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2. Antecedentes para una Evaluación de la Formación
Profesional en los Países Andinos
2.1. Consideraciones Generales
El marco institucional y las políticas y programas
descritos en la parte anterior evidencian que los países andinos cuentan
con una importante base de formación profesional. En términos cuantitativos,
el número de personas que recibe anualmente alguna forma de capacitación
es considerable, y el aumento de instituciones, programas, cursos y
participantes ha sido acelerado en los últimos años. Las instituciones
oficiales han procurado responder a las necesidades de la economía y
de adaptarse a las nuevas condiciones; sin embargo, la profundidad de
los cambios y la diversidad de las demandas dejan todavía pendiente
un amplio margen para la reforma y el perfeccionamiento.
En primer lugar, ninguno de los países andinos tiene
un sistema estructurado que le permita regular, coordinar y supervisar
el mercado de capacitación. En los casos en que ha habido una mayor
diversificación de la oferta, la capacitación resultante suele ser muy
heterogénea en términos de calidad, y no existe comunicación ni coordinación
entre los entes capacitadores. Se aprecia dispersión de actividades
y la información sobre la oferta y la demanda es muy insuficiente. En
otros casos, la oferta se mantiene todavía centralizada en los organismos
oficiales, o se ha ido diversificando en áreas y especialidades que
éstos no suplen suficientemente, pero sin que se haya creado competencia
entre distintos oferentes.
En segundo lugar, es necesario continuar avanzando
hacia una mayor participación de empleadores y trabajadores en la definición
de la política de formación de recursos humanos y en la orientación
de actividades, cursos y programas, tanto a través de las organizaciones
de cúpula como en sus representaciones regionales, sectoriales o de
empresa.
En tercer lugar, en la mayoría de los países, la cobertura
de la capacitación es insuficiente. Falta capacitación para jóvenes
desertores del sistema educativo, para el sector informal y para las
áreas rurales; a pesar de los progresos en la regionalización de los
organismos, en la introducción de modalidades descentralizadas de capacitación
y en la actividad de las ONG's, no hay claridad sobre los resultados
obtenidos.
Los sectores más pobres son los más afectados por esta
insuficiencia. No se ha logrado en general articular al sector público
y al sector privado, de manera que la oferta se diversifique, haya mayor
competencia y puedan capacitar distintas instituciones.
En cuarto lugar, en gran medida las instituciones oficiales
de capacitación continúan entregando sus servicios en función de sus
posibilidades de oferta más que en función de los requerimientos del
mercado. En gran parte esto se debe a que no logran captar la información
sobre la demanda con suficiente desagregación ocupacional, sectorial
y geográfica. Se trata de un problema crítico en la situación actual
de los países andinos, que deben enfrentar un intenso proceso de cambio
y la exigencia de aumentar su productividad y competitividad, como resultado
de la apertura. Al mismo tiempo, la necesidad de incorporar nuevas tecnologías
de gestión y producción, implica mayores requerimientos de capacitación
para los trabajadores en actividad y de una formación inicial más amplia.
En quinto lugar, persisten problemas de eficiencia
en el funcionamiento de las instituciones oficiales de capacitación
que se derivan de su tamaño y la ejecución directa de los programas
y cursos.
Con diferencias entre especialidades y sectores, hay
problemas por la calidad del equipamiento, por desfase tecnológico debido
a insuficiente actualización, y de capacidad de los instructores. Algunas
de las instituciones oficiales tienen altos costos y no han logrado
suficiente flexibilidad.
