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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Los elementos internos que afectan los procesos de negociación

En el terreno de las relaciones laborales, los países andinos presentan un denominador común: la negociación colectiva ha sufrido un fuerte retroceso en los últimos años. Este retroceso se manifiesta en una disminución del número de convenios firmados y de trabajadores cubiertos, en un empobrecimiento de sus contenidos y en una pérdida de peso de la negociación de rama frente a la negociación de empresa o individual. Las causas que explican ésta marcha atrás son múltiples, pero están estrechamente ligadas a una pérdida del poder negociador de los sindicatos y a la disminución de la tasa de afiliación sindical en las empresas.

En consecuencia, resulta evidente que la negociación colectiva está sufriendo cambios de acuerdo a la fortaleza o debilidad del sindicato en la empresa o en el sector. En las empresas donde el sindicato es fuerte, con capacidad de convocatoria, autónomo y con iniciativa, la negociación colectiva es el espacio primordial para presentar nuevos temas y propuestas. En las empresas donde el sindicato es débil, la amenaza de despido como forma de presión para evitar cualquier reivindicación se impone y la negociación colectiva se reduce a mínimas consideraciones. En las empresas donde los trabajadores han sido cooptados, la negociación colectiva no existe o, en mejor de los casos, se reduce a un simple trámite automático y burocrático.

Por otra parte, las centrales sindicales y/o las federaciones muestran un desfase con respecto a los sindicatos locales, especialmente en el sector industrial. Los sindicatos fuertes no recurren siempre a las centrales sindicales y/o federaciones en materia de apoyo para un proceso de negociación colectiva, son autosuficientes, y en algunos casos tienen mayores recursos que las propias centrales. Son los sindicatos más débiles los que tienen mayores dificultades y necesitan de las centrales y/o federaciones sindicales. Sin embargo, la posibilidad que las instancias superiores del movimiento sindical logren atraer a los sindicatos locales, sea cual fuese su fortaleza, dependerá de la capacidad de articulación e interpretación de las demandas y de la capacidad para ofrecer a los sindicatos legitimidad, eficiencia y autosostenimiento.

(i) La estructura

De aquí entonces que una de las dificultades más urgentes de superar, y a la vez más difícil, que debe enfrentar el sindicalismo en los países andinos, es la adaptación de sus propias estructuras orgánicas a la dinámica del mundo actual. Es necesario concebir organizaciones adaptables, flexibles y descentralizadas, superando las rigideces tradicionales de las organizaciones sindicales. Si el mundo del trabajo es cada vez más dinámico y cambiante, no es posible afrontar sus retos con estructuras rígidas.

El movimiento sindical siempre ha reivindicado la representación conjunta de los trabajadores, y no sólo de sus afiliados. Hay enormes franjas de trabajadores que conforman nuevos sectores, sin tradición sindical o desorganizados, como el sector informal de la economía, y otros que mantienen relaciones salariales precarias o atípicas. ¿Cómo representar efectivamente los intereses y los valores de estos sectores de trabajadores?, ¿Qué formas organizativas son las más apropiadas para dar cuenta de estas realidades? Evidentemente este desafío excede con mucho al movimiento sindical pero éste, algo tiene que decir al respecto.

La heterogenización de la base sindical tradicional con la incorporación masiva de la mujer a la fuerza de trabajo (desequilibrando un concepto tradicional del mercado), con la cada vez mayor variedad de calificaciones y las nuevas formas de contratación, representa una dificultad para los sindicatos en su capacidad para articular las diferentes demandas de cada uno de estos segmentos de la fuerza de trabajo en un proyecto sindical común.

(ii) La atomización

El tema se torna más complicado aún cuando comprobamos que en los países andinos reina la división sindical, existiendo en total 25 centrales sindicales. Por ejemplo, en Perú, hasta 1990 existían cuatro centrales sindicales, habiéndose actualmente multiplicado a trece, lo que dificulta cualquier esfuerzo por concertar este movimiento sindical. En Ecuador, existen cinco centrales sindicales, en Venezuela cuatro y en Colombia tres. A esto se suma la existencia de muchos sindicatos llamados independientes, el 30% en promedio, a menudo entre los más poderosos del país que se trate, no forman parte de las centrales sindicales.

Cuadro 5: Las Centrales Sindicales de los Países Andinos

Las pugnas ideológicas han afectado a la unidad del movimiento sindical, y fundamentalmente a las negociaciones que tienen lugar en el escalón más elevado, pues la pluralidad de interlocutores, que ha menudo rivalizan entre sí y las presiones que a veces se libran, tornan sumamente difícil, cuando no imposible, la negociación. El resultado es un entramado de organizaciones sindicales no solamente reducidas en su cobertura, sino políticamente débiles. Es ésta debilidad la que, en última instancia, ha limitado la capacidad de los trabajadores de negociar políticas redistributivas y por tanto, de impedir la progresiva concentración del ingreso y la extensión y profundización de la pobreza.

(iii) Capacitación

Por lo general, la dirigencia sindical no logra elaborar una respuesta a los cambios introducidos por la empresa, tanto por la rapidez con que se incorporan, como por la novedad y la falta de preparación para afrontar estos nuevos tipos de reivindicaciones. La falta de información y de capacitación de los dirigentes y afiliados sindicales en las temáticas referidas a los cambios técnicos, a los nuevos sistemas de organización del trabajo, y a los nuevos modelos de administración de empresas limita y restringe la cobertura de los convenios colectivos y por tanto la búsqueda para regular y paliar los efectos de las transformaciones.

En los países andinos son minoritarias las organizaciones sindicales que cuentan con un sistema de formación y capacitación. Son excepcionales las organizaciones que tienen definida una estrategia educativa para la calificación de sus afiliados que pudieran entregar más posibilidades a sus demandas de mejores ingresos. Adicionalmente, la falta de solidez económica de las organizaciones sindicales se agravó en los últimos años por las variaciones violentas del número de afiliados cotizantes (despidos, renuncias, jubilaciones, etc.), destinando los reducidos recursos financieros a la misma subsistencia de la organización.

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