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1.3.2. Movilidad de la fuerza de trabajo y complementariedad
de los sectores
La clasificación que figura más arriba de los trabajadores
del sector informal no refleja adecuadamente la complejidad del sector.
En el mundo real, no existen límites claramente definidos entre los
segmentos mencionados y hay una movilidad constante de trabajadores
entre las diferentes categorías de empleo e incluso entre las ocupaciones,
dependiendo de la época del año, de la situación económica y de las
exigencias de sus estrategias de supervivencia.
Puede ocurrir que una trabajadora asalariada abandone
la microempresa que la emplea para establecer un negocio, convirtiéndose
así en una trabajadora independiente o incluso en una microempresaria.
Otra posibilidad es que la trabajadora ocupe dos o más puestos de trabajo
al mismo tiempo. Los trabajadores a domicilio pueden estar ocupados
en un trabajo remunerado durante algunos períodos y vender directamente
los mismos productos y servicios durante el resto del año. En las zonas
rurales, muchos pequeños agricultores complementan la agricultura de
subsistencia con el trabajo ocasional en grandes explotaciones agrícolas
comerciales durante los períodos de cosecha o con actividades no agrícolas
en determinadas épocas del año. Los trabajadores empleados en explotaciones
comerciales cultivan pequeñas parcelas de legumbres, y se dedican a
la producción de artículos artesanales o a otras actividades para complementar
sus exiguos salarios.
Hay también estrechos vínculos entre los sectores formal
e informal. Un elevado porcentaje de trabajadores pertenecen al mismo
tiempo al sector formal y al informal. Además, los hogares a menudo
forman parte de ambos sectores, ya que alguno de sus miembros, normalmente
del sexo masculino, suele trabajar en el sector formal, y otro miembro,
generalmente del sexo femenino, en el sector informal o dirigiendo un
negocio del sector informal (Venkata Ratnam, 1999). Las empresas del
sector formal dependen en buena medida de los trabajadores del sector
informal para la prestación de servicios, y los grupos de ingresos bajos
y medianos del sector formal compran bienes y servicios en el sector
informal. Los productores y comerciantes del sector informal tienen
que comprar la mayor parte de sus materiales y mercancías en el sector
formal; a menudo trabajan como proveedores o subcontratistas para las
empresas del sector formal.
Esto crea una dependencia mutua, aunque asimétrica, ya
que el trabajo del sector informal se puede reemplazar fácilmente.
1.3.3. Polarización socioeconómica
entre los sexos en el sector informal
Si bien es cierto que tanto hombres como mujeres trabajan
en el sector informal, su situación difiere en muchos aspectos, por
ejemplo en cuanto a horas y tipos de trabajo y también en cuanto a la
remuneración. La fuerza de trabajo femenina se concentra en el pequeño
comercio y servicios, en donde se necesita sólo un pequeño capital y
bajos niveles de capacitación profesional para iniciar una actividad.
En el sector del comercio las mujeres se dedican principalmente a pequeñas
actividades por cuenta propia, tales como la venta de alimentos, mientras
que los comerciantes del sexo masculino tienden a dedicarse a actividades
en mayor escala y que no tienen que ver con la alimentación. En el sector
manufacturero, las mujeres trabajan principalmente en régimen de subcontratación
o desempeñan un trabajo no remunerado en el ámbito familiar. En el trabajo
industrial a domicilio, los hombres normalmente desempeñan la función
de subcontratistas o se dedican a actividades tales como la recolección
de materias primas y la entrega de productos finales. Raras veces trabajan
ellos mismos en casa. En los sectores de la construcción, el transporte
y los servicios, las mujeres están principalmente contratadas como trabajadores
ocasionales.
En cuanto a las facilidades de crédito, las mujeres
a menudo tienen que afrontar problemas adicionales debido a factores
culturales y religiosos que les impiden el acceso a la propiedad privada
y a los préstamos sin autorización de sus maridos. La ignorancia, los
altos niveles de analfabetismo y los tabúes culturales son otros tantos
factores que empujan a las mujeres hacia las formas de empleo más precarias
y peor remuneradas en el sector informal.
