III.- SITUACION ACTUAL DE LOS SINDICATOS
III.1.- Observaciones generales
¿Cuáles han sido las consecuencias de estas múltiples mutaciones sobre
la representatividad sindical? Todas las estadísticas disponibles respecto
a los países industrializados hacen resaltar que los sindicatos han
perdido en los últimos diez a quince años 10, 20 y hasta 50 por ciento
de sus afiliados (Instituto Sindical Europeo, 1993; Spyropoulos, 1991;
Visser, 1989). Sin embargo, el reflujo de los efectivos sindicales no
es un fenómeno universal; en los países escandinavos, por ejemplo, el
número de afiliados continuó aumentando durante este período. Por otra
parte, la tasa de sindicalización es un indicador parcial de la efectividad
de la acción sindical; la influencia efectiva de los sindicatos en la
toma de decisiones, las estructuras y los modelos de organización sindical,
son también factores que uno debe tener en cuenta para evaluar la efectividad
de la acción sindical.
Los modelos de organización sindical son otro factor que influye sobre
la evolución de los sindicatos frente a los cambios económicos y sociales.
Por ejemplo, el carácter unitario o pluralista de las estructuras sindicales
puede influir sobre la capacidad del sindicalismo de hacer frente a
las dificultades creadas por el cambio del entorno económico y social.
En los países donde prevalece la unidad sindical, la probabilidad de
que los sindicatos estén en medida de superar las dificultades son mucho
más grandes que en los países donde prevalece la división sindical.
Conviene también preguntarse cual ha sido el impacto de las mutaciones
económicas y sociales sobre los varios tipos de organización sindical
(OIT, 1992, 1993). Nos parece que este impacto fue negativo para los
sindicatos profesionales o de oficio que fueron en las primeras etapas
del sindicalismo el modelo tradicional de organización sindical. Ante
el creciente recurso a las nuevas tecnologías, resultó evidente que
a menudo muchos trabajadores poco calificados no quedaban amparados
por los sindicatos profesionales. Además, como algunos antiguos oficios
se están suprimiendo, varios de dichos sindicatos se han visto obligados
a fusionarse o a desaparecer. La tendencia que impera en la actualidad
es el fortalecimiento de los sindicatos de industria, forma de organización
sindical predominante en Europa. Este tipo de organización permite eliminar
los inconvenientes que entraña la proliferación de pequeños sindicatos
profesionales y refleja mejor la situación económica más compleja dentro
de la cual deben actuar los sindicatos. Los sindicatos de empresa -
la forma más frecuente de organización en los países en desarrollo,
pero también en los Estados Unidos y el Japón -, han podido, por su
parte, hacer frente a la descentralización de la negociación colectiva
más eficazmente que los sindicatos de industria. Pero en los países
europeos donde existe una fuerte presencia sindical a nivel de empresa,
los sindicatos han resistido mejor a las iniciativas patronales.
Como consecuencia de la reestructuración industrial y del rápido crecimiento
del sector de los servicios, la composición del movimiento sindical
conoce también una serie de modificaciones irreversibles. El ingreso
en la escena sindical de nuevos grupos de empleados está modificando
la imagen tradicional del sindicato. Por ejemplo, en los países industriales,
los trabajadores no manuales representan, hoy en día, más del 50 por
ciento de los efectivos sindicales.
A pesar de las privatizaciones y de la reducción del número de funcionarios,
el aumento de las tasas de sindicalización en el sector público de la
economía constituye, quizás, el acontecimiento más significativo de
la reciente historia sindical. En muchos países, los sindicatos de este
sector figuran entre las organizaciones que experimentan la expansión
más rápida.
No hay duda de que el hundimiento de grandes industrias, fuertemente
sindicalizadas, significó, para los sindicatos, pérdidas de efectivos
considerables en el sector industrial (Visser, 1989). Y el pasaje de
la grande a la mediana y pequeña empresa ha venido a complicar aun más
la acción sindical. Pero la diversidad de situaciones es tal que toda
generalización es imposible. En Europa occidental, por ejemplo, la densidad
sindical en la industria va de más de 80% en Suecia y Dinamarca hasta
menos de 15% en Francia, España y Grecia.
En el sector de los servicios se observa una sindicalización creciente
de los empleados. En algunos casos, ciertas categorías de personal calificado
- técnicos y cuadros - han también pasado a engrosar las filas de los
sindicatos o a crear sus propios sindicatos. La aparición en la escena
sindical de nuevas categorías de afiliados o de nuevos sindicatos es,
por si misma, algo positivo porque demuestra la capacidad de adaptación
del sindicalismo frente a los cambios del entorno económico y social.
Sin embargo, este fenómeno contiene potencialmente el riesgo de aparición
de tendencias centrífugas que podrían - si no se les presta suficientemente
atención - provocar la fragmentación del movimiento sindical en una
multitud de pequeñas organizaciones categoriales, cada una celosa de
su independencia frente a las otras.
Las mutaciones económicas y sociales mencionadas más arriba influyeron
también sobre el funcionamiento interno de los sindicatos. Por ejemplo,
varios autores han llamado la atención durante los últimos años sobre
el peligro de una cierta desafección de la base sindical con respecto
a los líderes y a los aparatos sindicales, acusados a veces de haber
perdido su credibilidad. Que haya a menudo una baja de combatividad
de la base sindical es indudable y explica la escasez de las huelgas;
pero las razones de este fenómeno no son claras y no se sabe si la baja
de combatividad es un fenómeno duradero o solamente coyuntural, debido
a la crisis económica. De todos modos, estos son signos que los aparatos
sindicales deberían tomar muy en serio. La experiencia demuestra que
el sindicalismo resiste mejor a la crisis cuando está en condiciones
de combinar una capacidad de presión política a nivel nacional con el
militantismo a nivel de la empresa, como ocurre, por ejemplo, en Alemania
y en Suecia.
La crisis que atraviesa el Estado del bienestar y las dificultades
que conocen los sindicatos para mantener sus afiliados o para atraer
nuevos miembros han suscitado un nuevo interés por los servicios sociales
que los sindicatos pueden brindar a sus miembros. Como ya lo hicimos
observar, para un número creciente de empleados y técnicos, la acción
colectiva que preconizan los sindicatos aparece menos atractiva que
las posibilidades de éxito profesional individual. Si el sindicato no
les ofrece bastante, estas categorías de trabajadores no tendrán suficiente
motivación para mantener su afiliación.
La evolución de las orientaciones ideológicas de los sindicatos es
un último ejemplo del impacto que tuvieron los cambios ocurridos sobre
los sindicatos (Touraine, Wieviorka, Dubet, 1984). En Europa y América
Latina, donde el movimiento sindical tenía en su mayoría una larga tradición
de orientación ideológica, las fidelidades políticas tradicionales de
los sindicatos están últimamente perdiendo su dominio y las rivalidades
ideológicas van atenuándose. El sindicalismo de los EEUU ha sido siempre
poco politizado y la crisis económica actual no parece haber modificado
esta manera de ver. En el Japón, la concentración, en 1987, de las estructuras
sindicales en una central sindical poderosa - la Rengo - coincidió con
una nueva ofensiva de los sindicatos japoneses en la arena política
y legislativa.
Resumiendo nuestro análisis de la situación actual del sindicalismo,
recordaremos, primero, que la crisis sindical es un fenómeno directamente
ligado a las mutaciones económicas y sociales mencionadas en la primera
sección del presente estudio; segundo, que dichas mutaciones tienen
implicaciones para todas las instituciones del trabajo y no solamente
para el movimiento sindical, como lo demuestran los ejemplos citados
en la segunda sección; y tercero, que hay - como veremos - excepciones
a los indicadores de la crisis del sindicalismo propuestos al iniciar
el presente estudio.
En las páginas que siguen resumiremos algunos de los principales rasgos
de la situación actual del sindicalismo en varias partes del mundo.
III. 2.- El sindicalismo en los países industrializados con economía
de mercado
Empezaremos con la situación en las sociedades pluralistas del Occidente
industrializado, donde hay una gran diversidad de situaciones y las
comparaciones son posibles solo entre países que tienen algunas características
comunes. Tal es el caso, por ejemplo, de los países de Europa del Norte
(Reino Unido, Alemania, Países Escandinavos, Austria, Bélgica, Holanda
y Suiza), a pesar de sus especificidades (Däubler, Lecher, 1991; Dercksen,
1990; Hyman, 1991; Instituto internacional de estudios laborales, 1988;
Instituto sindical europeo, 1982-1992).
Estos países conocen un alto grado de desarrollo económico, muy superior
al grado de desarrollo de los países del sur del continente. El sistema
político, basado en los principios de democracia parlamentaria, está
estable y el Estado forma parte integrante del sistema tripartito de
relaciones laborales que parecen funcionar sin dificultades mayores.
El ámbito concedido a la autonomía de los interlocutores sociales es
generalmente considerable. Los sindicatos son fuertes y bien integrados
en la vida económica y social, sus relaciones con los partidos políticos
son más o menos estrechos y los problemas de división sindical han sido
superados. A pesar de las dificultades creadas por la recesión económica
y de las políticas de rigor adoptadas durante ciertos períodos, las
estructuras de concertación han funcionado en la mayoría de los casos
de manera satisfactoria. Por último las relaciones sociales en las empresas
funcionan dentro de mecanismos de consulta y de participación reconocidos
y no hay tentativas de exclusión de los sindicatos.
En la mayoría de estos países - pero hay excepciones - se registró
una baja de la densidad sindical entre 1980 y 1990, con lo que se perdieron
muchos de los logros conseguidos en decenios anteriores (Instituto internacional
de estudios laborales, 1988; Visser, 1989). Hoy en día, las tasas de
sindicalización en estos países oscilan entre un máximo de 81 por ciento
en Suecia y un mínimo del 24 por ciento en Holanda.
Si en Italia la densidad sindical sigue siendo bastante alta, a pesar
de las pérdidas de efectivos durante los últimos años, los sindicatos
de los otros países de Europa del Sur (España, Francia, Grecia, Portugal)
conocen tasas de sindicalización bastante bajas, que se sitúan entre
un 10 por ciento en Francia, 11 por ciento en España y 20 a 25 por ciento
en el caso de Grecia y de Portugal (Bibes, Mouriax, 1990; IRES, 1992;
Noblecourt, 1990; Rosanvallon, 1988; Spyropoulos, 1987, 1991). Sin embargo,
las pérdidas de efectivos y la débil tasa de sindicalización no impiden
a los sindicatos en estos países ejercer una influencia real en la toma
de decisiones, ya sea por las estrechas relaciones que mantienen con
los partidos políticos en el poder, ya sea porque sus efectivos se encuentran
en algunos sectores claves de la economía nacional.
Todos los países de Europa del Sur conocen el pluralismo sindical debido
a las divisiones de orden ideológico, político o religioso. Los sindicatos
estrechamente relacionados con los partidos comunistas, fuertemente
implantados y a menudo en condición de bloquear el diálogo, están perdiendo
terreno en los últimos años, especialmente después del colapso de los
regímenes comunistas, y aceptan ahora a menudo colaborar con los otros
sindicatos. En los países donde los partidos socialistas o socio - demócratas
están en el poder (por ejemplo, en España y Grecia), las organizaciones
sindicales, a menudo próximas a esos partidos cuando éstos estaban en
la oposición, experimentan la ambigüedad de sus relaciones con el equipo
gobernante.
La concentración del poder sindical a nivel de las centrales sindicales
nacionales es otra tendencia común de los países de Europa del Sur.
Pero en ciertos de estos países, se observan recientemente signos de
crisis interna que toma la forma de aparición de organizaciones rivales,
como fueron, por ejemplo, hace pocos años, los "Comités de base",
los llamados Cobas.
Ahí se detienen, sin embargo, las similitudes. Hay, en efecto, una
gran distancia que separa a los sindicatos franceses e italianos, institucionalizados
e integrados en la vida económica y social, por una parte, y, en el
otro extremo, los sindicatos griegos y portugueses, agrupaciones con
estructuras y finanzas débiles, y luchando todavía por alcanzar el status
de interlocutor del gobierno y de los empleadores (Spyropoulos, 1991).
La manifestación más convincente de la crisis sindical en los Estados
Unidos es la impresionante baja de los efectivos sindicales durante
los últimos tres decenios: del 30 a 35 por ciento de densidad sindical
hace treinta años, los sindicatos representan hoy solo un 15 por ciento
de la fuerza laboral, y mucho menos en los estados del sur de los Estados
Unidos y en el sector de los servicios (European Trade Union Institute,
1992; Instituto internacional de estudios laborales, 1988; Spyropoulos,
1991; Sussex, 1989). Esta pérdida de efectivos ya acompañada de otros
signos de debilitamiento sindical, tales como una disminución de su
influencia política, la pérdida de credibilidad en la opinión pública
y las dificultades para mantener su presencia en las empresas. Los mismos
factores que han debilitado a los sindicatos de otros países industrializados
han prevalecido en los Estados Unidos: en particular la importancia
que ha cobrado el sector terciario - poco sindicalizado en los Estados
Unidos - en relación con la industria y una legislación sindical más
estricta.
La misma pérdida de efectivos caracteriza la evolución de la situación
sindical en el Japón: entre 1950 y 1990, la densidad sindical disminuyó
del 50 por ciento, aproximadamente, al 25 por ciento (Instituto internacional
de estudios laborales, 1988). Como en los otros países industrializados,
los sindicatos japoneses están actualmente enfrentados con serios problemas
de adaptación al cambio. A los problemas económicos estructurales comunes
a todos los países, se agregaron en los últimos años, problemas específicos
a la fuerza de trabajo de Japón, tales como, la disparidad entre el
valor del yen en el mercado internacional del cambio y su poder de compra
en el Japón, los graves problemas de alojamiento debidos a la subida
de los precios de los terrenos y un sistema de imposición juzgado injusto
por los sindicatos.
III.3.- La situación sindical en la Federación de Rusia y en los
países de Europa oriental
Los cambios que se están produciendo en el movimiento sindical y los
sistemas de relaciones laborales de los países de Europa oriental y
de la ex-URSS son espectaculares (Hethy, 1991; Instituto internacional
de estudios laborales, 1991; OIT, 1985, 1992, 1993; Spyropoulos, 1991).
Nadie podía prever que la escena en esta parte del mundo iba a conocer,
en un lapso tan corto, una sacudida tan fuerte y una transformación
tan radical.
Hoy en día, los sindicatos en estos países se dividen en dos categorías.
Por una parte, hay unos sindicatos "reformados", nuevas versiones
de los antiguos sindicatos. Cuando regía el régimen comunista, estos
sindicatos tenían grandes responsabilidades, cumplían funciones casi
- estatales y poseían enormes activos. Es por eso que uno de los mayores
interrogantes ha sido quien iba a ejercer el control de este patrimonio,
cuestión que se ha solucionado de distintas maneras según los países.
Al lado de los sindicatos reformados, existen en la mayoría de estos
países nuevas organizaciones sindicales independientes, algunas de las
cuales empezaron sus actividades bajo el régimen anterior, como, por
ejemplo "Solidaridad" en Polonia. En todos estos países se
acepta hoy de manera formal el pluralismo sindical, consecuencia lógica
del abandono del principio del papel dirigente del partido comunista
y del reconocimiento del multipartidismo político.
Los rasgos comunes de la transformación a la cual asistimos en esta
parte del mundo podrían ser resumidos de la manera siguiente: ampliación
progresiva de la autonomía sindical; fortalecimiento de la democracia
sindical; reconocimiento del pluralismo sindical; reconocimiento del
derecho de huelga y adopción de leyes que reglamentan este derecho;
y mayor espacio de libertad para la negociación colectiva y la concertación
tripartita. Pero una de las mayores dificultades actuales en esta parte
del mundo es el gran desconocimiento del funcionamiento de las relaciones
laborales en una economía de mercado y la necesidad de adaptar los modelos
occidentales a las tradiciones culturales nacionales.
III.4.- Los sindicatos en los países en desarrollo
Una de las características comunes de los países en desarrollo, es
la gran influencia de los gobiernos en la vida sindical (OIT, 1985,
1992, 1993). En la mayoría de los países de Africa, de Asia y del Medio
Oriente, el alto grado de intervencionismo gubernamental ha impedido
que los sindicatos se fortalezcan y desempeñen un papel independiente
en las relaciones laborales. Otra característica común de estos países
es la relativa juventud de los sindicatos. Con pocas excepciones - como
India - el movimiento sindical no existía antes de la segunda guerra
mundial fuera de Europa y de América del Norte y del Sur. En efecto,
el sindicalismo africano y asiático es muy joven y tiene solamente entre
30 y 40 años de edad. Su corta vida ha sido marcada por acontecimientos
y actividades que difieren mucho de la situación en la cual los sindicatos
de los países industrializados han vivido en los años de su aparición
y consolidación.
Institución nueva, el sindicalismo fue a menudo "copiado"
de los países colonizadores y, a veces, impuesto por ellos. Mientras
que en ciertos países el sindicalismo experimentaba una extrema división
y dispersión - como en varios países de Asia -, en otros países - por
ejemplo, en Africa -, el sindicalismo tuvo que adaptarse a la situación
creada por el advenimiento de regímenes políticos autoritarios, y aceptar
ser transformado en un instrumento de la llamada "construcción
nacional", es decir ser un sindicalismo único en un sistema político
autoritario. Además, no deberíamos olvidar que en estos países los sindicatos
operan en sociedades esencialmente agrícolas, con economías atrasadas.
En Africa, por ejemplo, menos de 10 por ciento de la población activa
trabaja en el sector estructurado, y de éste tan solo una pequeña proporción
de trabajadores está organizada.
En lo que se refiere al futuro, los problemas principales de los sindicatos
en esta parte del mundo serán la afirmación de su autonomía frente al
Estado y a los empresarios, y un papel más activo en el ajuste económico
y en el advenimiento de regímenes políticos más democráticos.
Por su parte, el movimiento sindical de América Latina - que siempre
ha estado politizado - se ha visto muy afectado por la evolución de
la situación internacional tanto en la esfera económica como en la política,
concretamente por la transición de las economías hacia un sistema más
puro de mercado, y por el derrumbe del modelo comunista en Europa oriental
(Comisión de Movimientos Laborales - CLACSO, 1986). Pero, la orientación
más pronunciada hacia la liberización económica y la apertura de la
competencia internacional amenazan los derechos fundamentales de los
trabajadores. Como se sabe, los gobiernos de muchos países latinoamericanos
han seguido aplicando programas de desregulación y privatización en
gran escala a pesar de la oposición de los sindicatos.
Elevados índices de desempleo, expansión del sector no estructurado
de la economía, privatizaciones, contracción del sector público: es
obvio que el proceso de ajuste que se está realizando en América Latina
ha puesto las cosas muy difíciles a los sindicatos y ha provocado un
aumento de los conflictos laborales, sobre todo en el sector público
donde el malestar social ha sido - y sigue siendo - importante.
III.5.- El sindicalismo internacional
En lo que se refiere a los problemas actuales del sindicalismo internacional
quisiéramos recordar, en primer lugar, que el siglo XX es el siglo de
la internacionalización de las estructuras económicas, políticas, sociales
y sindicales (Cox, 1987; Spyropoulos, 1987, 1991; Windmuller, 1980).
Pero hay que distinguir dos fases, claramente distintas, de este proceso.
Durante la primera mitad de nuestro siglo, es el concepto de Estado
y de la colaboración interestatal que estuvo en el encuentro de los
intercambios internacionales y de la acción sindical correspondiente.
Es a partir de los años 1950 que el proceso de internacionalización
entra en una nueva fase caracterizada esta vez no tanto por el concepto
de Estado, como antes, sino por mecanismos transnacionales de nuevo
tipo, tales como las empresas multinacionales y los tratados de integración
y de cooperación económica regional, al contrario de la fase anterior,
caracterizada por una cierta estabilización de los mecanismos de intercambios
internacionales, la nueva fase coincide con una aceleración impresionante
de los cambios estructurales ocasionados por la mundialización de la
economía.
El movimiento sindical internacional tiene una larga historia llena
de acontecimientos positivos y de éxitos, pero su interés por la mundialización
de la economía es bastante reciente. A medida que progresa esta mundialización,
los sindicatos se ven cada vez más obligados a fortalecer sus vínculos
a escala transnacional, bien se trate de las empresas multinacionales
o de los órganos intergubernamentales de colaboración y de integración
económica regional, como la CEE, en Europa, y el MERCOSUR, en América
del Sur (OIT, 1992, 1993).
Dada la novedad de los nuevos mecanismos de mundialización de la economía,
no es extraño que los sindicatos no hayan podido todavía adaptarse plenamente
a la nueva situación. La defensa de los derechos de los trabajadores
exigirá, sin duda, que el movimiento sindical reflexione y fortalezca
su organización a nivel internacional (para más detalles sobre este
punto, véase Spyropoulos, 1991).
III.6.- Balance de la situación actual del sindicalismo
Los cuatro indicadores de la crisis sindical mencionados en la introducción
del presente estudio - baja de las tasas de sindicalización, pérdida
de influencia, crisis de credibilidad, desmovilización de los trabajadores
- pueden parecer un poco exagerados por su generalidad. Es obvio que
hay muchas excepciones a esta enumeración. Como hemos visto, estos indicadores
son plenamente aplicables a los movimientos sindicales de países tales
como los Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, pero son menos apropiados
para resumir los problemas actuales de los sindicatos en otros países
(por ejemplo, los países escandinavos y Alemania). En el caso de los
países ex/socialistas, el acontecimiento más importante de los últimos
años es la reestructuración radial de los movimientos sindicales y la
aparición o reaparición del pluralismo sindical. En lo que concierne
a la situación en los países en desarrollo, los cuatro indicadores se
aplican sin duda, pero reflejan una situación que no es nueva y son,
por consiguiente, insuficientes para dar una idea clara de la novedad
de los problemas y para permitir una reflexión útil sobre las medidas
que hay de tomar para salir de la crisis.
Segundo ejemplo de diferenciación: la crisis de los sindicatos parece
más aguda en los países donde hay una conjunción de tres factores de
cambio: una aceleración de las innovaciones tecnológicas y del proceso
de reestructuración industrial; la presencia en el poder de dirigentes
políticos neo-liberales favorables a la desregulación del mercado de
trabajo y a la flexibilización del marco jurídico de la protección social;
por fin, una ausencia de consenso sobre el fenómeno sindical. Durante
los años 80, los Estados Unidos era el país más representativo de tal
conjunción de factores susceptibles de desestabilizar el movimiento
sindical.
Tercer ejemplo de diferenciación: las diferencias que existen entre
países de unidad sindical y países de pluralismo sindical. Como lo muestran
los ejemplos de los países del Norte Europeo, es en los países donde
había sindicatos unificados y centralizados por decisión y voluntad
de los trabajadores que el movimiento sindical ha resistido mejor a
los cambios de los últimos años.
Tal no es el caso de sindicatos unificados de manera autoritaria. En
los países socialistas, por ejemplo, la fuerza numérica de los sindicatos
no puede constituir un indicador suficiente de representatividad, como
en el caso de las sociedades pluralistas, donde la adhesión al sindicato
es totalmente libre. A pesar de las altas tasas de sindicalización encontradas
en la ex URSS y los otros países de Europa oriental, los sindicatos
atravesaban ya hace muchos años una crisis profunda de identidad y de
credibilidad por haber subestimado la importancia de la función de protección
de los trabajadores y por haberse transformado en órganos burocráticos.
Son estas deficiencias que explican la rapidez y la facilidad con las
cuales las antiguas estructuras sindicales fueron echadas abajo y reemplazadas
por nuevas.
