Los elementos internos que afectan los procesos de negociación
En el terreno de las relaciones laborales, los países andinos presentan
un denominador común: la negociación colectiva ha sufrido un fuerte
retroceso en los últimos años. Este retroceso se manifiesta en una disminución
del número de convenios firmados y de trabajadores cubiertos, en un
empobrecimiento de sus contenidos y en una pérdida de peso de la negociación
de rama frente a la negociación de empresa o individual. Las causas
que explican ésta marcha atrás son múltiples, pero están estrechamente
ligadas a una pérdida del poder negociador de los sindicatos y a la
disminución de la tasa de afiliación sindical en las empresas.
En consecuencia, resulta evidente que la negociación colectiva está
sufriendo cambios de acuerdo a la fortaleza o debilidad del sindicato
en la empresa o en el sector. En las empresas donde el sindicato es
fuerte, con capacidad de convocatoria, autónomo y con iniciativa, la
negociación colectiva es el espacio primordial para presentar nuevos
temas y propuestas. En las empresas donde el sindicato es débil, la
amenaza de despido como forma de presión para evitar cualquier reivindicación
se impone y la negociación colectiva se reduce a mínimas consideraciones.
En las empresas donde los trabajadores han sido cooptados, la negociación
colectiva no existe o, en mejor de los casos, se reduce a un simple
trámite automático y burocrático.
Por otra parte, las centrales sindicales y/o las federaciones muestran
un desfase con respecto a los sindicatos locales, especialmente en el
sector industrial. Los sindicatos fuertes no recurren siempre a las
centrales sindicales y/o federaciones en materia de apoyo para un proceso
de negociación colectiva, son autosuficientes, y en algunos casos tienen
mayores recursos que las propias centrales. Son los sindicatos más débiles
los que tienen mayores dificultades y necesitan de las centrales y/o
federaciones sindicales. Sin embargo, la posibilidad que las instancias
superiores del movimiento sindical logren atraer a los sindicatos locales,
sea cual fuese su fortaleza, dependerá de la capacidad de articulación
e interpretación de las demandas y de la capacidad para ofrecer a los
sindicatos legitimidad, eficiencia y autosostenimiento.
(i) La estructura
De aquí entonces que una de las dificultades más urgentes de superar,
y a la vez más difícil, que debe enfrentar el sindicalismo en los países
andinos, es la adaptación de sus propias estructuras orgánicas a la
dinámica del mundo actual. Es necesario concebir organizaciones adaptables,
flexibles y descentralizadas, superando las rigideces tradicionales
de las organizaciones sindicales. Si el mundo del trabajo es cada vez
más dinámico y cambiante, no es posible afrontar sus retos con estructuras
rígidas.
El movimiento sindical siempre ha reivindicado la representación conjunta
de los trabajadores, y no sólo de sus afiliados. Hay enormes franjas
de trabajadores que conforman nuevos sectores, sin tradición sindical
o desorganizados, como el sector informal de la economía, y otros que
mantienen relaciones salariales precarias o atípicas. ¿Cómo representar
efectivamente los intereses y los valores de estos sectores de trabajadores?,
¿Qué formas organizativas son las más apropiadas para dar cuenta de
estas realidades? Evidentemente este desafío excede con mucho al movimiento
sindical pero éste, algo tiene que decir al respecto.
La heterogenización de la base sindical tradicional con la incorporación
masiva de la mujer a la fuerza de trabajo (desequilibrando un concepto
tradicional del mercado), con la cada vez mayor variedad de calificaciones
y las nuevas formas de contratación, representa una dificultad para
los sindicatos en su capacidad para articular las diferentes demandas
de cada uno de estos segmentos de la fuerza de trabajo en un proyecto
sindical común.
(ii) La atomización
El tema se torna más complicado aún cuando comprobamos que en los países
andinos reina la división sindical, existiendo en total 25 centrales
sindicales. Por ejemplo, en Perú, hasta 1990 existían cuatro centrales
sindicales, habiéndose actualmente multiplicado a trece, lo que dificulta
cualquier esfuerzo por concertar este movimiento sindical. En Ecuador,
existen cinco centrales sindicales, en Venezuela cuatro y en Colombia
tres. A esto se suma la existencia de muchos sindicatos llamados independientes,
el 30% en promedio, a menudo entre los más poderosos del país que se
trate, no forman parte de las centrales sindicales.
Cuadro 5: Las
Centrales Sindicales de los Países Andinos
Las pugnas ideológicas han afectado a la unidad del movimiento sindical,
y fundamentalmente a las negociaciones que tienen lugar en el escalón
más elevado, pues la pluralidad de interlocutores, que ha menudo rivalizan
entre sí y las presiones que a veces se libran, tornan sumamente difícil,
cuando no imposible, la negociación. El resultado es un entramado de
organizaciones sindicales no solamente reducidas en su cobertura, sino
políticamente débiles. Es ésta debilidad la que, en última instancia,
ha limitado la capacidad de los trabajadores de negociar políticas redistributivas
y por tanto, de impedir la progresiva concentración del ingreso y la
extensión y profundización de la pobreza.
(iii) Capacitación
Por lo general, la dirigencia sindical no logra elaborar una respuesta
a los cambios introducidos por la empresa, tanto por la rapidez con
que se incorporan, como por la novedad y la falta de preparación para
afrontar estos nuevos tipos de reivindicaciones. La falta de información
y de capacitación de los dirigentes y afiliados sindicales en las temáticas
referidas a los cambios técnicos, a los nuevos sistemas de organización
del trabajo, y a los nuevos modelos de administración de empresas limita
y restringe la cobertura de los convenios colectivos y por tanto la
búsqueda para regular y paliar los efectos de las transformaciones.
En los países andinos son minoritarias las organizaciones sindicales
que cuentan con un sistema de formación y capacitación. Son excepcionales
las organizaciones que tienen definida una estrategia educativa para
la calificación de sus afiliados que pudieran entregar más posibilidades
a sus demandas de mejores ingresos. Adicionalmente, la falta de solidez
económica de las organizaciones sindicales se agravó en los últimos
años por las variaciones violentas del número de afiliados cotizantes
(despidos, renuncias, jubilaciones, etc.), destinando los reducidos
recursos financieros a la misma subsistencia de la organización.
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