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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Seminário Internacional: Emprego e Desenvolvimento Tecnológico no Mercosul

Florianópolis, Brasil
Canto da Ilha Hotel
29 a 30 de Setembro de 1998

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Impactos laborales de los acuerdos en Latinoamérica

 

1. Impactos derivados del comercio recíproco

A nivel hemisférico los acuerdos de tipo A se vinculan, como sabemos, con el ALCAN y el ALCA. Un examen de la estructura exportadora de los países de América Latina (tomados conjuntamente) hacia el gran mercado de los Estados Unidos revela que el componente manufacturero es más alto que el de los flujos dirigidos hacia Europa o Asia. A igualdad de otras condiciones, las actividades manufactureras tienden a generar por unidad de producto exportado mayor cantidad de empleos directos e indirectos que las primarias (agrícolas, mineras, extractivas) con niveles medios de calificación e ingresos que también son superiores. Sin embargo este impacto positivo registrado por unidad de producto exportado se ve contrarrestado por dos tipos de factores. Primero, y en general por la gran escala y mayor productividad de las empresas manufactureras que exportan, y por lo tanto con una menor cantidad de empleos directos por unidad de producto; y segundo para el caso particular de las zonas procesadoras de exportaciones porque los empleos indirectos correspondientes a los eslabonamientos tecnológicos hacía atrás y hacia adelante, suelen crearse en otros países. El efecto neto de estas tendencias contradictorias también exige investigaciones concretas.

Estas generalizaciones basadas en tendencias de tipo promedio deberían, además, especificarse por países y grupos de países. No es igual la situación de México, Centroamérica y el Caribe (con abundancia de zonas procesadoras de exportaciones orientadas hacia los Estados Unidos) que la imperante en América del Sur y en especial el MERCOSUR. Baste con señalar que la proporción de las exportaciones mexicanas que se dirigen hacia los Estados Unidos es cercana al 80%, en tanto que las de Argentina y Brasil no superan el 20%.

En los acuerdos de tipo A, suscritos entre países latinoamericanos, habría razones para presumir que el comercio entre países limítrofes puede incluir una mayor cantidad de pymes e incluso de microempresas que comparten cercanamente mercados locales ubicados a ambos lados de una frontera. Como está empíricamente verificado que el comercio fronterizo es un alto componente del comercio intralatinoamericano total, podría sustentarse la hipótesis que, para ese comercio, el impacto en cantidad de empleos directos e indirectos por unidad de producto exportado puede ser más alto. Este tipo de comercio fronterizo, puede acrecentar aún más su impulso cuando la liberalización del comercio hemisférico alcance a países fronterizos que hoy forman parte de acuerdos diferentes. Tal es el caso del MERCOSUR y de la CA.

Dicho todo esto, no debe olvidarse sin embargo que el porcentaje de empleos (verticalmente integrados) respecto del empleo total generados por las exportaciones, no puede ser en promedio muy superior a la proporción de las exportaciones en el producto total. El intercambio que se verifica en el marco de los acuerdos de integración es a su vez una proporción todavía pequeña del comercio total. En consecuencia los empleos directamente atribuibles a las exportaciones recíprocas en cada acuerdo es muy exiguo, aún suponiendo que la productividad media del empleo utilizado en las exportaciones fuera igual a la productividad media de la economía. Este supuesto puede ser cierto para las pymes y las microempresas pero no lo es para las empresas de gran escala que desarrollan la mayor parte de la exportación de bienes cuya productividad es muy superior a la media de la economía. Lo anterior, permite sugerir que el principal impacto en materia de empleos no se verifica en el ámbito del comercio internacional y mucho menos por el intercambio entre países miembros de acuerdos de integración.

2. Impactos derivados del impulso a la inversión

Quizá resulte más fructífero examinar el "efecto empleo" atribuible a las inversiones originadas en los procesos de globalización, asumiendo que los acuerdos de integración de ambos tipos son parte constitutiva de esos procesos. Esto implica en el fondo otro tipo de planteamiento más vinculado a la capacidad de los modelos globalizados para acelerar el crecimiento económico bajo condiciones de estabilidad y, por esa vía estimular las inversiones productivas. Tanto las originadas en el ahorro y el emprendimiento nacional, como las externas provenientes de países desarrollados o de otras fuentes latinoamericanas.

El tema así planteado parece instalarse en el ámbito de la globalización y desechar los efectos o impactos de la integración propiamente dicha. Sin embargo no es así, pues una cuota significativa de las inversiones provenientes de las grandes empresas transnacionales se explican por las oportunidades económicas que abren los acuerdos. Por ejemplo en el caso del ALCAN, el aluvión de inversiones (estadounidenses, asiáticas y europeas) en la frontera norte de México tras la suscripción de dicho Tratado demuestra que éste estilo de integración abierta es un componente importante del proceso de transnacionalización empresarial y de las aportaciones de capital y tecnología que a él se asocian. Otro tanto cabría decir del Mercosur: las empresas transnacionales que operan en las actividades automotrices, químicas, y alimentarias, han reposicionado sus operaciones tras la ampliación del mercado y han reforzado o incluso acrecentado su presencia. En el campo de las inversiones ligadas a los servicios este efecto es aún más claro puesto que el objetivo principal es captar la escala y la dinámica de los mercados ampliados donde se asientan.

No sólo los inversionistas de los países desarrollados se benefician de estos efectos, también lo hacen los capitales productivos de origen latinoamericano. El ejemplo más impresionante corresponde a Chile, que ha invertido más de 6.000 millones de dólares en empresas productivas de bienes y servicios localizadas en Argentina y orientadas a aprovechar la escala y la dinámica del MERCOSUR.

Por último también los inversionistas nacionales y subnacionales de los diferentes países miembros de los acuerdos, se ven obligados a revisar sus estrategias de producción y mercado al cambiar sus condiciones relativas de competitividad como consecuencia de los avances de los procesos de integración.

Las tendencias examinadas en la sección II parecen sugerir que la escala y el mayor dinamismo de los mercados integrados, no se ha manifestado positivamente en materia de empleo y distribución del ingreso. Esto es atribuible a que la composición del crecimiento de la inversión favorece más que proporcionalmente a las actividades de gran escala y productividad directamente estimuladas por el proceso de globalización, y perjudica relativamente a las pymes y microempresas que generan la mayor proporción de empleos en la región.

3. Impactos derivados de la construcción de áreas naturales de integración

Los acuerdos subregionales de integración actualmente vigentes en América Latina (CA, MERCOSUR, MCCA, CARICOM) que hemos denominado tipo B, pueden generar un decisivo impacto de largo plazo sobre la creación de oportunidades de empleo. Este impacto podría derivar de la creación de áreas naturales de integración (ANI) entre naciones vecinas o limítrofes en las que se generan preferencias regionales naturales para las empresas localizadas en dichos espacios económicos, las que derivan de la cercanía geográfica, económica, y cultural. A estas naciones se les suele denominar socios naturales para un acuerdo de integración regional (CEPAL, 1994).

A diferencia de las barreras proteccionistas deliberadamente impuestas (aranceles, barreras no arancelarias, restricciones cambiarias, limitaciones a la localización de inversionistas, etc.) las preferencias regionales naturales derivan (en el plano estrictamente económico) de la reducción de costos de transporte y de transacción entre las empresas localizadas en dicho espacio, lo que les concede niveles de competitividad más altos respecto de las empresas localizadas fuera del área integrada que compiten por la vía del comercio; y en el mercado exterior, les permite ventajas comunes de eficiencia en las cadenas internas de valor vinculadas al desarrollo de una competitividad sistémica. Desde la perspectiva de la competitividad sistémica la construcción de ANI implica cooperar para competir.

Las ANI deben ser construidas. Por ejemplo el enorme triángulo continental de América del Sur, podría ser concebido como una potencial ANI. La vecindad o adyacencia geográfica, la comunidad cultural e idiomática, o la similitud en niveles de producto por habitante, son condiciones necesarias pero no suficientes para construir un área natural de integración. Bajo condiciones de economías abiertas a un escenario mundial crecientemente globalizado, los países miembros de las ANI potenciales pueden ir adquiriendo, de manera compartida, una competitividad sistémica a medida que construyen infraestructuras para reducir costos de transporte y comunicaciones, que aprovechan pautas culturales e idiomáticas comunes para reducir costos de transacción entre las empresas localizadas en el espacio ampliado, o que desarrollan estructuras de oferta de bienes de consumo que pueden ser compartidas con base en niveles de ingreso y de pautas de consumo igualmente comunes. Las ANI no se construyen con barreras proteccionistas, sino con acciones que extienden las formas sistémicas de la competitividad a todo el espacio integrado.

 

 

 


 

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