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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

En búsqueda de una nueva estrategia sindical

Como se ha venido señalando nos encontramos en un proceso de cambio que está conduciendo a un nuevo periodo histórico. Se trata de un periodo que se abre y que empuja a todos los actores sociales y políticos a redefinir sus utopías, sus proyectos, sus objetivos, sus estrategias y sus acciones específicas. En este sentido, ciertamente, los sindicatos no son una excepción. Los proyectos sindicales responden a contextos históricos determinados. Los cambios que se están produciendo en el mundo y que han afectado de manera particular a América Latina y por tanto a los países andinos, son muy profundos. El escenario de los noventa es sustancialmente distinto al de los ochenta, por consiguiente parece necesario que el movimiento sindical rediseñe su proyecto histórico. Incluso, es posible afirmar que el proyecto sindical será inevitablemente modificado. Aunque los trabajadores realizaran las mismas acciones que en el pasado, su significado será distinto porque el contexto en que se realiza es diferente.

De los cinco estudios nacionales se desprende un cambio notable en las relaciones laborales. Las transformaciones en el escenario internacional y el predominio de políticas de corte neoliberal han acelerado la puesta en práctica de programas económicos de ajuste y flexibilización. De igual manera, los efectos de la globalización que han producido, tanto la reducción del papel del estado en la economía, como la desregulación jurídica de las relaciones de trabajo, han modificado los microcosmos donde se desarrollaban los contactos y acuerdos entre trabajadores y empleadores.

Las organizaciones sindicales ven en un proceso de aceleración continua, un escenario cambiante donde la filosofía del enfrentamiento no tiene justificación. Las relaciones laborales no pueden entenderse desde el conflicto, si se intenta progresar en condiciones adversas. Un sistema de relaciones laborales enmarcado en la bilateralidad y en el consenso dentro del centro de trabajo, constituye un factor de estabilidad en las relaciones sociales y favorece una situación en la que es posible ampliar la libertad civil, respetar el imperio de la ley y garantizar el mayor grado de inversión, crecimiento y desarrollo.

La cooperación es por tanto la única forma de abordar con sagacidad la práctica de la negociación y dicha cooperación necesita de numerosos pilares sólidos que permitan no sólo obtener mayores ventajas, sino también mantener un clima social de desarrollo productivo adecuado.

En general, mantener las reivindicaciones tradicionales y defender temas centrales como el poder adquisitivo de los salarios, requieren hoy de una alta profesionalización, de un estudio detallado y de planteamientos suficientes y justificados.

Esta es parte de la problemática que los sindicatos deben resolver en el futuro, de tal modo que su participación no sea marginal, sino por el contrario, inmersa en el cambio y en la modernización, para lo cual se tendría que replantear conceptos tradicionales que están siendo superados en los hechos.

En efecto, el empresariado nacional ya no es un actor homogéneo que comparte los mismos valores. La existencia de empresas pequeñas disgregadas de las grandes cúpulas y la existencia de grupos de facto con diferentes políticas y estrategias, modifican las actitudes de los empleadores en la negociación colectiva. Junto al núcleo tradicional que mantienen la visión conflictiva de las relaciones laborales, aparece una nueva generación de ejecutivos con una visión más cooperativa y basada en la reestructuración, que busca establecer puentes de comunicación basados en la información y en la relación fluida con los representantes sindicales.

Los sindicatos necesitan por tanto reestructurar sus posturas y afrontar los retos de forma coherente. No se trata sólo de conseguir ventajas materiales, sino de conseguir actitudes diferentes que permitan el funcionamiento de la empresa desde una visión de avance. El sindicato debe observarse y apreciarse como un actor activo, como un elemento central de la negociación y asistir al desarrollo de unas relaciones laborales coherentes a través de la negociación colectiva.

En efecto, la negociación colectiva es el vehículo fundamental para permitir el desarrollo de toda una nueva filosofía sindical, por cuanto permite que los dirigentes sindicales y las bases (la negociación coherente pasa también por una mejora de las relaciones con aquellos que son representados) desenvuelvan todas sus actitudes en el marco del trabajo.

Para negociar, las organizaciones sindicales deberán:

Profesionalizarse: en el sentido de conocer y abarcar mejor todos los ámbitos de la negociación. Deberán por tanto adquirir los conocimientos técnicos para abordar los temas a negociar.

Informarse: obtener todos los datos necesarios para avanzar desde un panorama de análisis correcto. Esta función para por una correlativa tendencia de los empleadores que deberán mostrarse receptivos a proporcionar dicha información y por una modificación de toda aquella ley que impide un correcto desarrollo de ese proceso.

Actuar positivamente: evitar cualquier postura no constructiva. Si bien las circunstancias son adversas y con frecuencia los actores muestran reticencias a los procesos concertadores, la vía del diálogo puede modificar sus actitudes y hacerlos más cercanos a las reivindicaciones de los trabajadores.

Ser constructivas: el desaliento al inicio del procedimiento, la falta de arrojo o de impulso para defender posturas o para negociar lleva con frecuencia a un impase que impide el progreso en el reconocimiento y en la negociación de los derechos. Como se señaló, algunas dirigencias sindicales tienen miedo a modificar los convenios existentes, para así evitar que nuevas posturas más reaccionarias o limitadoras de derechos les sean impuestas. Si bien la precaución es necesaria, el fortalecimiento de la organización a través de los requisitos anteriores permitirá no sólo una progresiva apertura del proceso de negociación, sino también el recíproco reconocimiento del empleador de la capacidad y la fuerza del sindicato.

Para lo anteriormente señalado es necesario un requisito previo: definir una cultura sindical que facilite encontrar nuevos cauces de participación, cooperación y solidaridad de los trabajadores, ante las nuevas normas de productividad que comienzan acuñarse en los centros laborales.

En este proceso muchos sindicatos dejarán de existir, especialmente aquellos que son débiles y poco representativos. Los que logren superar este proceso serán aquellos que definan estrategias que les permitan determinar fórmulas que sean adecuadas para que los cambios, la modernización y los ajustes otorguen beneficios al trabajador. Esto involucrará crear y desarrollar un programa de prestación de servicios para sus afiliados, de tal forma que les permita mantener el interés de sostener la organización en forma paralela al cumplimiento de las tareas reivindicativas tradicionales.

Finalmente, junto con la incidencia actual de los sistemas operados en la actividad productiva, la actuación de los sindicatos está también fuertemente condicionada por los acuerdos de libre comercio, que obliga a los sindicatos de cada país involucrado a ajustar sus propuestas y reivindicaciones a la marcha de esos acuerdos, obligando a reforzar sus intereses a escala supranacional. Es en este nivel donde el papel de las centrales sindicales y/o federaciones es determinante. Sin embargo, el hecho de actuar en forma aislada los condena al fracaso en el actual escenario mundial. Hoy en día el momento exige el más alto esfuerzo de concertación entre las diferentes ópticas sindicales en el ámbito de cada país andino y en el ámbito de la subregión.

Si bien es cierto que en algunos de los países andinos la unificación del movimiento sindical no es concebible sino a largo plazo y que en otros ni siquiera se plantea ese objetivo, nada se opondría a que las diferentes corrientes del movimiento sindical convengan en una política común para defenderla en el ámbito del diálogo social. En este último sentido cabe destacar los esfuerzos de las centrales sindicales ecuatorianas (CEOSL, CTE, CEDOC y CEDOCUT), las cuales desde hace algunos años vienen actuando de manera coordinada a través de una instancia unitaria llamado "Frente Unitario de Trabajadores" (FUT) y que juntas están actuando en el proceso de concertación de ese país. Cabe mencionar también los esfuerzos de las tres centrales sindicales colombianas (CUT, CGTD y CTC) que últimamente se coordinan a través del Comando Nacional Unitario que les está permitiendo actuar y sostener posiciones conjuntas ante el gobierno y los empresarios.

Si los sindicatos insisten en mantenerse divididos, por motivos que por otra parte, pueden ser totalmente legítimos, no deben olvidar sin embargo, que hoy son muchos los sectores sociales con derecho a exigirles que elaboren una posición común y que la pongan sobre la mesa de las negociaciones en el marco del diálogo social, donde quizá lleguen a discutirse cuestiones que interesarán a la sociedad en su conjunto. Es precisamente en este espacio invalorable que comienza a gestarse en los paises andinos (con excepción de Perú), donde los sindicatos, si aprovechan su oportunidad, podrán incrementar su fuerza negociadora, su representatividad y por ende, la cobertura de la negociación colectiva.

Se torna así, imprescindible hacer un esfuerzo conjunto en la superación de las limitaciones más graves que aquejan el estatuto del sindicalismo y potenciar las riquezas y las capacidades existentes, a fin de transformarlo en un actor de desarrollo y de profundización de la democracia. El objetivo es obvio, enfrentar un proceso conjunto de reposicionamiento del actor sindical en la sociedad civil, con fuerza de interlocución frente a los gobiernos y el empresariado, rescatando sus nuevas potencialidades para socializarlas y hacerlas parte integrante de una nueva conciencia de actor nacional.

 

 


 

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