuencias para los trabajadores, las cualificaciones y la formación.

Este acercamiento nos permite identificar la empresa en que trabajamos como "fragmento" de una estructura, de grupo multinacional, por seguir con otro ejemplo real, porque está centrada exclusivamente en la fabricación de productos de limpieza pues la comercialización y marketing se encuentra en otras instalaciones, y la investigación y desarrollo de productos así como la toma de decisiones lo hallamos fuera del territorio nacional.

El predominio del trabajo de ejecución '...los trabajos eran de mucho esfuerzo físico y manuales...', acentuado por la descentralización del mantenimiento que se subcontrata con otra empresa, acerca la empresa a las posiciones bajas en el proceso de división del trabajo dentro del grupo al que pertenece. Una empresa "mano" como se desprende de la estructura de la plantilla en la que predominan los oficiales de 2ª con al menos 20 años de antigüedad y una pesada estructura e mandos intermedios '..era una empresa que la mantenían a base de látigo..', frente al núcleo de técnicos comerciales, de marketing, de desarrollo de productos y toma de decisiones.

En esas condiciones, la decisión de abrir un nuevo centro trasladando la sección de productos cosméticos integrada en la empresa y la incorporación de equipos más automáticos nos hace ver las consecuencias de los efectos de ocupar unas posiciones u otras en la división del trabajo dentro de la empresa. De los 800 trabajadores que integraban la plantilla hace unos años hoy sólo son 400 trabajadores '..somos nosotros (los trabajadores) los que sobramos..'.

Especialmente cuando la reconversión de los mandos intermedios nos quita de nuestros puestos. Es esto lo que contemplamos cuando nos fijamos en que las acciones formativas que lleva a cabo la empresa, financiadas con fondos de la formación continua, va dirigida a los técnicos, mandos intermedios y administrativos, preferentemente, porque '...a nosotros nos tienen como tapadera..'. Además el trabajo por turnos y los picos de producción reducen sensiblemente las opciones a la formación. No obstante cuando existe se trata, por un lado, de cursos de mecánica preventiva '...para cargarte más el trabajo y evitar las contrataciones..' y, por otro, en integrar la filosofía de empresa que se pretende transmitir a lo largo de un plan trazado para tres años que afecta y en el que se hace participar a la plantilla, Mantenimiento Integrado en la Producción (TPM).

Otra cara vemos, al menos en apariencia, desde la pertenencia a otra empresa, incluida también en un grupo multinacional, que fabrica centrales de telefonía e integra además de producción, con el 30% de la plantilla, los departamentos de marketing, económico-financiero, logística e ingeniería (I+D), como se refleja en la alta cualificación de la plantilla, 40% de titulados superiores y medios, con capacidad de desarrollo de productos y predominio de la contratación indefinida. De acuerdo con esas condiciones vemos que la posición de la empresa en la división del trabajo nos permite identificarla como "cabeza".

Sin embargo, cuando miramos, más allá de esa estrella aparentemente con brillo propio, hacia la constelación de empresas encontramos la cruz de esa cara '...(la empresa) no necesita contratar trabajadores eventuales porque aquí tienen unas condiciones de trabajo muy superiores a las que existen en las subcontratas...'.

La prolongación de la mirada a través de la cadena de subcontrataciones nos hace ver empresas subcontratistas de pequeña dimensión en las que se hacen armarios, cajas, utillaje, bobinas de carga, bastidores, el cableado, etc. y profundizando más aún a las empresas que realizan los trabajos de cincado y cromado.

Desde una posición subordinada a las exigencias de la empresa "cabeza" y dependiente en gran medida de ésta las plantillas de esas empresas, en muchos casos, no superan el 30% de oficiales de 1ª con un peso importante de oficiales de 3ª y especialistas, más del 50%, que desarrollan trabajos descualificados y prolongados horarios de trabajo. Estamos viendo las "manos" de esa estructura.

Así, cuando en un lado del proceso de producción de la central de telefonía estamos viendo Planes de formación anuales, Gabinete de formación, Escuela de formación técnica, etc. y en el otro un desconocimiento radical de la formación contínua y jóvenes aprendices a los que como mucho se les facilita la practica en soldadura si después de cumplir con las ocho horas de trabajo, estamos observando posiciones diferentes en la división del trabajo entre empresas y dentro de las empresas con consecuencias desiguales.

En síntesis, como ha mostrado la investigación una división del trabajo entre empresas y en el interior de las empresas más reducida permite una distribución más equitativa de las cualificaciones y unas relaciones entre empresas y de los trabajadores dentro de ellas más simétrica. Por el contrario, una división del trabajo desequilibrada implica una desigual distribución de la cualificación de la que se deducen relaciones de dependencia y subordinación.

Un ejemplo que muestra con suma claridad los rasgos expuestos es el de las empresas que conforman el proceso de transformación del plástico en el municipio madrileño de Arganda del Rey. Se trata de una actividad en la que trabajan unas mil personas en la elaboración de envases y piezas para otras empresas, generalmente de grandes dimensiones, de la industria de la automoción, de química, de telecomunicaciones, etc.

La recomposición del proceso completo de producción de los bienes que fabrican las grandes empresas de esas industrias: automóviles, desodorantes, antibióticos, centrales de telefonía, etc. nos hace ver que el sector de las pequeñas empresas de transformación no es más que una fracción de ese proceso. Una fracción que se encuentra desgajada de las grandes empresas por la estrategia de descentralización seguida respecto de la transformación del plástico. En esencia es un taller distanciado de aquella gran empresa.

En ese proceso recompuesto vemos la posición ocupada por la empresa que atiende directamente al mercado y que ostenta formalmente la producción global del producto, donde se concentran los Departamentos de Investigación y de Recursos Humanos, las altas cualificaciones y las mejores condiciones de trabajo, inversiones en formación con financiación de FORCEM, que en el proceso de división del trabajo hemos identificado con la empresa "cabeza".

Al otro lado, las empresas transformadoras desde una posición auxiliar y subordinada se estructuran sobre un núcleo directivo de organización y control (Gerente y/o Director de Fabricación, Director financiero-administrativo, Director de compras, a veces concentrados varios puestos en una persona, Encargado y Departamento de Control de Calidad, en caso de no efectuarlo un trabajador) necesario para la gestión y cumplimiento de las órdenes que les transmitan las grandes empresas decisoras, los mecánicos especialistas de las máquinas inyectoras o soplado, automatizadas en bastantes casos ya sea por microprocesador o por control numérico, y la periferia formada por los operarios sin cualificar que representa no menos del 65 por ciento del total de la empresa, con un grado de eventualidad que oscila entre el 30por ciento y una cifra que, particularmente, supera en una o más veces la plantilla fija de la empresa. Es decir, se trata de empresas con predominio del trabajo de ejecución, trabajos descualificados, peores condiciones de trabajo, alto porcentaje de peones especialistas para las que la formación contínua de los trabajadores es una interrogante '...¿la formación? ¿qué es eso?...' a las que hemos identificado como empresa "mano".

Siguiendo la reconstrucción del proceso completo de producción, agregando los distintostrabajos que contribuyen a la fabricación de una pieza o envase de plástico, nos encontramos que el número de ocupados aumenta de forma importante, ya que además del proceso único (inyección, soplado) que realizan hay que incluir los trabajos de matricería, los de asistencia técnica y reparación de maquinaria, de fabricación de artículos metálicos para el refuerzo de subconjuntos, de baños electrolíticos, asesoramiento fiscal y laboral. serigrafía, montajes y manipulaciones (trabajos que se llevan a cabo en empresas integradas por deficientes físicos, conventos de monjas o autónomos que reparten el trabajo a domicilio) que, normalmente, no están integrados en las empresas transformadoras.

Agregando los trabajos para la reconstrucción del proceso de trabajo global hemos llegado a una nueva configuración: la macro-empresa de transformación del plástico del sistema industrial de Arganda del Rey en la que se nos hace visible una división del trabajo entre empresas y en el interior de las mismas.

Dependiendo de la posición de cada una de estas empresas en el proceso completo de producción hallamos una gradación de diferentes formas de organización y gestión de los recursos técnicos y la fuerza de trabajo, así como de las condiciones de trabajo, las cualificaciones y la formación.

Mientras en las empresas "cabeza" predominan las altas cualificaciones, mejores condiciones de trabajo con predominio de la contratación indefinida y las relaciones de negociación con el comité de empresa al que recurren para que dé su consentimiento al plan de formación que proponen, aunque dirigida preferentemente a las categorías de técnicos; el descenso de posiciones en la división del trabajo que se opera en la transformación del plástico supone una pérdida gradual de esas condiciones de manera que en las empresas "mano", se da el predominio del trabajo de ejecución y descualificado, de la contratación temporal aunque para muchas trabajadoras y jóvenes no exista relación contractual, la intensidad de trabajo por la prolongación de la jornada laboral mediante horas extraordinarias y el trabajo por turnos, sin que se produzca negociación con los delegados de los trabajadores, entre otras cosas porque no existen, y cuando la negociación se realiza es individual. Las consecuencias sobre la formación, en tales condiciones, es la imposibilidad de llegar a aprender un oficio ya que cuando se realizan contratos de formación o de aprendizaje de jóvenes realmente la formación es inexistente.

Las preguntas que nos debemos hacer, como primer paso, sobre la situación de la empresa dentro de una red productiva, a la luz de los argumentos que hemos presentado debieran, al menos, ser:

¿Cuál es la actividad de la empresa: Qué hace la empresa; qué trabajos y tareas se realizan? ¿Cuáles son los productos más representativos en su facturación?

¿Cuáles son las operaciones, transformaciones, el valor que se añade en la empresa; las tecnologías utilizadas, los diferentes procesos o productos?

¿Cómo decide el volumen o cantidad de producción: hay variaciones frecuentes?, ¿por qué causas?

A quién vende la empresa: ¿a otras empresas?, directamente en el mercado?

¿Diseña la empresa los productos que se fabrican, o los servicios que presta?

¿Da parte de la producción a hacer fuera de la empresa? ¿A quién, dónde y por qué?

¿Ha cambiado esto en los últimos años?

 

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(1) Adoptamos ahora el tono narrativo de una reflexión originada en el propio trabajador o trabajadora que lee esta guía. La razón es más que de estilo: hemos procurado contrastar, en el sentido de poner enfrente, nuestros saberes universitarios con lo que nos han dicho los sindicalistas o trabajadores, al entrevistarlos para esta investigación. De hecho, lo hemos reflejado en las citas en cursiva, que son ideas u opiniones que hemos recogido esta primavera de 1996.

 


 

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