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4.1.2. Fomento de una buena gestión pública y de una
administración del trabajo idónea
En las secciones anteriores de este documento se ha hecho
hincapié en la importancia que reviste, tanto desde el punto de vista
económico como social, la existencia de un cuerpo legislativo laboral
adecuado. Con todo, ello no significa que la legislación sea siempre
perfecta o que la aplicación de las normativas no adolezca de deficiencias.
De hecho, un motivo frecuentemente citado por los actores del sector
informal para justificar el incumplimiento de las normas y reglamentos
es su convicción de que estos requerimientos conllevan costos de los
que no pueden sacar beneficio alguno. Por lo tanto, los sindicatos podrían
interesarse en ejercer presión sobre las autoridades para que racionalicen
la aplicación de normativas costosas y conciban medios más baratos para
realizar los objetivos sociales propuestos. Por ejemplo, en lo que atañe
a las exigencias sobre seguridad y salud, se podría proponer que las
pequeñas empresas se doten de otros equipos más baratos, opción que
debería figurar en la legislación (véase más abajo una explicación más
detallada). Otro problema significativo es la ambigüedad en la aplicación
de las normativas y la corrupción que suele ir asociada con la recaudación
de impuestos y la aplicación de normas. Naturalmente, esto refuerza
la imagen que se tiene del gobierno como de un parásito que se alimenta
del sector privado, y la idea de que toda forma de reglamentación es
una carga injustificada para las empresas. En tales circunstancias,
a mucha gente le parece moralmente legítimo y en general aceptable sustraerse
al pago de los impuestos y al cumplimiento de la legislación laboral
o de otras reglamentaciones.
Se podría concluir, pues, que en vez de restringir el
papel que el Estado desempeña en la economía, los encargados de la elaboración
de políticas deberían concentrarse en mejorar la eficacia de las intervenciones
del Estado. Durante el último decenio, mucho se ha escrito y dicho acerca
del «buen gobierno». La mayoría de la gente asocia este concepto con
políticas de gran resonancia, como la promoción de la democracia, el
imperio de la ley y la búsqueda de una mayor apertura en las relaciones
entre el gobierno, el sector bancario y la industria. En realidad, la
necesidad de un buen gobierno es también pertinente por lo que se refiere
al sector informal. Los estudios que la OIT ha llevado a cabo en este
sector indican claramente que toda medida encaminada a hacer más transparente
y sistemática la aplicación de las normas y reglamentos sobre permisos
de construcción, disposiciones sanitarias, licencias de explotación
y registro ante las autoridades tributarias locales y nacionales, así
como ante las instituciones competentes en materia de contratos de trabajo
y asuntos de seguridad social, contribuye a mejorar la imagen de los
organismos estatales responsables de tales funciones, lo que a su vez
puede estimular el cumplimiento de este tipo de reglamentaciones.
Los trabajadores del sector informal se ven confrontados
también a los problemas derivados de la existencia de estructuras de
poder y de organizaciones de tipo mafioso que controlan el acceso a
los mercados. Estas suelen funcionar como agrupaciones criminales, ante
las cuales los trabajadores del sector informal se encuentran desprotegidos
dado que su condición jurídica marginal les impide recurrir a la policía
o a otras autoridades públicas. La intervención de las autoridades y
la aplicación de medidas para erradicar la criminalidad del sector,
o por lo menos para reducir al mínimo las prácticas de corrupción menores
y los sobornos, contribuirían de manera significativa a aliviar la situación
de la mayoría de las personas que trabajan en el sector informal. Ahora
bien, si las autoridades pretenden encontrar soluciones de fondo al
problema, deben estar dispuestas a retribuir adecuadamente a los funcionarios
encargados de aplicar las normas pertinentes, asegurándoles sueldos
y salarios justos que les permitan mantener un nivel de vida decoroso,
eliminando así un factor que lleva a los trabajadores del sector público
a corromperse para asegurar la subsistencia de sus familias. Esas medidas
deben combinarse con actividades de perfeccionamiento profesional de
los funcionarios públicos, a fin de mejorar su eficiencia y de poner
fin a las prácticas de acoso y corrupción. Al mismo tiempo, el Estado
tiene que asumir nuevas responsabilidades con respecto a la protección
de los derechos de propiedad y a las transacciones contractuales.
En el pasado, el movimiento sindical internacional ha
dado su pleno respaldo a las campañas encaminadas a mejorar la gestión
de los asuntos públicos y a eliminar la corrupción en los niveles más
elevados del aparato de Gobierno. Los participantes en esta reunión
tal vez estimen conveniente analizar la manera de promover estos mismos
principios, aplicándolos en los niveles inferiores del Estado. Así,
el movimiento sindical estará demostrando un mayor interés por los problemas
que se plantean cotidianamente a los trabajadores del sector informal.
En muchos países en desarrollo, los servicios de administración
del trabajo están insuficientemente dotados en personal y equipo. El
aumento de los recursos y el personal capacitado que se requieren para
estas funciones es una hipótesis evidente en materia de políticas que
los gobiernos deberían poner en práctica si pretenden verdaderamente
tratar de integrar al sector informal en el marco de la economía formal.
Sin embargo, limitarse a tal medida sería una solución excesivamente
simplista para los complejos problemas que deben resolver los inspectores
del trabajo cuando tratan de conseguir que las microempresas respeten
la legislación. Estos funcionarios suelen conocer la precariedad de
las condiciones en que funcionan estas pequeñas unidades y ser conscientes
de que las microempresas carecen de los medios necesarios para sufragar
todos los costos que supone la aplicación de las medidas previstas por
la legislación. Es lógico, pues, que en algunos países los servicios
de inspección del trabajo actúen con flexibilidad al aplicar la ley,
decidiendo, caso por caso, cuál será el nivel de cumplimiento que exigirán
a cada empresario. Cuando consideren que el empresario dispone de medios
financieros para dotar a su personal con todo el equipo de seguridad
necesario o para mejorar las condiciones de trabajo, aplicarán plenamente
la legislación en la empresa de que se trate. Cuando no sea así, pedirán
al empresario que haga algunas mejoras progresivas.
Algunos inspectores del trabajo dan también asesoramiento
sobre soluciones técnicas más baratas, como, por ejemplo, utilizar arena
en lugar de extinguidores de incendio. Se podría prestar una mayor atención
al examen de este tipo de soluciones. Los sindicatos tal vez deseen
examinar la posibilidad de fomentar la idea de que los inspectores del
trabajo establezcan una lista de otros materiales de seguridad más baratos
que podrían utilizar las microempresas en espera de que éstas alcancen
un nivel suficiente de viabilidad económica. Sin embargo, no hay cabida
para la flexibilidad en lo que atañe a cuestiones como la libertad sindical,
la discriminación y la explotación de los trabajadores, y los sindicatos
deberían instar encarecidamente a los gobiernos a velar por que los
inspectores del trabajo reciban una formación adecuada y actúen con
rigor profesional al aplicar estos componentes esenciales de la legislación
del trabajo.
