En búsqueda de una nueva estrategia
sindical
Como se ha venido señalando nos encontramos en un proceso
de cambio que está conduciendo a un nuevo periodo histórico. Se trata
de un periodo que se abre y que empuja a todos los actores sociales
y políticos a redefinir sus utopías, sus proyectos, sus objetivos, sus
estrategias y sus acciones específicas. En este sentido, ciertamente,
los sindicatos no son una excepción. Los proyectos sindicales responden
a contextos históricos determinados. Los cambios que se están produciendo
en el mundo y que han afectado de manera particular a América Latina
y por tanto a los países andinos, son muy profundos. El escenario de
los noventa es sustancialmente distinto al de los ochenta, por consiguiente
parece necesario que el movimiento sindical rediseñe su proyecto histórico.
Incluso, es posible afirmar que el proyecto sindical será inevitablemente
modificado. Aunque los trabajadores realizaran las mismas acciones que
en el pasado, su significado será distinto porque el contexto en que
se realiza es diferente.
De los cinco estudios nacionales se desprende un cambio
notable en las relaciones laborales. Las transformaciones en el escenario
internacional y el predominio de políticas de corte neoliberal han acelerado
la puesta en práctica de programas económicos de ajuste y flexibilización.
De igual manera, los efectos de la globalización que han producido,
tanto la reducción del papel del estado en la economía, como la desregulación
jurídica de las relaciones de trabajo, han modificado los microcosmos
donde se desarrollaban los contactos y acuerdos entre trabajadores y
empleadores.
Las organizaciones sindicales ven en un proceso de
aceleración continua, un escenario cambiante donde la filosofía del
enfrentamiento no tiene justificación. Las relaciones laborales no pueden
entenderse desde el conflicto, si se intenta progresar en condiciones
adversas. Un sistema de relaciones laborales enmarcado en la bilateralidad
y en el consenso dentro del centro de trabajo, constituye un factor
de estabilidad en las relaciones sociales y favorece una situación en
la que es posible ampliar la libertad civil, respetar el imperio de
la ley y garantizar el mayor grado de inversión, crecimiento y desarrollo.
La cooperación es por tanto la única forma de abordar
con sagacidad la práctica de la negociación y dicha cooperación necesita
de numerosos pilares sólidos que permitan no sólo obtener mayores ventajas,
sino también mantener un clima social de desarrollo productivo adecuado.
En general, mantener las reivindicaciones tradicionales
y defender temas centrales como el poder adquisitivo de los salarios,
requieren hoy de una alta profesionalización, de un estudio detallado
y de planteamientos suficientes y justificados.
Esta es parte de la problemática que los sindicatos
deben resolver en el futuro, de tal modo que su participación no sea
marginal, sino por el contrario, inmersa en el cambio y en la modernización,
para lo cual se tendría que replantear conceptos tradicionales que están
siendo superados en los hechos.
En efecto, el empresariado nacional ya no es un actor
homogéneo que comparte los mismos valores. La existencia de empresas
pequeñas disgregadas de las grandes cúpulas y la existencia de grupos
de facto con diferentes políticas y estrategias, modifican las
actitudes de los empleadores en la negociación colectiva. Junto al núcleo
tradicional que mantienen la visión conflictiva de las relaciones laborales,
aparece una nueva generación de ejecutivos con una visión más cooperativa
y basada en la reestructuración, que busca establecer puentes de comunicación
basados en la información y en la relación fluida con los representantes
sindicales.
Los sindicatos necesitan por tanto reestructurar sus
posturas y afrontar los retos de forma coherente. No se trata sólo de
conseguir ventajas materiales, sino de conseguir actitudes diferentes
que permitan el funcionamiento de la empresa desde una visión de avance.
El sindicato debe observarse y apreciarse como un actor activo, como
un elemento central de la negociación y asistir al desarrollo de unas
relaciones laborales coherentes a través de la negociación colectiva.
En efecto, la negociación colectiva es el vehículo
fundamental para permitir el desarrollo de toda una nueva filosofía
sindical, por cuanto permite que los dirigentes sindicales y las bases
(la negociación coherente pasa también por una mejora de las relaciones
con aquellos que son representados) desenvuelvan todas sus actitudes
en el marco del trabajo.
Para negociar, las organizaciones sindicales deberán:
Profesionalizarse: en el sentido de conocer
y abarcar mejor todos los ámbitos de la negociación. Deberán por tanto
adquirir los conocimientos técnicos para abordar los temas a negociar.
Informarse: obtener todos los datos necesarios
para avanzar desde un panorama de análisis correcto. Esta función para
por una correlativa tendencia de los empleadores que deberán mostrarse
receptivos a proporcionar dicha información y por una modificación de
toda aquella ley que impide un correcto desarrollo de ese proceso.
Actuar positivamente: evitar cualquier postura
no constructiva. Si bien las circunstancias son adversas y con frecuencia
los actores muestran reticencias a los procesos concertadores, la vía
del diálogo puede modificar sus actitudes y hacerlos más cercanos a
las reivindicaciones de los trabajadores.
Ser constructivas: el desaliento al inicio del
procedimiento, la falta de arrojo o de impulso para defender posturas
o para negociar lleva con frecuencia a un impase que impide el progreso
en el reconocimiento y en la negociación de los derechos. Como se señaló,
algunas dirigencias sindicales tienen miedo a modificar los convenios
existentes, para así evitar que nuevas posturas más reaccionarias o
limitadoras de derechos les sean impuestas. Si bien la precaución es
necesaria, el fortalecimiento de la organización a través de los requisitos
anteriores permitirá no sólo una progresiva apertura del proceso de
negociación, sino también el recíproco reconocimiento del empleador
de la capacidad y la fuerza del sindicato.
Para lo anteriormente señalado es necesario un requisito
previo: definir una cultura sindical que facilite encontrar nuevos cauces
de participación, cooperación y solidaridad de los trabajadores, ante
las nuevas normas de productividad que comienzan acuñarse en los centros
laborales.
En este proceso muchos sindicatos dejarán de existir,
especialmente aquellos que son débiles y poco representativos. Los que
logren superar este proceso serán aquellos que definan estrategias que
les permitan determinar fórmulas que sean adecuadas para que los cambios,
la modernización y los ajustes otorguen beneficios al trabajador. Esto
involucrará crear y desarrollar un programa de prestación de servicios
para sus afiliados, de tal forma que les permita mantener el interés
de sostener la organización en forma paralela al cumplimiento de las
tareas reivindicativas tradicionales.
Finalmente, junto con la incidencia actual de los sistemas
operados en la actividad productiva, la actuación de los sindicatos
está también fuertemente condicionada por los acuerdos de libre comercio,
que obliga a los sindicatos de cada país involucrado a ajustar sus propuestas
y reivindicaciones a la marcha de esos acuerdos, obligando a reforzar
sus intereses a escala supranacional. Es en este nivel donde el papel
de las centrales sindicales y/o federaciones es determinante. Sin embargo,
el hecho de actuar en forma aislada los condena al fracaso en el actual
escenario mundial. Hoy en día el momento exige el más alto esfuerzo
de concertación entre las diferentes ópticas sindicales en el ámbito
de cada país andino y en el ámbito de la subregión.
Si bien es cierto que en algunos de los países andinos
la unificación del movimiento sindical no es concebible sino a largo
plazo y que en otros ni siquiera se plantea ese objetivo, nada se opondría
a que las diferentes corrientes del movimiento sindical convengan en
una política común para defenderla en el ámbito del diálogo social.
En este último sentido cabe destacar los esfuerzos de las centrales
sindicales ecuatorianas (CEOSL, CTE, CEDOC y CEDOCUT), las cuales desde
hace algunos años vienen actuando de manera coordinada a través de una
instancia unitaria llamado "Frente Unitario de Trabajadores"
(FUT) y que juntas están actuando en el proceso de concertación de ese
país. Cabe mencionar también los esfuerzos de las tres centrales sindicales
colombianas (CUT, CGTD y CTC) que últimamente se coordinan a través
del Comando Nacional Unitario que les está permitiendo actuar y sostener
posiciones conjuntas ante el gobierno y los empresarios.
Si los sindicatos insisten en mantenerse divididos,
por motivos que por otra parte, pueden ser totalmente legítimos, no
deben olvidar sin embargo, que hoy son muchos los sectores sociales
con derecho a exigirles que elaboren una posición común y que la pongan
sobre la mesa de las negociaciones en el marco del diálogo social, donde
quizá lleguen a discutirse cuestiones que interesarán a la sociedad
en su conjunto. Es precisamente en este espacio invalorable que comienza
a gestarse en los paises andinos (con excepción de Perú), donde los
sindicatos, si aprovechan su oportunidad, podrán incrementar su fuerza
negociadora, su representatividad y por ende, la cobertura de la negociación
colectiva.
Se torna así, imprescindible hacer un esfuerzo conjunto
en la superación de las limitaciones más graves que aquejan el estatuto
del sindicalismo y potenciar las riquezas y las capacidades existentes,
a fin de transformarlo en un actor de desarrollo y de profundización
de la democracia. El objetivo es obvio, enfrentar un proceso conjunto
de reposicionamiento del actor sindical en la sociedad civil, con fuerza
de interlocución frente a los gobiernos y el empresariado, rescatando
sus nuevas potencialidades para socializarlas y hacerlas parte integrante
de una nueva conciencia de actor nacional.
