La actitud sindical en la negociación
de la flexibilidad
La estrategia y respuesta sindical en materia de flexibilidad
resulta difícil de valorar al responder a diversos elementos y a ópticas
de presión diferentes. En efecto, mientras que en países con una alta
apertura flexibilizadora, como Perú, algunas directivas sindicales ensayaban
incorporar nuevos temas a la negociación desde una perspectiva organizativa
novedosa59,
y sin perjuicio de que las empresas las hayan ignorado en la práctica,
la mayor parte de las organizaciones sindicales manifiestan una absoluta
desconfianza a introducir nuevos temas en los pliegos, bien por miedo
a salir perjudicados en el conjunto de los derechos (estudio colombiano),
bien por una visión creciente de que en la actualidad es mas difícil
negociar y que los interlocutores son más intransigentes (estudio de
Ecuador).
En Ecuador, por ejemplo, el sindicato busca plantear
la negociación desde un criterio de lucha "a la defensiva"
y de obtención de más valor (más ventajas materiales), lo que choca
de frente con la postura empresarial de redefinir las relaciones laborales
a través del recorte de los derechos y la mejora de la productividad.
Dichas posturas, radicales y enconadas impiden cualquier tipo de progreso
en el dialogo sobre la posible flexibilidad. En tal sentido, la negociación
sobre esta última es descartada de forma radical por el sindicato, lo
que dificulta no sólo la negociación global sino el propio empleo individual.
No obstante los escasos ejemplos donde se negoció sobre productividad
(sector automotriz) han sido considerados como ventajosos por ambas
partes y han generado mantenimiento del empleo.
Las diferentes muestras realizadas señalan que algunas
empresas multinacionales, fuera del marco de la negociación consultan
con las organizaciones sindicales la posibilidad de introducir nuevos
regímenes de jornada y rotación de personal (Good Year y Nestlé en Perú
por ejemplo), concluyendo acuerdos extra convencionales que se aplican
por decisión unilateral del empleador, pero tras un proceso de intercambio
con el sindicato.
Por lo general, la dirigencia sindical no logra elaborar
una respuesta a los cambios introducidos por la empresa, tanto por la
rapidez con que se incorporan, como por la novedad y la falta de preparación
para afrontar estos nuevos tipos de reivindicaciones. La práctica colombiana
de obstrucción a través del contra pliego aplicada en diferentes ocasiones
tampoco parece aportar nuevas soluciones.
Las dificultades sindicales para incorporar nuevos
temas a la negociación se ordenan en varios niveles, que van desde la
escasa receptividad de los empleadores a la falta de información y conocimientos
sobre nuevas tecnologías. El efecto, sin embargo, es homogéneo: ausencia
de nuevos temas en los convenios colectivos que busquen regular y paliar
los efectos de la flexibilidad.
En efecto, los sindicatos iniciaron la denuncia de
la flexibilización (a la que entonces denominaron precarización) en
la década de los 70, cuando las primeras políticas de empleo flexible
empezaron a hacer su aparición en la región, aunque esta denuncia no
puede haberse considerado como una verdadera prioridad. En la práctica,
la respuesta de las organizaciones sindicales ha sido mucho menos estructurada
que la que se ha venido extendiendo, a este respecto, en Europa. La
lucha sindical se ha concentrado en la defensa de los derechos adquiridos
de los afiliados, sin generar una posición activa y solidaria en la
defensa del empleo en períodos de crisis. No obstante, esta posición
conservadora no hace sino poner en evidencia la actitud reticente de
las empresas a discutir las nuevas formas de regulación y la falta de
interés del Estado60.
Los sindicatos se oponen a la flexibilización, aunque
las posturas de las organizaciones sindicales (en su núcleo central
compuestas por trabajadores permanentes) no han venido conciliando hasta
ahora equitativamente las reivindicaciones de los trabajadores sujetos
a modalidad, con las de los que podríamos calificar de tradicionales.
No obstante, comprobando el crecimiento considerable del porcentaje
de trabajadores no permanentes, son cada vez más el número de organizaciones
sindicales que engloban sus propuestas y que las convierten en punto
central.
No puede por tanto hablarse de una estrategia sindical
sobre la flexibilización. De hecho, salvo en sectores muy específicos
como por ejemplo el petróleo en el Perú, la flexibilización actual del
empleo ha sido entendida como algo sectorial y no general o nacional,
concentrándose las reivindicaciones en la cuestión salarial. Sin embargo,
la propuesta de los sindicatos tendería a concretarse, en la mayor parte
de los países, en el planteamiento de un pliego de peticiones por sector,
aunque está postura cuenta con ciertas dificultades prácticas que nacen
de la heterogeneidad y debilidad sindical.
Sin duda la mejora de la fuerza negociadora de los
sindicatos es condición sine qua non para que éstos cambien sustancialmente
de posición ante la flexibilidad. El temor, no sin fundamento, a que
los nuevo métodos organizativos lleven a una intensificación del trabajo,
y que incluso puedan ser utilizados con fines de represión sindical,
debe ser afrontado con una política organizativa clara y con un marco
legal adecuado que permita controlar los abusos.
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59. El ejemplo de la empresa Backus
y Johnston cuyo pliego de reclamos incluye propuestas relativas a organización
de la producción, capacitación técnica entre otras o FENUTSA que alcanzó
varias propuestas de reestructuración integral del sector salud, con
nuevas categorías ocupacionales, son significativos.
60. En la práctica, mientras que en Europa se habla
de una reforma del mercado de trabajo, en los países andinos el debate
es simplemente sobre la desregulación.