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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

IV.- PERSPECTIVAS FUTURAS

En conclusión, quisiéramos formular algunas observaciones sobre la evolución futura del trabajo humano, de las relaciones laborales y del sindicalismo.

IV.1.- Trabajo Humano

¿Cuál será el futuro del trabajo en los próximos cinco a diez años? A menudo se habla de crisis del trabajo, de pérdida de la ética del trabajo, de trabajo "instrumental" y hasta de "alergia" al trabajo. Interrogarse sobre el futuro del trabajo se está a veces convirtiendo en un ejercicio intelectual, sin relación directa con la realidad. Quisiéramos por nuestra parte recordar que el trabajo seguirá siendo en el futuro uno de los principales medios de realización personal. A fuerza de hablar de la declinación de la ética del trabajo, se han cerrado los ojos ante la realidad de que el trabajo es y seguirá siendo un elemento esencial de la vida humana. ¿Es posible ir más allá? Agregaríamos solamente que cualquier reflexión sobre el futuro del trabajo tendrá que basarse en un enfoque voluntario y optimal: voluntario, puesto que las malas condiciones de trabajo no son inevitables; optimal, puesto que hay que rechazar una política minimalista; pese a la crisis o a causa mismo de esa crisis, es más imperativo que nunca preservar en la vía del diálogo social, el desarrollo de los conocimientos y de la sensibilización de los responsables a fin de asegurar mejores condiciones de vida y de trabajo.

Desempleo, recesión, restructuración industrial, seguirán siendo presentes en la economía de la mayor parte de los países. El optimismo europeo de hace treinta años, que había permitido llevar la cuestión del trabajo humano al nivel de desafío político, cederá lugar a una preocupación más inmediata por la creación de empleos, el costo del trabajo y su incidencia en la competitividad de las empresas. La crisis obliga a considerar los problemas del trabajo en relación a los problemas vinculados con el empleo y en términos de eficacia del aparato productivo. La búsqueda de consenso se hará cada vez más difícil, y más que nunca será importante fortalecer la participación, la concertación y la negociación.

La aceleración del progreso técnico es un segundo elemento del futuro del trabajo. Si es verdad que las nuevas técnicas pueden tener consecuencias negativas, su introducción puede también dar una buena ocasión para mejorar al mismo tiempo la productividad y las condiciones de trabajo. Existe generalmente una amplia gama de opciones disponibles cuando se concibe e implanta una nueva técnica y es en este momento que debe introducirse la dimensión social.

Tradicionalmente, el "trabajador asalariado" evocaba la imagen del obrero manual de la industria, hombre adulto, con estabilidad en su empleo. Pero la situación ha cambiado mucho. En los países industriales, el sector manufacturero no representa ya más de una quinta o a lo sumo una cuarta parte del volumen total del empleo. Además, las mujeres representan una proporción creciente de los asalariados. Y el desarrollo del trabajo a tiempo parcial, de los contratos de duración determinada y, de manera más general, el fortalecimiento de un mercado de trabajo paralelo de trabajadores marginales, precarios o clandestinos constituirá quizás una de las principales características de los años venideros.

¿Es este retroceso progresivo del empleo tradicional la única manera de resolver los problemas que crea el desempleo, la recesión económica y la aceleración del adelanto técnico? La respuesta que los sindicatos deben dar a esta pregunta no es fácil, porque lo que está en juego es algo fundamental. A nuestro juicio, habría que resistir a la tentación de alentar el desarrollo del mercado paralelo con el pretexto de que los sistemas nacionales de protección social son demasiado generosos y costosos, o de que el costo del trabajo es elevado, o la estabilidad del empleo hace que la economía sea demasiado rígida. Es sabido, en efecto, que en las diferentes formas de trabajo precario se combinan a menudo un trabajo penoso y mal pagado, muchas veces peligroso, y una vulnerabilidad especial del trabajador debida a su aislamiento - puesto que generalmente no esta sindicalizado - y a la falta de todo control de las autoridades. Por supuesto, el cambio de organización económica y social es deseable, pero no cualquier tipo de cambio, puesto que algunas formas de cambio son de hecho retrocesos y regresiones. Algunos observadores piensan, por ejemplo, que la distinción entre las formas tradicionales de empleo y el trabajo precario o atípico desaparecerá con el tiempo y que esta evolución facilitará la solución del problema del empleo. Como quiera que sea, en ningún caso se debe alentar la constitución de una categoría "de segunda zona", sino más bien estimular el desarrollo de nuevas formas y nuevos sectores de empleo. Como se ve, no es posible aislar el debate sobre el futuro del trabajo del relativo al modelo de crecimiento económico y las actitudes de las fuerzas sociales organizadas - los sindicatos y los empresarios y sus organizaciones - ante las mutaciones técnicas, económicas y sociales.

IV.2.- Relaciones laborales

Tratándose de las relaciones laborales, recordaremos solamente un aspecto - que nos parece fundamental - de la evolución futura, es decir el doble movimiento de transnacionalización de estas relaciones, que es la consecuencia directa de la mundialización de la economía: la expansión de las empresas multinacionales, por una parte, y, la multiplicación de los tratados de integración y de cooperación económica regional, por la otra (Unión Europea, MERCOSUR, etc.).

Para el futuro, dos aspectos de la evolución deberían ser mencionados. El primero se refiere a la erosión de los poderes del Estado - ya mencionada más arriba - frente a la mundialización y al desplazamiento progresivo de las relaciones laborales a nivel transnacional. El concepto de Estado, que fue hasta ahora en el centro de los intercambios gubernamentales y obrero - patronales a nivel internacional, está cediendo el terreno a estos dos nuevos polos de integración transnacional. ¿Hasta dónde irá esta evolución? ¿Cuál de los dos modelos prevalecerá: el concepto tradicional de Estado o los nuevos centros transnacionales de toma de decisiones? No pretendemos tener una respuesta definitiva, pero pensamos que a pesar de todo, el papel del Estado - Nación seguirá en el futuro siendo un factor importante en los intercambios internacionales.

El segundo problema se refiere a la evolución futura de la acción sindical transnacional e internacional. Sobre el particular, diríamos solamente que, a pesar de las dificultades actuales, las perspectivas futuras son potencialmente buenas en razón del trabajo paciente y eficaz realizado por los sindicatos internacionales durante los últimos años (instituto sindical europeo, 1990; Spyropoulos, 1991). Los progresos significativos realizados durante la construcción europea - incluso la dimensión social de ella, a pesar de las debilidades bien conocidas de los acuerdos realizados en Maastricht en diciembre de 1991 - son un ejemplo de esta aceleración del proceso de transnacionalización. El espectacular derrumbe de los regímenes marxistas - leninistas en la ex Unión Soviética y los países de Europa oriental es otro ejemplo del potencial de recomposición y de reorientación, a medio plazo, del movimiento sindical internacional.

En estas condiciones, imaginando la situación al iniciarse el siglo XXI, no se debe excluir la eventualidad de que algunas de las reivindicaciones sindicales habrán sido satisfechas, como, por ejemplo, la creación progresiva de un sistema jurídico transnacional de relaciones laborales que impondría a las empresas multinacionales el respecto de ciertas normas mínimas, y que permitiría, por otra parte, a los sindicatos tomar una parte activa en el trabajo de consolidación del perfil social de la Unión Europea.

IV.3.- Sindicalismo

Pasando por último al futuro del sindicalismo, nos referiremos a cuatro aspectos de la necesaria adaptación del movimiento sindical: los objetivos de los sindicatos, la representatividad sindical, las estructuras sindicales y la acción sindical.

En lo que se refiere a los objetivos de los sindicatos, hay que insistir en la necesidad de mantener intacto el objetivo primordial, verdadera razón de ser del sindicalismo: la defensa de los intereses de los trabajadores, un objetivo que no puede ser subordinado a ningún otro.

Resumiendo las principales dimensiones de los objetivos sindicales, diríamos: primero, que los sindicatos deben salvaguardar el valor del trabajo humano, su dignidad y significación social; aun en una sociedad post-industrial, el trabajo permanecerá como elemento esencial de la ciudadanía, un aspecto determinante de la vida humana; segundo, que los sindicatos deben seguir siendo los guardianes de la igualdad de oportunidad y de trato; si la diversidad necesaria a toda sociedad democrática debe ser respetada, pertenece a los sindicatos oponerse a toda discriminación o exclusión; tercero, que a pesar de las dificultades actuales, en particular de la fragmentación de la comunidad obrera, del aumento del número de marginales o desempleados, los sindicatos deben seguir inspirándose del principio de solidaridad que ha guiado sus primeros pasos; en la negativa, los sindicatos corren el riesgo de ser transformados en meros grupos de presión; cuarto, que los sindicatos deben ser un elemento de estabilidad social, en su calidad de canalizadores de la protesta obrera; en efecto, es por intermedio de los sindicatos que los trabajadores pueden participar en los mecanismos de diálogo social, cuyo establecimiento constituye la condición sine qua non del desarrollo económico y social, de conformidad con las normas internacionales del trabajo de la OIT, por último, que los sindicatos deben, cualquiera que sea el precio, salvaguardar su autonomía y su independencia frente a los otros centros del poder.

El fortalecimiento de la representatividad de los sindicatos es otro aspecto de la necesaria adaptación del sindicalismo a la evolución del mundo. Es una banalidad recordar que solo un sindicalismo que representa la gran mayoría de los trabajadores podrá pretender hablar en el nombre de la comunidad de los asalariados. Nuevos métodos para atraer al sindicato a la mayoría de los organizados deberán ser concebidos, que se trate de las mujeres, de los jóvenes, de los cuadros, de los técnicos y trabajadores intelectuales. Tal esfuerzo necesitará, por supuesto, una diversificación de los métodos de reclutamiento y de los servicios que los sindicatos procuren a sus miembros. Si los sindicatos no mantienen su aspiración tradicional de representar el conjunto de la clase trabajadora, incluso a la masa creciente de los trabajadores precarios y de los que están desprovistos de empleo, corren el riesgo de ser transformados en una constelación de pequeños grupos minoritarios luchando separadamente para la defensa de los intereses particulares de sus miembros.

Un tercer aspecto de la adaptación sindical se refiere a la necesidad de revisar las estructuras sindicales actuales. La organización sindical por rama de actividad o por empresa no es la única manera de organizar a los trabajadores en el contexto actual. Sería quizás posible hacer coexistir estas estructuras con otras - formales o informales - que reunirían a las mujeres, a los jóvenes o a los técnicos y cuadros de una misma profesión pero trabajando en empresas o sectores de actividad distintos. Por otra parte, sería quizás posible crear estructuras específicas para los trabajadores de las pequeñas y medianas empresas, articuladas con las de las grandes empresas. Hay también que imaginar nuevos métodos de asociación entre asalariados, trabajadores del sector informal y desocupados. La tarea es difícil, pero la transformación del sindicalismo necesita imaginación y perseverancia e implica una reflexión sobre nuevas formas de solidaridad.

De lo que acabamos de observar sobre los tres primeros aspectos de la adaptación sindical se desprende que las actividades sindicales deberán también ser revisadas. Sería necesario diversificar las actividades sindicales, según las varias categorías de los afiliados y los sindicatos deberían desarrollar y diversificar sus servicios a los miembros. La acción sindical debería tener más en cuenta la transformación de las actitudes y comportamientos individuales, de la subida del individualismo, de esta nueva forma de separatismo social que manifiestan ciertas categorías de asalariados, en una palabra de la existencia de una constelación de intereses aparentemente incompatibles. Por último, las actividades sindicales deberían ser reorientadas para dar un nuevo énfasis sobre los aspectos cualitativos de la vida de trabajo, a la liberación del tiempo de trabajo, al contenido del trabajo y la organización del trabajo, al control social de las nuevas tecnologías, etc.

Pensamos que uno de los rasgos más característicos de este período de reajuste laboral y sindical es que las concepciones tradicionales del trabajo, de las relaciones laborales y del sindicalismo están puestas en tela de juicio por los sindicalistas mismos. Lo que acabamos de señalar sobre el futuro del trabajo y la necesaria adaptación sindical no es una mera invención de intelectual; refleja también el pensamiento de muchos sindicalistas y algunos de los análisis formulados y de las medidas propuestas están en la realidad compartidas y experimentadas por los sindicatos en varias partes del mundo. El secreto de la permanencia del sindicalismo es precisamente de haberse siempre adaptado con éxito a la evolución de las sociedades. Tenemos la impresión - y terminaremos nuestro análisis con estas palabras - que los sindicalistas que han tomado conciencia de la necesidad de cambios profundos en el mundo del trabajo y en la acción sindical son cada vez más numerosos y más imaginativos.

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Notas:

(1).- Texto revisado de una conferencia pronunciada por el autor durante la Primera conferencia Nacional del Trabajo organizada por el Conselho Nacional do Trabalho de Brasil (Brasilia, 21/24 de marzo de 1994).

(2).- Ex-director del Departamento de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo de la Oficina Internacional del Trabajo (Ginebra); Miembro del Consejo de Supervisión del Centro Europeo "Trabajo y Sociedad" (Maastricht); Presidente del Consejo de Administración del Instituto de Salud, Seguridad y Condiciones de Trabajo (Atenas).

(3).- El presente artículo está basado en el análisis contenido en nuestro libro Sindicalismo y sociedad. Problemas actuales del sindicalismo en el mundo, mencionado en el anexo bibliográfico (Spyropoulos, 1991).

(4).- Sobre estos cambios, véase Dercksen, 1990, IRES, 1992, OIT, 1992, 1993; Spyropoulos, 1987,1991.

(5).- Sobre América Latina, véase Oscar Ermida Uriarte, 1992.

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