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Impactos laborales de los acuerdos en
Latinoamérica
1. Impactos derivados del comercio recíproco
A nivel hemisférico los acuerdos de tipo A se vinculan, como sabemos,
con el ALCAN y el ALCA. Un examen de la estructura exportadora de los
países de América Latina (tomados conjuntamente) hacia el gran mercado
de los Estados Unidos revela que el componente manufacturero es más
alto que el de los flujos dirigidos hacia Europa o Asia. A igualdad
de otras condiciones, las actividades manufactureras tienden a generar
por unidad de producto exportado mayor cantidad de empleos directos
e indirectos que las primarias (agrícolas, mineras, extractivas) con
niveles medios de calificación e ingresos que también son superiores.
Sin embargo este impacto positivo registrado por unidad de producto
exportado se ve contrarrestado por dos tipos de factores. Primero, y
en general por la gran escala y mayor productividad de las empresas
manufactureras que exportan, y por lo tanto con una menor cantidad de
empleos directos por unidad de producto; y segundo para el caso particular
de las zonas procesadoras de exportaciones porque los empleos indirectos
correspondientes a los eslabonamientos tecnológicos hacía atrás y hacia
adelante, suelen crearse en otros países. El efecto neto de estas tendencias
contradictorias también exige investigaciones concretas.
Estas generalizaciones basadas en tendencias de tipo promedio deberían,
además, especificarse por países y grupos de países. No es igual la
situación de México, Centroamérica y el Caribe (con abundancia de zonas
procesadoras de exportaciones orientadas hacia los Estados Unidos) que
la imperante en América del Sur y en especial el MERCOSUR. Baste con
señalar que la proporción de las exportaciones mexicanas que se dirigen
hacia los Estados Unidos es cercana al 80%, en tanto que las de Argentina
y Brasil no superan el 20%.
En los acuerdos de tipo A, suscritos entre países latinoamericanos,
habría razones para presumir que el comercio entre países limítrofes
puede incluir una mayor cantidad de pymes e incluso de microempresas
que comparten cercanamente mercados locales ubicados a ambos lados de
una frontera. Como está empíricamente verificado que el comercio fronterizo
es un alto componente del comercio intralatinoamericano total, podría
sustentarse la hipótesis que, para ese comercio, el impacto en cantidad
de empleos directos e indirectos por unidad de producto exportado puede
ser más alto. Este tipo de comercio fronterizo, puede acrecentar aún
más su impulso cuando la liberalización del comercio hemisférico alcance
a países fronterizos que hoy forman parte de acuerdos diferentes. Tal
es el caso del MERCOSUR y de la CA.
Dicho todo esto, no debe olvidarse sin embargo que el porcentaje de
empleos (verticalmente integrados) respecto del empleo total generados
por las exportaciones, no puede ser en promedio muy superior a la proporción
de las exportaciones en el producto total. El intercambio que se verifica
en el marco de los acuerdos de integración es a su vez una proporción
todavía pequeña del comercio total. En consecuencia los empleos directamente
atribuibles a las exportaciones recíprocas en cada acuerdo es muy exiguo,
aún suponiendo que la productividad media del empleo utilizado en las
exportaciones fuera igual a la productividad media de la economía. Este
supuesto puede ser cierto para las pymes y las microempresas pero no
lo es para las empresas de gran escala que desarrollan la mayor parte
de la exportación de bienes cuya productividad es muy superior a la
media de la economía. Lo anterior, permite sugerir que el principal
impacto en materia de empleos no se verifica en el ámbito del comercio
internacional y mucho menos por el intercambio entre países miembros
de acuerdos de integración.
2. Impactos derivados del impulso a la inversión
Quizá resulte más fructífero examinar el "efecto empleo"
atribuible a las inversiones originadas en los procesos de globalización,
asumiendo que los acuerdos de integración de ambos tipos son parte constitutiva
de esos procesos. Esto implica en el fondo otro tipo de planteamiento
más vinculado a la capacidad de los modelos globalizados para acelerar
el crecimiento económico bajo condiciones de estabilidad y, por esa
vía estimular las inversiones productivas. Tanto las originadas en el
ahorro y el emprendimiento nacional, como las externas provenientes
de países desarrollados o de otras fuentes latinoamericanas.
El tema así planteado parece instalarse en el ámbito de la globalización
y desechar los efectos o impactos de la integración propiamente dicha.
Sin embargo no es así, pues una cuota significativa de las inversiones
provenientes de las grandes empresas transnacionales se explican por
las oportunidades económicas que abren los acuerdos. Por ejemplo en
el caso del ALCAN, el aluvión de inversiones (estadounidenses, asiáticas
y europeas) en la frontera norte de México tras la suscripción de dicho
Tratado demuestra que éste estilo de integración abierta es un componente
importante del proceso de transnacionalización empresarial y de las
aportaciones de capital y tecnología que a él se asocian. Otro tanto
cabría decir del Mercosur: las empresas transnacionales que operan en
las actividades automotrices, químicas, y alimentarias, han reposicionado
sus operaciones tras la ampliación del mercado y han reforzado o incluso
acrecentado su presencia. En el campo de las inversiones ligadas a los
servicios este efecto es aún más claro puesto que el objetivo principal
es captar la escala y la dinámica de los mercados ampliados donde se
asientan.
No sólo los inversionistas de los países desarrollados se benefician
de estos efectos, también lo hacen los capitales productivos de origen
latinoamericano. El ejemplo más impresionante corresponde a Chile, que
ha invertido más de 6.000 millones de dólares en empresas productivas
de bienes y servicios localizadas en Argentina y orientadas a aprovechar
la escala y la dinámica del MERCOSUR.
Por último también los inversionistas nacionales y subnacionales de
los diferentes países miembros de los acuerdos, se ven obligados a revisar
sus estrategias de producción y mercado al cambiar sus condiciones relativas
de competitividad como consecuencia de los avances de los procesos de
integración.
Las tendencias examinadas en la sección II parecen sugerir que la escala
y el mayor dinamismo de los mercados integrados, no se ha manifestado
positivamente en materia de empleo y distribución del ingreso. Esto
es atribuible a que la composición del crecimiento de la inversión favorece
más que proporcionalmente a las actividades de gran escala y productividad
directamente estimuladas por el proceso de globalización, y perjudica
relativamente a las pymes y microempresas que generan la mayor proporción
de empleos en la región.
3. Impactos derivados de la construcción de áreas naturales de integración
Los acuerdos subregionales de integración actualmente vigentes en América
Latina (CA, MERCOSUR, MCCA, CARICOM) que hemos denominado tipo B, pueden
generar un decisivo impacto de largo plazo sobre la creación de oportunidades
de empleo. Este impacto podría derivar de la creación de áreas naturales
de integración (ANI) entre naciones vecinas o limítrofes en las que
se generan preferencias regionales naturales para las empresas localizadas
en dichos espacios económicos, las que derivan de la cercanía geográfica,
económica, y cultural. A estas naciones se les suele denominar socios
naturales para un acuerdo de integración regional (CEPAL, 1994).
A diferencia de las barreras proteccionistas deliberadamente impuestas
(aranceles, barreras no arancelarias, restricciones cambiarias, limitaciones
a la localización de inversionistas, etc.) las preferencias regionales
naturales derivan (en el plano estrictamente económico) de la reducción
de costos de transporte y de transacción entre las empresas localizadas
en dicho espacio, lo que les concede niveles de competitividad más altos
respecto de las empresas localizadas fuera del área integrada que compiten
por la vía del comercio; y en el mercado exterior, les permite ventajas
comunes de eficiencia en las cadenas internas de valor vinculadas al
desarrollo de una competitividad sistémica. Desde la perspectiva de
la competitividad sistémica la construcción de ANI implica cooperar
para competir.
Las ANI deben ser construidas. Por ejemplo el enorme triángulo continental
de América del Sur, podría ser concebido como una potencial ANI. La
vecindad o adyacencia geográfica, la comunidad cultural e idiomática,
o la similitud en niveles de producto por habitante, son condiciones
necesarias pero no suficientes para construir un área natural de integración.
Bajo condiciones de economías abiertas a un escenario mundial crecientemente
globalizado, los países miembros de las ANI potenciales pueden ir adquiriendo,
de manera compartida, una competitividad sistémica a medida que construyen
infraestructuras para reducir costos de transporte y comunicaciones,
que aprovechan pautas culturales e idiomáticas comunes para reducir
costos de transacción entre las empresas localizadas en el espacio ampliado,
o que desarrollan estructuras de oferta de bienes de consumo que pueden
ser compartidas con base en niveles de ingreso y de pautas de consumo
igualmente comunes. Las ANI no se construyen con barreras proteccionistas,
sino con acciones que extienden las formas sistémicas de la competitividad
a todo el espacio integrado.
