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1.3. Actividades y ocupaciones en el sector informal
1.3.1. Características comunes
El sector informal es heterogéneo en lo que se refiere
a actividades y a actores. Entre los sectores de la economía en los
que participan empresarios del sector informal figura el comercio, la
agricultura, la construcción, la industria manufacturera, el transporte
y los servicios, es decir, prácticamente todos los sectores. El sector
financiero informal, en particular los prestamistas y cambistas, desempeñan
una importante función en muchos países.
En el sector informal se pueden encontrar casi todos los
oficios y demás ocupaciones: peluqueros, esteticistas, cambistas, trabajadores
que confeccionan los bidis (cigarrillos), caleseros, fontaneros y mecánicos,
transportadores de cargas sobre la cabeza, basureros, vendedores de
legumbres, kiosqueros, vendedores de ropa de segunda mano, sastres,
trabajadores de la industria textil, talladores de madera, relojeros,
ebanistas, comerciantes del carbón y trabajadores del servicio doméstico.
Por motivos analíticos relacionados con este documento,
la fuerza de trabajo del sector informal estará agrupada en tres segmentos
principales: propietarios o empleadores de microempresas, trabajadores
por cuenta propia y trabajadores dependientes. El primer segmento corresponde
a los propietarios o empleadores de microempresas que emplean a un número
reducido de trabajadores y/o aprendices. Normalmente no constituyen
un grupo destinatario de las políticas de organización sindical, pero
pueden ser un posible interlocutor en las negociaciones ya que participan
directa o indirectamente en una relación de empleo con muchos de los
trabajadores del sector informal a los que pudieran tratar de representar
los sindicatos.
El segundo segmento está integrado por los trabajadores
por cuenta propia, que trabajan solos o con empleados no remunerados.
Abarca principalmente a los trabajadores independientes y es el mayor
segmento del sector informal.
El tercer segmento comprende a los trabajadores dependientes,
ocupados en un empleo a jornada completa o en un empleo ocasional. Abarca
a los asalariados ocupados en microempresas, generalmente sin un contrato
formal y que trabajan de forma regular u ocasional, a los trabajadores
no remunerados, incluidos los miembros de la familia y los aprendices,
a los trabajadores a domicilio y a los trabajadores domésticos remunerados.
En muchos aspectos, los problemas de los trabajadores
del sector informal están estrechamente relacionados con su situación
en el empleo. Por ejemplo, los problemas a los que se enfrentan los
vendedores ambulantes difieren considerablemente de los que afectan
a los trabajadores a domicilio. Dentro del mismo grupo de trabajadores,
la situación de los hombres difiere de la de las mujeres. Pese a estas
diferencias, la precariedad y vulnerabilidad se aplican tanto a los
trabajadores independientes como a los trabajadores dependientes en
el sector informal en la medida en que trabajan fuera del ámbito de
la protección jurídica y social.
a) Trabajadores por cuenta propia
Los trabajadores independientes crean su propio negocio
unipersonal. Trabajan solos o con trabajadores no remunerados, generalmente
miembros de la familia y aprendices. La eficacia de sus actividades
se ve a menudo dificultada por una falta de crédito para realizar pequeñas
inversiones; de competencias técnicas para llevar a cabo sus actividades,
y de materias primas y de acceso al abastecimiento de agua y al suministro
de electricidad. Pese a su condición de trabajadores independientes,
pueden depender de otras personas en lo que respecta a los locales y
créditos. Generalmente, no tiene acceso a los préstamos que otorgan
las instituciones crediticias porque no ofrecen las suficientes garantías
económicas y, a menudo, tienen que pedir prestado sumas que son insuficientes
en comparación con los costos administrativos de los préstamos. Como
resultado, están expuestos a la explotación de los prestamistas. Por
lo general, no pueden permitirse pagar las tasas de las instituciones
de formación oficiales y los cursos que estas últimas proponen no siempre
se adaptan a sus necesidades básicas. Sus lugares de trabajo son a menudo
insalubres y peligrosos y, a veces, están situados en zonas poco atractivas
para los posibles compradores.
La situación de los trabajadores independientes en las
zonas rurales merece especial atención, debido al enorme porcentaje
que representa la fuerza de trabajo agrícola en el total de la población
económicamente activa en los países en desarrollo (59 por ciento) (OIT,
1999a).
La reducción de los obstáculos comerciales y otras reformas
vinculadas a la reestructuración de la economía mundial durante los
dos últimos decenios ha dado lugar a una reducción del empleo asalariado
en el sector agrícola en muchos países en desarrollo. Como resultado,
la distinción entre trabajadores rurales asalariados y el resto de la
población activa resulta menos clara, y todos los que trabajan en el
sector agrícola se enfrentan a dificultades similares. Los datos de
que se dispone indican que el empleo independiente y la precarización
de la mano de obra rural están aumentando en muchos países en desarrollo.
Entre las categorías de trabajadores rurales no asalariados o «autónomos»,
tal como se definen en el Convenio sobre las organizaciones de trabajadores
rurales, 1975 (núm. 141), se encuentran los pequeños propietarios, aparceros
y arrendatarios; asimismo, quedan abarcadas otras personas sin tierras
que viven en zonas rurales y que, a menudo, gozan de poca o ninguna
seguridad en lo atinente a la tenencia de la tierra que cultivan (OIT,
1990). Estas categorías de trabajadores representan la mayor parte del
sector informal rural. Este sector constituye la mayor categoría en
la estructura rural de clases en los países en desarrollo y actualmente
está aumentando a un ritmo constante. Un estudio llevado a cabo por
la UITA revela que en los países en los que se dispone de datos para
1988, el sector de pequeños productores representa el 52 por ciento
de la población rural y el sector «sin tierra» el 24 por ciento. América
Latina presenta las estadísticas más preocupantes sobre la polarización
socioeconómica. Se estima que ahora en esta región, la tenencia de tierras
en el 71 por ciento de los hogares agrícolas es muy escasa o nula (en
comparación con el 69 por ciento en 1988), mientras que en el Brasil,
por ejemplo, el 1 por ciento de los terratenientes controla el 44 por
ciento de la tierra productiva (UITA, 1997).
Los vendedores ambulantes, en su mayoría mujeres, representan
un importante porcentaje de la fuerza de trabajo en el sector informal.
Estos vendedores son sin lugar a dudas el componente más «visible» del
sector informal y desempeñan una importante función como proveedores
de una amplia gama de productos a familias de ingresos medianos o bajos.
Sin embargo, a menudo la policía y las autoridades municipales les consideran
una molestia y, a veces, incluso una amenaza para la seguridad. Los
comerciantes los consideran competidores desleales. Por consiguiente,
suelen ser objeto de acoso y se les desaloja periódicamente de las zonas
públicas.
Como operan en lugares públicos, sus mercancías pueden
ser fácilmente destruidas por desastres naturales (por ejemplo, el fuego
o el agua) y pueden ser robadas o confiscadas. Sus principales preocupaciones
son el acceso al espacio y a los servicios básicos, tales como el agua
y la electricidad.
b) Trabajadores dependientes
Los trabajadores remunerados en las microempresas a menudo
tienen que afrontar condiciones de trabajo duras e inseguras y generalmente
no se benefician de muchas de las prestaciones que perciben los trabajadores
en el sector formal, tales como las pensiones de vejez, el seguro de
enfermedad e invalidez, los límites en la jornada normal de trabajo
y el pago de horas extraordinarias, las vacaciones remuneradas y la
protección de la maternidad. Su influencia en las relaciones laborales
es limitada o nula, normalmente no están sindicados y sus salarios y
condiciones de empleo las determina unilateralmente el propietario de
la microempresa. Pueden estar contratados de forma permanente u ocasional.
En este último caso, su seguridad de empleo es limitada.
Los trabajadores no remunerados son principalmente miembros
de la familia y aprendices. Las mujeres y los niños representan un importante
porcentaje de estos trabajadores. Este tipo de empleo no siempre se
tiene en cuenta en las estadísticas y a menudo no es remunerado debido
a las tradiciones culturales. El trabajo no remunerado está muy extendido
en las zonas rurales.
Los trabajadores empleados como mano de obra subcontratada
en el sector informal están a menudo al final de una cadena invisible
de subcontratistas. Además de los problemas a los que tienen que hacer
frente los trabajadores remunerados, estas personas trabajan en circunstancias
que permiten al empleador evitar la responsabilidad jurídica de controlar
las condiciones de trabajo. Esto tiene una incidencia directa en sus
condiciones de salud y seguridad en el trabajo, incluidos los peligros
que resultan de la exposición a productos químicos o de pesos o tecnología
inadecuados.
Los trabajadores a domicilio constituyen uno de los grupos
más «invisibles» del sector informal. Sin duda alguna, se subestima
el número total de trabajadores dentro de este grupo.
Sin embargo, los casos de los que se tiene conocimiento
parecen indicar que está aumentando el número de trabajadores a domicilio
en todo el mundo. En los países en desarrollo, las mujeres representan
la mayoría de estos trabajadores. En muchas sociedades, por razones
culturales y religiosas, el trabajo a domicilio es la única forma que
tienen las mujeres de conciliar las responsabilidades familiares con
la necesidad de percibir ingresos. El trabajo a domicilio, tal como
lo define el Convenio sobre el trabajo a domicilio, 1996 (núm. 177),
se refiere al trabajo que una persona realiza, a cambio de una remuneración,
en su domicilio o en otros locales que escoja, distintos de los locales
de trabajo del empleador, con el fin de elaborar un producto o prestar
un servicio conforme a las especificaciones del empleador, independientemente
de quién proporcione el equipo, los materiales u otros elementos utilizados
para ello. En general, los trabajadores a domicilio no están amparados
por la legislación nacional del trabajo. La mayor parte de los trabajadores
a domicilio trabajan en virtud de acuerdos verbales y, por consiguiente,
su situación de empleo dependiente no está registrada y su empleador
se oculta tras varios niveles de subcontratistas. Esto impide que puedan
acceder a la seguridad social.
Sus condiciones de trabajo son normalmente insalubres
y, a menudo, sufren de agotamiento por exceso de trabajo y de estrés.
Generalmente, los trabajadores a domicilio están mal remunerados y,
debido a la competencia, tienen que soportar largas jornadas de trabajo
(1).
Para conseguir trabajo, dependen totalmente de un «intermediario».
Los trabajadores domésticos remunerados son en su mayoría
mujeres. Como los trabajadores a domicilio, pasan desapercibidos y su
número se subestima porque las estadísticas nacionales raramente los
tienen en cuenta. Sin embargo, los datos de que disponemos indican que
estos trabajadores constituyen una gran parte de la fuerza de trabajo
femenina en el sector informal en los países en desarrollo. Sus principales
problemas son las largas jornadas laborales, los bajos salarios y la
amenaza diaria de despido. Están expuestos a la explotación y al acoso
sexual.
