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Las siguientes prácticas propuestas provienen de países en los
que se han aplicado reformas pertinentes y pueden ser útiles para
reorientar los sistemas de formación hacia la mejora de las condiciones
en las empresas del sector informal:
i) la formación para el empleo debería ser más vasta, es decir,
debería abarcar mucho más que los programas de dos o tres años que
suelen patrocinar los gobiernos para preparar a los estudiantes
que abandonan la escuela para sus primeros empleos en el sector
formal; sobre esta base habría que definir los conceptos conexos,
en especial el de aprendiz y el de personal de capacitación;
ii) es importante que antes de desarrollar una estrategia de formación
para las empresas del sector informal (o cualquiera que sea la terminología
que prefiera utilizarse), se obtenga un consenso acerca de los beneficios
que implica mejorar las condiciones de un gran número de personas
que trabajan con niveles muy bajos de productividad y de ingresos,
posiblemente a expensas de alguna otra causa valiosa;
iii) por razones de viabilidad, y de equidad, las medidas de formación
para mejorar, poco a poco, las condiciones de un gran número de
trabajadores de empresas del sector informal podrían favorecerse
más que las medidas destinadas a «seleccionar a unos cuantos ganadores»;
en lugar de ofrecer cursos de formación vastos y completos, podría
pensarse en impartir cursos con una formación muy delimitada destinada
a subsanar los puntos débiles más obvios en la explotación de la
empresa; deberían explorarse maneras de alentar las fuentes privadas
de formación, con inclusión de los microempresarios que puedan calificarse
como expertos artesanos, para que participen en la aplicación de
una formación de tipo modular;
iv) es lógico que en condiciones de incertidumbre (por ejemplo,
en el caso de las exigencias futuras en materias de calificaciones)
se hagan intentos para conseguir que los sistemas de formación y
sus productos sean más flexibles de lo habitual; debería reconocerse,
sin embargo, que esa flexibilidad se ve comprometida con facilidad
por la tendencia desmedida, tan común entre los burócratas, hacia
la reglamentación, por ejemplo respecto de las calificaciones mínimas
de entrada, o de las normas de formación, de las pruebas y certificaciones,
o de las condiciones que ha de reunir el personal de formación del
sector privado;
v) a pesar de que se buscan resultados rápidos, el enfoque básico
de la reforma sistémica debería consistir en tratar de obtener cambios
graduales en las estructuras y procedimientos existentes; los responsables
de las políticas, después de todo, pueden cometer errores, o quedar
a la zaga de los nuevos acontecimientos o subestimar la resistencia
hacia los enfoques que no han sido elaborados por la base; debería
haber muchas oportunidades de evaluación y de hacer los ajustes
necesarios;
vi) es esencial convencer a los directores de formación, al personal
de formación y a las demás personas interesadas de la necesidad
de introducir cambios, para que participen en la formulación de
otras políticas, y también es menester proporcionarles la formación
y los incentivos que haga falta para garantizar la aplicación de
las políticas;
vii) la eficacia de la formación es directamente proporcional al
grado de participación que tienen los clientes en la toma de decisiones
que los afectan; por esta razón, deberían explorarse las ventajas
de descentralizar la formación pública, lo cual incluye la devolución
del control de los presupuestos a los directores de formación; en
todo caso, las personas encargadas de aplicar los programas deberían
tener un margen de maniobra y debería permitírseles, dentro de ciertos
límites, que hagan experimentos, por ejemplo con el contenido y
la metodología;
viii) la introducción de cambios importantes, aun cuando se apliquen
gradualmente, exige probablemente recursos sustanciales; en lugar
de reclamar fondos gubernamentales adicionales, habría que redistribuir
de otra manera los fondos existentes para aprovecharlos mejor, mientras
se exploran otros medios, con inclusión de recursos externos; del
mismo modo, se recomienda recurrir en lo posible a las instituciones
existentes, tanto públicas como privadas, adaptadas o reagrupadas
según sea necesario para alcanzar los nuevos objetivos;
ix) la formación para trabajar en microempresas debería complementarse,
cuando sea necesario, con servicios previos y posteriores a la formación,
por ejemplo cursos de orientación profesional y sesiones de información
y de preguntas para abordar problemas relacionados con los créditos,
los mercados o el acceso a la tecnología;
x) no debe pensarse que los programas de formación destinados a
aprendices de grupos designados como desfavorecidos van a acabar
con las causas originales de su situación.
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