El
Sindicalismo frente a la crisis:
Situación actual y perspectivas futuras (1)
Georges Spyropoulos (2)
SUMARIO
I. Mutaciones económicas y sociales. II. Evolución de los sistemas
de relaciones laborales. III. Situación actual de los sindicatos. III.1.
Observaciones generales. III.2. El sindicalismo en los países industrializados
con economía de mercado. III.3. La situación sindical en la Federación
de Rusia y en los países de Europa oriental. III.4. Los sindicatos en
los países en desarrollo. III.5. El sindicalismo internacional. III.6.
Balance de la situación actual del sindicalismo. IV. Perspectivas futuras.
IV.1. Trabajo Humano. IV.2. Relaciones laborales. IV.3 Sindicalismo.
El sindicalismo conoce una de sus crisis más profundas y se encuentra
actualmente en una encrucijada de caminos. Se puede observar una baja,
casi general, de los efectivos sindicales y, en la mayoría de los países,
la influencia de los sindicatos va disminuyendo. Hay además una crisis
de credibilidad sindical y una notable desmovilización de los trabajadores,
en razón de la crisis económica, de la amenaza del desempleo y de la
ofensiva patronal, pero también en razón de la evolución de las mentalidades.
Es legítimo preguntarse si el debilitamiento sindical actual es un
fenómeno duradero e inexorable. ¿Es verdad - como lo piensan algunos
- que los sindicatos constituyen hoy en día una forma de representación
obrera que pertenece al pasado? Hay que rechazar esta manera de ver.
A pesar de la crisis actual, el movimiento sindical no parece haber
perdido su vitalidad. Por otra parte, las modificaciones que conoce
hoy en día la escena sindical no deberían ser aisladas del conjunto
de las mutaciones económicas y sociales, porque los diversos elementos
de cambio son interdependientes. Si hay crisis del sindicalismo, es
porque las instituciones del trabajo en su conjunto - la empresa, los
sistemas de producción, el Estado del bienestar, etc. - están también
en crisis.
Pero no es posible hablar del futuro sin recordar el pasado y el presente.
Por este motivo, antes de formular algunas observaciones sobre el futuro
del trabajo y del sindicalismo, recordaremos las mutaciones económicas
y sociales que influyen sobre la acción sindical y sus consecuencias
para el trabajo y el movimiento sindical. (3)
I. MUTACIONES ECONOMICAS Y SOCIALES
Los cambios a los cuales deben hacer frente los sindicatos se refieren
a cinco grupos de mutaciones: cambios económicos; innovaciones tecnológicas;
evolución de la población activa; nuevas actitudes individuales ante
el trabajo; y mundialización de la economía.
En lo que se refiere a los cambios económicos, los principales factores
son la crisis económica persistente, la inflación y la persistente progresión
del desempleo. En los países del Norte industrializado, grandes sectores
de sus estructuras industriales, que estaban dedicados a la producción
masiva de bienes de consumo durables, se derrumban o se ven profundamente
afectados. La producción en masa de las grandes empresas va cediendo
el terreno ante la llamada "especialización suave". Un número
creciente de pequeñas y medianas empresas asumen una parte cada vez
mayor en la creación de riquezas y de empleo. Asistimos al advenimiento
de una nueva organización industrial que está sustituyendo al sistema
de producción conocido con los nombres de "taylorismo" y "fordismo"
y caracterizado por la producción en masa de bienes estandarizados.
La representatividad y la influencia de los sindicatos han padecido
mucho de estas mutaciones.
En cuanto a los países de América Latina, las políticas de austeridad
destinadas a mejorar el balance comercial y de pagos, los programas
de reajuste industrial, las privatizaciones, han tenido a menudo por
resultado la progresión del desempleo, el desarrollo del sector informal
de la economía y del trabajo precario y un sensible descenso de los
niveles de vida durante la última década. Dichas políticas pesan en
primer lugar sobre los trabajadores y sus sindicatos y suscitan a menudo
tensiones sociales casi insoportables. Desde luego, no son estas las
condiciones más favorables para la consolidación de la acción sindical.
Una segunda mutación se refiere a los cambios tecnológicos de los últimos
diez a quince años. La aparición de nuevas tecnologías ha cobrado creciente
importancia a raíz de descubrimientos técnicos de singular significación.
La aceleración del progreso técnico trastorna los conceptos tradicionales
del trabajo y de relaciones laborales y modifica las relaciones de fuerza
entre los trabajadores y los empleadores. El control social del cambio
tecnológico aparece ya como uno de los principales desafíos con que
se enfrentan los sindicatos.
Los cambios en la composición de la población activa son un tercer
ejemplo del trasfondo económico y social al cual los sindicatos deben
hacer frente. Bastará con recordar la contracción de los empleos en
la agricultura y en la industria, la expansión del sector de los servicios,
el ingreso masivo de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento
rápido del trabajo atípico y precario. Las consecuencias de estos cambios
para los sindicatos son importantes. Por ejemplo, el crecimiento del
empleo femenino tiene consecuencias en relación con la evolución del
movimiento sindical. Como se sabe, las mujeres han sido menos propensas
a sindicalizarse y los sindicatos no han, por su parte, demostrado interés
por la situación de la mujer trabajadora o por su calidad de afiliada
sindical. En cuanto a la precarización del trabajo, este fenómeno tendrá
sin duda importantes consecuencias para el futuro de los sindicatos.
La interrogación central aquí es ¿querrán abrir los sindicatos sus puertas
a dichos grupos - pero también a los desempleados - y defender sus intereses
en sus actividades?
Al hablar de los cambios en la composición de la fuerza de trabajo,
no se puede dejar de reconocer que nuevas actitudes y comportamientos
individuales ante el trabajo y la vida laboral hacen su aparición bajo
el impulso de una mejor educación, de la influencia de los grandes medios
de información y de la posibilidad para todos de comunicarse en cualquier
instante. Para un número creciente de trabajadores, la acción colectiva
que preconizan los sindicatos puede parecer menos atractiva que las
satisfacciones que procura el éxito profesional individual. El mejoramiento
de la calidad de la vida adquiere una importancia creciente. La eficacia
que la acción sindical demuestre ante esta evolución será decisiva para
el futuro del sindicalismo.
Por último, una mutación económica que afecta a todos los países ha
venido a establecer nuevas relaciones de fuerza entre los actores sociales:
me refiero a la mundialización de la economía, fenómeno que toma varias
formas, tales como la expansión de las empresas multinacionales y la
multiplicación de los tratados de integración económica regional (la
Unión Europea, el Mercosur, etc.). Gran número de los cambios que se
pueden observar en este momento en la escena laboral y sindical son
la consecuencia directa de esta globalización de la economía.
II.- EVOLUCION DE LOS SISTEMAS DE RELACIONES LABORALES
Todos los factores de cambio ya mencionados traen consigo la aparición
de nuevas formas de relaciones laborales, que influyen a su vez sobre
la acción sindical (4).
Daremos cuatro ejemplos de esta evolución.
La evolución del papel del Estado es un primer ejemplo. Recordaremos
que la misión estatal de redistribuidor social, el llamado Estado de
bienestar, está puesta en cuestión por los partidarios de la concepción
liberal de la economía. Si el grado de reconsideración del papel del
Estado en materia laboral varía de un país a otro, en términos generales,
se manifiesta una tendencia general favorable a la asunción por el gobierno
de un papel más modesto. Las políticas de ajuste, las privatizaciones
y la contracción del sector público han puesto las cosas muy difíciles
a los sindicatos y han provocado un aumento de los conflictos laborales,
sobre todo en el sector público.
La concertación social entre el Estado y las organizaciones patronales
y sindicales - esta forma especial de contratación colectiva a nivel
macroeconómico - ha sido hace unos años, y vuelve a serlo con la recesión
de los últimos años, un rasgo característico de las relaciones laborales
en un gran número de países de Europa y algunos de América Latina. Los
sindicatos son unos de los actores principales en la concertación social
y el éxito de la misma depende, entre otros, de la mayor unidad y/o
cohesión representativa de las organizaciones sindicales y de su capacidad
de aceptar compromisos de esta índole. Vale la pena subrayar la paradoja
de que la consagración del sindicalismo como interlocutor creíble en
materia económica y social ocurra precisamente en un período de crisis
del sindicalismo, de desafección de la "base" y de contestaciones
en cuanto a su representatividad. De todos modos, la experiencia muestra
que no siempre resulta fácil, tratándose de políticas de rigor, llegar
a un acuerdo tripartito. Y la tendencia reciente a la descentralización,
la flexibilización y la desregulación, plantea nuevos problemas para
los sindicatos y pone en duda, en ciertos casos, la utilidad de la concertación
social.
Un segundo ejemplo de la evolución de los sistemas de relaciones laborales
se refiere a la flexibilización del derecho del trabajo. En efecto,
durante los últimos diez años el legislador ha reaccionado dando mayor
flexibilidad al marco jurídico vigente, dejando así más libre el juego
de las fuerzas del mercado. La nueva legislación concierne, por lo esencial,
a la flexibilización de las formas de contratación individual, es decir,
a la precarización del empleo. Su principal característica es la desactivación
del principio de estabilidad del empleo, principio que los sindicatos
habían siempre defendido.
Flexibilización, individualización, descentralización, desregulación,
privatización, cualquiera que sea el término utilizado, es evidente
que en los países industriales el derecho laboral se encuentra bajo
la presión de fuerzas centrífugas que lo alejan de la norma nacional
para acercarlo a los lugares de trabajo y enfatizan los derechos individuales
en detrimento de los derechos colectivos. Esta inflexión de la legislación
laboral favorece la segmentación del mercado del trabajo y el desarrollo
del dualismo económico y social. No hay duda de que estas nuevas tendencias
representan para los sindicatos un gran desafío.
Es mucho más difícil discernir la evolución en los países periféricos(5).
Si es cierto que diversos de los cambios legislativos adoptados por
los países industrializados se encuentran también en las legislaciones
de distintos países de América Latina, los motivos de esta convergencia
no resultan siempre claros. En particular, no es claro si esta aceptación
por los países del Sur de estrategias concebidas para hacer frente a
las necesidades de los países de capitalismo avanzado tiene suficientemente
en cuenta las características económicas y sociales propias de estos
países; tampoco se sabe, si se trata de una importación voluntaria de
modelos extranjeros o de una elección sugerida si no impuesta por la
dependencia económica.
Tratándose de la negociación colectiva - otro ejemplo de la evolución
de las relaciones laborales - es indudable que la recesión económica
y el desempleo se tradujeron en un debilitamiento de la fuerza de negociación
de los sindicatos. El número y la amplitud de las huelgas han disminuido,
con la excepción del sector público que ha conocido poderosas movilizaciones
sindicales y amplios conflictos laborales.
Los temas abordados en la negociación colectiva también cambiaron.
Los salarios tenían antes gran prioridad; hoy en día, por lo menos en
Europa, han pasado a primer plano otros aspectos, como la seguridad
del empleo, la flexibilidad del tiempo de trabajo, la introducción de
nuevas tecnologías, etc. Recordaremos también que, debido al cambio
del entorno económico y social, la empresa es hoy en día el lugar central
de la negociación, a pesar de que los sindicatos prefieren generalmente
llevar la negociación a niveles superiores. Una de las características
de tal evolución es la aparición de la llamada "desregulación negociada".
Así empieza a desdibujarse la imagen tradicional de la negociación colectiva,
concebida como algo que debe siempre conducir a una mejora de los logros
obtenidos por los sindicatos.
En lo que se refiere a los cambios en las relaciones sociales a nivel
de empresa, hay que recordar la valorización, a partir de la década
de 1980, de la imagen de la empresa y el hecho de que la iniciativa
ha pasado de los sindicatos a los empleadores. Los empresarios dan la
prioridad a una mayor flexibilidad del mercado del trabajo, es decir,
a la posibilidad, para la empresa, de adaptarse a las fluctuaciones
de su entorno, sobre todo en materia de "gestión de los recursos
humanos". Las políticas seguidas por los empresarios van desde
la afirmación de la necesidad de proseguir el dialogo con los sindicatos,
hasta el objetivo - declarado o no - de la marginalización o la eliminación
de los sindicatos. Frente a las iniciativas de los empleadores, los
sindicatos han adoptado una actitud defensiva.
El concepto de participación en la empresa ha cambiado también y nuevos
mecanismos de cooperación han surgido, al margen de la participación
oficial, tales como los llamados "círculos de calidad". El
nuevo enfoque participativo, basado sobre la motivación individual de
los empleados, tiende a sustituir los conflictos por un espíritu de
cooperación. La llamada "gestión de los recursos humanos"
tiende también a favorecer el desarrollo de relaciones individuales
en el trabajo, en detrimento de las relaciones colectivas con la participación
de los sindicatos. Como se ve, se trata de tendencias que plantean nuevos
problemas y constituyen un desafío adicional para los sindicatos.
