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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

La actitud sindical en la negociación de la flexibilidad

La estrategia y respuesta sindical en materia de flexibilidad resulta difícil de valorar al responder a diversos elementos y a ópticas de presión diferentes. En efecto, mientras que en países con una alta apertura flexibilizadora, como Perú, algunas directivas sindicales ensayaban incorporar nuevos temas a la negociación desde una perspectiva organizativa novedosa59, y sin perjuicio de que las empresas las hayan ignorado en la práctica, la mayor parte de las organizaciones sindicales manifiestan una absoluta desconfianza a introducir nuevos temas en los pliegos, bien por miedo a salir perjudicados en el conjunto de los derechos (estudio colombiano), bien por una visión creciente de que en la actualidad es mas difícil negociar y que los interlocutores son más intransigentes (estudio de Ecuador).

En Ecuador, por ejemplo, el sindicato busca plantear la negociación desde un criterio de lucha "a la defensiva" y de obtención de más valor (más ventajas materiales), lo que choca de frente con la postura empresarial de redefinir las relaciones laborales a través del recorte de los derechos y la mejora de la productividad. Dichas posturas, radicales y enconadas impiden cualquier tipo de progreso en el dialogo sobre la posible flexibilidad. En tal sentido, la negociación sobre esta última es descartada de forma radical por el sindicato, lo que dificulta no sólo la negociación global sino el propio empleo individual. No obstante los escasos ejemplos donde se negoció sobre productividad (sector automotriz) han sido considerados como ventajosos por ambas partes y han generado mantenimiento del empleo.

Las diferentes muestras realizadas señalan que algunas empresas multinacionales, fuera del marco de la negociación consultan con las organizaciones sindicales la posibilidad de introducir nuevos regímenes de jornada y rotación de personal (Good Year y Nestlé en Perú por ejemplo), concluyendo acuerdos extra convencionales que se aplican por decisión unilateral del empleador, pero tras un proceso de intercambio con el sindicato.

Por lo general, la dirigencia sindical no logra elaborar una respuesta a los cambios introducidos por la empresa, tanto por la rapidez con que se incorporan, como por la novedad y la falta de preparación para afrontar estos nuevos tipos de reivindicaciones. La práctica colombiana de obstrucción a través del contra pliego aplicada en diferentes ocasiones tampoco parece aportar nuevas soluciones.

Las dificultades sindicales para incorporar nuevos temas a la negociación se ordenan en varios niveles, que van desde la escasa receptividad de los empleadores a la falta de información y conocimientos sobre nuevas tecnologías. El efecto, sin embargo, es homogéneo: ausencia de nuevos temas en los convenios colectivos que busquen regular y paliar los efectos de la flexibilidad.

En efecto, los sindicatos iniciaron la denuncia de la flexibilización (a la que entonces denominaron precarización) en la década de los 70, cuando las primeras políticas de empleo flexible empezaron a hacer su aparición en la región, aunque esta denuncia no puede haberse considerado como una verdadera prioridad. En la práctica, la respuesta de las organizaciones sindicales ha sido mucho menos estructurada que la que se ha venido extendiendo, a este respecto, en Europa. La lucha sindical se ha concentrado en la defensa de los derechos adquiridos de los afiliados, sin generar una posición activa y solidaria en la defensa del empleo en períodos de crisis. No obstante, esta posición conservadora no hace sino poner en evidencia la actitud reticente de las empresas a discutir las nuevas formas de regulación y la falta de interés del Estado60.

Los sindicatos se oponen a la flexibilización, aunque las posturas de las organizaciones sindicales (en su núcleo central compuestas por trabajadores permanentes) no han venido conciliando hasta ahora equitativamente las reivindicaciones de los trabajadores sujetos a modalidad, con las de los que podríamos calificar de tradicionales. No obstante, comprobando el crecimiento considerable del porcentaje de trabajadores no permanentes, son cada vez más el número de organizaciones sindicales que engloban sus propuestas y que las convierten en punto central.

No puede por tanto hablarse de una estrategia sindical sobre la flexibilización. De hecho, salvo en sectores muy específicos como por ejemplo el petróleo en el Perú, la flexibilización actual del empleo ha sido entendida como algo sectorial y no general o nacional, concentrándose las reivindicaciones en la cuestión salarial. Sin embargo, la propuesta de los sindicatos tendería a concretarse, en la mayor parte de los países, en el planteamiento de un pliego de peticiones por sector, aunque está postura cuenta con ciertas dificultades prácticas que nacen de la heterogeneidad y debilidad sindical.

Sin duda la mejora de la fuerza negociadora de los sindicatos es condición sine qua non para que éstos cambien sustancialmente de posición ante la flexibilidad. El temor, no sin fundamento, a que los nuevo métodos organizativos lleven a una intensificación del trabajo, y que incluso puedan ser utilizados con fines de represión sindical, debe ser afrontado con una política organizativa clara y con un marco legal adecuado que permita controlar los abusos.

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59. El ejemplo de la empresa Backus y Johnston cuyo pliego de reclamos incluye propuestas relativas a organización de la producción, capacitación técnica entre otras o FENUTSA que alcanzó varias propuestas de reestructuración integral del sector salud, con nuevas categorías ocupacionales, son significativos.
60. En la práctica, mientras que en Europa se habla de una reforma del mercado de trabajo, en los países andinos el debate es simplemente sobre la desregulación.

 

La actitud sindical en la negociación de la flexibilidad

 

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