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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Los sindicatos y el sector informal: en pos de una estrategia global
ACTRAV/OIT, 1999

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3.2. Políticas y estrategias adoptadas por organizaciones sindicales internacionales  y Secretariados Profesionales Internacionales

3.2.1. Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres

La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) considera que la creciente proporción de trabajo irregular o informal no se debe a que los trabajadores elijan dejar el empleo en el sector formal, sino más bien a que se ven forzados a hacerlo para asegurar su supervivencia o porque hay un número cada vez mayor de trabajadores que no tienen acceso al empleo en el sector formal. De acuerdo con la CIOSL, entre los factores más importantes que determinan esta tendencia se incluyen los siguientes: i) la «informalización» de lo que antes eran relaciones formales de empleo, a veces como consecuencia de la aplicación de una política deliberada del gobierno en ese sentido; ii) las repercusiones que tienen la crisis de la deuda, los programas de ajuste estructural y las privatizaciones en los niveles de empleo del sector formal, particularmente en el sector público; iii) la incapacidad o la falta de voluntad de los gobiernos y de la comunidad internacional para abordar el problema de la pobreza y asegurar un desarrollo sostenible y equitativo, a fin de encontrar soluciones adecuadas para quienes se ven atrapados en un ciclo de subsistencia o una actividad económica clandestina, en condiciones de explotación y a menudo ilícita; iv) la corrupción en el gobierno, las empresas e instituciones, lo cual refuerza con frecuencia las relaciones de explotación económica; v) las dificultades en el ámbito del desarrollo rural y agrícola, a lo cual se suma la incapacidad de los gobiernos para hacer frente a la afluencia masiva en las zonas urbanas de personas procedentes del campo; vi) los avances en la tecnología de la información y el transporte que permiten una gran dispersión de la producción, incluso a escala mundial, sin una reglamentación internacional que pueda garantizar la aplicación de prácticas empresariales responsables, y vii) la protección insuficiente en materia de seguridad social, la inadecuada planificación demográfica y el suministro inadecuado de servicios públicos en el ámbito de la educación y en otros ámbitos.

La combinación de esos factores ha dado lugar a un aumento de la marginación y la pobreza para un número creciente de trabajadores que realizan actividades fuera del sector formal. A medida que los gobiernos abandonan la reglamentación, y persisten los efectos de la mundialización sin que haya un marco internacional efectivo para reglamentar la actividad económica y promover el desarrollo sostenible y equitativo, los trabajadores de los países en desarrollo, en transición e industrializados van siendo empujados cada vez más fuera del marco de las relaciones formales de empleo. Esos trabajadores perciben escasos ingresos, se ven expuestos a determinados riesgos profesionales y tienen poco acceso (o ninguno) a servicios de atención de salud, comunitarios, educativos y de otra índole.

La CIOSL rechaza de manera contundente las críticas que se han dirigido a veces a los sindicatos con respecto a su «falta de interés» por el sector informal, puesto que de hecho se impide con frecuencia a esos trabajadores poder afiliarse a sindicatos y, por consiguiente, formalizar su relación de trabajo y entablar negociaciones colectivas.

La historia reciente muestra que lo que hoy se considera como el sector formal tiene esas características en gran parte como resultado de actividades sindicales realizadas en el pasado.

La historia del movimiento sindical se ha centrado en gran medida en la lucha por formalizar las relaciones de trabajo y, mediante la organización, y la negociación y movilización colectivas, contrarrestar las desigualdades inherentes a la relación entre el empleador y el trabajador. Esto ha ido acompañado habitualmente por presiones ejercidas sobre los gobiernos para que apoyen el crecimiento del empleo en el sector formal mediante disposiciones de la legislación laboral y de otra índole, así como mediante la aplicación de estrategias de desarrollo industrial. Como contrapartida, los gobiernos perciben ingresos tributarios al aplicar impuestos sobre los beneficios de las empresas y la remuneración de los trabajadores, y la estimulación económica resultante del aumento del poder adquisitivo de la fuerza de trabajo.

En este contexto, la CIOSL considera que los gobiernos tienen la responsabilidad primordial de corregir la tendencia a la informalización del empleo, ya que este proceso aminora el desarrollo económico y social y priva a los trabajadores y a su familia de oportunidades de lograr un mejor nivel de vida. En opinión de la CIOSL, es esencial en ese sentido que los sindicatos sigan ejerciendo presión para garantizar al máximo la aplicación de las normas internacionales del trabajo e impulsar una acción gubernamental e intergubernamental con miras a formalizar la actividad económica y promover el desarrollo.

La importancia de la aplicación de las normas fundamentales del trabajo como base para el desarrollo económico fue reconocida por la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de las Naciones Unidas, celebrada en Copenhague en 1995. Con la adopción de los Diez Compromisos, la Cumbre proporcionó un enfoque de gran alcance, que incluye objetivos y responsabilidades específicos para los gobiernos nacionales y la comunidad internacional, con el fin de abordar el problema de la pobreza, la exclusión y las principales cuestiones económicas y sociales con que se enfrenta la sociedad. La CIOSL lamenta que la mayoría de los gobiernos que adoptaron los Diez Compromisos hayan hecho tan poco hasta ahora para cumplir las promesas que formularon en Copenhague.

Para la CIOSL, por lo tanto, una de las principales prioridades en los próximos años consistirá en ejercer presión sobre los gobiernos para que pongan en práctica los compromisos de Copenhague, en particular mediante el examen tras los cinco años transcurridos  desde la Cumbre («Copenhague + 5») previsto para el año 2000. En el plano internacional, la CIOSL apoya los esfuerzos que está desplegando la OIT para promover la aplicación de las conclusiones de la Cumbre. La CIOSL seguirá centrándose de manera decidida en la promoción de la reforma de la estructura financiera internacional y la inclusión de las normas fundamentales del trabajo en las políticas y programas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otras instituciones internacionales y regionales. La movilización sindical internacional para hacer frente a las violaciones de las normas fundamentales del trabajo en determinados sectores y países se refiere también directamente en muchos casos a formas de empleo que se consideran como pertenecientes al sector informal, pero que produce bienes y servicios para el comercio nacional e internacional. Garantizar el respecto de las normas fundamentales del trabajo constituye el primer paso con miras a conferir un carácter formal a esas diversas formas de empleo.

En el plano nacional, muchos sindicatos afiliados a la CIOSL están impulsando estrategias de organización que tienen en cuenta las diferentes formas de actividad económica que se encuentran en el «sector informal». Estas experiencias han resultado bastante prometedoras y se adaptarán y extenderán dentro esos mismos países y en diferentes países y sectores en los próximos años. La CIOSL considera que el movimiento sindical debería promover, y siempre que sea posible poner en práctica inmediatamente, las siguientes actividades: i) procurar extender el reconocimiento de la actividad sindical y las relaciones de negociación que se mantienen con las empresas del sector formal a los contratistas, subcontratistas,  trabajadores a domicilio y otras entidades que producen insumos para las empresas de que se trate (o en algunos casos que utilizan productos de las mismas); ii) promover la organización basada en la comunidad en los casos en que se niegue el acceso a los lugares de trabajo, y llevar a cabo también actividades educativas y encuestas entre los trabajadores del «sector informal» para establecer contactos con ellos y ayudarles a elaborar estrategias de organización; iii) formular programas especiales de concienciación y organización para los trabajadores a domicilio; iv) planificar programas de organización para las trabajadoras; v) reconocer que en muchos países un trabajador del sector formal (por ejemplo, del sector público), que esté afiliado a un sindicato, puede proporcionar apoyo económico a un grupo familiar muy amplio, cuyos miembros trabajen en el sector informal, lo cual supone un vínculo potencial entre el sindicato y esos trabajadores; vi) mantener el contacto con los afiliados que han perdido su empleo en el sector formal y se han visto obligados a trabajar en el sector informal; vii) ayudar a los trabajadores del sector informal a organizarse en sindicatos o estructuras similares a un sindicato y prestarles asistencia para solicitar y obtener los permisos necesarios para funcionar como tales, y lograr acceder a los servicios públicos (por ejemplo, en materia de educación y formación, servicios de salud y servicios sociales), así como a la negociación para obtener mejores ingresos, y viii) apoyar el desarrollo de fondos mutuos y cooperativas.

En opinión de la CIOSL, sin embargo, el éxito de las actividades antes mencionadas dependerá en gran medida de la intervención del Estado para eliminar los obstáculos que coartan a menudo la libertad de acción de los sindicatos democráticos y representativos para  organizarse y representar los intereses de todos los trabajadores.

 

 

 


 

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