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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Los sindicatos y el sector informal: en pos de una estrategia global
ACTRAV/OIT, 1999

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4.2.3. Establecimiento de alianzas y sindicalismo comunitario

La naturaleza de la fuerza de trabajo del sector informal hace difícil la labor de los sindicatos. Aunque desde afuera el sector informal se considera «no organizado», tiene sus propias reglas, en las que los vínculos étnicos, familiares y de parentesco son más importantes que la solidaridad de la clase trabajadora. Los trabajadores del sector informal muy a menudo están preocupados por los problemas cotidianos y no están necesariamente interesados en unirse a protestas colectivas o participar en acciones sindicales porque no ven cómo dichas acciones o su afiliación a un sindicato pueden ayudarles a resolver los problemas prácticos y muy básicos a que se enfrentan. No obstante, estas barreras a veces pueden ser exageradas. Por ejemplo, en el pasado, los sindicatos a menudo daban por sentado que la incompatibilidad de las responsabilidades familiares y las barreras culturales o religiosas impedirían a las mujeres participar plenamente en actividades sindicales. Sin embargo, puestas a prueba estas ideas preconcebidas no siempre han resultado ser válidas. Otras barreras posibles han demostrado ser más rígidas. Por ejemplo, las asociaciones de trabajadores del sector informal, cuando existen, no desean necesariamente colaborar con los sindicatos tradicionales. Los esfuerzos por establecer una colaboración y participación más estrecha con los sindicatos resultan más difíciles por el hecho de que los métodos de organización tradicionales a nivel de taller son generalmente inapropiados para el sector informal, donde los trabajadores están dispersos y es difícil identificar a los empleadores.

En consecuencia, la primera medida y quizás la más difícil para los sindicatos es establecer contacto con los trabajadores del sector informal. En la práctica, ello significa ir a su encuentro, lo que no siempre es fácil. Una estrategia cada vez más importante que debería fomentarse es seguir el rastro de los afiliados, ya que es muy probable que en los mercados de trabajo de hoy en día cambien de tarea, empleo, situación o lugar de trabajo o estén desempleados varias veces durante su vida laboral. En muchos casos, los miembros de sindicatos que están empleados en el sector formal, pero tienen parientes en el sector informal, pueden servir de «puente» entre los sindicatos y los trabajadores de que se trate. A veces, los afiliados que se han visto obligados a dejar el sector formal para ocupar un empleo en el sector informal también pueden servir de enlace posible con los trabajadores de este último sector. Una estrategia que ha demostrado tener éxito a la hora de entrar en contacto con los trabajadores del sector informal consiste en establecer vínculos con asociaciones artesanales de este sector ya establecidas.

Cuando se impide el acceso al lugar de trabajo o éste no se conoce, como en el caso de los trabajadores a domicilio o los trabajadores domésticos, un enfoque «comunitario» puede ser la solución. Para ello, hay que trabajar intensamente en ciertas comunidades y, en particular, establecer vínculos con las organizaciones comunitarias y recurrir a trabajadores del sindicato que ya mantienen contactos estrechos con la comunidad (véase el recuadro 10 para más información sobre cómo se ha utilizado este enfoque en las zonas francas industriales).

Históricamente, el movimiento sindical siempre ha tratado de establecer alianzas para defender sus causas. El establecimiento de coaliciones con organizaciones y movimientos de ideas afines ha sido uno de los ejes centrales de la estrategia socioeconómica del movimiento sindical. A medida que los sindicatos se ocupan cada vez más de cuestiones sociales tales como la protección del medio ambiente, el racismo, la discriminación, el trabajo infantil, la esclavitud o la situación de los trabajadores migrantes, y a medida que aparecen más ONG, el establecimiento de alianzas adquiere una importancia incluso mayor.

Los criterios para establecer alianzas varían considerablemente de un lugar a otro. No obstante, cada vez resulta más obvio para muchos sindicatos que hay que estrechar los lazos entre el movimiento laboral y la comunidad en torno a campañas «para sindicar a quienes no están sindicados» por medio de movilizaciones sobre cuestiones sociales. Como cualquier otra actividad sindical, las alianzas deben basarse en objetivos claros y en una estrategia bien planificada. Todas las partes involucradas deben sentir que saldrán beneficiadas si participan y que sus intereses se tienen plenamente en cuenta. Las alianzas más comunes son aquellas basadas en cuestiones específicas. Los grupos de mujeres son a menudo muy activos en la lucha por los derechos humanos y no temen participar en manifestaciones u organizar huelgas, y, por lo tanto, son un aliado potencial importante para los sindicatos. Por ejemplo, el Sindicato de Trabajadores del Instituto Nacional de Electricidad (STINDE) de Guatemala trabajó con éxito con grupos de mujeres para presentar al Parlamento un proyecto de ley sobre acoso sexual. En Ghana, se ha llevado a cabo una iniciativa conjunta entre sindicatos y ONG sobre la ley de sucesión intestada, destinada a proteger los derechos de las mujeres y garantizarles una parte de la herencia de sus maridos. En Benin, los sindicatos presentaron sus apreciaciones sobre el proyecto de ley de la familia y el código de las personas, y organizaron un seminario y sesiones informativas para hacer ver al público la importancia de la cuestión. En la Argentina, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) ha estado colaborando con universidades, otros sindicatos, partidos políticos, ONG y el poder legislativo para formar a mujeres en la carrera política. En Burkina Faso, los sindicatos se han unido con ONG y grupos comunitarios locales para luchar contra los delitos impunes, tras los asesinatos de un periodista y un empleado próximos al Gobierno. Las alianzas basadas en acontecimientos también son comunes, por ejemplo las del 1.º de mayo.

Recuadro 10
La sindicación de quienes no están sindicados en las zonas francas industriales

Hay más de 2.000 zonas francas industriales (ZFI) que emplean actualmente a unos 27 millones de personas en todo el mundo. Entre el 60 y el 90 por ciento de estos trabajadores son mujeres, a menudo jóvenes que trabajan por primera vez. Aunque hay muy pocos países que restringen oficialmente la actividad sindical en las ZFI, la realidad es que la mayoría de las ZFI no cuentan con presencia sindical. Dichas zonas a menudo tienen un sistema de relaciones laborales no estructurado. Esto significa que la mayoría de las empresas de las zonas no cuentan con procedimientos de consulta, negociación o solución de conflictos. Al mismo tiempo, las empresas en estas zonas se ven obligadas a trabajar de forma más intensa y durante más tiempo para hacer frente a una competencia internacional cada vez más fuerte. La intensidad de la producción, la duración de los equipos y las modalidades y condiciones de trabajo son a menudo fuente de desacuerdo entre la mano de obra y la dirección, y debido a la ausencia de organizaciones de trabajadores y vías de negociación, dichos desacuerdos a menudo dan lugar a conflictos y confrontaciones abiertas. Un número cada vez mayor de empresas y autoridades de estas zonas se están dando cuenta de la importancia de disponer relaciones laborales estables y están tratando de establecer sistemas de consulta, negociación y solución de conflictos. No obstante, uno de los requisitos previos para poder establecer dichos sistemas es la presencia de sindicatos bien organizados.

Los sindicatos se enfrentan a dos tipos de problemas a la hora de organizar a los trabajadores de las zonas. El primero de ellos tiene que ver con la falta de acceso a las ZFI. Las zonas son territorios aduaneros especiales y por esa razón a menudo están vallados y vigilados. Ello hace que sea incluso más difícil para los afiliadores acceder a los trabajadores en sus puestos de trabajo. El segundo tipo de problema tiene que ver con la respuesta de los propios trabajadores a las propuestas de los afiliadores.

A fin de resolver el problema del acceso, los sindicatos han adoptado un enfoque sindical basado en la comunidad. Los trabajadores de las ZFI generalmente se concentran en áreas de gran densidad, de manera que los sindicatos, junto con las ONG y los grupos religiosos, han establecido centros que proporcionan asesoría, orientación y servicios de formación a los trabajadores. Las actividades varían desde los consejos sobre los derechos de los trabajadores en materia de legislación laboral hasta el asesoramiento sobre acoso sexual o violencia en el trabajo o el desarrollo de conocimientos prácticos. En la República Dominicana, el sindicato de la zona denominado Fenatrazona estableció comités femeninos barriales de zonas francas. Estos comités de distrito para mujeres engloban a mujeres sindicadas y no sindicadas con objeto de poner de relieve la importancia de las condiciones de trabajo. Para 1997, funcionaban cuatro comités. Estos comités podrían servir de plataformas para futuras organizaciones sindicales. En agosto de 1996, en la República Dominicana, la Cipaf y la oficina regional de Oxfam (RU) iniciaron una campaña titulada «Trabajo sí pero con dignidad», destinada a despertar la toma de conciencia sobre las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores en las ZFI. Su objetivo consistía también en sensibilizar al público y a los empleadores sobre la necesidad de establecer códigos de conducta sobre relaciones laborales. El Congreso de Sindicatos de Filipinas (TUCP) inició una campaña para organizar a los trabajadores de las ZFI en 1997. Los afiliadores van de puerta en puerta en la comunidad y también proporcionan información sobre los derechos de los trabajadores, la seguridad y salud y las cuestiones relacionadas con las diferencias de sexo.

El segundo problema tiene que ver con la actitud o la toma de conciencia. Los sindicatos han descubierto a veces que los trabajadores de las zonas son renuentes incluso a asistir a una reunión sindical y aún más a afiliarse. La razón puede deberse al miedo a ser tratados injustamente por el empleador o las autoridades, a la falta de confianza y seguridad en sí mismos, o a la doble tarea que muchas trabajadoras tienen que realizar todos los días, una en el trabajo y la otra en casa. A las trabajadoras a menudo les resulta difícil encontrar tiempo para asistir a reuniones sindicales, especialmente si se celebran por la noche o durante los fines de semana, ya que entonces tienen que atender sus responsabilidades domésticas. Para tratar de subsanar estas dificultades, algunos sindicatos han establecido secciones especiales femeninas para organizar a las trabajadoras. Estos sindicatos utilizan a afiliadoras para organizar a las mujeres y celebran reuniones en el momento y lugar más convenientes. Un enfoque acertado adoptado en Filipinas ha sido ayudar a las trabajadoras en sus tareas domésticas a fin de liberarlas para que puedan participar en otras actividades, como el trabajo sindical. Entre tales iniciativas cabe destacar el establecimiento de cooperativas para proporcionar vivienda, transporte, abastecimiento al por mayor de productos esenciales y asistencia infantil. Asimismo, los sindicatos han comprobado que las trabajadoras (las cuales pueden enfrentarse a una discriminación importante en el acceso a la educación y la formación) valoran de manera muy positiva las actividades educativas y de formación. Estas actividades aumentan su confianza y las oportunidades de empleo y mejoran su capacidad para organizarse.

Fuente: van Heerden (OIT, de próxima aparición).

Aunque las alianzas entre los sindicatos y los grupos comunitarios se establecen por lo general en torno a cuestiones específicas, también pueden dar como resultado relaciones más continuadas cuando se superponen diversos objetivos o intereses. En los Estados Unidos y el Canadá, este tipo de alianzas ha dado lugar a una nueva forma de sindicalismo llamado «sindicalismo comunitario», al que se hace referencia anteriormente en este capítulo. La razón de ser del «sindicalismo comunitario» parte de la base de que se reconoce que los sindicatos no pueden funcionar de manera aislada, sino que deben incluir a las organizaciones comunitarias en sus luchas. Las organizaciones comunitarias involucradas se componen de grupos de asesoramiento, como grupos de derechos civiles o de derechos de minorías, organizaciones religiosas, grupos medioambientales y organizaciones de derechos de mujeres y de personas de edad avanzada. Una de las ventajas del sindicalismo comunitario es que crea un sentimiento de solidaridad entre trabajadores sindicados y no sindicados en lo que respecta a objetivos comunitarios. En ese sentido, los trabajadores no sindicados pueden aumentar su confianza en los esfuerzos organizadores de los sindicatos.

Cuando se establecen alianzas, debería prestarse atención especial a movilizar a otros sindicatos en torno a causas de interés común. En muchos países en desarrollo, la existencia de un gran número de sindicatos es a menudo un verdadero obstáculo para el progreso de las causas sindicales. No obstante, se ha comprobado que la cooperación y coordinación entre sindicatos diferentes, en especial en lo que respecta a causas de justicia y dignidad de los trabajadores, pueden movilizar más recursos (humanos y financieros) y evitar una duplicación innecesaria de esfuerzos. Tal colaboración contribuye asimismo a construir una mayor solidaridad entre los trabajadores en la sociedad.

Recuadro 11
Alianzas estratégicas: el ejemplo del SEIU

Desde la primavera de 1941 ningún sindicato en los Estados Unidos ha sido capaz de sindicar a tal cantidad de trabajadores como lo hizo el Sindicato Internacional de los Empleados de Servicios (SEIU) con los trabajadores de atención domiciliaria del condado de Los Angeles.

Estos trabajadores prestan atención a personas de edad avanzada y discapacitadas del condado, son contratados individualmente por el cliente y perciben del condado el salario mínimo. Esto significa que los trabajadores normalmente no se conocen entre ellos y tienen pocas oportunidades o ninguna de organizarse con objeto de defender sus derechos. Ha sido un reto importante para el SEIU planificar la sindicación de 75.000 trabajadores, distribuidos en 75.000 lugares de trabajo y empleados por casi 75.000 empleadores.

Durante los últimos 12 años, el SEIU logró entrar en contacto con esos trabajadores haciendo  causa común con sus clientes. Cuando se inició la campaña de sindicación, el SEIU obtuvo el apoyo del movimiento de discapacitados y ambos alcanzaron acuerdos en materia de medidas de salvaguardia de los derechos de los clientes (contratación y despedido), aceptación de una cláusula de no declaración de huelgas y búsqueda conjunta de mejores programas de formación para los trabajadores. Todas estas medidas beneficiaron en última instancia tanto a los clientes como a los trabajadores. En virtud de esta alianza y a través de medidas de asesoramiento político, el SEIU obtuvo del Estado el permiso para que los condados estableciesen agencias que, actuando como empleadores, pudieran supervisar la formación, mantener registros y negociar colectivamente con los trabajadores. Para alcanzar este resultado, y ante la falta tanto de un registro central como de un lugar de trabajo común, el SEIU debía ponerse en contacto de manera individual con los trabajadores de atención domiciliaria; para ello, contrató a 22 trabajadores de su personal a tiempo completo y a otros 75 miembros procedentes de secciones vecinas o de otros sindicatos. Su tarea consistía en ponerse en contacto con los trabajadores mediante una campaña realizada de puerta a puerta.

Entre marzo y noviembre de 1998 se contactó a más de 3.000 trabajadores de atención domiciliaria, un tercio de los cuales se afilió al sindicato.

En la actualidad, el objetivo del SEIU es obtener un acuerdo con las autoridades estatales sobre el establecimiento de un registro, la organización de un programa de formación para los trabajadores y el aumento de la escala de remuneración por encima del salario mínimo, tarifa utilizada en la actualidad. De los 475.000 trabajadores que se afiliaron a los sindicatos de los Estados Unidos en 1998, el 13,5 por ciento se afilió al SEIU, sindicato que espera recibir 150.000 nuevas afiliaciones en 1999.

Fuente: LA Weekly: «Powerlines», 26 de febrero - 4 de marzo de 1999.

Los participantes quizás deseen debatir si el establecimiento de alianzas con ONG, grupos religiosos o de otra índole es un componente viable y eficaz de la campaña general para organizar y mejorar las condiciones de los trabajadores del sector informal. Cabe preguntarse también qué tipos de grupos y cuestiones ofrecen las mejores perspectivas para establecer alianzas.

 

 

 


 

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