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4.1.4. Protección social
En diversos estudios se ha indicado que los microempresarios
del sector informal consideran que el costo de la contribución de los
empleadores a los regímenes nacionales de protección social es excesivo,
y de hecho lo citan como una de las causas importantes que les han llevado
a operar al margen del sector formal de la economía. En la actualidad,
más del 80 por ciento de la población de Africa está excluida de los
sistemas nacionales de protección social, situación en la que también
se encuentra la mayoría de la población de todos los países en desarrollo.
Además, las organizaciones financieras internacionales y muchos gobiernos
están preocupados por las consecuencias presupuestarias que tiene la
intervención del Estado en este campo, y por ende experimentan nuevas
reformas de los regímenes de seguridad social que comprenden la privatización
de por lo menos algunos de sus componentes. Con justa razón, el movimiento
sindical se ha opuesto a las propuestas más radicales de reforma que
se han hecho en este campo. No obstante, los sindicatos también están
preocupados por el fenómeno de exclusión social y por el hecho de que
segmentos importantes de la fuerza de trabajo de los países en desarrollo
no tienen acceso a forma alguna de protección social. Por consiguiente,
los sindicatos tienen sólidas motivaciones para estar ya interviniendo
en el debate sobre el futuro de la protección social, y sería conveniente
abordar el estudio de medios que permitan intensificar la influencia
de los sindicatos en el rumbo que tomarán las políticas estatales en
esta esfera.
El tema central del debate sobre la seguridad social debería
ser la búsqueda de mecanismos para dar protección a quienes más la necesitan,
lo que por cierto incluye a los trabajadores del sector informal, con
costos que puedan ser asumidos por los propios trabajadores, sus empleadores
(de haberlos) y el Estado. En la opinión de muchos observadores, y en
particular del propio movimiento sindical, los intentos encaminados
a garantizar una protección social equitativa y universal son un factor
fundamental para la disminución de las desigualdades de ingresos en
la sociedad.
Aunque los empleadores y los economistas neoliberales
sostienen que se debería reducir el papel que el Estado cumple en materia
de protección social, nosotros observamos que en todas las sociedades
se necesita alguna forma de intervención de los poderes públicos. Ante
todo, incumbe a los gobiernos una función decisiva en cuanto a la redistribución
del ingreso como medio para mitigar la pobreza. En segundo lugar, por
lo general se acepta que a los gobiernos corresponde por lo menos desplegar
algunos esfuerzos para ofrecer a todos los ciudadanos una protección
financiera adecuada en caso de enfermedad, discapacidad, fallecimiento
o jubilación. Uno de los argumentos más simples que justifican esta
forma de intervención estatal es la imprevisión de muchos trabajadores
que, si estuvieran convenientemente orientados, podrían asumir sus propias
necesidades en materia de seguros. Al no existir un sistema obligatorio,
les faltaría la necesaria prudencia o disciplina para efectuar sus contribuciones
a un plan de seguro que cubra la enfermedad, la discapacidad, el fallecimiento
o la jubilación. Al llegar a comprender su error, les resultaría muy
difícil volver atrás. Ahora bien, los sindicatos tienen conciencia de
que si bien la intervención de los poderes públicos en la promoción
de la protección social puede mejorar los resultados de este mercado
de servicios, también puede empeorarlos. Por consiguiente, es imprescindible
estudiar cuidadosamente cuáles han de ser la estructura y el alcance
de la intervención estatal.
A la luz de estas consideraciones muy generales, los participantes
en esta reunión tal vez deseen considerar si es conveniente y políticamente
factible que los sindicatos promuevan a nivel nacional debates sobre
el futuro de la seguridad social, en los que por lo menos deberían participar
representantes del Estado, de los empleadores y de los trabajadores.
Entre los temas sugeridos para dichos debates figuran los siguientes:
a) las formas y el nivel de protección básica que habría
que garantizar a todas las personas, inclusive los trabajadores del
sector informal;
b) las fuentes de financiación de la protección social
y una evaluación de la cuantía de los recursos que la sociedad en su
conjunto puede dedicar a la protección social, y
c) los mecanismos para administrar los regímenes de protección
social en forma equitativa.
Cualquiera que sea la forma que adopte el debate, hay
algunos puntos generales que los sindicatos tal vez querrán recalcar.
En primer lugar, por lo que se refiere a la definición del concepto
de «protección básica», muchos estudios de casos han mostrado que las
necesidades prioritarias de los trabajadores del sector informal se
refieren a la obtención de prestaciones en caso de discapacidad o de
fallecimiento del principal sostén económico de la unidad familiar (prestaciones
de sobreviviente para sus familiares). Además, los trabajadores del
sector formal de la economía, que tienen ingresos estables y de mayor
cuantía, atribuyen una importancia igual o incluso mayor a los ingresos
para la jubilación. En casi todos los países, los seguros de discapacidad
y de vida son relativamente baratos, y su financiación suele corresponder
a no más del 3 a 4 por ciento de los ingresos asegurados. La postura
de los sindicatos al respecto podría ser que todos los países deberían
dotarse de los medios necesarios para sufragar la cobertura universal
de por lo menos estas clases de seguro.
En segundo lugar, en el marco del debate sobre la financiación
de la protección social, se suelen oponer a los sindicatos argumentos
tales como «el país x está gastando un y por ciento de su PIB en protección
social, lo que es insostenible». En realidad, lo que es impracticable
y contraproducente es optar por la solución simplista de fijar límites
máximos al gasto en protección social. En la práctica, es evidente que
el monto de los recursos que la gente está dispuesta a destinar a la
seguridad social -- y, por consiguiente, el volumen de gasto que la
sociedad en su conjunto puede asumir -- está estrechamente relacionado
con el tipo de sistema de seguridad social que se haya establecido.
Por regla general, los interesados, y por lo tanto los gobiernos, no
están dispuestos a pagar sumas elevadas por sistemas de seguridad que
ofrecen prestaciones uniformes (es decir, prestaciones de una misma
cuantía, independientemente del nivel de ingresos de los beneficiarios),
sobre todo cuando el pago de las prestaciones queda supeditado a un
tope en los ingresos. Además, los sistemas universales basados en el
seguro social, en que las contribuciones y las prestaciones se determinan
en función de los ingresos de cada persona, suelen ser aceptados por
la población, que los considera convenientes y al alcance de sus recursos
financieros, pese al hecho de que por regla general representan para
ellos un gasto dos a tres veces superior al que implican los sistemas
uniformes.
En tercer lugar, en lo relativo a los mecanismos de administración
de los regímenes de protección social, el movimiento sindical pudiera
considerar que la intervención estatal y las medidas de transferencia
de ingresos son necesarias para garantizar la protección de los
trabajadores del sector informal, dado que los ingresos netos practicados
en este sector suelen situarse por debajo del umbral de la pobreza.
Desde un punto de vista administrativo, es probable que las instituciones
de seguridad social que existen en la mayoría de los países no tengan
la capacidad de garantizar una cobertura de seguros adecuada para el
sector informal, a menos que antes se proceda a una modificación radical
de su estructura tradicional, concebida para prestar servicios a los
trabajadores del sector formal de la economía. Por consiguiente, los
participantes en la reunión tal vez deseen analizar la cuestión de si
otras organizaciones e instituciones podrían desempeñar un papel útil
en la administración de regímenes que se ocupen del sector informal.
Por ejemplo, los sindicatos podrían intervenir en la administración
de regímenes para este sector. En todo caso, los sindicatos deberían
participar en la supervisión de las políticas nacionales de seguridad
social.
Hay otro aspecto importante del debate sobre la protección
social en el sector informal que los participantes deberían considerar.
Confrontados a la inexistencia de regímenes universales de protección
social, y habida cuenta de la propagación del fenómeno de exclusión
social que se observa en la mayoría de los países en desarrollo, muchos
gobiernos, instituciones financieras internacionales y ONG han estado
realizando algunas experiencias piloto de seguros mutualistas a nivel
local. La OIT también ha participado en estas experiencias. El programa
global STEP (Estrategias y Técnicas contra la Exclusión Social y la
Pobreza), iniciado por la OIT en 1998, constituye el instrumento operativo
que el Departamento de Seguridad Social está utilizando para luchar
contra la exclusión social y para extender la protección social al sector
informal. La creación y el desarrollo de este programa se basan en el
supuesto de que la ampliación de la protección social en el sector informal
no es factible en el marco de los sistemas nacionales de seguridad social,
lo que pudiera considerarse contradictorio con los argumentos que se
han expuesto más arriba. Los encargados del programa STEP consideran
que existe una necesidad urgente de innovar, experimentar e introducir
reformas en las políticas y estrategias sobre protección social, por
lo que están esforzándose por encontrar soluciones a esta problemática.
En el recuadro 1 se facilitan más detalles sobre este
programa.
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Recuadro 1
El programa STEP
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STEP tiene por objeto
promover y difundir métodos innovadores que concilien la justicia
social con la eficiencia en la gestión y las realidades del mundo
económico. El programa defiende los principios de la justicia y
la cohesión social, promoviendo una metodología de tipo solidario
que se funda en la participación activa de los trabajadores excluidos
en la definición y puesta en práctica de formas de protección social
más apropiadas.
La estrategia de STEP se centra en tres temas principales:
-- Desarrollo del conocimiento: identificación y análisis
de las experiencias más significativas que se hayan registrado en
el mundo; sistematización de las lecciones aprendidas y de los conocimientos
técnicos acumulados; conceptualización de las actividades de investigación
aplicada, y producción de instrumentos metodológicos y didácticos.
-- Desarrollo de los servicios: se trata en particular de
servicios consultivos para mandantes en relación con las estrategias
y las políticas para la ampliación de la protección social; de la
formulación, la ejecución y la evaluación de proyectos y programas;
de la difusión de los instrumentos concebidos; de la formación en
este campo, y de la animación de redes de diálogo e intercambio.
-- La promoción activa: ello supone fortalecer la capacidad
de la OIT para intervenir en forma decisiva en el debate internacional
sobre el futuro y la ampliación de los sistemas de protección social,
en el marco de la mundialización; la organización de foros internacionales
y la participación en los mismos; la publicación de material de
alto nivel; el establecimiento de alianzas estratégicas con las
principales organizaciones internacionales interesadas, y la
movilización de recursos. |
Los motivos que sustentan la política de STEP y sus métodos
innovadores en materia de protección social son bien fundados y, en
principio, coherentes con los objetivos de los sindicatos en la perspectiva
de mejorar la situación de las capas pobres y socialmente excluidas
de la población. Sin embargo, los sistemas de base comunitaria y carácter
voluntario con que ha estado trabajando este programa no ofrecen la
misma amplitud para un enfoque solidario como el que suponen los regímenes
nacionales y obligatorios en los que participan sin distinción los trabajadores
con bajos y altos ingresos. Por ende, los sistemas propugnados por STEP
pudieran considerarse como etapas intermedias en el camino hacia la
protección social obligatoria. Evidentemente, es vital obtener que los
empleadores del sector formal de la economía no se sirvan de estos sistemas
como de sustitutos baratos de la seguridad social propiamente dicha
y se sientan alentados a informalizar aún más sus actividades.
Por estos motivos, la evolución de los sistemas de protección
social debería ser el eje de todo el debate sobre el sector informal.
Los resultados a que lleguen las deliberaciones en materia de protección
social podrían ser un factor decisivo de la integración definitiva del
sector informal en el marco general de la economía moderna, pues de
lo contrario se dejarán las puertas abiertas para que sigan deteriorándose
las condiciones laborales y sociales de la economía formal.
