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4. La búsqueda de nuevos modelos de capacitación
4.1. Tendencias y orientaciones
El proceso de transformación productiva y el cambio
de estrategia de desarrollo hacia una progresiva integración a la economía
mundial y la apertura a mercados competitivos, implica que crecientemente
los niveles de empleo y de salarios estén condicionados por los aumentos
de la productividad. La incorporación de tencologías modernas y de nuevas
formas de organización de la producción, requiere trabajadores creativos
y adaptables a condiciones cambiantes.
Al mismo tiempo ha crecido el porcentaje de trabajadores
ubicados en pequeñas y micro empresas, que necesitan articularse con
el sector formal, modernizarse e incrementar su productividad. En este
contexto, la capacitación se constituye en un instrumento fundamental
de la política de empleo y desarrollo y en una preocupación principal
de trabajadores y empleadores.
En los países andinos, el modelo tradicional basado
en las instituciones oficiales financiados con recursos públicos ha
comenzado a adecuarse a los requerimientos de la reestructuración, a
través de innovaciones y reformas. Las nuevas orientaciones buscan una
mayor descentralización y flexibilidad para responder a diversas necesidades:
de las empresas formales y modernas, y de requerimientos de capacitación
de la pequeña y microempresa y de los sectores populares, urbanos y
rurales. Se trata de aumentar la cobertura, para llegar con capacitación
a un mayor número de trabajadores, y de mejorar su relevancia y pertinencia
haciéndola más acorde con las necesidades de la demanda. Esto conduce
a diversificar la oferta abriéndose nuevas alternativas, especialmente
privadas, que puedan coexistir con las instituciones oficiales de capacitación.
Lo anterior se viene expresando en distintas tendencias
cuya relevancia varía entre los países.
A. Responsabilidad compartida de los actores sociales
Una primera tendencia es hacia un creciente involucramiento
de los actores sociales en el proceso de formación laboral. éste deja
de ser un tema a cargo esencialmente de las instituciones oficiales
de capacitación para constituirse en una responsabilidad compartida
por el Estado y las organizaciones representativas de empleadores y
trabajadores.
Por parte del Estado, aumenta el papel de los Ministerios
de Trabajo en la formulación y coordinación de las políticas formativas,
que son consideradas un componente fundamental de la política de empleo.
Las organizaciones representativas de trabajadores
y empleadores participan en las instituciones de capacitación, orientan
decisiones de política e intervienen en el diseño y definición de contenidos
de cursos y programas. En algunos países, las organizaciones de empleadores
han asumido la dirección de la principal institución de capacitación.
La participación de empleadores y trabajadores no sólo
tiene lugar en las cúpulas sino que también a través de las representaciones
sectoriales y regionales.
B. Diálogo y concertación social
Hay consenso en los Países Andinos en que el diálogo
y la concertación entre los actores del proceso formativo son indispensables
para fortalecer su efectividad.
En los países donde existen acuerdos sociales, o se
está avanzando en el diálogo social, la capacitación es uno de los temas
incorporados para su consideración. Comienza a perfilarse un concepto
de "alianza estratégica" entre empresas, trabajadores y el
Estado que- en lo relativo a capacitación -puede resultar en convenios
que incorporen incentivos a la inversión en recursos humanos, junto
con el compromiso de empresas y trabajadores de colaborar con programas
sociales de capacitación.
Al interior de las empresas y sectores, la capacitación
es uno de los aspectos de las relaciones laborales que se está incluyendo
en las negociaciones colectivas, como parte de las políticas para incrementar
la productividad, el empleo y el ingreso de los trabajadores.
C. Capacitación permanente, competencia laboral
y empleabilidad
Una tercera tendencia es a estructurar la formación
laboral a partir del concepto de capacitación permanente; es decir,
un proceso continuo a lo largo de toda la vida del trabajador y no sólo
una etapa inicial, o de reconversión de habilidades para ayudar a la
reinserción en el empleo de trabajadores desplazados o en riesgo de
serlo. El cambio constante de la demanda, de la tecnología, la organización
del trabajo y de las condiciones establecidas por las competencia requieren
la adaptación continua de las cualificaciones laborales, lo que se intensifica
a medida que los países de la subregión se integran a la economía mundial.
La misma evolución determina que tienda a cambiar el
contenido de la capacitación hacia una formación multifuncional, abierta
y flexible, que permita al trabajador desenvolverse con autonomía y
competencia, en un rango amplio de situaciones laborales.
Esta forma de capacitación se estima, además, necesaria
para aumentar la movilidad y el acceso al empleo, en un mercado laboral
menos protegido, que tiende a caracterizarse por cambios de ocupación
durante la vida activa.
D. Capacitación orientada por la demanda:
descentralización, diversificación y sectorialización
de la oferta
Otra tendencia es a establecer una relación estrecha
entre las instituciones oferentes de capacitación con las empresas,
para que los cursos y programas respondan a los requerimientos del sistema
productivo. Esta tendencia está llevando a una creciente diversificación
de la oferta - lo que hará más competitivo el mercado y abrirá nuevas
alternativas a los demandantes.
En instituciones oficiales de capacitación se han introducido
reformas para descentralizar las decisiones de formación y aproximarlas
a los usuarios del servicio, y para sectorializar su organización de
manera de atender sectores específicos en lugar de especialidades universales.
La sectorialización favorece la participación de trabajadores y empleadores,
reduce costos y permite una mejor utilización de equipos, tanto para
fines educativos como directamente productivos.
E. Formación, tecnología y productividad
Transformar la formación en parte de un proceso comprensivo
de difusión y transferencia tecnológica para aumentar la productividad,
es otra tendencia en la subregión.
Supone una oferta ampliada de servicios que comprenda,
además de la capacitación de los recursos humanos de una empresa, atender
sus necesidades específicas en materia de control de calidad, ensayos
de materiales, análisis de laboratorio y producciones complejas. La
creación de Centros de Servicios Tecnológicos - como en el caso del
SENA de Colombia- conjugan la capacitación con la asesoría y la asistencia
técnica, la investigación, el desarrollo tecnológico y la divulgación
de tecnología en la industria manufacturera y otros sectores. Lo mismo
está ocurriendo en SENATI, INCE y en las principales instituciones,
incluyendo algunas privadas.
La ampliación a los nuevos servicios es un medio para
fortalecer los contactos entre las empresas y las entidades capacitadoras.
Contribuye, al menos en algunas especialidades, a que se definan en
profundidad, las necesidades del sector productivo, para actualizar
los contenidos, programas y métodos de enseñanza.
F. Vinculación entre capacitación
y educación formal
Una tercera tendencia es hacia fortalecer las vinculaciones
entre la capacitación laboral y la educación formal.
Las nuevas condiciones implican mercados competitivos
y menos regulados con demandas variables y heterogéneas, y la adopción
de tecnologías cambiantes que exigen una permanente adecuación de productos,
procesos productivos y de organización del trabajo. Esta realidad requiere
una capacitación versátil, con un sólido respaldo de un sistema de educación
formal reformado.
Primero, para aumentar su cobertura- en algunos de
los países, porcentajes importantes de población en edad escolar está
todavía marginada; segundo, para aumentar los años de escolaridad- las
nuevas habilidades laborales necesitan una educación formal prolongada
a nueve o diez años de estudios; y tercero, para cambiar la calidad
y contenidos. La educación formal tradicionalmente en los países andinos,
se ha orientado en exceso a la adquisición de información y conocimientos
en lugar de crear recursos humanos capaces de analizar y razonar, enfrentar
problemas complejos y asumir iniciativas y responsabilidades. En estos
conceptos, en algunos de los países del área se plantean proyectos de
reforma de la educación formal para lograr egresados en mejores condiciones
de capacitarse e incorporarse posteriormente al trabajo. Por otro lado,
la mayor vinculación entre las instituciones de capacitación y el sistema
de educación formal es positiva para orientar a los jóvenes y darles
información acerca de las posibilidades que les ofrece el mercado laboral
una vez que hayan completado sus estudios formales.
G. Incorporación del sector informal y rural,
de jóvenes, mujeres y otros segmentos de población
Se aprecia la tendencia a incorporar en mayor medida
a la capacitación a trabajadores del sector informal y a la población
rural. Generalmente la capacitación de estos sectores se considera dentro
de programas más amplios que comprenden también financiamiento, asistencia
técnica, acceso a mercados y promoción de acuerdos de subcontratación
con empresas modernas o instituciones. La meta principal es incorporar
a estos trabajadores al proceso de modernización, facilitando a sus
productos el acceso a mercados más dinámicos, incluidos los de exportación,
lo cual requiere un esfuerzo importante de capacitación técnica y gerencial.
Asimismo, en todo los países hay programas de capacitación laboral para
los segmentos de población que se incorporan al mercado del trabajo,
especialmente jóvenes y mujeres, para aumentar sus posibilidades de
obtener un empleo productivo o iniciar actividades independientes.
H. Cambio de la población objetivo
La clientela de las instrucciones de capacitación tiende
a cambiar, de estar constituida principalmente por trabajadores individuales,
a empresas que demandan los servicios, no sólo de capacitación sino
que de un conjunto más amplio de prestaciones relacionadas. Dentro de
esta tendencia, surgen además, como nuevos demandantes, formas intermedias
de organización, tales como cámaras sectoriales, organizaciones de empleadores
o trabajadores. Asimismo, otras modalidades de organización de la producción
se perfilan como clientes potenciales: las incubadoras de empresas de
base tecnológica, viveros de empresas, parques industriales, etc. En
este escenario, los niveles locales y regionales asumen una mayor relevancia.
El cambio anotado es positivo desde varios puntos de
vista: primero, porque permite ampliar la cobertura de la capacitación
facilitando el acceso de la pequeña y micro empresa y otras formas de
producción rural y urbana marginal; segundo, porque contribuye a identificar
necesidades que no se perciben cuando la capacitación se orienta preferentemente
a trabajadores individuales, y, por último, porque traslada el diseño
de los programas y contenidos de los cursos, de la decisión de las instituciones
oferentes, a un esfuerzo compartido con las empresas e instituciones
intermedias demandantes, que pueden intervenir en todas las fases del
proceso de capacitación, incluida la evaluación, modificación y especificación
de los futuros programas.
I. Verticalidad e integralidad
Otra orientación que comienza a perfilarse es la de
cubrir la pirámide completa de niveles formativos por sectores determinados.
La especialización sectorial hace posible contar con infraestructura
y equipos para todos los escalones, desde trabajadores semi-calificados
a profesionales con nivel post-grado. A esto contribuye la aproximación
entre los procesos de desarrollo o adaptación de tecnologías, y los
de producción, que se retroalimentan recíprocamente. La verticalidad
permite responder mejor a los requerimientos de capacitación y actualización
permanente.
La integralidad implica ampliar la oferta de las instituciones
para incluir no sólo la formación de recursos humanos sino una gama
de servicios de desarrollo tecnológico, la utilización de equipos y
laboratorios por las empresas, la asesoría de instructores y profesores,
en una colaboración constante entre las entidades formadoras y las unidades
de producción, haciendo posible la "integración formación/educación/trabajo/tecnología,
que es superadora de las prácticas fragmentarias que durante tanto tiempo
llevaron al esquema trabajo manual vs. trabajo. intelectual"(15).
J. Fuentes alternativas de financiamiento
Una última tendencia es al cambio del financiamiento
de la capacitación, de recursos públicos a recursos privados. En algunos
de los países esta tendencia se ha manifestado en reducciones graduales
de las tasas de impuestos a los salarios asignados al financiamiento
de las instituciones oficiales de capacitación. La medida tiene dos
propósitos principales: reducir los costos fijos no salariales del trabajo,
e incentivar una mayor eficiencia en la prestación del servicio, haciendo
que éste sea, al menos en parte, cobrado directamente a los usuarios.
De esta manera se introduce un factor de "control de calidad"
que presiona por una mejor capacitación. Si los usuarios deben pagar
por los servicios exigen beneficios que justifiquen el gasto. Los servicios
pagados por los usuarios se han concentrado más en determinado tipos
de cursos: computación, administración y publicidad y en programas hechos
especialmente para las necesidades de las empresas.
Si bien el cobro por los servicios a los beneficiarios
reduce el gasto público y ayuda a obtener capacitación mejor focalizada,
es esencial que no se excluya de la capacitación a los estudiantes o
empresas que no están en condiciones de autofinanciarse.

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15. CINTERFOR-OIT: Los Ministerios de Trabajo y
la Formación Profesional. San José, Costa Rica. 1996.