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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Los sindicatos y el sector informal: en pos de una estrategia global
ACTRAV/OIT, 1999

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3.2.3. Federación Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas

La intervención activa de la Federación Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas (ICEM) en el sector informal comenzó cuando se llevó a cabo la campaña internacional destinada a lograr la adopción de un instrumento de la OIT sobre el trabajo a domicilio. La ICEM fue en efecto una de las organizaciones que condujo el proceso que culminó con la adopción, en 1996, del Convenio núm. 177 y la Recomendación núm. 184 de la OIT. Desde entonces, la ICEM ha intensificado los esfuerzos por integrar las inquietudes del sector informal en sus políticas generales.

En los últimos decenios, los sectores de la química, la energía y las minas se han visto gravemente afectados por los cambios que han tenido lugar en la estructura y el funcionamiento de la economía mundial. La privatización masiva de empresas y servicios públicos que ha tenido lugar en estos sectores ha abierto los mercados nacionales al dominio de las empresas multinacionales. Incluso los sectores productivos que han logrado sobrevivir están con frecuencia vinculados a empresas multinacionales o dependen de ellas. Como resultado de esto, se han visto obligados a organizar su base tecnológica y estructural mediante la flexibilización del proceso de producción y de la mano de obra. El proceso de producción en estos sectores ha cambiado pues considerablemente; esto ha influido además en el empleo que es ahora más precario y más informal. En América Latina, por ejemplo, ya no suelen ser las empresas las que determinan el proceso de producción, puesto que éste ha sido reemplazado por cadenas de producción. Estas cadenas comienzan a menudo en modernas empresas transnacionales y terminan con empresas que se han quedado atrás desde el punto de vista tecnológico en las que es raro que los trabajadores tengan un contrato formal de trabajo o gocen de algún derecho social. Además, en la periferia de las grandes cadenas de producción se encuentra una gran proporción de trabajadores del sector informal.

En este contexto, la precariedad del empleo y las reducciones de personal se han convertido en una de las mayores amenazas para los trabajadores. Según indica un estudio, del total de trabajadores de la metalurgia que fueron despedidos en São Paulo (Brasil) entre 1990 y 1995, sólo el 21,6 por ciento encontraron otro empleo en el mismo sector, mientras que el 15,2 por ciento quedaron desempleados de manera permanente. El 40 por ciento del total de trabajadores que perdieron su puesto de trabajo por reducción de personal han quedado fuera del mercado de trabajo del sector formal (ICEM, 1999a).

Con ese telón de fondo, la ICEM y sus organizaciones afiliadas en distintas regiones han llegado a la conclusión de que es necesario consolidar sus esfuerzos en materia de organización y abarcar también el sector informal. La primera Conferencia Regional Africana de la ICEM, celebrada en diciembre de 1998, emitió un claro mensaje a ese respecto. La Conferencia Regional de la ICEM para América Latina y el Caribe, que tuvo lugar en abril de 1999, formuló también un mensaje similar. En un documento de política adoptado en esa ocasión (ICEM, 1999a) se señala como principal objetivo de la estrategia de la ICEM en la región lo siguiente:

asegurarse de que todos los hombres y mujeres que trabajan tengan su convenio colectivo, su estabilidad laboral y su protección social garantizados. Esto requiere una nueva forma de organización y una profunda reorientación del contenido de la acción sindical. En el documento de política se exhorta, por lo tanto, a los trabajadores que ya están organizados a que: pongan la capacidad de acción de sus sindicatos al servicio de la tarea de  organizar a todos los segmentos de la clase trabajadora, particularmente las mujeres, los negros, los indios, los trabajadores subcontratados y los del sector informal para crear nuevas formas de organización o transformar las organizaciones actuales para integrarlas. La finalidad última, tal como la definió la Conferencia, es llegar a constituir una organización única que represente a las diversas categorías de trabajadores de una cadena o una rama de producción, y que defienda sus diferentes intereses.

Al analizar las estrategias para organizar a los trabajadores del sector informal, la ICEM está prestando particular atención a las cuestiones relacionadas con la igualdad de género. En una declaración de política preparada por el Grupo de las Mujeres de la ICEM, que ha de presentarse al próximo Congreso Mundial de la ICEM a finales de 1999, se reconoce la abrumadora proporción de mujeres en el empleo correspondiente al sector informal y las zonas francas industriales. Se recomienda, por lo tanto, que la ICEM ponga en práctica un programa destinado a organizar a las mujeres en estos ámbitos de actividad. Se recomienda asimismo que la ICEM y sus organizaciones afiliadas hagan todo lo posible por fomentar la protección de los trabajadores a domicilio, la mayoría de los cuales son también mujeres.

Muchas organizaciones afiliadas a la ICEM se están esforzando por abarcar al sector informal.

En la India, la Federación Nacional de Trabajadores del Cemento está organizando pequeños grupos y proporcionándoles formación sobre el ahorro en instituciones bancarias y prácticas de carácter general en materia de salud. En Africa, algunos sindicatos de las industrias que abarca la ICEM están considerando la posibilidad de modificar sus reglamentos para poder organizar a los trabajadores del sector informal. La organización sudafricana afiliada a la ICEM, la Unión Nacional de Mineros (NUM), está sindicando a los trabajadores de pequeñas explotaciones mineras a escala familiar entre los cuales hay muchas mujeres. La NUM patrocina también una agencia para asistir a los mineros despedidos. El Sindicato de Trabajadoras Independientes de Sudáfrica (SEWU) lleva a cabo una amplia gama de actividades educativas relacionadas con temas entre los que se incluyen la violencia, el abuso infantil y la violencia doméstica, así como la capacitación y formación de las mujeres en ocupaciones típicamente masculinas (ICEM, 1999b).

En Benin, el Sindicato de Trabajadores del Cemento (SYNTRAUCIB), afiliado a nivel nacional a la Confederación Nacional de Sindicatos de Trabajadores de Benin (UNSTB), trabaja en estrecho contacto con las mujeres del sector informal en las zonas rurales. Por intermedio de una asociación de mujeres (GBENONKPO), el citado sindicato ha organizado en cooperativas a mujeres de 33 aldeas. Además, ayuda a realizar seminarios de formación para las mujeres de las zonas rurales, a fin de que puedan adquirir los conocimientos necesarios para generar ingresos con actividades tales como la conservación de alimentos, la fabricación de jabón y la apicultura. Este sindicato mantuvo además discusiones con las autoridades locales con objeto de organizar un mercado cada cinco días a fin de que las mujeres tengan un punto de venta para sus productos y artesanías. Esto ha proporcionado una fuente adicional de ingresos para las mujeres.

Algunos proyectos que se llevan a cabo bajo los auspicios de la ICEM constituyen el punto de partida para reproducir esas experiencias en otros países. Tal es el caso, por ejemplo, de un proyecto emprendido en Zimbabwe en 1995. Este proyecto comenzó con una encuesta para determinar las necesidades de las mujeres en el lugar de trabajo en la minería, las industrias químicas y la producción de energía eléctrica. Estas inquietudes se convirtieron luego en reclamaciones colectivas planteadas en el marco de negociaciones con los empleadores. Se brindó formación a las mujeres para que pudieran llevar a cabo las encuestas, formular preguntas y recoger las respuestas. Las mujeres aprendieron también cómo dirigir reuniones de masa, y otras cuestiones y técnicas relativas a la negociación colectiva. Uno de los logros del proyecto consistió en unir a las mujeres de Zimbabwe, las que trabajan y las que permanecen en sus complejos habitacionales, las que tienen un empleo en el sector formal y las que trabajan en el sector informal y, al hacerlo, se ha coadyuvado también al proceso de sindicación.

 

 

 


 

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